InicioInfoKurt G. Wilckens
Kurt Gustav Wilckens - Vindicador

”No fue venganza: yo no vi en Varela al insignificante oficial. No, él era todo en la Patagonia: gobierno, juez, verdugo y sepulturero. Intenté herir en él al ídolo desnudo de un sistema criminal. ¡Pero la venganza es indigna de un anarquista! El mañana, nuestro mañana, no afirma rencillas ni crímenes, ni mentiras: afirma vida, amor, ciencia. Trabajemos para apresurar ese día.” K.G. Wilckens

1) Wilckens por Osvaldo Bayer
2) Comunicado de la FORA a raìz del asesinato de Wilckens
3) La eterna Justicia, biografia
4) La venganza


Wilckens según Osvaldo Bayer


“Wilckens es un personaje novelesco. La realidad tiene mucho más fantasía que la imaginación, que el género fantástico. Wilckens es un revolucionario de aquella época, de ideas libertarias, que tiene características muy propias. Ellos no creían en la nacionalidad: el verdadero revolucionario era aquel que renunciaba a todo sentido de la propiedad. Y Wilckens alcanza este punto cuando hace un viaje como estudiante a Estados Unidos. Allá se encontró con vagabundos noruegos, suecos y daneses que recorrían a pie el país y, cuando necesitaban dinero para comer, trabajaban en las cosechas. Es ahí en donde empezó a aprender las teorías de Tolstoi y se entusiasmó. Para él era una cosa absolutamente nueva: hasta entonces había hecho una vida totalmente burguesa. En Estados Unidos trabajó en una fábrica de conservas de pescado, donde los mejores trozos los ponían en latas muy lindas, para los almacenes de la burguesía, y los restos se colocaban en envases muy baratos, para el proletariado. Wilckens convenció a los trabajadores de la fábrica que hicieran al revés. En las latas de lujo ponían los restos y en las baratas el mejor pescado. Por supuesto, lo descubrieron y los echaron. Después se fue a trabajar a las minas y ahí también organizó una huelga. En un diario que está en los archivos de la policía de Buenos Aires lo llaman el rojo más peligroso del Oeste norteamericano. Al final, los norteamericanos lo metieron preso por alemán (ya se había declarado la Primera Guerra Mundial) y lo mandaron a un campo de concentración. Cuando termina la guerra, lo expulsan, vuelve a Alemania y renuncia a toda la fortuna que le correspondía y se embarca hacia la Argentina. Los anarquistas alemanes lo ponen en contacto con los anarquistas argentinos y ahí empieza la historia.” *- Perfil de Wilckens, en palabras del mismo Bayer, en una entrevista publicada en el suplemento Radar, el 5 de octubre de 1997.

El asesinato de Wilckens
Comunicado de la FORA a raiz dell asesinato de Kurt G. Wickens

¡Compañeros!

El más alevoso asesinato ha sido cometido por las hordas de la Prisión Nacional. La venganza que se venía tramando ha sido puesta en práctica ayer de madrugada, mientras nuestro querido compañero dormía.

Una descarga de fusil destrozóle el pecho. El asesinato no puede ser más bárbaro ni más baja la venganza. Han procedido, pues, como sólo saben hacerlo los cobardes.

La F.O.R.A., consecuente con sus principios, ha declarado la huelga general, como acto de protesta, en toda la República.

¡Trabajadores!

Que nadie se llame a silencio. No lanzarse a la calle en esta emergencia significa solidarizarse con los bárbaros sucesos de la Patagonia y con el repudiable asesinato cometido en la Prisión Nacional.

¡Compañeros proletarios, hombres libres, a la calle!

La violenta situación que al proletariado le ha creado el cobarde asesinato de Kurt G. Wilkens reclama como una inexorable obligación de honor que los trabajadores todos respondan al insolente y audaz militarismo con la huelga general. ¡Que todas las actividades cesen de inmediato! ¡Que los trabajadores, como una ola incontenible, enérgica y viril, inunden las calles de la Capital, haciendo vibrar su protesta!

En el día de hoy y sucesivos, todos los locales obreros deben estar llenos de trabajadores, donde se les informará y tendrá al corriente de la marcha del movimiento. Las comisiones administrativas deben permanecer constantemente reunidas para seguir la marcha de los acontecimientos.

¡Trabajadores, hombres dignos! Los momentos son de lucha y de coraje: frente al crimen vil y alevoso, se imponen los gestos enérgicos y las actitudes decididas. ¡Que cada uno ocupe su puesto!


asì eran las bombas que usaban
los anarquistas en esos tiempos.

