InicioHumor31 minutos (biografia)
31 Minutos no es exactamente el nombre de un grupo ni proyecto musical, sino que el programa televisivo infantil más inteligente y exitoso de los últimos años en Chile. La difusión de su banda sonora excedió los propósitos de sus creadores, convirtiéndose en una de las aristas más rentables del proyecto. Cada temporada de programa tuvo su disco respectivo, entre las que hay algunos títulos que pueden ya considerarse clásicos de la música popular chilena.

Cantan los títeres
La productora Aplaplac fue la responsable de este espacio desde sus inicios. Liderada por los periodistas Pedro Peirano y Alvaro Díaz, Aplaplac nació en 1998 con parte del equipo profesional que antes había dado forma a los programas de humor «Gato por liebre» y «Plan Z» (en el juvenil Canal 2/Rock&Pop). Su proyecto más personal, «Factor humano», murió con el canal a fines de ese año, pero los consolidó como dupla creativa.

Tras una serie de proyectos televisivos y documentales, ambos concibieron para el bloque infantil de TVN un noticiero conducido por títeres. Lo bautizaron «31 minutos», en virtud de la tradicional duración de las cintas Betacam en las que grababan el programa. Su primera etapa fue financiado por el Consejo Nacional de Televisión, y se apoyó en datos educativos combinados con guiños a la cultura televisiva de los años ‘70. El espacio partió discretamente en marzo de 2003 con una emisión semanal, pero terminó ese año en horario estelar y convertido en un fenómeno de audiencia.

El merchandising y la explosión mediática tuvieron como uno de sus ejes la edición del disco 31 Minutos (2003), que incluía los temas del ranking musical del programa que semanalmente presentaba un personaje llamado Policarpo Avendaño. Se trataba, fundamentalmente, de canciones compuestas por el guitarrista de Chancho en Piedra, Pablo Ilabaca, a las que se les añadían letras de los creadores del programa y voz de los mismos personajes.

Compartían un ritmo bailable, y letras ingeniosas y divertidas, del tipo «Me Cortaron Mal El Pelo», «Diente Blanco, No te Vayas» o «Mi Muñeca me Habló». El disco se convirtió en un éxito, mucho más allá del público infantil al cual estaba originalmente dirigido. Las canciones llegaron a sonar en discotecas y se convirtieron en hits radiales. Un par de ellas, incluso («Bailan sin Cesar» y «Tangananica Tangananá»), fueron incluso grabadas por Los Prisioneros para el disco En las raras tocatas nuevas de la Rock&Pop (2003). Esa misma estación escogió por votación popular al tema «Mi Equilibrio Espiritual» como la canción del año, en un fenómeno que al año siguiente se repitió, aunque sin la misma intensidad.

La segunda temporada de «31 minutos» comenzó en marzo del 2004. Hubo un nuevo disco, de similar o superior calidad, con título tributario de Pablo Neruda, nada menos. En 31 Canciones de Amor y Una Canción de Guaripolo se incluyeron canciones como «Calurosa Navidad», «boing, boing, boing» y «Nunca me he Sacado un Siete». Algunas fueron hits radiales, pero de innegable menor impacto que en el año anterior. En el tema «Yo nunca vi Televisión» se incorporó de modo especial a La Sonora De Tommy Rey.

Los organizadores del programa adelantaron sin alarma la baja en el interés público, y se mantuvieron ocupados con la exportación del espacio, la edición de un DVD y la preparación de una tercera temporada.

Ratoncitos (2005) fue el álbum que salió de ese ciclo de programas. La edición incluyó dos discos, la participación de Buddy Richard (para un dúo con Guaripolo en «Mala/Cielo») y una serie de canciones con la misma fórmula de antaño, de entre las que destacaron «Ratoncitos», «Guácala» y «Mister Guantecillo». A lo largo de su trayecto, «31 minutos» ha mantenido la calidad y el sello de un espacio que ya marcó a toda una generación de niños y adultos.

El estreno de una película el 2008, que llevó a las salas a más de 300 mil espectadores, y la aparición de los personajes en distintas campañas de servicio público, ratifican periódicamente la importancia de este espacio en su género, superior a todas las experiencias de televisión infantil hecha en Chile.31 Minutos no es exactamente el nombre de un grupo ni proyecto musical, sino que el programa televisivo infantil más inteligente y exitoso de los últimos años en Chile. La difusión de su banda sonora excedió los propósitos de sus creadores, convirtiéndose en una de las aristas más rentables del proyecto. Cada temporada de programa tuvo su disco respectivo, entre las que hay algunos títulos que pueden ya considerarse clásicos de la música popular chilena.

Cantan los títeres
La productora Aplaplac fue la responsable de este espacio desde sus inicios. Liderada por los periodistas Pedro Peirano y Alvaro Díaz, Aplaplac nació en 1998 con parte del equipo profesional que antes había dado forma a los programas de humor «Gato por liebre» y «Plan Z» (en el juvenil Canal 2/Rock&Pop). Su proyecto más personal, «Factor humano», murió con el canal a fines de ese año, pero los consolidó como dupla creativa.

