La "Rama Dorada"
En el capítulo inicial de The Golden Bough, (La Rama Dorada), Sir James Frazer, habla de la "Tragedia Extraña y Recurrente", a que daba lugar la sucesión en el sacerdocio del santuario de Diana Del Bosque, y cuenta que:
"Dentro del santuario de Nemi, crecía cierto árbol, del cual no se podía cortar ninguna rama. Sólo podía hacerlo un esclavo fugitivo, si era capaz de ello. En caso de éxito, adquiría el derecho de luchar con el sacerdote en combate singular y, si lo mataba, reinaba en su lugar con el título de Rey Del Bosque, (Rex Nemorensis)"
En torno de este árbol rondaba día y noche una horrenda figura.
"Tenía en su mano una espada desenvainada y vigilaba cuidadosamente en torno de si, como si esperara que en cualquier instante cayera sobre el un enemigo. Era un sacerdote y un asesino; y el hombre que él esperaba llegaría tarde o temprano para matarlo y ocupar la sede sacerdotal en su lugar. Tal era la regla del santuario. El candidato al sacerdocio sólo podía llegar a ocuparlo matando al titular; luego de haberlo hecho, retenía su cargo hasta que era asesinado, a su vez, por otro más fuerte o más hábil."
Cuando pasamos del Rey Del Bosque a los gobernantes seculares de la tierra, de la costumbre del santuario a los procesos de la acción política, el cuadro del sacerdote acosado que cuida su cargo provisional, se nos presenta de nuevo como el tema de toda soberanía. En efecto, la historia política consiste en una serie de relatos de esta clase.
Una y otra vez se repite el cuento de los esclavos que destruyen a sus amos, de los gobernantes que, considerando la naturaleza azarosa de su soberanía, luchan para conservarla. Y, aunque la espada se oculta a menudo en la actualidad dentro de alguna vaina simbólica, producto de la civilización, la guerra del gobernante contra sus posibles sucesores es más encarnizada que nunca, pues quiere el destino que quienes ostentan corona, tengan el sueño sobresaltado y contados sus días.
En el capítulo inicial de The Golden Bough, (La Rama Dorada), Sir James Frazer, habla de la "Tragedia Extraña y Recurrente", a que daba lugar la sucesión en el sacerdocio del santuario de Diana Del Bosque, y cuenta que:
"Dentro del santuario de Nemi, crecía cierto árbol, del cual no se podía cortar ninguna rama. Sólo podía hacerlo un esclavo fugitivo, si era capaz de ello. En caso de éxito, adquiría el derecho de luchar con el sacerdote en combate singular y, si lo mataba, reinaba en su lugar con el título de Rey Del Bosque, (Rex Nemorensis)"
En torno de este árbol rondaba día y noche una horrenda figura.
"Tenía en su mano una espada desenvainada y vigilaba cuidadosamente en torno de si, como si esperara que en cualquier instante cayera sobre el un enemigo. Era un sacerdote y un asesino; y el hombre que él esperaba llegaría tarde o temprano para matarlo y ocupar la sede sacerdotal en su lugar. Tal era la regla del santuario. El candidato al sacerdocio sólo podía llegar a ocuparlo matando al titular; luego de haberlo hecho, retenía su cargo hasta que era asesinado, a su vez, por otro más fuerte o más hábil."
Cuando pasamos del Rey Del Bosque a los gobernantes seculares de la tierra, de la costumbre del santuario a los procesos de la acción política, el cuadro del sacerdote acosado que cuida su cargo provisional, se nos presenta de nuevo como el tema de toda soberanía. En efecto, la historia política consiste en una serie de relatos de esta clase.
Una y otra vez se repite el cuento de los esclavos que destruyen a sus amos, de los gobernantes que, considerando la naturaleza azarosa de su soberanía, luchan para conservarla. Y, aunque la espada se oculta a menudo en la actualidad dentro de alguna vaina simbólica, producto de la civilización, la guerra del gobernante contra sus posibles sucesores es más encarnizada que nunca, pues quiere el destino que quienes ostentan corona, tengan el sueño sobresaltado y contados sus días.