su historia
Halloween es una fiesta de la cultura anglosajona que se celebra en la noche del día 31 de octubre.
Sus orígenes se remontan a los celtas, hace más de 2.500 años, cuando el año celta terminaba al final del verano, el día 31 de octubre de nuestro calendario (Samhain). El ganado era llevado de los prados a los establos para el invierno. Ese último día, se suponía que los espíritus podían salir de los cementerios y apoderarse de los cuerpos de los vivos para resucitar, pedirles alimentos y maldecirles. Les hacían víctimas de conjuros si no accedían a sus peticiones: me das algo o te hago una travesura, que es la traducción de "Trick or Treat" (Truco o Trato).
Para evitarlo, los poblados celtas ensuciaban las casas y las "decoraban" con huesos, calaveras y demás cosas desagradables, de forma que los muertos pasaran de largo asustados. De ahí viene la tradición de decorar con motivos siniestros las casas en la actual víspera de todos los santos y también los disfraces. Es así pues una fiesta asociada a la venida de los dioses paganos a la vida.
La iglesia de Roma decidió convertir la festividad al catolicismo. Se instituyó el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos, que en Inglaterra se denominó "All Hallows' Day", y la noche anterior "All Hallows' Eve" que posteriormente derivó en "Halloween".
La fiesta fue exportada a los Estados Unidos por emigrantes europeos en el siglo XIX, hacia 1846. Sin embargo no comenzó a celebrarse masivamente hasta 1921. Ese año se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota y luego le siguieron otros estados. La internacionalización de Halloween se produjo a finales de los años 70 y principios de los 80 gracias al cine y a las series de televisión.
En la actualidad los niños se disfrazan para la ocasión y pasean por las calles pidiendo dulces de puerta en puerta. Después de llamar a la puerta los niños pronuncian la frase "Truco o trato". Si los adultos les dan caramelos, dinero o cualquier otro tipo de recompensa, se interpreta que han aceptado el trato. Si por el contrario se niegan, los chicos les gastarán una pequeña broma.
Halloween es una fiesta basada en el miedo, la muerte, los muertos vivientes, la magia negra y los monstruos místicos. Los "personajes" que se suelen asociar a Halloween incluyen a los fantasmas, las brujas, los gatos negros, los trasgos, los banshees, los zombis y los demonios, así como ciertas figuras literarias como Drácula y el monstruo de Frankenstein.
Los celtas solían disfrazarse con pieles de animales el 31 de octubre y así no ser descubiertos por los espíritus que, según ellos, esa noche recobraban vida. De ahí la costumbre actual de disfrazarse ese día. Los colores tradicionales de Halloween son el negro de la noche y el naranja de las primeras luces del día. Los símbolos de Halloween también incluyen elementos otoñales como las calabazas y los espantapájaros.
relatos
hombre lobo
En tiempos no muy lejanos existía una pareja de novios, se amaban más que nada en el mundo, ella de ojos verdes y piel blanca oriunda de Maracaibo Edo y él, un joven llamado Zulia, moreno de ojos negros profundos y cabellos largos oriundo de Guatire, Caracas.
Un viernes noche quedaron para salir con unos amigos pero él se retrasó por un incidente inesperado, había sido atacado por un enorme lobo siberiano que le regaló una antigua compañera de trabajo, un lobo de ojos azules y piel oscura, parecía una bestia sacada del mismísimo infierno.
A pesar de su retraso consiguió llegar a la esperada cita, pero algo andaba mal, un grupo de chicos, entre ellos el antiguo novio de la chica, empezaron a molestar al joven que ya estaba herido por el ataque del animal pero aún así se abalanzó sobre los malhechores, aunque no pudo hacer nada y resultó apaleado.
Pasó el día y juró vengarse.
El día siguiente pasó para el joven lentamente, aunque sus heridas sanaron de forma sorprendente, asombrado y confuso por todo lo acontecido decidió visitar a una bruja, ella, con solo ver sus ojos se dio cuenta de que había sido poseído por la marca de la bestia, pero había algo misterioso dentro de él, algo que no dejaba que el ser malévolo se apoderase completamente de su alma.
Por fin llegó la noche, noche de luna llena, sólo faltaba un minuto para las doce, nuestro desafortunado amigo se encontraba en la azotea de un edificio, y justo al sonar el gran reloj de la plaza, sus ojos se volvieron rojos, sus costillas empezaron a sufrir modificaciones genéticas, su corazón latía a paso veloz mientras recordaba con gran sufrimiento a la mujer que amaba, entre la confusión gritó con todas sus fuerzas su nombre acabando con un gran aullido, la transformación se había realizado, había cruzado la puerta entre la realidad y lo fantástico, el hombre lobo había dejado de ser una leyenda urbana.
La ganas de comer y saborear la sangre humana ya eran incontenibles así fue como sucedió, se dirigió a un centro comercial repleto de personas, se escuchó un fuerte aullido, pero la gente pensó que se trataba de una atracción más del centro comercial, pero no, sus peores temores se habían hecho realidad, ahí estaba el hombre lobo, dispuesto a matar a todo ser viviente en ese lugar, dedos, orejas, pies, corazones y cabezas, estaban desplegados a lo largo del centro comercial, él ya había cometido su primera masacre.
