InicioOfftopicPara nostálgicos: las viejas galletiterias
Las galletitas en lata

Hace poco leí en nuestro diario que los argentinos somos los mayores consumidores de galletitas de nuestra región. Entiendo que eso se debe a una cultura que colocó a ese alimento al tope de las tentaciones desde hace muchos años.

En la actualidad, llaman la atención sus paquetes y envoltorios, además de la gran variedad y cantidad, que hacen que ocupen cientos de metros de góndolas en los supermercados, en lugares estratégicos. Cuando yo era chico, eso no existía, pero los fabricantes no se quedaban atrás con sus recursos. Por entonces, las galletas y galletitas venían en latas cuadradas con una ventana redonda de vidrio para mirarlas y tentarse.

Para nostálgicos: las viejas galletiterias

Las galletiterias eran negocios exclusivos de venta de galletitas, paredes enteras ocupadas por latas de galletitas, generalmente acompañadas con alguna caramerela.
En aquellos tiempos las heladerias no estaban abiertas todo el año por lo tanto mutaban y en verano vendían helados y en invierno galletitas. Recuerdo que existía la yapa si el vendedor tenía buena onda te daba alguna galletita para el camino o te daba a probar alguna de las nuevas que salían. Párrafo aparte para el sector del mostrador donde se ubicaban paquetitos con galletitas rotas obviamente se vendían a mitad de precio.



En los viejos almacenes, esas latas de galletitas ocupaban una pared entera y muchas veces era la más visible del local, a tal punto que si ibas a comprar detergente, 100 gramos de queso fresco o aceitunas, terminabas sin querer con un paquetito de un cuarto de galletas, sólo porque al verlas se te hacía agua la boca.



De la ceremonia que se montaba para venderlas en esos negocios de barrio, recuerdo no sólo las formas y colores, sino también el aroma de esas galletas cuando el vendedor abría la lata. Salía de adentro una especie de genio dispuesto a cumplirte el único deseo en el que estabas pensando en ese momento: deshacer esas delicias en tu paladar para completar ese momento íntimo entre uno y el manjar que había comenzado por los ojos y querías coronar en tu boca.



La prolijidad con la que el vendedor las colocaba sobre un papel de almacén (luego en bolsitas), para luego envolverlas con un repulgue tipo empanada completaba el cuadro. Tanto esmero para que, no bien salir del lugar, rasgaras el paquete en la desesperación de culminar ese enamoramiento que había comenzado a simple vista y por la ventanita de la lata.

galletitas retro

Recuerdo que en esos cubos venían variedades tales como Boca de Dama, Polvorones, Azucaradas, obleas, Palmeritas, Coquitas, Chocolinas, surtidas, rellenas y mis favoritas: Habanitos, esos palitos de masa cubiertos con el mismo chocolate que las Tita y las Rodhesia.

Algunas de esas fantásticas latas de galletitas descansan ahora en los valijeros de un garaje, en piecitas del fondo o en pequeños museos privados como el que tiene “el Charly” Artigau. Las usan para guardar tornillos, retazos de cables, enchufes, restos de pinturas, lijas usadas... De todo menos galletitas. Pero sus esferas de vidrio, sucias y de bordes oxidados, atesoran el reflejo de esos momentos que se robaron tantos vueltos pero te hicieron más dulce la vida.

Envases “Fresch-Pak"

Luego de las latas, EN 1981 comenzaron los envases “Fresch-Pak,” de la mano de Bagley.
Nuestras madres pronto se dieron cuenta que comprando esas cajas de 1 kilo no rendían nada, porque no hacíamos otra cosa que comer una galletita detrás de la otra.
A tal punto que mi madre tuvo que ponerlas en los más altos estantes de la alacena, para que ni mi hermana ni yo las pudiésemos alcanzar.
Creo que, cansada de tanto esfuerzo de vigilancia y control, hizo que optara por dejar de comprar esos novedosos envases… Sin embargo, todavía recuerdo los “jingles” de estos envases: “Surtiditas frescas, fresssch-pak, surtiditas frescas, fresssssch-pak” y el sonido (fsssshh) que se escuchaba al abrir esas bolsas, con las galletitas encerradas al vacío…



Los novedosos Fresh-Pack, apenas salieron se vendían como pan caliente en los supermercados, se conservaban mejor las galletitas, mejores que los pack familiares de ahora que te encajan 3 o 4 paquetes cerrados juntos pero cuando queda alguno abierto en la alacena, la humedad y alguna cucaracha hacen su trabajo.
En los 80's y por culpa de ese envase se escucho mas de una vez la frase: "Si te lo llegas a terminar todo hoy, mañana comes pan con manteca"




En mi casa conservo algunos envases





















Galletitas retro: las marcas que más se extrañan

Obleas Champagne

Añoradas por su perfecta combinación de crema de limón y frutilla con una tierna galletita de oblea, las Champagne fueron discontinuadas hacia finales de 2004, según Kraft (ex Terrabusi), por “cuestiones comerciales”. Hoy, el reinado de la oblea está ocupado por las Ópera, pero muchos esperan que sea por poco tiempo. Cada vez son más los nostálgicos que piden las pioneras Champagne. Sólo en Facebook hay 5 grupos distintos con más de 700 seguidores.