Tras una serie de proyectos televisivos y documentales, ambos concibieron para el bloque infantil de TVN un noticiero conducido por títeres. Lo bautizaron «31 minutos», en virtud de la tradicional duración de las cintas Betacam en las que grababan el programa. Su primera etapa fue financiado por el Consejo Nacional de Televisión, y se apoyó en datos educativos combinados con guiños a la cultura televisiva de los años ‘70. El espacio partió discretamente en marzo de 2003 con una emisión semanal, pero terminó ese año en horario estelar y convertido en un fenómeno de audiencia.

El merchandising y la explosión mediática tuvieron como uno de sus ejes la edición del disco 31 Minutos (2003), que incluía los temas del ranking musical del programa que semanalmente presentaba un personaje llamado Policarpo Avendaño. Se trataba, fundamentalmente, de canciones compuestas por el guitarrista de Chancho en Piedra, Pablo Ilabaca, a las que se les añadían letras de los creadores del programa y voz de los mismos personajes.

Compartían un ritmo bailable, y letras ingeniosas y divertidas, del tipo «Me Cortaron Mal El Pelo», «Diente Blanco, No te Vayas» o «Mi Muñeca me Habló». El disco se convirtió en un éxito, mucho más allá del público infantil al cual estaba originalmente dirigido. Las canciones llegaron a sonar en discotecas y se convirtieron en hits radiales. Un par de ellas, incluso («Bailan sin Cesar» y «Tangananica Tangananá»), fueron incluso grabadas por Los Prisioneros para el disco En las raras tocatas nuevas de la Rock&Pop (2003). Esa misma estación escogió por votación popular al tema «Mi Equilibrio Espiritual» como la canción del año, en un fenómeno que al año siguiente se repitió, aunque sin la misma intensidad.

La segunda temporada de «31 minutos» comenzó en marzo del 2004. Hubo un nuevo disco, de similar o superior calidad, con título tributario de Pablo Neruda, nada menos. En 31 Canciones de Amor y Una Canción de Guaripolo se incluyeron canciones como «Calurosa Navidad», «boing, boing, boing» y «Nunca me he Sacado un Siete». Algunas fueron hits radiales, pero de innegable menor impacto que en el año anterior. En el tema «Yo nunca vi Televisión» se incorporó de modo especial a La Sonora De Tommy Rey.

Los organizadores del programa adelantaron sin alarma la baja en el interés público, y se mantuvieron ocupados con la exportación del espacio, la edición de un DVD y la preparación de una tercera temporada.

Ratoncitos (2005) fue el álbum que salió de ese ciclo de programas. La edición incluyó dos discos, la participación de Buddy Richard (para un dúo con Guaripolo en «Mala/Cielo») y una serie de canciones con la misma fórmula de antaño, de entre las que destacaron «Ratoncitos», «Guácala» y «Mister Guantecillo». A lo largo de su trayecto, «31 minutos» ha mantenido la calidad y el sello de un espacio que ya marcó a toda una generación de niños y adultos.

El estreno de una película el 2008, que llevó a las salas a más de 300 mil espectadores, y la aparición de los personajes en distintas campañas de servicio público, ratifican periódicamente la importancia de este espacio en su género, superior a todas las experiencias de televisión infantil hecha en Chile.


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Conductor
Nacido en Titirilquén, hijo de Tulio Triviño padre y de doña Vespertina Tufillo. Su única hermana es Morticia Triviño, madre de su sobrina Patana, actual periodista de 31 Minutos. Los Triviño Tufiño son una familia sencilla, que ha tenido una importante participación en la Historia. Don Estrafalario Tufiño fue el primer titirilquense que se tomó al seco una botella de pisco en la plaza de Titirilquén, cosa que ahora es una costumbre en la zona. Putrefacta Triviño, tía de Tulio, fue la primera mujer gallina del país.

A temprana edad, Triviño ingresa a la manada Apumanque de los scouts, donde conoce al que será su gran amigo, el conejo Juan Carlos Bodoque. Su interés por el periodismo nace cuando instalan el primer kiosco de diarios en Titirilquén. Pronto logra un importante puesto de reportero en un canal venezolano especializado en los escarabajos, “era un trabajo apasionante, pero aburrido”, ha señalado. A Venezuela lo va a buscar Juan Carlos Bodoque, quien le había conseguido el trabajo de conductor de 31 minutos.
Hoy, Tulio Triviño no se considera un “rostro” de la televisión. “Soy más bien una cara”, dice. A sus labores como conductor de noticias se suman sus constantes iniciativas en el campo de la beneficencia, destacando la Fundación Tulio Triviño Tufillo, que acoge a todos los conductores de televisión caídos en desgracia o sin talento.

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