Pero su instinto asesino todavía estaba latente, era la hora de la venganza, había que encontrar a los chicos que le dieron la paliza el día anterior, cuando los encontró los mató uno a uno brutalmente, con el suspiro de un alma que vaga en soledad pasó el resto de la noche delante del balcón donde dormía su amada, simplemente observándola, eso le bastaba. Los instintos asesinos del lobo se convertían en instintos de protección cuando estaba cerca de ella.
Pasaron los días y continuó matando para alimentarse y todos los días después de saciar su sed de sangre acudía para observar a su amada.
Un día cualquiera se acercó para observarla como cada noche pero vio como la chica estaba en peligro, estaba siendo agredida por unos ladrones, eran muchos, cuando vieron acercarse a la enorme bestia comenzaron a dispararle hasta que el cuerpo del animal cayó al suelo convirtiéndose en hombre, los delincuentes asustados se marcharon y la indefensa chica lo dejó tirado para buscar ayuda, había que salvar su vida como fuese, pero al volver, su cuerpo ya no estaba pero la luz de la luna llena dejaba ver entre las sobras las siluetas oscuras de unos nueve o diez lobos.
Nunca se ha vuelto a ver al chico lobo pero en algunas noches de luna llena se escuchan aullidos y el nombre de la chica a lo lejos…
JUEGO PELIGROSO
Mi historia comienza un día de verano, salí del colegio y por la tarde me encontré con mi hermana, decidimos ir a ver a unos amigos, cundo llegamos donde estaban ellos nos mostraron un libro que contenía cosas sobre fantasmas, en fin, decidimos encontrarnos más tarde, la hora que fijamos fue las 6:00 de la tarde en un lugar al cual llamamos la torre pues en este lugar hay una torre y queda muy lejos del pueblo. Mi hermana y yo llegamos puntuales, como los otros miramos muy bien a nuestro alrededor para cerciorarnos que no hubiera nadie, una de nuestros amigos sacó el libro y comenzamos a mirar cada foto y cada cosa que había en ese libro hasta que llegamos a una parte donde había una carta, mi hermana leyó lo que decía la carta nunca supimos que era lo que decía pues solo había una descripción que decía:”con esta carta el cura Merry condenó su alma”, una de mis amigas comenzó a transcribir lo que decía la carta pero en vez de colocar el nombre de MERRY coloco nuestros nombres(Mariana, Mauricio,Orlando,paola) en ese mismo momento sentimos un escalofrió, a mi se me agitó el corazón, tenía miedo y volteamos a mirar y una especie de cuervos desde los árboles nos estaban mirando, al notar esto, Paola que era la que estaba escribiendo rompió de inmediato la carta, después de que Paola rompió la carta nos fuimos cada una para su casa pues ya eran como las 10:00pm.
Al llegar a mi casa me acosté a dormir, como al momento me cogió el sueño escuché como si alguien rompiera un vidrio me desperté y no pude moverme durante un instante pues el miedo me tenía paralizado, me decidí a ver que era ese ruido y me armé de valor y salí a mirar que era pero cuándo salí del cuarto escuché pasos en la casa, me quedé quieto para que no notaran mi presencia y después de escuchar los pasos comencé a registrar la casa pero no vi nada extraño y se me ocurrió salir al patio y mire las ventanas y ninguna estaba rota, escuché un grito de mi hermana y en ese mismo instante vi salir corriendo una especie de cuervo pero muy grande, corrí a ver a mi hermana y cuando llegué a la habitación me dijo que sintió que alguien le tocó y cuando se despertó vio el mismo bicho que yo vi, tenia en su brazo un rasguño, después de esto volvimos a la cama y al día siguiente nos encontramos con Paola y Mauricio, les contamos lo que nos había pasado, no escarmentamos y esa noche nos pusimos a jugar con la tabla ouija en la finca de Mauricio pues sus padres no iban a estar en todo el fin de semana y nosotros decidimos acompañarlo, bueno cuando comenzamos a jugar la primera pregunta fue: ¿Alguien quiere comunicarse con nosotros?, la respuesta fue S-I pero después de esto ninguno creyó porque pensamos que alguno de nosotros lo había movido, después de esto volvimos a preguntar :¿quién se quiere comunicar con nosotros? La respuesta para nuestro terror fue M-E-R-R-Y era el mismo nombre del cura de la carta, seguimos haciendo preguntas y al final concluimos que el cura nos estaba previniendo, nos dijo que nos apartáramos de la magia negra, que dejáramos estos juegos, nosotras decidimos parar estas tonterías de los fantasmas y demás pero ese solo era le comienzo de todas las cosas raras.
