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Taringa! y la Libertad en la red

Taringa•7/4/2011
Taringa y su conocido caso aparece hoy como testigo de las fallas en las leyes Argentinas sobre contenidos en la red y sobre todo del desconocimiento de los jueces, tanto del funcionamiento como del lenguaje de internet.
Por Lawrence Garfield
Taringa no solo es uno de los sitios más visitados de Argentina, aparece también dentro del medio de internet como uno de los sitios de referencia indiscutida para el intercambio de información.

Con forma de una pizarra privada, los usuarios registrados pueden postear (publicar) todo tipo de mensajes y recibir calificaciones de la comunidad participante, con la particularidad de que no es necesario estar registrado para ver lo que publican los usuarios, pero si para opinar. En esta pizarra global se encuentran opiniones acerca del Affaire Juanita Viale, debates sobre qué tan frio es el boquense pecho de Riquelme, si existe el Área 51 y hasta opiniones sobre las últimas declaraciones de Cristina Kirchner y su indecisión electoral.

Taringa aparece como un parisino kiosque que muestra a todos los visitantes publicaciones que le son de utilidad tanto a sus autores como a los habitués que buscan frente a sus pizarras atiborradas de mensajes, por lo menos una punta de la solución a sus problemas de entretenimiento.

No es raro entonces que una infinidad de empresas lo hayan utilizado durante los últimos años como puntapié inicial de sus novísimas campañas virales en la Web 2.0 (así lo dicen en la TV), para la promoción de productos tan diversos como automóviles o emisoras de radio. Sin contar con los rumores iniciados por inescrupulosas agencias de prensa y medios de comunicación que los utilizaron para luchar a veces contra competidores y otras contra gobiernos, convirtiendo a Taringa y a su política de cero censura en un medio de alcance global.

El debate se abre hoy en Taringa porque algunos usuarios decidieron publicar material con derecho intelectual protegido y los jueces entendieron que los propietarios del sitio estaban obligados a borrarlos ya que eran solidariamente responsables por cada publicación que apareciera.

El fallo implica un desconocimiento total de la dimensión real del medio, que cuenta con más de 7 millones y medio de usuarios que generaron casi 10 millones de publicaciones y recibieron unos 60 millones de comentarios sobre la misma. Para hacernos una idea de la proporción, si juntáramos a todos los suscriptores de Taringa necesitaríamos para albergarlos 3 ciudades del tamaño de París, para llevarlos a una movilización en la 9 de julio Hugo Moyano necesitaría 200.000 colectivos y ocuparían todo el espacio disponible entre la Autopista en Constitución hasta la Avenida del Libertador y solo entrarían si logramos que las chicas más jóvenes y bonitas se suban sobre los hombros de sus respectivos novios.

Para tenerlo más claro, si todos los usuarios de Taringa votaran por Carlitos Balá como presidente, no necesitarían una segunda vuelta para poner al autor del gestito de idea en el balcón de la Casa Rosada.

Esto implica que el control con la tecnología actual resulta en la práctica inaplicable. Pero sobre todo inhibitorio, Taringa tanto para adeptos como para refutadores, es una tribuna en la que se canta porque todos son escuchados, aplaudidos, vitoreados, escupidos y vapuleados. Si no fuera así su raison d’etre no existiría porque cada usuario de la red tiene un explícito derecho positivo sobre sus opiniones y dejará de utilizar cualquier medio que no lo reconozca, simplemente borrándolo de sus favoritos.

Hace un tiempo, durante una visita a uno de los datacenters más grandes de Sao Pablo un ocurrente dijo: no creo que aquí esté internet porque no la veo entre tantas computadoras. La paradoja es clara, dentro de la red solo existen los sitios que son visitados, nadie puede garantizar que los discos de hosting todavía contengan webs que nadie visitó en años.

La inoperancia judicial se exagera un poco más al tomar a los dueños de un sitio como referentes intelectuales de un contenido generado por una comunidad de individuos, esto sería como culpar a las empresas de trenes por los grafitis que se escriben en los vagones o a los arquitectos por los piropos que los albañiles les lanzan a las mujeres que pasan frente a las construcciones.

Porque el derecho afectado es el de expresar ideas, así sean un chisme, un chiste o un software pirata, la persona que publica está expresando una idea que lo identifica. Como Luis Ventura puede mostrar fotos de Juanita Viale transando en su auto para definirse como periodista de espectáculos, el usuario que publica un software pirata reclama sobre el excesivo costo que la industria está cargando sobre las piezas de programación, o el que publica el álbum de Justin Bieber no solo se expone como un inadaptado musical sino que publicita al carilindo que genera más ganancias en su imagen que en su patéticas loas.

Lo más grave ocurre en otro análisis; hoy los referentes del poder vienen por Taringa y su anarquía porque permite a los usuarios mantenerse alejados de la nube de información que las corporaciones proponen para contener todos nuestros datos. Con su existencia Taringa demuestra que se pude albergar sobre internet una comunidad sin controles y sin invasión de datos a los que empresas como Google o Facebook están deseosos de llegar, invirtiendo millones de dólares en desarrollos que indexan contenido privado, como el GMail Advertising que lee mails privados para mostrar publicidad en claro desafío a la ley de correos que establece como derecho la inviolabilidad de los mensajes; o software de traza de usuarios utilizados por Facebook o LinkedIn que relacionan personas y asociaciones poniendo en peligro el derecho natural al olvido.

En nuestro diario no somos usuarios de Taringa ya que como profesionales periodísticos debemos informar en base a fuentes y hechos, y como usuarios de internet como medio, utilizamos software libre. De todas formas entendemos que es necesaria una ley de contenidos de internet que se efectúe en el marco de la democracia y que respete el libre derecho de pensamiento sobre el que se desarrolló internet durante los últimos 15 años.

Lo bueno sería que en un tiempo no muy lejano se permitiera a usuarios publicar en nuestras criticas de cine, mensajes que digan “voy al cine a ver esta película porque me la bajé de Taringa y me di cuenta que estaba tan buena que vale la pena pagar por verla”.

Quizá olvidamos mencionar que si todos los usuarios de Taringa votaran a un solo partido político lograrían conquistar tantos escaños como para obtener una mayoría parlamentaria automática que lograría promover cualquier tipo de ley
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