Wilckens, la eterna justicia

Esta es la historia de Kurt Gustav Wilckens, anarquista. Hijo de August Wilckens y Johanna Harms. Nació un 3 de noviembre de 1886 en Bramstedt, distrito de Segeberg, provincia de Schlegwig-Holstein, en lo que fue la Alemania del Norte lindando con Dinamarca.
Aquel hombre, alto, de cabellos rubios, ojos color azul claro, y frente ancha, había estudiado jardinería, e ingresado en 1906 durante dos años, al servicio militar en la primera compañía del Garde-Schutzen-Bataillons prusiano. Luego en 1910, al viajar a los Estados Unidos para perfeccionarse en su oficio, conoce, trabajando junto a sus compañeros de aventuras en las cosechas, las ideas libertarias. Principalmente estudian las de Leon Tolstoi.
Antes de arribar a Buenos Aires el 29 de septiembre de 1920, Wilckens tiene un primer conflicto con los organismos represivos de Estados Unidos. En una fabrica de pescados, en donde él trabajaba, dirigió una acción realmente curiosa. Se envasaban pescados en escabeche y en conserva, pero había dos calidades de mercancía: los mejores iban a parar en envases de lujo a los almacenes de la burguesía, y el resto se colocaban en envases baratos para venderlos en barrios obreros. El mismo convenció a sus compañeros de fabrica y procedieron al revés: pusieron las mejores partes en los envases baratos y las destinaron a los barrios obreros. El alemán, fue expulsado y se fue a trabajar a las minas de carbón.
Desde 1916 enfrenta una seguidilla de huelgas, que posteriormente le costaran la deportación a su país natal el 27 de marzo de 1920. Al llegar nuevamente a Alemania, se pone en contacto con sus compañeros de ideas en Hamburgo, donde se entera que en la Argentina existe un ferviente movimiento obrero libertario.
Ya en nuestro país trabajo en las quintas frutales de Cipolletti, en Rió Negro, y luego como estibador donde tomo contacto con los trabajadores rurales y sus organizaciones obreras.
Ya en 1922, llegaban a Buenos Aires las noticias de lo que estaba sucediendo con las matanzas en la Patagonia: Wilckens seguirá con intensas expectativas el movimiento patagonico; apenas conocía el español pero se esforzaba por interpretar las noticias de la expedición del 10 de Caballería a cargo del Tte. Cnel. Héctor Benigno Varela.
El anarquista era corresponsal de dos periódicos alemanes: Alarm de Hamburgo (órgano oficial de la Federación Libertaria Anarquista y de las Comunidades Libertarias de trabajadores de Alemania) y Der Syndicalist de Berlin, correspondiente a la Unión de Trabajadores Libertarios de Alemania (anarco-sindicalista). Los informes sobre el fusilamiento de los trabajadores rurales patagónicos lo conmocionaron. La idea de los sufrimientos de esos pobres peones lo atormentaba. El había conocido al trabajador patagonico cuando estuvo en Rió Negro y en villa Iris, en el sur bonaerense. Los amaba entrañablemente por su sentido de la amistad, por su hospitalidad, por su humildad y sus pocas palabras. La injusticia que se engendraba en el fusilamiento de esos hombres de campo por profesar ideas libertarias, (además de que él comprendía de que solo querían el bien de la humanidad), determinaría definitiva y sentencialmente su accionar posterior.