Esa misma noche todos nos quedamos en la misma habitación, la finca quedaba muy lejos del pueblo como a unos 12 kilómetros, y a eso de las dos de la mañana empezamos a escuchar que en la puerta principal rasguñaba un perro pero nosotros que nunca dejamos a nuestro perro chester en ningún otro lado que no sea donde nosotros dormimos se nos hizo raro pensamos que se había salido pero cuando lo llamamos estaba durmiendo debajo de una cama, al poco tiempo volvimos a escuchar que rasgaban la puerta y ya sabíamos que no era chester, no paramos muchas bolas y seguimos durmiendo, al rato otra vez escuchamos el mismo ruido pero no fuimos capaces de salir a mirar donde salir a mirar que era ese ruido, a la mañana siguiente abrimos la puerta y si habían rasguños de perro y para nuestro mayor terror y miedo además de tristeza nuestro perro chester estaba muerto estaba descuartizado, nos pusimos nerviosos porque podría haber un asecino, yo por mi parte estaba muy dolido y asustado como para quedarme allí y decidí irme en ese mismo momento pero no me fui, es mas, nadie se fue pues Mauricio tenía que quedarse a esperar que sus padres llegaran en dos días mas así que decidimos quedarnos.
Tampoco teníamos forma de comunicarnos pues ninguno de los móviles que llevábamos tenia cobertura y en la casa no había teléfono a duras penas había una radio, y aventurarnos a caminar no ero nuestro mayor deseo entonces decidimos desayunar y enterrar el perro, ya por la noche comenzamos a hablar y hablar porque decidimos pasar todas las noches restantes en vela de un momento a otro nos quedamos dormidos, me desperté pues tenia ganas de ir al baño pero entre el sueño y la oscuridad vi pasar una sombra en la ventana, al principio pensé que era alguno de ellos, mire bien y lo mas raro fue que era la silueta de una mujer y mire y todos estaban en sus camas, me asuste pues esta silueta siguió de largo y al lado de la ventana a mano derecha quedaba una pared y a su izquierda quedaba la puerta, de un momento a otro comencé a escuchar que en la cocina se movían cubiertos, y me quedé totalmente paralizado del miedo, comencé a sentir frío, perdí el habla, sudaba frió, al cabo de unos minutos dejé de escuchar los ruidos y por fin pude hablar, los desperté y decidimos ir a ver que era, nos dividimos en parejas, yo con Paola y Mauricio con Mariana por otro lado pues nosotros comenzamos a buscar y al cabo de unos 5 minutos escuchamos el grito de Mauricio y corrimos a ver que era lo que pasaba en el momento en que llegamos a la cocina que fue de donde provino el ruido vi a mi hermana que estaba tirada en el piso desmayada de la impresión pues Mauricio estaba como flotando en el aire solo que algo la estaba asfixiando, estaba morado, me tiré a ayudarlo pero una fuerza no me dejaba acercarme me rechazaba después de mucho tiempo Mauricio se desmayó no se como hice para lograr bajarlo pero lo hice, recobró la conciencia y nos dijo que un bicho muy raro lo tenia agarrado por el cuello que era muy grande y no pudo ver su cara, bueno después de esto nosotros no pudimos dormir del miedo y al siguiente día que ya era el ultimo, lo que paso fue algo realmente aterrador y que me desconcertó pues los padres de Mauricio llegaban por la noche a recogernos y a las 6:00 de la tarde cada uno estaba durmiendo en una habitación diferente y de un momento a otro me desperté fui a la cocina por un vaso de agua y vi que la puerta se abrió y fui a cerrarla pero antes de que pudiera hacer el intento de cerrarla sentí un frío muy extraño y vi pasar junto a mi un señor con un vestido largo, una capota y un su mano una lámpara antigua, escuché gritos por toda la casa y no me pude mover, algo me detenía y al momento vi salir al mismo viejo pero esta vez acompañado de tres fantasmas, uno de ellos fue el cuervo grande que vi en mi casa, otro era un bicho muy grande con unos enormes brazos y para mi terror no tenia piel, el tercero era una mujer muy extraña no tenia rostro, llevaba una bata, su silueta se me hizo familiar era la misma que vi pasar al lado de la ventana, después de esto desaparecieron al cruzar la puerta, fui a ver a mis amigos y me dijeron que vieron al mismo viejecito que yo había visto, antes de irnos sobre la mesa de la cocina encontramos una carta que decía: - esta vez yo pude salvarlos pero la próxima no sé si podré, les advierto, nunca jueguen con lo desconocido o terminarán condenando su alma como yo lo hice- y como firma figuraba el nombre de MERRY.
Después de todo esto los padres de Mauricio llegaron a recogernos, no nos creyeron ni siquiera mostrándoles la carta y diciéndoles que el perro estaba muerto, nos dijeron que éramos muy creativos y en fin, llegamos a la casa y como sabíamos que nuestros padres no nos iban a creer dijimos que chester se había escapado.
