Salir del placard, ¿hasta cuándo? Incluso con los avances en materia de diversidad de los últimos años, la homosexualidad debe ser “asumida”, lo que no sucede con la heterosexualidad. Salir del armario. Abrir la puerta del ropero y dejar emerger la sexualidad que hasta entonces estaba “escondida”. Asumir frente al mundo una elección, pero sólo para algunos, porque los heterosexuales no tienen que “reconocer” nada. En el libro “Historia de la homosexualidad en la Argentina”, el periodista Osvaldo Bazán señala: “En todo el mundo, el darse a conocer públicamente como homosexual se llama 'salir del clóset' y, para la homosexualidad, desde la década de 1980, se trató de un hecho fundacional. De esta manera se cerraba el espiral de silencio sobre el número real de homosexuales y se abrían las puertas para el concepto de 'Orgullo gay', que permitiría frenar el avasallamiento que la heterosexualidad venía realizando desde las religiones, las ciencias y el Estado”. En la actualidad, con la Ley de Matrimonio Igualitario sancionada en 2010, o la Ley de Identidad de Género, de 2012, por ejemplo, la discriminación y el silencio empezaron a hacerse poco a poco a un lado para dejar paso a la diversidad. Pero incluso con estos avances pareciera que la homosexualidad aún debe ser asumida y no así la heterosexualidad. Diana Maffía, doctora en filosofía, miembro del Consejo Académico del Centro de Formación Judicial del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires, docente e investigadora explica: “La presunción es que la sexualidad de cada persona es la dominante, o sea la heterosexualidad. No es que la persona sólo acepta la homosexualidad cuando lo hace públicamente, sino que en algún momento tiene que romper con esa presunción de la heterosexualidad y en ese momento aparece la cuestión del reconocimiento o de hacer pública una condición”. Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), reflexiona: “Es un poco lo que dice Osvaldo Bazán en su libro acerca de que llegue un momento en el que la homosexualidad no sea nada. Que nadie tenga que explicar sobre su orientación sexual ni salir del armario. Soy optimista y creo que eso va a llegar, aunque va a llevar mucho tiempo”. En la década de 1980 fue necesario asumir con orgullo la homosexualidad para hacerla visible frente a una sociedad discriminatoria en la que la diversidad sexual ponía los pelos de punta a muchos. Ernesto Meccia -autor de "La cuestión gay" y "Los últimos homosexuales"- es sociólogo, profesor e investigador en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional del Litoral. Para él, la connotación de la palabra “asumir” no es grata, aunque afirma que hoy tiene una menor carga de dramatismo que antes: “Desde miles de lugares, empezando por los lugares de socialización ofrecidos por la web, se siente que la homosexualidad es una de las alternativas legítimas para disfrutar el sexo y el afecto entre las personas”. En este sentido, los avances legislativos en materia de diversidad sexual funcionan como marco de contención, así como el aporte continuo de muchos medios de comunicación, según explica Paulón: “Incluso en un contexto familiar difícil, hoy un joven de 13 o 14 años siente que más allá de lo que pase en su casa hay un entorno social que lo acompaña para expresar su orientación sexual libremente. Por supuesto que no pasa en todo el país, pero en líneas generales lo que se percibe es una mayor apertura social”. Sin embargo, desde múltiples instituciones o espacios sociales la pareja constituida por un hombre y una mujer se construye como orientación sexual hegemónica. Meccia sostiene: “A mí me gusta hablar de 'presunción de la heterosexualidad' que es una de las imposiciones más insidiosas y profundas. La mayoría de las instituciones, empezando por las educativas y las médicas, siguen pensando que la heterosexualidad es el destino más probable y más deseable de las personas”. El sociólogo señala que cuando los jóvenes gays quieren contarles por primera vez a sus familias que están de novios, no se les pregunta si salen con un chico o una chica, sino que se da por hecho que están con alguien del sexo opuesto. En este sentido, afirma Meccia, las publicidades en televisión también se configuran del mismo modo, en donde los protagonistas son parejas compuestas por un hombre y una mujer: “Lo que seguimos teniendo desde múltiples registros de la cultura es aún la heterosexualidad como opción primera”.
Salir del placard, ¿hasta cuándo?
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