Bizcochos Canale

Fueron el orgullo nacional desde que salieron al mercado por primera vez en los años 20, por ser el primer producto argentino comercializado en todo el país. Pero en 1985, un incendio consumió gran parte de la fábrica y dejó semi escrito su final. Sin poder recuperarse, Canale fue vendida en 1994 al grupo Macri y en 1999 a Nabisco, que discontinuó el producto. Desde entonces, Internet se plagó de foristas añorando su sabor dulzón y su simpática caja de lata naranja, hoy un codiciado tesoro de subasta en Mercado Libre por 100 pesos.



Galletitas Melba

Sí. Todavía se producen, pero lo que piden sus fans es el regreso de las Melba originales: grandes y con sabor a chocolate amargo, no los masacotes en miniatura que se venden hoy. Al parecer, tras la crisis de 2001, Terrabusi alteró la receta y achicó el tamaño de la galletita, para desgracia de nuestras meriendas.

Galletitas Panchitas

Lo que encontrás en el quiosco, de Panchitas sólo conserva el nombre. El tema es así: Bagley incorporó las Panchitas a su línea de Sonrisas (las de vainilla rellenas de gelatina de frutilla ), y las llamó “Sonrisas Panchitas”, creando una innecesaria confusión entre los consumidores. El problema no sería mayor si hubieran mantenido la receta, pero no. Cuando ya nada podía empeorar el ultraje, agregaron una versión con gelatina verde. Según trascendió, el cambio se produjo unos años antes de que la marca se fusionara con Arcor.

Galletitas Aventura

Quienes fueron niños o adolescentes en los 80, sabrán por qué se impulsan dos campañas para su regreso. Dos tapas de galletita con crema de chocolate , frutilla y limón, que acompañaron desayunos y meriendas después del colegio. Sucumbieron tras la venta de Terrabusi a Nabisco, en 1994, y dejando vacante el trono a imitaciones que nunca lograron dar con el mismo sabor.
Las Aventura en Paraguay:

Obleas Bésame

Estas galletitas de oblea con crema de chocolate , frutilla y vainilla hacían furor en los recreos. También fueron discontinuadas por Terrabusi. No se sabe exactamente cuándo desaparecieron: sus seguidores les siguieron el rastro hasta fines de los 80, y en la empresa aseguran que ya no hay personal que las recuerde, por lo que no pueden especificar la fecha.

Galletitas Colegial

Los que pasaron los 30 y largos las recuerdan como las “galletitas para llevar en el bolsillo”. Otro gran producto de Bagley que ya no está entre nosotros y genera nostalgia en la web. Las viejas galletitas Colegial que nos acompañaron toda la infancia cuando las comprábamos para llevarlas a la escuela y comerlas en el recreo.
Tenían el tamaño justo e ideal para tenerlas en el bolsillo del guardapolvo porque venían en pequeños paquetitos de cinco unidades.




Galletitas Ondinas

De Bagley, cuadradas, con una estética similar a las Manón, pero con ese relieve de ondas tan característico, las Ondinas reinaron allá por los 80, y dejaron de producirse de un día para el otro. Eran las grandes rivales de las Lincoln y se mordían siguiendo las onditas.

Cookie Man, galletitas recién horneadas

La cápsula del tiempo está, en realidad, metida en una bolsa de papel metalizado con la cara de un viejo y bigotudo cocinero que dice Cookie Man. La bolsa, el olor a galleta recién horneada, las ansias de llevar esa masa crujiente y dulce a la boca, te puede hacer sentir que el mundo se desvanece. Es la infancia, dibujándose de nuevo. Hasta que todo se vuelve un montón de migas.



El caso Tentaciones Mousse sentó un precedente en el mercado de galletitas: habían sido discontinuadas por Bagley en 2003, y 5 años más tarde volvieron a los quioscos gracias a la insistencia de un nutrido grupo de fans que había iniciado una campaña en el blog Bien Ahí, en 2006. Esta victoria inspira a otros fanáticos de galletitas desaparecidas.

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