
Estaba yo en la virgocueva cagado de calor cuando las tres neuronas de mi cerebro conectaron y se me ocurrió invitar a tomar una gaseosa a una vecina. Estoy en plan de enterrar la batata puesto que con mis 26 añitos viene siendo hora de que le vea la cara a Dios.

Mi vecina no es muy agraciada, tiene un bigote negro azabache como el pelo de Sandro y pesa lo mismo que un fiat 600, pero no es turra así que pasa mi prueba de selectividad. Estaría bueno salir con ella en invierno porque la grasa abriga, pero por lo menos ahora en Enero me da sombra y solo me tengo que bancar el olor a chivo.
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La cosa es que la minita se ve que quiere que le soplen el cartucho de sega y me dijo que sí.
Salimos y fuimos al Kiosko. Como tenemos menos onda que una regla nos sentamos en la vereda a tomar una Prity lemon y a leer un manga de One Piece que me compro mi mamá como premio por haber rendido matemática de 2 años del polimodal (re difícil la viaja me la tenía jurada desde que me tire un silencioso en su clase).
Estabamos leyendo a la sombra de un Jacarandá las avanturas de Luffy cuando un pibe descortes me dice "Che gordo porque sacas a pasear a tu hipopótamo y te pones a leer esa mierda en la calle?"
Ante tal insulto no me pude quedar de brazos cruzados, tenía que defender mi honor y el de la lincesa pre-diabética que me acompañaba. Para mi desgracia, me cuesta bastante pasar de una pocision sentada a una erguida y en esos 20-30s el muchacho me pego un gancho al higado que de no haber sido absorbido en parte por las capas de chocotorta que recubren mi abdomen habría sido mortal.
No contento con eso me revento a palos y se fue.
Mi lincesa me dijo textualmente "que podría cogerse a un feo, hasta un feo-manicero, pero no a alguien que no pueda defenderse". Dicho esto se fue rudando a las cuatro chapas que constituyen su hogar.
Ahora tengo un ojo negro, no se nota porque soy kirchnerista, dos dientes menos (con estos ya perdí 8) y sigo con el amigo sin estrenar.
Este es un 2016 prometedor.