Un seguidor del Basilea vuelve a casa once años después de un partido Rudolf Bantle desapareció en Milán tras un partido de su equipo contra el Inter hace 11 años. Tras todo este tiempo viviendo en las calles de la ciudad italiana, por fin ha conseguido regresar a Suiza Rudolf Bantle es suizo y aficionado del Basilea, uno de los equipos más populares del país. Por eso, no dudó en viajar a Milán para animar a su club favorito de cara a un partido de Champions League contra el Inter de Milán. El encuentro no fue muy bien para los suyos, que perdieron por un contundente 4-1. En vista de que no había nada que hacer, a falta de cinco minutos para acabar el encuentro, se ausentó un momento para ir al baño. Aquella decisión resultó terrible, porque el pitido final del árbitro le pilló todavía haciendo sus necesidades y, cuando volvió a su localidad, sus compañeros de viaje ya no estaban allí. Con sólo 20 euros en su bolsillo y sin teléfono móvil, Bantle se quedó en la calle de la ciudad italiana, sin saber qué hacer ni adónde ir. Lo llamativo del asunto es que el partido fue de la fase de clasificación para la Liga de Campeones, en el mes de agosto... de 2004. Once años ha permanecido este hincha, que entonces tenía 60, deambulando por Milán, sin un techo bajo el que dormir. Ya entonces la policía suiza, tras intentos infructuosos de encontrarle, le incluyó en un listado de desaparecidos, y, ante la falta de información sobre su paradero, su caso se cerró en 2011. Durante todo este tiempo Bantle se convirtió en uno más de los mendigos del barrio de Baggio, al oeste de la ciudad. Vivía de la caridad de los vecinos, muchos de ellos estudiantes, que le daban algo de limosna, comida y ropa. Era un personaje popular para los habitantes de la zona: como indica Sergio Mazzarelli, un librero local, se le conocía como "el suizo simpático con acento alemán". De hecho, circulaba sobre él la leyenda de que se había perdido tras un partido en San Siro, pero nadie se la tomaba muy en serio. No ayudaba el hecho de que él mismo prefería no hablar de su vida. Las conversaciones con los vecinos solían ser sobre fútbol; de hecho, por rencor al Inter, se hizo seguidor del Milan, al que veía en los televisores de los locales de apuestas, e incluso le llegaron a regalar una camiseta rojinegra con el nombre de Kaká. Cuenta Rudolf que para sobrevivir bebía cerveza, que le ayudaba a mantenerse caliente en el duro invierno lombardo, hasta que algún alma caritativa le dio un saco de dormir y le "salvó la vida". Carecía de médico, por lo que un estudiante, Riccardo Foa, le atendía gratuitamente. Aun así, muchos residentes de Baggio se han sorprendido al saber que seguía vivo. De hecho, las autoridades suizas ya le habían localizado hacía algún tiempo, pero él se negaba a volver. No obstante, se rompió el fémur tras una caída, y mientras estaba ingresado en un hospital el Consulado ordenó su repatriación. Hoy Rudolf está de vuelta en Basilea, viviendo en una residencia de ancianos y con una pensión de 300 euros mensuales. Dice que está cómodo por vivir bajo techo otra vez y, sobre todo, porque todas las tardes le permiten tomarse un par de latas de cerveza.
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