Los obreros de Santa Cruz merecían justicia. Esa particular idea a la que los anarquistas llaman "justicia proletaria" comenzó a girarle en su cabeza. Suprimir a Varela, aquel militar responsable de los fusilamientos de 1922 de los 1.500 obreros patagónicos bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen, lo seducía desde hacia tiempo.
Cuando sus compañeros de cuarto estuvieron de viaje, pudo despistar a la policía acerca de su domicilio. Hasta los propios amigos pensaban que se había marchado a México o a Estados Unidos; pero la realidad era que el alemán estaba preparando, en silencio, el atentado, para que ningún otro compañero pueda salir perjudicado.
Andrés Vázquez Paredes, vinculado a los grupos expropiadores, será el que le dará el explosivo. Es evidente que Wilckens para llevar a la practica su atentado tomo contacto con estos grupos, que por ese entonces operaban dentro del anarquismo: él no tenia idea de como se fabricaba una bomba. A pesar de su formación tolstoiana y pacifista, comprendía a los compañeros mas violentos que no podían soportar la violencia de los patrones y gobiernos.
Entonces llego el momento. Alrededor de las 7 de la mañana del 25 de enero de 1923, Varela salió de su domicilio de la calle Fitz Roy y se encontró encarnada en el firme rostro de Wilckens, a la ferviente furia de los 1.500 obreros patagónicos asesinados bajo su mando. Diecisiete heridas graves: doce producidas por la bomba y cinco balazos en la parte superior del cuerpo, sentenciaron los médicos legalistas Klappernbach y del Solar. Al alemán no le tembló la mano, pero en su camino paso lo imprevisto: una niña se cruzo entre el "fusilador fusilado" y él. Se llamaba Maria Antonia Palazzo, de 10 años de edad. La actitud de cubrirla con su propio cuerpo para que no recibiera ninguna esquirla lo había perdido: las heridas recibidas en las piernas le impidieron la huida. Cuando noto que tenia huesos quebrados en las piernas vio que cualquier intento de escapar resultaría en vano y no resistió.
Ahora estaba allí, en la comisaría, en lo peor. Allí, indefenso, frente a los que querían y exigían saberlo todo: "Fui yo solo. Único autor. Yo fabrique la bomba sin ayuda. Acto individual.", explico Wilckens, a lo que unos meses mas tarde agregará en una carta fechada el 21 de mayo de 1923; "No fue venganza; yo no vi en Varela al insignificante oficial. No, él era todo en la Patagonia: gobierno, juez, verdugo y sepulturero. Intente herir en él al ídolo desnudo de un sistema criminal. Pero la venganza es indigna de un anarquista!!. El mañana, nuestro mañana, no afirma rencillas, ni crímenes, ni mentiras; afirma vida, amor, ciencia, trabajemos para apresurar ese día".

Meses mas tarde Wilckens seria asesinado en la cárcel por un miembro de la Liga Patriótica Argentina, Ernesto Pérez Millán. - Informe elaborado en base al libro de Osvaldo Bayer, La Patagonia Rebelde. Tomo 4, "El Vindicador".

El atentado de 1923

Con el regreso de Varela y el grueso de las tropas a Buenos Aires, no iba a terminar el derramamiento de sangre. Ya sin Santa Cruz como escenario, las consecuencias de la cruel represión del conflicto obrero tendrán todavía un capítulo adicional: el de las venganzas o los vindicadores de la Patagonia Trágica.
No toda la tropa de Varela había regresado. Un grupo destacado en el sur debió permanecer algún tiempo mas, debiendo casi "huir" luego de Santa Cruz ya no por la "supuesta violencia de supuestos bandoleros" sino curiosamente por el costo de vida ...

Transcribimos un fragmento publicado en el diario "La Prensa" el dia 25 de enero de 1922. Nótese el estilo algo recargado de subtitulares:

EN LOS TERRITORIOS DEL SUR
Desorganización Administrativa
Incidente entre Policías
Supuesta reunión de revoltosos
Demostraciones al ejército
Regreso del Jefe de las Fuerzas
(de nuestro enviado especial)

San Julián, enero 24 – el destacamento de tropas de caballería que había quedado en Santa Cruz al mando del capitán Pedro E. Campos, tuvo que trasladarse a Rio Gallegos, debido a que en aquella localidad se hacía imposible la vida a causa del elevado precio alcanzado por los artículos de primera necesidad.
El fenómeno que ha motivado esa traslación es común en toda la costa de la Patagonia; pero según los informes que me ha proporcionado el mencionado oficial, el costo de la vida en Santa Cruz ha llegado a límites increíbles."

En tanto en Buenos Aires y pasada la euforia de la campaña, el tema de los fusilamientos comienza a ser algo molesto a nivel político. Por ello salvo el reconocimiento de terratenientes y de la Liga Patriótica Argentina, no aparecen los honores que tal vez Varela esperaba. Así es como desde el gobierno de Yrigoyen no aparece el decreto que avale lo actuado por las tropas. Algunos oficiales incluso llegan a solicitarlo al mismo General Justo (ministro de guerra). Este pedido es rechazado por falta de estilo pero en realidad encubre el desinterés por resucitar la polémica por los excesos de Varela y su tropa en territorio nacional de Santa Cruz. En la Cámara de Diputados también se "enfría" el tema.

