Pésaj, la fiesta judía: rigor y simbolismo
Lunes, 18 de Abril de 2011 (15:24 hrs)
La celebración implica un cambio total de despensas
Por Lizbeth Pasillas
(Foto: Arturo Monroy)
El Financiero en línea
Quizá para la mayoría pasa inadvertido, pero para la comunidad judía de México y el mundo, la conmemoración de Pésaj es, como desde hace tres mil 323 años -calendario judío-, un gran acontecimiento. Lo será también, como suele suceder, para todos los fabricantes y distribuidores de productos Kosher del planeta.
Pésaj es la fiesta judía que conmemora la liberación de esa comunidad tras la esclavitud sufrida en Egipto. Y si bien el origen de la celebración es espiritual, implica un cambio drástico en la dieta judía durante una semana.
Gran parte de las familias judías cuidan rigurosamente cada alimento que se llevan a la boca, lo que implica un cambio total de la despensa que tienen en sus casas: desde el aceite que utilicen para cocinar hasta el cereal o botanas que comen los niños o el whisky de los adultos.
En México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, existen 65 mil judíos, aunque miembros de la comunidad estiman que la cifra es un poco menor, del orden de 55 mil. Este año la festividad inicia la noche de este lunes 18 -en realidad es el 19, pero los judíos consideran que el día inicia a la puesta del sol, esto es, la noche previa- y dura ocho días en el mundo y siete en Israel.
Para Abraham Kurson, director general de Kurson Kosher, empresa importadora y fabricante de productos enfocados a la comunidad judía en el país, la celebración de Pésaj -Pascua en hebreo- representa un alza sustancial en las ventas en comparación con otras semanas, pues el consumo crece hasta 80 por ciento respecto a lo que tradicionalmente es. Incluso la empresa comienza a preparar sus importaciones de Israel y otros países desde enero.
La razón es simple: los judíos, algunos con mayor rigurosidad que otros, eliminan los alimentos Kosher habituales -que ya tienen una supervisión especial- y consumen productos Kosher le Pésaj -apto para Pésaj-, pues deben evitar comer jametz esta semana, esto es, todo producto de grano fermentado: pan, bizcochos y licores de grano. Deben comer también productos cuyo proceso de elaboración garantice -previa supervisión y certificación- que no tuvieron contacto con insumos que pudieran estar fermentados.
Por ejemplo, la restricción alcanza a productos como los cereales o botanas tradicionales cuyo proceso de producción involucra el contacto de granos con el agua.
Adicionalmente, la comunidad judía Ashkenazí, por ejemplo, proveniente de inmigrantes europeos, tampoco come en Pésaj leguminosas como el arroz, frijoles, maíz o lentejas y garbanzos y todos los productos que los contengan -incluso residuos-, lo cual alcanza, por ejemplo, al aceite de maíz de un atún o la fructosa de maíz de un refresco.
Preparándose para la celebración, las despensas de alrededor de 50 mil judíos en el país tienen ya, desde hace unas semanas en sus alacenas, productos con la palabra Pésaj o una letra P.
¿Por qué la rigurosidad?
Abraham Tobal, rabino principal y Dayán (juez) de la comunidad Monte Sinaí en México, explicó que la celebración de Pésaj es una de las más importantes del año para la comunidad, pues es un recordatorio del testimonio que puede dar el pueblo de Israel de la existencia de Dios, quien en el año 2448 de la creación -calendario judío- cambió las reglas de la naturaleza con diez pestes que azotaron al pueblo de Egipto, no así al que venía de Israel y que había sido esclavizado.
En inglés, Pésaj se dice Passover, que significa que la muerte no los tocó. Tras la última de las pestes -la muerte de los primogénitos-, el pueblo de Israel salió de Egipto y se cerró el mar tras su paso para contener a los egipcios que los perseguían. Ya en el Monte Sinaí, en el desierto, a salvo, el pueblo de Israel por medio de Moisés recibió los diez mandamientos.
A partir de ahí la comunidad judía celebra Pésaj para recordar su liberación. Parte sustancial de ello es comer matzá, el pan ázimo -una especie de galleta de trigo no fermentada-, que recuerda que al huir de Egipto, las mujeres no tuvieron tiempo de dejar fermentar el trigo para comer pan. Se llevaron lo que pudieron, en ese caso, las galletas que en un proceso normal se habrían convertido en pan.
Parte de la tradición en Pésaj es comer una especie de hojas de lechuga para recordar la amargura de la esclavitud, sentarse recostados, disfrutando la libertad que entonces obtuvieron y leer la Hagadá -narración de los hechos de la salida de Egipto-, en la primera cena de este día -Séder-, llena de simbolismo.
Previamente se limpia la casa para que no quede una sola migaja de pan y se utiliza una nueva vajilla y ollas para cocinar, en la mayoría de los casos. La comunidad debe deshacerse del jametz de su propiedad, para lo cual puede tirarlos -paquetes de galletas o cereales, por ejemplo-, o venderlos y recomprarlos al terminar Pésaj, como en el caso de algunas bebidas alcohólicas como el whisky.
Los niños participan activamente en la festividad, pues se tiene la costumbre de preguntarles qué ven diferente en la mesa, en la casa, involucrándolos en el acontecimiento.
Abraham Tobal explicó que la festividad de Pésaj es fundamental porque hace partícipes a las nuevas generaciones de lo que sucedió como un hecho vívido. No puede negarse la existencia de un hecho fehaciente si se le recuerda, indicó el rabino. Ejemplificó que actualmente neonazis intentan negar que existió el Holocausto, aun cuando existen fotos, testimonios de personas vivas que lo padecieron y otras pruebas contundentes. Sin embargo, en 200 años, expresó, una persona inteligente podrá saber que el Holocausto existió pues hay monumentos, museos y manifestaciones anuales que por años lo han recordado.
Conviviendo desde antaño
En México viven diferentes comunidades judías. William Izigzon, director de certificación Kosher de la comunidad Ashkenazí de México, identifica cuatro en la ciudad de México, considerando su procedencia: la propia Ashkenazí, proveniente de Europa; la Sefaradí, de España y Turquía, principalmente; y dos de Siria, la de Maguén David y la de Monte Sinaí.
Algunos judíos, independientemente de su origen étnico, formaron comunidades por afinidad ideológica, de corte conservador -masortí-. Es el caso de Beth Israel y Bet-El.
Tribuna Israelita, institución de análisis y opinión de la Comunidad judía de México, señala que hay comunidades judías también en Monterrey, Baja California y Guadalajara.
La mayoría de la comunidad judía, en general, sin embargo, vive en la ciudad de México y área conurbada del Estado de México.
Vistos por fuera son un todo -la comunidad judía-, pero tienen diferencias culinarias y de costumbres -todos guardan Pésaj, eso sí-, atribuibles a los países de los que provienen, y a lo ortodoxo o liberal que puedan ser.
"Donde hay dos judíos, hay por lo menos tres opiniones", según un refrán judío.
Los primeros judíos llegaron a México en 1519, con los primeros españoles -la conquista fue después, en 1521-, aunque hasta finales del siglo XIX y principios del XX se constituyó la comunidad, a partir de la migración de judíos de otras regiones.
http://www.elfinanciero.com.mx/index.php/negocios/21280