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La Presidenta - Sandra Russo (Fragmento)

Info9/7/2011



Hola taringueros y taringueras, les dejo este fragmento del libro de "La Presidenta" de Sandra Russo. Según mi criterio es lo mejor que pude extraer del dicho libro que termine de leer hoy (que en general me pareció bastante pobre desde el punto de vista biografico como tambien la manera en que está redactado, en formato de entrevista la mayor parte). Acá va el fragmento, donde directamente habla Cristina:


A mí en el 2008 me quisieron destituir. Sí. No tengo ninguna duda. No habían querido que fuera yo la candidata. Fundamentalmente el Grupo Clarín. Magnetto lo había ido a ver a Néstor a Olivos y le había dicho que no me querían como candidata. Se lo decían a todo el mundo. El otro día me vengo a enterar. .. Pregúntale a Florencio Randazzo, pedile que te cuente cómo era, cuando él estaba convencido de que iba a ser yo la candidata, Felipe Sola le decía "no, eso se cae, mira que yo hablo con Alberto Fernández y me dice que eso se cae". Y Randazzo le decía "pero mira que yo hablo con Néstor y es la candidata", y el otro le insistía que no, que yo no era. El Grupo estaba ejerciendo mucha presión, eso yo lo sabía. Lo que no sabía era que el vocero del Grupo, hacia adentro, era nuestro jefe de Gabinete.
En el 2008, la 125 pasó de ser una decisión política aislada a ser el eje de discusión de todo el modelo económico y social. Por eso digo que fuimos obligados a la pelea. La situación nos obligó a pelear para defender el Gobierno. Vos prendías la televisión ese año y escuchabas las cosas que decían de mí y de Kirchner, y nunca, se las habían dicho a nadie. A nadie. Nunca. Yo puedo hacer discursos con contenidos fuertes, pero son conceptos. Me devolvían agravios personales, uno atrás del otro. Se me negaba hasta el derecho a defenderme. Cuando critiqué la caricatura de Sábat, en la que yo aparecía con la boca tapada y Néstor en mi cerebro, o cuando apareció Moyano con las manos atadas y manchadas de sangre... No, el hecho de ser un excelente caricaturista no te pone en un lugar intocable. Ahí tuvimos una diferencia con Horacio Verbitsky, que salió a decir "no, con Menchi no". ¿Y por qué Menchi conmigo sí? ¿Por qué no puedo opinar sobre un dibujo que me ofende? ¿Por qué esos excelentes caricaturistas nunca han retratado a la señora de Noble dándole la mano a Videla? ¿Eso no se puede decir, no se puede observar, hay que callarse?
Néstor salió a defenderme, claro, aunque renegaba de Lousteau. Para evitarme costos políticos a mí, él ya había aumentado las retenciones. La medida, la 125, la trajo Lousteau, lo consultamos con Alberto Fernández, le preguntábamos al chico si estaba seguro y él decía que sí, que la soja no era el problema, sino el maíz y el trigo. En fin. Hasta desconocía dónde estaba la verdadera rentabilidad. Yo todavía me pregunto por qué lo nombré, y por qué Alberto... De él vinieron las dos designaciones que yo creo que fueron errores de mi gestión: Lousteau y Graciela Ocaña en el Ministerio de Salud. Yo me hago cargo de las designaciones, pero en los dos casos hubo impericia. No pongo en absoluto en duda su honestidad ni mi crítica alcanza a sus personas, pero fueron errores. El manejo de Ocaña de la crisis de la gripe A y el dengue fueron... No puede haber alguien al frente del Ministerio de Salud que no sea médico. Y ella me lo reconoció. Me pareció muy lúcida cuando se fue, reconoció que yo me equivoqué al designarla y ella al aceptar.
En el 2008, con Néstor intercambiábamos reproches, era la pelea del año. El me echaba en cara la designación de Lousteau, y yo le contestaba: "Pero a Lousteau lo pude echar. ¿Qué hago con Cobos, que me lo pusiste vos?" Era la misma pelea, repetida muchas veces, después hasta la abreviamos. Él decía "Vos y Lousteau" y yo le contestaba "Vos y Cobos". Y se tenía que callar la boca. Pobre.
La mañana del 17 de julio de 2008 fue terrible. Fue el día del voto no positivo. Estábamos en Olivos, viendo los debates por televisión con el Corcho Scochimarro. En un momento yo no aguanté más y dije: "Me voy a dormir, total ya sé cómo va a votar Cobos". Estaba segura de que nos iba a votar en contra. Las mujeres tenemos esa percepción fina, una genética especial para detectar las traiciones. Néstor decía que no, que a último momento iba a votar con nosotros porque formaba parte del gobierno. Yo subí y ellos se quedaron abajo, mirando la sesión. Me dormí, y a eso de las cinco de la mañana, me despierto, toco la cama, estaba, vacía. Este dónde está, me pregunté. Mira cómo estaría que bajé rápido, en piyama, y ahí lo vi, derrumbado en un sillón. Hay cosas que son imperdonables, no desde lo personal, desde la Historia. Lo agarré del brazo y le dije: "Vos te venís a dormir ahora, ¿me escuchas? Ahora". Él estaba profundamente perturbado. Los otros me vieron la cara y dijeron: “Sí, sí, vamos todos a dormir". Me lo llevé a la cama. Él sentía que me había fallado. Antes de dormirse me dijo algo que no me voy a olvidar nunca. Me dijo: "Siento que ya no te voy a poder proteger". Porque lo que él hizo conmigo toda la vida fue un enorme ejercicio de protección. A mí a veces me daba rabia, porque me trataba como si yo fuera de cristal. Pero bueno, son cosas de pareja. Los hombres tienden a proteger. Bueno, no todos. Yo tuve mucha suerte con mi compañero.
Cuando vi la embestida, la verdad, no dudé. Se dio naturalmente. No pensamos nunca en retroceder ni en negociar ni en hacer un gobierno débil. Me refiero a lo que me vengo refiriendo desde que empezamos a hablar. A las convicciones. A lo que me parecía lo mejor para el país. Yo me planté y bueno, dije, si me echan, que sea por lo que pienso y hago, no por lo que no me animo a hacer. No me iban a echar por débil. No quise ser como Alfonsín, que se terminó yendo después de haber hecho lo que no quería. Eso sí que no. Ni por estúpida, porque me estaban subestimando.
Yo ya había empezado las reuniones con la Coalición por una Radiodifusión Democrática, el colectivo que durante años elaboró los 21 puntos originales del proyecto de la Ley de Medios. Quería interiorizarme. Alberto Fernández me preguntaba: "¿Qué vas a hacer con eso?" "Nada", le decía yo. "Me interesa". "Mira que a Clarín eso no le interesa", me decía, y yo le contestaba: "No lo hago por si le interesa o no le interesa a Clarín". Varias veces cruzamos ese diálogo. Era tenso. Terminé diciéndole: "Y si al Grupo no le interesa para qué te haces problema vos". Empezamos a trabajar más fuerte con la Coalición, pero creo que ellos tampoco creían que lo íbamos a llevar adelante. Nadie creía que nos íbamos a animar. Seamos sinceros. Nadie.