Los diarios obreros y anarquistas mantienen vivo el tema con denuncias y publicaciones constantes; pero no llegan a movilizar a la opinión pública aunque es grande el mérito de mantener vivo el tema. Y justamente será un anarquista quien cuando ya parecía que los sucesos de la Patagonia pasaban al archivo colectivo de la ciudadanía; hará que la oscura campaña de Varela vuelva a ser tema de gran actualidad ... para decepción de políticos, militares y hacendados deentonces. El 27 de enero de 1923, Kurt Gustav Wilckens lanza una bomba casera y cinco disparos contra el teniente Coronel Varela cuando sale de su casa de la calle Fitz Roy n° 2461 (el atentado sucede en el n° 2493 de la misma calle en la ciudad de Buenos Aires).
Para conocer algo mas de este tal Wilckens le recomendamos luego recorrer el ítem "protagonistas" de este mismo sitio. Pero es conveniente adelantar que Wilckens era un anarquista venido de Alemania. Había pasado por los Estados Unidos y circunstancialmente llega a la Argentina expulsado de aquel país y a la espera de poder regresar. Comienza a frecuentar bares y locales anarquistas y empapado del tema de la Patagonia Trágica asume como propia la misión de vengar estos hechos impunes. Paradójicamente es un sujeto pacifista e idealista, tal es así que obra solo (apenas recibe asesoramiento sobre la fabricación de bombas caseras). Nunca estuvo en Santa Cruz y aparentemente no conocía a huelguista alguno. Sus ideales le hacían sentir que había que vengar estos trágicos hechos aunque debiera recurrir a la violencia que él mismo criticaba. Por ello es que día tras día, esperaba a la mañana la salida de Varela de su domicilio ... pero siempre había terceros cerca, generalmente hijos o hijas del militar.

Ese día 27 de enero Varela vuelve a salir con una niñita. Desaliento en Wilckens. Repentinamente la niña vuelve a la casa por sentirse mal. Varela uniformado y con sable (sin custodia por propio pedido) reinicia su caminata. Es el día esperado por el alemán. Cuando ya se acerca a Varela para atentar contra él aparece una niña cruzando la calle. Wilckens con su idealismo no quiere dañar mas que a Varela. Por ello frena su acción, asusta a la niña para que se vaya ("¡ cuidado viene un auto!" y ya con Varela en actitud alerta no tiene mas remedio que tirar la bomba entre ambos hombres. Así inicia su atentado del cual resulta obviamente también herido y no puede huir según lo planeado.
El militar con las piernas rotas se aferraba a un árbol intentando desenvainar el sable.

Los dos heridos están frente a frente. Allí Wilckens descarga las balas de su Colt en Varela quién insultando cae sin vida. El anarquista con dificultad intenta llegar hasta la avenida Santa Fé (a unos metros del lugar). Los curiosos y vecinos temen detenerlo por portar aún el revólver, hasta que dos vigilantes (de apellidos Díaz y Serrano) le apuntan con sus armas reglamentarias. Wilckens simplemente les ofrece su Colt entregándose, mientras dice con acento extranjero: "he vengado a mis hermanos".
El agente Serrano le da un par de golpes, en tanto de un regimiento cercano (casi enfrente), se acercan corriendo oficiales y soldados con la intención de linchar al anarquista. Un oficial escribiente de la policía frena la arremetida y con firmeza señala que el detenido es responsabilidad suya. Wilckens solo dice: "yo no soy necesario en la vida, he cumplido con mi deber ... pueden matarme".

La noticia de la muerte de Varela corre de boca en boca. Sus camaradas de armas se encuentran indignados. Varela era querido por sus soldados y oficiales. Algunos comienzan a hablar de no dejar impune este atentado. Entre los oficiales mas cercanos está la sensación de que fue usado por los políticos, y que equivocado o no había actuado en el sur cumpliendo órdenes (siempre quedará la duda de si estas órdenes presidenciales fueron literalmente cumplidas o mal interpretadas por Varela). Cuando se tocaba el tema de las matanzas en el sur solía escucharse de parte de funcionarios la frase "se le fue la mano". Así Varela había llegado a su muerte aislado y olvidado del poder político que un par de años antes le encomendara tan dura misión.

Desde el gobierno se guardaba silencio. No se daba lugar al pedido de ascenso post-mortem a Varela y el decreto presidencial en relación a su muerte fue bastante escueto:

"Habiendo sido muerto en la fecha el teniente coronel Héctor B. Varela a consecuencia del desempeño de la funciones que le fueron confiadas por el P.E. de custodiar la libertad y el derecho de sus conciudadanos en los territorios del sur al frente del Regimiento 10 de Caballería de línea Húsares de Pueyrredón, el Poder Ejecutivo de la Nación decreta:

1. Declarar que el fallecimiento del teniente coronel Varela ha ocurrido como consecuencia de heridas recibidas en acto de servicio.