Lo único que les digo es que nunca jueguen con lo desconocido porque por más valientes que crean ser no podrán evitar que el miedo les invada y tampoco querrán conocer ni sentir lo que mis amigos y yo sentimos.
el diablo
Os contaré lo que pasó la primera vez que hice la ouija con mi prima. Fue la semana pasada, el día que me dieron las vacaciones. Por la mañana, cuando estaba preparando la maleta, me llamó mi prima, me dijo: -"Tráete un vaso pequeño"- yo le dije que para qué lo quería y me dijo: -Para hacer la ouija?- yo me quedé atónito y por lo menos cinco segundos sin contestar a causa del miedo que me causan los espíritus, y mucho más la ouija, pero como este mundo me fascinaba, acepté.
Sobre las siete de la tarde lo tenía todo listo y estaba preparado para irme, solo me faltaba el vaso. Cuando lo metí en la maleta oí una voz muy grave que me dijo. -TEN CUIDADO, me asusté y me quedé parado, en mi habitación, sin hacer ruido. Unos minutos más tarde, mi padre me llamó.
Durante todo el camino estuve pensando que pudo ser aquella voz, lo primero que se me ocurrió fue que quizás había sido un espíritu que intentaba decirme que algo malo iba a pasar, pero decidí ignorarlo.
Cuando llegué a casa de mi prima la miré muy serio, de la misma manera que ella me miró a mí. Cenamos y a la hora de acostarnos, cogí el vasito, y ella la tabla. Cuando todo estuvo preparado, el corazón me latía fuertemente contra el pecho y me temblaban las piernas.
Mi prima, al cambio, parecía excitada y muy contenta.
Me dijo que si yo quería ser el que preguntaba, yo no respondí. Le tocó a mi prima.
Dijo la primera pregunta: -¿Alguien quiere contactar con nosotros?- no hubo respuesta. Lo intentó otra vez. Nada. De nuevo. Esta vez, el vaso se movió rápidamente hacia SI. Mi prima y yo nos miramos con seriedad.
-¿Quién eres?- preguntó.
El vaso se movió a la misma velocidad que antes a las siguientes letras: ?E? ?L? ?D? ?I? ?A? ?B? ?L? ?O?. Yo grité y mi prima se rió -¿Estás aquí? ? ?SI?-dijo- ?O? ?S? ?V? ?E? ?O?entonces yo no quise seguir, intenté apartar el dedo pero no podía quitarlo, algo me obligaba a mantenerlo allí puesto. Mi prima preguntó- ¿Quieres algo de nosotros?- ?SI?- Mi prima dijo- ¿El qué?- ?V? ?U? ?E? ?S? ?T? ?R? ?A? ?V? ?I? ?D? ?A?. Entonces, el vaso volvió al centro y mi prima, asustada, preguntó cosas. Se había ido.
Por la noche, dormimos en la misma cama y abrazados, teníamos mucho miedo, entonces oímos: - NO TUVISTEIS CUIDADO- y vimos una cara horrible de humo rojo delante nuestra. Los dos gritamos, vinieron mis tíos, les explicamos lo sucedido y no nos creyeron. Entonces, nos dormimos, y al día siguiente vimos en el espejo escrito con sangre 666.
No podíamos creer lo que nos estaba pasando, el día siguiente dormimos en mi casa, y por la noche, vimos en el telediario que dos niños iguales que nosotros habían muerto con el número 666 grabado a fuego en la frente.
La policía dijo:- Encontramos algo escrito en el cristal en el que se encontraron los cadáveres: "Enviados de Dios para engañar a el Diablo".
la casa embrujada
Hace algún tiempo, en un paseo que hice a los bosques de la ciudad de México, íbamos por la carretera, cuando de pronto el auto en el que viajábamos mi prima Angela y yo, se paró sin razón, lo habíamos alquilado y nos habían asegurado que todo estaba bien, por lo que decidimos bajar del auto y pedir ayuda, ya como mujeres inexpertas que éramos en mecánica, ni siquiera lo intentamos arreglar, teníamos miedo de estropearlo más de lo que ya estaba.
Nos colocamos las dos en el arcén de la carretera esperando que algún auto pasara y nos ayudara, era alrededor de las cinco de la tarde, y como era en el mes de noviembre ya empezaba a oscurecer, empezamos a sentir miedo e inseguridad, nosotras en plena carretera y solas.
Pero nuestra suerte cambió en pocos minutos y mi amiga Angela logró detener un auto, era un joven muy guapo, nos preguntó que pasaba y nosotros no supimos explicarle exactamente el problema que tenía el auto, el joven levantó el capó y miró si el auto tenía algún desperfecto, pero como ya oscurecía y no teníamos ninguna linterna el joven nos sugirió:
- Miren, vivo cerca de aquí, en una pequeña casa, muy humilde, vivo con mis abuelos, pero con todo gusto les ofrezco mi casa y mañana bien temprano vamos al pueblo mas cercano y buscamos ayuda, y si no es algo grave hasta yo les puedo ayudar sin ningún compromiso..¿que dicen?
Angela y yo nos miramos y pensando que era peor quedarnos solas en la carretera, aceptamos la propuesta del joven.
Ocultamos el auto entre unos árboles y nos dirigimos bosque adentro hacia el hogar del joven, efectivamente no se encontraba lejos de la carretera, cuando entramos a la casa, estaban una linda pareja de ancianitos sentados en unas mecedoras de madera, muy callados, la abuela sólo nos sonrió, nosotras contestamos el saludo y el joven inmediatamente nos llevó a lo que sería nuestro cuarto.
Al llegar la noche, Angela y yo no podíamos dormir de tantos ruidos que escuchábamos, decidimos salir para ver que pasaba, y vimos que el cuarto del joven tenía la luz encendida, y escuchábamos como se aclamaba desesperadamente a Dios pidiendo repetidas veces perdón...pero no sabíamos
por qué, Angela se acercó al barandal de la escalera y me dijo:
- ¡Mira!...
Estaban bajo nosotras las dos mecedoras que se movían como si algo o alguien estuviera sentado ahí, meciéndose, no había viento ni nada que las moviera, las dos nos miramos asustadas y corrimos a nuestra habitación para encerrarnos, cuando amaneció ninguna de las dos había podido dormir. Cuando salimos de la habitación había un silencio sepulcral, que hasta daba miedo, estábamos tan asustadas que decidimos salir de de la casa y buscar el auto, al fin de cuentas no caminaríamos mucho.
Cuando llegamos al auto, cual seria la sorpresa, que arrancó a la primera, sin ningún fallo y logramos irnos de ese misterioso lugar el cual nos causaba miedo.
Llegamos a un restaurante del primer pueblo que encontramos, teníamos mucha hambre, un policía que se encontraba sentado cerca de nosotras nos preguntó:
- ¿Es de ustedes ese auto que esta afuera?
- Si.- le respondimos.- ¿Por qué oficial?.
- Me pareció haberlo visto en la orilla de la carretera.
_ Ah si, lo que pasa es que nos quedamos en una casa que esta cerca del lugar, ya
que nuestro auto se paró y no podíamos arrancarlo.
_¿Donde dicen que se quedaron?
_ En una casa que esta cerca de allí.
_ La única casa que está cerca de allí es la de los Sres. Sánchez.
- ¿Unos que viven con un joven?
- Dirán, vivían, hace tiempo que murieron los abuelos, al parecer cuentan que el
joven los mató y después se suicidó. Se encontraron los cuerpos de los abuelos sin
vida sentados en sus sillas y el joven colgado de su cuarto.
- No puede ser oficial, tal vez sea otra familia la que usted nos dice, porque nosotras estuvimos en esa casa, y ahí estaban los abuelos y el joven, la abuela
hasta nos sonrió y el joven nos prestó una habitación.
- Pues quien sabe muchachas, tal vez esté equivocado, puede ser alguna otra cabaña del lugar que yo no conozca, pero no lo creo, este pueblo es muy chico y vivo aquí desde que nací, y créanme, según yo, la única casa separada del bosque es esa, pero
para salir de dudas, ¿por qué no vamos al lugar donde dicen ustedes que se quedaron a pasar la noche?.
Decidimos llevar al oficial a la casa, tal vez porque queríamos escuchar de sus palabras, que efectivamente, se había equivocado y nosotras nos quedaríamos tranquilas.
Pero cuando llegamos al lugar, el oficial afirmó que realmente era la casa de los abuelos asesinados y del joven que se había suicidado. Nosotros le creímos porque la casa ya no estaba igual, cuando entramos, era una casa totalmente abandonada, sin techo, con telarañas, ahí estaban las dos sillas solas y del techo de la habitación del joven, aun colgaba la cuerda con la que había sido ahorcado.
el fantasma del panteón
Este relato es de una experiencia que tuve cuando trabajaba de taxista en mi ciudad natal que es la Paz allá en México. Era común escuchar experiencias de compañeros taxistas que llevaban a una mujer al panteón y que desaparecía súbitamente al momento de pasar por el mismo, yo no creía en estas cosas y pensaba que sólo eran relatos inventados para divertirse, pero su creencia era tal que cuando alguien les pedía la parada en la calle de la 16 de septiembre lo ignoraban aun cuando se traba de un hombre y menos vestido de negro.
En una noche de principios de invierno, andaba yo por la avenida 16 de septiembre y revolución de 1910 cuando me pide la parada una persona que estaba justo en la esquina de las calles anteriormente mencionadas, ésta persona se me acercó y me preguntó que cuanto le cobraba por llevarla al panteón, aquí hay que resaltar que hay una colonia llamada el panteón ya que en esa zona se haya el panteón municipal de los san Juanes.
Siguiendo con mi relato, cuando ella me hubo preguntado que cuanto le cobraba por llevarla yo le podía haber cobrado ya un poco más de lo que usualmente porque la tarifa sube más cuando pasa después de la media noche pero como la persona se trataba de una mujer muy bonita con el rostro pálido, ojos negros, cabello lacio muy oscuro como la más negra de las noches y un poco nerviosa por que ella estaba sola y a lo mejor pensaba que yo le podía hacer algo malo, así que todo eso lo tomé en cuenta y le cobré más bajo de lo normal, ella subió y nos dirigimos a la colonia el panteón, como yo suelo ser una persona muy platicadora con los pasajeros a los que llevo le preguntaba cosas usuales como le fue en su trabajo si es que lo tiene etc. pero ella con una voz que me causaba conmoción me contestaba muy reservada y evitaba mucho ser vista cubriéndose el rostro con su cabello.
Así fue que ya estábamos llegando a la colonia del panteón cuando al pasar por enfrente del mismo panteón municipal yo me di la vuelta para preguntarle hacia adonde exactamente la tenía que llevar y fue en ese momento me estremecí cuando con mis propios ojos observé que ella se desvaneció como el aire, paré el auto bajé, y no la vi por ningún lado, entonces respiré hondo pensando en que pudo haber sido un sueño, pero no era así, en verdad yo había llevado a un fantasma al panteón, quizás para intentar descansar en paz. Luego de esto me pongo a pensar en que si existen los fantasmas y cada vez que paso por la avenida 16 de septiembre después de la media noche me santiguo pidiendo a Dios por el descanso de aquella mujer.
vampíro abandonado
El niño solitario, con ojos humedecidos y párpados empapados estaba en cuclillas,
meciéndose en el suelo. ¿Dónde estaba? No lo sabía. ¿Por qué se encontraba solo?
Tampoco lo sabía. No recordaba nada.
Sentía una sensación de temor al hallarse solo ante la oscuridad. Solo percibía el
aleteo de sus orejas que se movían por el incesante viento. No oía nada, solo su
propia respiración, rápida y entrecortada. No conocía su identidad, no sabía que
hacía allí solo en mitad de la noche. Lo único que podía ver era el alumbrar de la
redonda brillante: La luna llena, que alumbraba su rostro desdichado mientras los
árboles proyectaban sus monstruosas sombras encima de él. Se mecía y se mecía, el
aire era gélido y se le arropaba en su piel pálida y frágil; más pálida que nunca.
Se mecía y se mecía. Palpó con la mano el suelo, mientras mantenía la vista a lo
lejos de la penumbra sus ojos sólo lograban distinguir extrañas figuras. ¿Estaba
ciego? No lo sabía. Palpó con la mano el frió suelo.
Bajo lentamente la mirada, mientras el aire helado le entumecía la cara. Tenía las
manos muy frías, los dedos casi congelados dificultándole enormemente la movilidad.
Miró el suelo, distinguió un color. Un color blanco en forma de ralla se extendía a
lo largo. No entendía que era y volvió a mecerse. Tenía la nariz helada, rojiza y
llena de mocos. Las gotas le comenzaron a resbalar por las mejillas, la luna las
alumbró y se secaron, se secaron heladas como si estuvieran en un congelador.
Se notaba el cabello mojado. Se lo palpó. Dejó de mecerse. Se lo tocó lentamente,
pelo por pelo. Movió la mano y la sangre se alumbró en ella, seca y coagulada; tan
fría como un día de invierno, tan fría como el monte más helado de los mundos. La
sangre se le extendió hasta cubrirle las manos al completo.
Sintió temor, mucho temor. Estaba sangrando, helándose de frío y todavía seguía sin
entender nada. No pudo evitarlo, de verdad que no pudo, sus ojos se humedecieron y…
Otra lágrima se derramó alumbrándose sobre sus mejillas. Se le secó en un sonido
cristalino.
Sangre. Notaba sangre en la garganta. Un gusto áspero y a la vez dulce. Sacó la
lengua y la mantuvo en el aire; se la acarició como si fuera una mascota. Estaba
gélida, completamente congelada.
Un hilillo de sangre se le escapó de la lengua, Se deslizó hasta rozar el suelo,
antes de tocarlo se congeló.
Una estalactita de sangre le colgaba de la lengua. Le dolía. Se cogió con las dos
manos la estalactita. El dolor se le extendía hacia el estómago y sintió un enorme
impulso de vomitar pero se controló. Intentó doblar la estalactita, pero la lengua
se resintió. El dolor se le subió a las sienes.
Asustado y con frenesí se rodeó con las manos la estalactita y las hizo voltear.
Volteaba las manos por la estalactita, cada vez con más rapidez. La lengua se
resentía, pero por la fricción la estalactita comenzó a derretirse. Las gotas
derretidas se incrustaban en las manos del chico, seguidamente se proyectaban contra
el suelo en pequeñas gotitas de cristal.
La puntiaguda forma gélida se derritió y el chico se quedó con un intenso sabor a
sangre fresca en la lengua. Se tocó la punta de la lengua suavemente con el dedo
índice. Tenía una pequeña herida, de no mucha importancia. Una pequeña herida, roja
como la cereza, roja como el corazón y roja como la sangre.
