En estos tiempos de inestabilidad económica en los que todos los estratos sociales se han visto afectados en mayor o menor grado, el mensaje más habitual desde la ciencia y la psicología positiva suele ser el de que ha de imperar la tranquilidad y recordarnos que el bienestar material no es condición imprescindible para la felicidad y que otros factores más psicológicos o sociales son de vital importancia. Por eso, un estudio publicado en la revista Emotion que defiende, a partir de una gran cantidad de datos, la teoría totalmente opuesta, ha llamado la atención de los medios de comunicación de todo el planeta. La investigación se atreve a afirmar que el dinero sí que da la felicidad, que quien dispone de más ingresos, goza de una mayor satisfacción y que determinado nivel de ingresos económicos es condición sine qua non para gozar de bienestar psicológico. Es lo que indica la investigación realizada por los norteamericanos Daniel W. Sacks, Betsey Stevenson y Justin Wolfers y titulada The new stylized facts about income and subjective well-being.
Los países ricos son más felices
Sin paños calientes, los investigadores señalan que, en la mayor parte de casos, un mayor producto interior bruto influye de manera directa en la sensación de bienestar percibida por sus habitantes. A través de los datos de la encuesta sobre felicidad realizada por Gallup cada año en 122 países, los estudiosos señalan que la correlación entre ambos factores “es muy fuerte”. Tanto que los países con una mayor renta per cápita del mundo (desde el número uno al diez, Qatar, Suiza, Kuwait, Australia, Canadá, Austria, Singapur, Emiratos Árabes, Brunéi y Nueva Zelanda) son aquellos en los que la felicidad percibida es mucho más alta. Tan sólo se desviaban de la media de manera significativa Bulgaria –un gran PIB per cápita, mucho menos bienestar– o Zimbabwe, cuyo nivel de satisfacción era de cinco, bastante más alto de lo que cabría esperar teniendo en cuenta que presenta uno de los niveles económicos más bajos.