La Academia de Cine, contra la piratería
Hace poco más de un mes, la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional falló contra los propietarios del sitio Taringa!, con una multa de 200.000 pesos, por permitir la reproducción y descarga ilegal de obras protegidas por la ley de Propiedad Intelectual.
A raíz de esto, la Academia de Cine de la Argentina, presidida por Juan José Campanella, difundió un comunicado donde deja en claro su apoyo a esta medida judicial. El tráfico de obras por Internet, señala, “vulnera principios sociales básicos, el más evidente es el robo del valor de las obras que distribuye libremente”.
Y en el mismo se agrega: “Los propietarios de los sitios de enlaces a servidores piratas postulan una posición de libre acceso a la cultura, hipócritamente libertaria y democrática, cuando en realidad poseen sitios que ganan exorbitantes cantidades de dinero en proporción directa al tráfico de visitas. No nos engañemos: no son apóstoles de la libre cultura, ni el interés de su esparcimiento está en sus espíritus, sólo en su falso discurso. Son en realidad simples mercaderes que se quedan con la utilidad de lo que roban”.
Los propietarios de Taringa! (ver Dos sitios...) consideran que la medida es injusta ya que ellos son sólo “el intermediario de los millones de usuarios anónimos que suben, día a día, las obras a Internet”. Habría que cerrar Internet, señalan, ya que “cuando se cierra y se prohíbe un buscador, al minuto ya hay abiertos veinte nuevos sitios con todo el mismo material”.
Parecería, al menos en principio, algo muy difícil de detener. Consultados por Clarín , Mercedes Morán señala que se trata de un tema que hay que debatir sin apresurarse, ya que hay “un antes y un después de Internet, un cambio de paradigma”, y Guillermo Francella opina que es “un hecho que conspira completamente contra la producción cinematográfica”.
Respecto a esto, Morán no se sorprende ya que, dice, “el cine en sala es irreemplazable”. Francella, por su parte, opina que “cuando hay grandes películas, con grandes historias, la gente concurre masivamente a los cines a verlas. Pero que haya buena recaudación no significa que la piratería y la legalidad puedan convivir juntas como una gran familia”.
Se trata de un fenómeno complejo, y, al menos todavía, no es fácil medir la carga positiva y negativa del impacto que esta nueva socialización de los productos culturales está trayendo en la industria.
Sí hay dos cosas en claro: por un lado, que las obras tienen un dueño (el autor o quien detente los derechos); por el otro: que obras que en otro momento no tenían difusión, hoy en día, gracias a este fenómeno, se han vuelto accesibles y logran un público antes inexistente.
En cuánto y de qué forma todo esto vulnera la creatividad y la producción artística es algo que habrá que seguir analizando, con cuidado, en el tiempo.
Dos sitios de internet y una polémica en común

Según sus creadores, Taringa! recibe 6 millones de visitas por día y Cuevana, 2 millones. Los dos sitios son piezas clave en el cambio radical en el consumo de cultura que se está llevando a cabo en los últimos años en todo el mundo gracias a los avances tecnológicos que propician la unión de lo digital y de Internet.
Matías Botbol, uno de los dueños de Taringa!, aclara primero que la “función social” de su sitio no es la de la piratería. “La finalidad del sitio es que la gente pueda compartir información que le resulta de interés con los demás. La gente que le da un uso de piratería es la que lo ve como un sitio de piratería, es una cosa medio hipócrita”, se enoja.
Obviamente que mucha de esa información compartida son links a otros sitios que alojan música, películas o libros, pero apenas el dueño de los derechos lo solicita, ellos los borran. “De esa forma nunca tuvimos ningún problema legal”, aclara. Se está atravesando un juicio penal de parte de varias editoriales de libros judiciales, y para Botbol eso no es casual: “Es un juicio más político que comercial”.
El dato de que este año hubo un récord de entradas de cine vendidas a Botbol no lo sorprende: “Gracias a Internet, el acceso que tiene cualquier persona a la cultura ahora es miles de veces superior al que tenía hace diez años, y ese estímulo genera mayor inquietud y repercute en un mayor consumo. Por eso la gente va más al cine o paga doscientos pesos por un recital”.
Por otro lado está Cuevana, sitio que se está dedicado exclusivamente a las películas y series de televisión. Tomás Escobar, uno de sus creadores, aclara que no suben películas que todavía están en cartel. “Creemos que eso es fundamental -se planta-. El cine no está muerto con Internet, es una parte clave de la industria y lo va a seguir siendo. Los estudios han sabido responder a la piratería brindando 3D”.
Ahora Escobar y sus socios están tratando de encontrar un modelo de negocios viable. Probablemente a fin de año venga Net- flix a la Argentina -una especie de Cuevana- y ellos se quieren preparar para competir dándole un perfil más latinoamericano. Por lo pronto, algunas películas argentinas están en el sitio con autorización: El Rati Horror Show, de Enrique Piñeyro, Incómodos, de Esteban Menis, y también hay material del Canal Encuentro.
El futuro llegó hace rato y la tecnología avanza mucho más rápido que los cráneos encargados de buscar la manera de vender cultura. Sólo una cosa no cambia: los artistas que producen arte y el público ávido por consumirlo.