La herida empezó a sanarse sola. El niño sonrió y en la anchura de los labios se
creó una plaquita de hielo. Parecía que con cada movimiento expulsara frío de sus
entrañas. Ahora no podía mover los labios, se había quedado con una sonrisa compacta
e inmóvil. Se lamió los labios y se los volteó con rapidez con su lengua helada y
frágil. Al poco rato la fricción hizo su efecto y el hielo desapareció impactando en
el asfalto en pequeñas gotas de cristal.
Se notó aliviado y contento sin saber el porqué. Ya no se sentía tan frágil y
temeroso. La helada que le agarraba con fuerza el cuerpo desaparecía poco a poco.
Se sintió muy húmedo y mojado, el sudor comenzó a emanar con fuerza de él. Un charco
llegó pronto al suelo, el sudor era cálido como el desierto durante el día, Cálido
como una calurosa noche de verano; y ese sudor cálido le calentó los labios, le
revivió la lengua y lo acaloró por dentro. El hielo desapareció dejando paso a la
movilidad absoluta.
Solo y desnudo el chico podía moverse. Recuperaba las fuerzas en todo su cuerpo.
El sudor paró. El frió también lo hizo.
Una calida noche de verano se notó en el ambiente. El aire, seco y compacto impactó
en la cara del chiquillo.
Sonrió con fuerza, pues el helor de los labios le había desaparecido por fin. Ya se
sentía vivo y libre. Sonrió más ampliamente que nunca dando a mostrar unos enormes
dientes, cuya blancura era comparable con el blanco celestial, sólo que el no tenía
nada de celestial; de demonio… tal vez.
De entre el amasijo de dientes, dos prominentes colmillos le sobresalían de la
dentadura de arriba. En su dentadura de abajo ocurría lo mismo. Se palpó el mentón.
Lo tenía duro y fuerte.
Cerró con potencia la mandíbula, haciendo chocar los colmillos entre si. Un potente
chasquido resonó en la noche oscura y cálida.
Volvió a emitir un chasquido con los colmillos.
Una sensación de poder lo invadió por dentro. Pues el sabía que era un vampiro, sólo
eso, de lo demás no recordaba nada. La sensación de sangre lo entornó. Necesitaba
beber ese dulce líquido rojo.
De repente y sin previo aviso, una luz se divisó en el horizonte. Una luz tenue con
forma de foco energético alumbró a lo lejos al niño.
La luz se acercó y acercó, hasta que se volvió tan fuerte que el chico tuvo que
esconderse de la luminaria protegiéndose la cara con los codos.
La luz se paró seguida de una frenada de neumáticos.
Pasó de alumbrar de forma intensa a tenue. El niño pudo volver a mirar sin temor
alguno.
Un hombre, cuya estatura era superior a la media, se le acercó. El hombre era medio
calvo, y el poco pelo que tenía era canoso. Sus potentes bíceps contrastaban con sus
muslos vulgares. Llevaba camiseta sin mangas de color negro abismo, sus pantalones
eran vaqueros y de un color azul intenso. La mirada del hombre era fría y
reconfortante a la vez, pues sus ojos verdes relucían en contraste con la luz que la
luna llena disparaba sobre ellos.
— ¿Qué te ocurre chico? —preguntó el hombre.
El niño no respondió porque la luz lo hirió, le derretía poco a poco la piel, se le
formaban ampollas y la piel se le quemaba, el humo le salió de su piel seca y
cálida. Dio un salto hacia atrás con gran agilidad, ocultándose de la luz quemadora.
— Nos feratu —balbuceó el niño.
— ¿Qué? —preguntó el hombre canoso
— Nos feratu —un foco se rompió y el hombre dio un alarido asustado— Vampirum —el
otro foco explosionó lanzando grandes cantidades de cristal al cielo que pronto se
perdieron en la lúgubre noche. El hombre arrojó un chillido ahogado.
— Nos feratu —El chico mostró los dientes— Vampirum.
El hombre reculó.
— Sangre Nostrum.
El hombre dio otro paso hacia atrás con la boca abierta en forma de o y los ojos
abiertos como platos dilatándose y contrayéndose alternativamente. La expresión de
pánico se sobrepuso ante la oscuridad de la noche.
El niño alzó su mano derecha, contemplándose las uñas, que no eran uñas, sino
garras; Garras largas y afiladas, sucias y bellas, vivas y muertas.
El hombre, más inquieto asustado y petrificado que nunca, dejó de recular. Dejó de
moverse. Se quedó quieto en el asfalto. Las garras del niño lo habían dejado inmóvil
y sin aliento. Estaba experimentando una sensación de temor incapaz de describirse.
El niño avanzó unos pasos y el canoso no se movió. Avanzó otros pasos y olió su
aliento. El aliento del hombre estaba alcoholizado, su perfume era el hedor.
El chiquillo saltó con rapidez y le clavó los colmillos superiores en su delgada
camiseta. La camiseta se rasgo y los colmillos crujieron hundiéndose en la carne.
Dos agujeros se formaron, y entre el colmillo y la carne la sangre emanó viva y
fuerte como un rió, extendiéndose en su camiseta y volviéndola de un color negro
rojizo. El canoso emitió un gemido ahogado.
