¿Tiene el ser humano derecho a destruir lo que las civilizaciones antiguas erigieron con el mismo esfuerzo con que la modernidad se abre paso? Pensemos en las últimas noticias acerca de los sitios arqueológicos destruidos en México y Medio Oriente, como lugares que supuestamente yacen bajo el resguardo de las autoridades pertinentes para su conservación, pero que al intervenir el típico discurso del progreso y avance, estos quedan indefensos ante el beneficio de unos cuantos. Es común que los gobiernos totalitarios destruyan las raíces de su pueblo con el fin de levantar una visión egoísta del mundo. En lo que va del año se han destruido incontables zonas arqueológicas alrededor del mundo. Para comprender más a fondo el problema, sería bueno remitirnos a la importancia de los sitios preservados frente a la cultura: son lugares donde nos sentimos identificados con el pasado, bajo las condiciones favorables aumentan el turismo; son lugares que poseen una relevancia ancestral, tanto para la gente originaria como para el extranjero; representan lugares de reencuentro con las tradiciones y la sociedad. No deberían ser destruidos con el fin de construir nuevas estructuras urbanas, como sucede en México. Sin embargo, sabemos que las zonas arqueológicas atacadas en Medio Oriente, responden a otras razones, más fanáticas, totalitarias, y que, por medio de estas actitudes, intentan justificar su destrucción. En México no hay justificación que valga. Los estados islámicos, como sabemos, son totalitarios, envilecidos, ignorantes y fanáticos, esos preceptos los incitan a destruir lo que alguna vez la humanidad erigió con tanto esfuerzo, sin importar nada más que sus creencias. En México sucede lo mismo pero bajo un velo de hipocresía, sus instituciones son las culpables, degradan la importancia de los lugares más trascendentales con el fin de sacarles provecho, tal y como sucede en Iraq o Siria. Te presentamos un listado de diferentes zonas arqueológicas que han sucumbido en los últimos años. Esté o no justificada esta destrucción, la verdad es que muy poca gente se ve interesada en el asunto, por lo que esto sigue perpetuándose. El silencio y la indiferencia son los mayores propulsores de este delito: ir destruyendo poco a poco lo que ha tomado siglos mantener intacto. Hace catorce años fueron destruidos los budas gigantes de Bagdad, el delito se llevó a cabo por los talibanes bajo un delirio xenofóbico, pues según ellos, Buda representa a una religión extranjera, pagana, enemiga del Corán. “Los budas del siglo VI formaban parte del Patrimonio de la Humanidad declarado por la Unesco en el valle de Bamiyán. […] Una de las dos estatuas esculpidas en una pared rocosa, conocida como Salsal Buddha, medía 53 metros y era considerada la más grande de un buda en el mundo”. Apenas este año una pareja china de restauradores logró financiar un soberbio proyecto, que consistió en hacer una versión tridimensional de las estatuas destruidas, para así recuperarlas. Incontables son los templos de la antigua Mesopotamia que han sido atacados por el grupo yihadista Isis en lo que va del año, pero quizá el más reciente sucedió apenas ayer (24-08-2015). El grupo terrorista destruyó el templo de Baal, luego de que los extremistas se hicieran con el control de la ciudad de Palmira. Mucho se especula acerca de los verdaderos responsables de estas atrocidades, hay quien piensa que Estados Unidos está detrás de todo esto, financiando la destrucción de las zonas arqueológicas en Siria e Iraq. En Latinoamérica no nos quedamos atrás en este tema. Por ejemplo: la destrucción de una de las pirámides más importantes para la cultura maya en Belice. Con una antigüedad de más de 2 mil 300 años, esta pirámide situada en Nohmul, que media alrededor de 20 metros de altura, fue destruida en 2013 por una empresa constructora, a pesar de estar ubicada en un terreno privado. La justificación para que dicha villanía se llevase a cabo fue: “La asociación indicó que un alto funcionario del gobierno les dijo que el Ministerio de Obras y otros organismos han destruido más sitios en Orange Walk en otras partes del país para obtener material de relleno para las carreteras“. Estos actos también se han presentado en Perú, donde se destruyó otra pirámide situada en la provincia de El Paraíso, según a manos de delincuentes, que extraían material del mismo tipo. El pasado julio, en el municipio de Tlaltizapán, Morelos, se llevó a cabo la destrucción de un asentamiento prehispánico, perteneciente a la cultura teotihuacana. Alrededor de 250 y 300 metros cuadrados de vestigios arqueológicos “fueron arrasados con maquinaria pesada para permitir la construcción de una carretera federal”. A pesar de las grabaciones y la oposición de los pobladores, el gobierno estatal autorizó el aplanamiento de los basamentos, acompañados por los arqueólogos buitres del INAH, a la espera de recuperar piezas valiosas con fines dudosos. Algo muy semejante sucedió en Cholula, estado de Puebla. Con la validez del INAH se volvieron a destruir asentamientos prehispánicos. Otra vez la gente se organizó, otra vez peleó por defender un patrimonio nacional ligado al pasado, pero de igual forma su voz fue ignorada por las autoridades. La decisión de que dicha zona arqueológica fuera destruida llegó desde el gobierno estatal de Rafael Moreno Valle Rosas, el cual pretende construir un parque temático con el argumento de siempre: atraer turismo. Te recomendamos ver el documental de Luz bajo la Tierra: La destrucción de Cholula (UNAM), que se promueve en Sin embargo, para comprender la lucha de los lugareños. A continuación nos trasladamos al estado de Hidalgo, a la antigua ciudad de Tula, donde empresas particulares han construido viviendas sobre las pirámides de los conjuntos de Las Zapatas II y Reina Xóchitl. El Instituto Nacional de Antropología e Historia no hizo nada para mantener esta zona preservada desde su descubrimiento a la actualidad, de igual forma, a pocos metros de estos vestigios, se construyó hace cuatro décadas un puente ferroviario que terminó usando como base los atrios antiguos. Ese fue el principio para que esta parte de Tula fuera infringida, profanada y destruida casi en su totalidad. Tal parece que el trabajo del INAH no es el de preservar las zonas arqueológicas, sino rescatar piezas de cerámica, barro, las cuales puedan adornar sus suntuosos museos o ser fácilmente vendibles al extranjero. Primero declaran patrimonio nacional un lugar que más tarde destruirán y saquearán. No sorprende intuir que esta institución gubernamental tiene intereses económicos de por medio; las piedras que erigieron alguna vez las ciudades más importantes a lo largo y ancho del país, no les interesan en lo más mínimo, no antes de la leve ilusión de modernidad que sostiene sus verdaderas pretensiones.
Datos archivados del Taringa! original
78puntos
2,017visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
6visitas
0comentarios
Dar puntos: