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Intolerancia a la Lactosa

Salud Bienestar6/26/2012
No me refiero a la intolerancia política o ideológica, sino biológica, a la leche. Diversos estudios, tanto en el Perú como en otros países, confirman esta intolerancia y cuestionan la distribución indiscriminada de leche entre la población. Como referencia, en Africa se produjo hace unas cuatro décadas un escándalo con motivo de la intolerancia a la leche. Las Naciones Unidas compraron grandes cantidades de leche en polvo para distribuir en diversas regiones de Africa. El resultado fue desastroso: un gran número de los beneficiados sufrieron trastornos gástricos que acentuaron su mala nutrición. Con excepción de la tribu Massai, ganaderos ancestrales que toman leche mezclada con sangre de res, la mayoría de las tribus sufrieron desórdenes digestivos. Una investigación acuciosa confirmó lo que muchos temían, una intolerancia a la leche de la mayoría de la población. En la misma época se hicieron estudios similares en el Perú, y en sitios tan disímiles como Groenlandia, Chipre, la India, Israel y América del Norte, cuyos resultados fueron similares. La causa de la intolerancia es la misma en todos ellos: inactividad o falta de la enzima lactasa para digerir la lactosa. LACTOSA Y LACTASA La leche contiene más de un 80 % de agua (la pasteurizada 88.5 %) y una serie de nutrientes. Entre ellos hay minerales y vitaminas y un disacárido (azúcar doble), formado por galactosa y glucosa, llamado lactosa, principal carbohidrato y fuente de energía de la leche. En el intestino, la lactosa es descompuesta por la enzima lactasa (proteína característica de los mamíferos), en sus dos azúcares. La lactasa rompe la unión, que es un átomo de oxígeno, entre los dos anillos de azúcar, introduciendo agua. Esto permite digerir la galactosa y la glucosa sin dejar residuos nocivos. Cuando no actúa la lactasa, las bacterias intestinales rompen el azúcar largo (lactosa). Este proceso químico es diferente al de la lactasa, y deja como residuo hidrógeno molecular (H2), además de otras sustancias. Estos residuos de la digestión microbiana causan, entre otros males, lo que el doctor Raúl León-Barúa llama meteorismo: efectos sobre el aparato digestivo, como gases, retortijones y eventualmente diarreas. El resultado es una descomposición intestinal nociva. Cualquier efecto positivo que hubiera podido tener la leche resulta negativo. El grado de consecuencias varía grandemente de un individuo a otro y de acuerdo a la cantidad de leche que ha tomado. Este fenómeno, común a muchos pueblos en diversos lugares del planeta, se llama intolerancia a la leche. La intolerancia a la lactosa puede deberse a tres causas. La primera es congénita, y poco frecuente, ya que en todas las razas los recién nacidos vienen con lactasa para digerir lactosa. Sin embargo, existe un pequeño número de niños que nacen sin lactasa, y deben ser alimentados en forma especial. La segunda causa es “racial”, o hereditaria, frecuente en ciertas etnias. Este es el caso de poblaciones que no son tradicionalmente ganaderas y que, a partir de los cinco años, muestran intolerancia a la leche. Este no es el caso de los anglosajones y de los masai que han adquirido, a través de milenios mecanismos para conservar lactasa y digerir lactosa. La tercera causa es el efecto de parasitosis o infecciones intestinales. Cierto tipo de bichos que invaden el intestino interfieren con la digestión de la lactosa causando los males descritos. En estos casos, curada la parasitosis, se acaba la intolerancia a la leche. El caso de los niños entre 5 y 11 años puede caer dentro de las tres categorías. En nuestro medio corresponde principalmente a la intolerancia hereditaria característica de las etnias que no consumían –y en muchos casos no consumen aún– leche pasada la primera infancia. En el Perú, el doctor León-Barúa hizo estudios sobre el tema hace más de 35 años y su bibliografía ocupaba cuatro páginas, hoy ocuparía más del doble. Otros trabajos sobre el tema, como el del Instituto de Nutrición de San Fernando, demostraron intolerancia heredada a la leche en cuatro generaciones de 32 familias peruanas. Se calcula que más del 64 % de peruanos mayores de 5 años no tolera la leche. Esta cifra no debe sorprender, ya que los esquimales de Groenlandia, los indios y negros norteamericanos, los griegos chipriotas y los orientales que no toleran la leche oscilan entre 72 y 100 %. Además todo parece indicar que esta es una condición que no se “cura”. En otras palabras, por más que tome leche, el que no la tolera no se acostumbrará a tolerarla. Actualmente se dispone en el mercado de una serie de productos que contienen lactasa o libres de lactosa, para este fin. La bibliografía sobre el tema es antigua y larga. Al parecer en todos los continentes se da la intolerancia a la lactosa, lo que interfiere con los esfuerzos por mejorar la nutrición con métodos usados en los países de población de origen caucásico. La leche es un alimento muy completo, que contiene una serie de nutrientes, sobre todo minerales como sodio y calcio, éste último importante para la formación de los huesos. Por esta razón, se le considera uno de los mejores medios de fortalecer la alimentación. Sin embargo, sabiendo que existe intolerancia, es necesario estudiar sus alcances entre los niños, para hacer una distribución adecuada de la leche, o sustituirla donde sea necesario.
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