El terror intentaba salir por su campanilla que tintineaba de miedo. No podía
moverse, los colmillos lo habían envenenado dejándolo paralítico por momentos. Con
la boca tan abierta que parecía desencajársele de la mandíbula, se quedo quieto
mientras los ojos empezaban a inyectársele en sangre.
El niño estaba contento, saboreando el dulce manjar. Ya no tenía miedo, el miedo se
había transformado en valentía y fuerza, fuerza potente y energética.
El chico clavo más hondo los colmillos con un potente mordico que hizo saltar un
chorro de sangre. El canoso volvió a gemir, pero el gemido volvió a ahogarse
quedando atrapado en su campanilla.
El niño comenzó con su festín. Succionó con los colmillos, lentamente, y a medida
que la sangre le pasaba entre los colmillos y se deslizaba con suavidad por su
garganta, aumento la velocidad aferrando más los colmillos en la carne.
.El canoso ya no intento ni siquiera gemir. El ceño se le frunció lentamente, los
párpados se le bajaron silenciosamente hasta que chocaron entre si y sus ojos
quedaron ciegos para siempre.
La piel pasó de un color carne vivo a un color carne pálido, de la piel rosada a la
piel blanca inerte.
El chiquillo succionó con más fuerza y la piel del canoso se volvió pálida del todo
mientras se mecía intentando caer en el asfalto. El niño no hizo nada, dejó que el
hombre cayera deslizándose lentamente hacia el suelo. El chiquillo lo siguió con sus
colmillos, sin apartarlos de dentro de su carne.
El canoso por fin cayó al suelo y el chiquillo saboreó la sangre con intensidad.
Bebió y bebió hasta saciar su sed.
Terminó y se limpió los colmillos con la camiseta del canoso.
Desnudo y sin vergüenza se plantó delante del cadáver. Observó su figura paralítica,
con esa expresión de temor en el rostro que reflejaba pena y ternura, maldad y
bondad.
La figura yació en el suelo.
El niño escrutó los focos rotos. Tras ellos un coche se erguía en medio del asfalto.
Se acercó lentamente. La puerta estaba abierta.
Con sumo cuidado entro y con delicadeza giró su cabeza hasta el asiento del
acompañante. Un chico pequeño, que debía rozar su misma edad, tiritaba de miedo bajo
el asiento.
— No puedo ir desnudo —pensó en voz alta.
Miró al chico, éste, tiritaba de miedo, agachado y con la cabeza entre las piernas
susurraba palabras de pánico a sus zapatos.
— Dame tu ropa, et vive. Per favore dame tua ropa.
El chico temeroso no entendía lo que ocurría, el miedo se apoderó de él y se desmayó.
— Io no se como mi chiamo, et sospito che sono un Vampiros —habló inútilmente al
chico desmayado.
El vampiro no obtuvo respuesta. Espero impasible junto al cuerpo desmayado. Pasó un
minuto, luego dos, luego tres. Se cansó de esperar, enfurecido y frustrado se alejó
del coche.
Se concentró y cerró los ojos con fuerza. Los abrió y notó un dolor en la espalda.
Se la palpó con las manos. Dos alas bellas y esbeltas se elevaban rígidamente detrás
de él.
— ¡Parla ahora o more para sempre! —las palabras del vampiro se extendieron hasta el
infinito, resonando en el paisaje con un fuerte eco.
El niño, aún desmayado y arrodillado en el asiento del acompañante no contestó.
El vampiro se enfureció. Sus pies se alejaron del suelo tan rápidamente como su
furia se extendía.
— ¡Parla ot muere! —su último aviso estalló contra el parachoques del coche
haciéndolo estallar.
El chico desmayado comenzó a recobrar el conocimiento. Pero ya era demasiado tarde
para él.
El vampiro se irguió. Observó el coche con locura y rabia. Extendió el brazo,
levantándolo con los rayos de la luna reflejándose en su mano. Ésta, también se
extendió. Apuntó con la mano al coche, elevó el dedo índice y señalo el carruaje.
— Fueco, Aire, et viento, more por sempre .
Las palabras del vampiro se transformaron en una bola de fuego cálida y extraña a la
vez. El dedo índice fue el encargado de proyectar la bola cálida hacía el coche. La
bola se lanzó volteando y danzando en espiral hasta llegar al coche, no tuvo
compasión e impactó contra el capó.
El vampiro voló más alto para que la explosión no lo atrapara.
El coche estalló en mil pedazos arrancando la vida del muchacho y siendo portada del
diario comarcal. La onda expansiva derritió al completo al hombre canosa de mirada
reluciente. El coche se elevó por los aires y volvió a caer en el asfalto emitiendo
un potente estruendo que se oyó a varios kilómetros. El humo subió lentamente de
entre los restos del coche, el vampiro lo traspasó y se elevó hacia la oscuridad
hasta que su forma se dibujó en la luna. Había saciado sus ansias de comer, se
sintió poderoso y decidió que la próxima vez no se conformaría con tan pequeño
manjar.
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