Tampoco creían en el Fútbol para Todos. En realidad, si uno lo mira en perspectiva, en términos de cambio y transformación de las costumbres, eso fue muy fuerte. En este país había chicos de veinte años que nunca en su perra vida habían podido ver el partido en sus casas. Tenían que ir al bar de la estación de servicio a ver el partido. El que no tenía cable, tenía que salir de su casa para ver el fútbol, porque mira, se habla de pan y circo, pero a la gente pobre ni el circo le habían dejado. El que no tenía cable no veía el partido o no veía los goles. Estaba naturalizado. El Fútbol para Todos implicó una democratización muy visible, literalmente. Porque le cambió la vida a mucha gente. Hoy el fútbol se ve en familia. Fue más fuerte incluso de lo que pude prever cuando los directivos de la AFA vieron que estábamos dispuestos a tomar decisiones que nadie había tomado hasta entonces. Alguien a quien prefiero no nombrar, para no incendiarlo, vino y me dijo: “Te puedo hacer el contacto". "Hacelo", le dije. A los dos días nos reunimos con Grondona y otros directivos en Olivos, a las diez de la noche, y cuando estábamos hablando yo encaré a Grondona y le pregunté: " Qué pasa si alguien le ofrece más plata que el gobierno. ¿Usted acepta?" Y él me contestó: “No, señora, yo voy a arreglar con usted. No dude de mi palabra". Decidí confiar.
Otra medida definitoria fue recuperar los recursos de los trabajadores. Eso parecía imposible, y creo que si lo hicimos fue por el envión del 2008, cuando el mundo se vino abajo. Por eso yo lo valoro tanto a Amado Boudou. Porque fue él el que vino a traerme esa idea. Era un feriado. Me llama Massa, que era el jefe de Gabinete. Massa tiene una cosa... Cuando algo lo supera, cuando se pone nervioso, se ríe sin parar, pero casi histéricamente, pobre, no puede parar de reírse. Ese día me llamó muerto de risa, me decía que estaba con Amado, que Amado se había vuelto loco y que querían comentarme una idea. Bueno, le dije, vengan. Fuimos a la Jefatura de Gabinete. Sí, era feriado. Porque llegaron de sport. Llegan los dos. Amado me dice, mientras Massa se sigue riendo: "Presidenta, el mundo no va a volver a ser lo que fue. Tenemos que ir por las AFJP". Le pregunte cómo sería. Y empezó a desplegar hojas y hojas, a explicarme. Massa, muerto de risa. Le dije a Amado: "Me gusta, pero llamemos a Kirchner a ver qué opina". Y ahí mismo lo llamamos y le pedimos que fuera a la Jefatura, Estábamos sentados en mi escritorio. Néstor vino y separó detrás, en el medio, y Amado volvió a desplegaras hojas y a explicar el proyecto. En ese momento el litado estaba pagando el 60% para que las AFJP cumplieran con el pago de las jubilaciones mínimas. Nunca, me voy a olvidar ese momento. Néstor escuchó todo en silencio, y cuando Amado terminó de hablar, no dijo nada. Primero le extendió la mano, y mientras se la estregaba le dijo: "Estoy totalmente de acuerdo". Para nosotros fue una noche muy importante.
Néstor ya lo había pensado, incluso creo que llegó a analizar la recuperación de los fondos presiónales con Lavagna. Pero no se animó. En dos años hemos duplicado los fondos que ellos juntaron en doce, Era un negocio impresionante. Muchas de las cosas que hicimos ya las habían pensado otros, pero no se animaron. Pasó con la Asignación Universal, con la regulación de las prepagas, con Aerolíneas, con el Matrimonio Igualitario, con tantas cosas. Con cada una nos fueron diciendo oportunistas. Pero son nuestras ideas de siempre. Dijeron que éramos oportunistas con el matrimonio igualitario, por ejemplo, y ahora por suerte apareció esa vieja nota que le hizo Juan Castro a Néstor cuando era gobernador, y él se pronuncia a favor de la adopción de chicos por parte de parejas homosexuales. En todo caso, lo que aprovechamos es la oportunidad del poder, la usamos. Lo dijo él en su discurso inaugural, pero yo lo escribí y lo sentí siempre. Uno no llega hasta acá para dejar las convicciones en la puerta.


La Presidenta - Sandra Russo (Capitulo 16, "El Gobierno, la pelea, la decisión". Paginas 293 - 300)


Anexo:

Agrego esta carta que escribió Alberto Fernandez, ya que en este fragmento del libro Cristina hace referencia a él, lo que motivó su respuesta:

Carta abierta a la Presidenta
El ex jefe de Gabinete de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner refuta aquí declaraciones de la presidenta de la Nación sobre la ley de medios y la embestida política contra el Grupo Clarín.

Señora Presidenta: con más pesar que placer he leído el adelanto de la entrevista que la periodista Sandra Russo ha convertido en el libro La Presidenta. Entre los dichos que se adelantan periodísticamente sostiene usted que el Grupo Clarín ejerció, hace cuatro años, una enorme presión para impedir que usted fuera candidata a presidente , y que yo era, hacia dentro del Gobierno, el "vocero" de esa corporación empresaria.

Ha sostenido también que cuando usted se decidió a promover cambios en el sistema regulatorio de la radiodifusión yo preguntaba con "insistencia" qué era lo que se pretendía hacer al respecto, tratando de obtener información. Según sostiene, en una de las "tensas" conversaciones que, presuntamente, mantuvimos, usted me habría dicho: "Y si al Grupo [Clarín] no le interesa, ¿para qué te hacés problemas vos?". Como dije, leí sus expresiones con pesar. Se trata exactamente del pesar que provoca descubrir la mentira en boca de una persona con quien se ha compartido una etapa central de la vida del país, y también de la propia, y por la que aún se guarda consideración.

Aunque nunca creí que fuera necesario hacerlo, déjeme informarle que no tuve ni tengo vínculos políticos, profesionales o económicos con el Grupo Clarín. De buena fe, usted lo sabe. También sabe, por la relación que alguna vez tuvimos, que jamás me ocupé de defender los intereses de ese grupo económico. Por lo tanto, decir que fui "vocero" de esa empresa en el Gobierno no sólo afecta mi integridad ética, sino que ensucia mucho su propia credibilidad.

Yo ya acompañaba a Néstor Kirchner cuando en el país sólo un escueto 2% de argentinos sabían de él. Confié en sus ideas y en su conducta. Lo ayudé a alcanzar la presidencia de la Nación con toda honestidad y lealtad. Lo hice cuando muchos creían que todo nuestro esfuerzo era en vano. Usted misma, a veces, se reía de nuestra obcecación diciendo que nos habíamos embarcado en una "loca aventura".

Cuando Kirchner me confió la Jefatura de Gabinete , sólo respondí a sus órdenes y no defendí ningún otro interés que no tuviera que ver con sus decisiones y, por supuesto, con el bien común. Si de alguien oficié de "vocero" en ese lapso, fue del gobierno que condujo ese gran presidente que fue su marido. Usted era también protagonista principal de esa etapa. Sabe, por lo tanto, que esto fue así y de ello dieron cuenta todos, absolutamente todos los comunicadores en esa época.

Precisamente, en cumplimiento del rol que me fuera encomendado, y al depender de mí la Secretaría de Medios, tuve que vincularme con todos los medios de comunicación. He tenido así las relaciones tensas que habitualmente se establecen entre el poder y la prensa. Guardo la íntima tranquilidad de haber actuado siempre preservando los intereses que debía representar: los del gobierno que eligieron los argentinos.

Permítame recordarle algunos de esos momentos de tensión, por si los hubiera olvidado. Fui yo el único funcionario que imputó públicamente al diario Clarín el haber llevado adelante una operación periodística contra una secretaría de Estado. Y también fui el único director de Papel Prensa que -sin guantes de boxeo- logró que los socios privados invirtieran más de ocho millones de dólares para combatir la contaminación que la planta fabril causaba en su proceso productivo. Vale la pena recordar que, siendo un abogado recién recibido, yo ya denunciaba la complicidad intelectual de ciertos medios con la dictadura militar que asaltó el poder el 24 de marzo de 1976 y que a algunos de esos personeros los llevé con pruebas ante los estrados judiciales sin otra intencionalidad que no fuera la búsqueda de la verdad.

Su conciencia conoce que con el Grupo Clarín no tuve más relación que la que Néstor Kirchner dispuso que tuviera. Con sus directivos almorcé tantas veces como lo hizo usted y en ninguna de esas ocasiones observé algo impropio. Debe saberlo bien, porque todas las comidas fueron en la residencia presidencial de Olivos y siempre contaron con su presencia. Supe además que, habiendo dejado yo mi cargo en el gobierno nacional, usted siguió frecuentándolos en más de una oportunidad, con lo cual es evidente que nunca necesitó de mí para mantener ese vínculo.

Según dice usted, los directivos del Grupo Clarín le transmitieron directamente a Néstor Kirchner su oposición a la idea de que usted fuera la candidata presidencial. Si así fue, yo ni me enteré. Queda claro, según evidencian sus propias palabras, que en semejantes conversaciones no era necesaria mi presencia. Pese a todo, sí me asombra descubrir que usted no supiera lo que era conocido por todo el Partido Justicialista y la mayoría de los argentinos: que fui yo un sincero impulsor de su candidatura. Miles de testigos e incontables registros gráficos y televisivos confirman esa obviedad. Yo sé que no necesita chequearlos simplemente porque le consta.

Permítame recordarle algo más. La denominada ley de medios fue hecha pública ocho meses después de mi renuncia; fue elevada al Congreso Nacional un año después de mi alejamiento del Gobierno (tras la elección de 2009 ) y promulgada tres meses más tarde. Hasta donde yo recuerdo, la última vez que cruzamos palabras usted y yo fue justamente el día en que mi sucesor asumió en mi reemplazo. No es verdad que yo estuviera preocupado por esa ley, sencillamente porque en esa época ese tema no estaba en la agenda suya como presidenta y porque tampoco usted mostraba interés en cambiar esa norma. Nunca hablamos sobre la modificación de la ley de medios, simplemente porque usted no la tenía en carpeta.

Los argentinos sabemos de sus cruzadas. Algunos, incluso, la hemos acompañado en muchas de ellas. Créame que no hace falta fabular batallas para parecer heroica.

La novela de George Orwell 1984 transcurre en un Estado en el que existe un "Ministerio de la Verdad" dedicado a manipular o destruir los documentos históricos, para que las evidencias del pasado coincidan con la versión que de la historia quiere imponer el gobierno en cada coyuntura. Tal vez sus aseveraciones pueden entenderse como un intento de trastocar lo ya sucedido y construir una historia que, acomodada a sus actuales conveniencias, le haga más llevadero aquello que le resulta difícil de explicar.

Yo sé bien que usted cree en la necesidad de construir un relato propio sobre la realidad que ampare el mundo dual en el que vive. Seguramente por eso trate de emularlo a Orwell. Pero a mí difícilmente me convenza. He sido un testigo privilegiado de ese tiempo y no voy a poder dar por cierta la historia novelada que nos propone como verdad absoluta.

A diferencia de usted, suelo observar el pasado con la mayor asepsia. Sólo de esa manera logro hacer fructíferas las experiencias que ofrece la historia, aun cuando parezcan muy dolorosas.

Hubiera preferido no leer sus quimeras y hubiera preferido no tener que hacer públicas estas aclaraciones. Pero un viejo adagio popular enseña que el que calla otorga, y yo no quiero dar pie a que mi silencio haga parecer consentidas sus ficciones.

Además, también es necesario advertirle a usted sobre sus desaciertos, aunque no le guste que así se haga. No es bueno estigmatizar a ciudadanos con falsedades. Mejor es hacer frente a la verdad, con las buenas y malas cosas que ella nos ha deparado. Siempre la verdad es mejor para ejercer el gobierno y también para la calidad de nuestra democracia.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1392651-carta-abierta-a-la-presidenta
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