2. Los gastos que demande el sepelio se efectuarán por cuenta del Estado"

eso es todo ... bastante escueto).

Al velatorio de Varela concurren varios funcionarios entre ellos el entonces presidente Marcelo T. de Alvear y el ex-presidente Hipólito Yrigoyen. Allí se producirá un hecho curioso: un joven de nombre Ernesto Pérez Millán Témperley (miembro de la Liga Patriótica Argentina y exsargento de la policía de Santa Cruz), grita y amenaza con correr a tiros a los periodistas. Posteriormente se sumará a la lista de venganzas como ya veremos en párrafos subsiguientes.
En la despedida en el cementerio de la Chacarita hablan el ministro de Guerra general Agustín P. Justo, el radical Manuel Guisbed Blanck, el doctor Manuel Carlés (Liga Patriótica – ver ítem "protagonistas" y su cercano colaborador en Santa Cruz capitán Anaya. Este último dirá: "el teniente Coronel Varela se limitó siempre a cumplir con lo que se le ordenaba".
Finalizada la ceremonia, la multitud se retira ... parecía que tal vez ahí se cerraría el tema ... pero no será así.

Como curiosidad del destino, quienes le rinden homenaje desde la Patagonia con una placa en el panteón serán los extranjeros. Dicha placa dice:

Los británicos residentes en el territorio de Santa Cruz a la memoria del teniente coronel Varela, ejemplo de honor y disciplina en el cumplimiento de su deber"

(placa colocada meses después el 22-IX-1923).

Wilckens con las piernas destrozadas es mantenido de pie durante horas en la comisaría. Allí responde muy calmo a todas las preguntas sobre su identificación. Repite "Fui yo solo. Único autor. Yo fabriqué la bomba sin ayuda. Acto individual". En realidad sí recibió ayuda ya que desconocía el armado de estos artefactos (ver foto). En algún momento del proceso son encarcelados un español Rita y un soldado Badaracco que serán mas tarde liberados por falta de pruebas (en realidad Badaracco cumplirá algo de prisión cuando mas adelante escriba a favor de Wilckens en un diario).Pero en general el atentado fue un acto asumido en forma totalmente solitaria. No contesta otra cosa, y poco a poco comienza a debilitarse e incluso a desmayarse.

* * * * * * * * * * * *

Los diarios de la época reconocían en el atentado una reacción por la represión en las huelgas. En los archivos del diario La Prensa pudimos ver que sobre el asesinato de Varela apenas sale una noticia de escasos 4 x 10 cm. Y dentro de la sección de policiales. Ni semblanzas, ni siquiera el aviso fúnebre correspondiente ni en ese día ni en los subsiguientes (sí en cambio abundan las referencias a otro militar fallecido en esos días). Poco y nada de Varela mas allá de lo policial. En cambio los diarios anarquistas abundan en textos, relatos y hasta poemas en honor a Wilckens.

Es así de a poco, que la gente comienza a preguntarse quien es este sujeto que obró tratando de salvar a la niña que se interpuso, cuyo rostro irradiaba tranquilidad en las fotos y que se entregara tan calmamente. Un alemán que insólitamente vengaba trabajadores patagónicos, de muchos de los cuales ni siquiera se sabían los nombres.

Juez Malbrán: "¿Está usted arrepentido de lo que ha hecho ?
Wilckens: ¡ Nein, oh, nein!"
Juez: ¿Por qué lo odiaba ?
Wilckens: Porque escuché en varias conferencias y varios escritos sobre su hazaña de matar obreros en la Patagonia. Y lo maté para que no mate mas a nadie."

Wilckens ya en prisión se comienza a recuperar de sus heridas. Es un preso tranquilo y hasta llega a ser respetado por los mismos guardiacárceles. Los anarquistas eran muy fieles y solidarios con sus presos. Una vez levantada la incomunicación es visitado frecuentemente y recibe alimentos (era abstemio y vegetariano por oponerse a la matanza de animales) y material de lectura casi a diario. Allí también dará algunos reportajes a diarios incluso conservadores y escribirá para publicaciones anarquistas internacionales.

"No fue venganza; yo no vi en Varela al insignificante oficial. No, él era todo en la Patagonia: gobierno, juez, verdugo y sepulturero. Intenté herir en él al ídolo desnudo de un sistema criminal. ¡ pero la venganza es indigna de un anarquista! El mañana, nuestro mañana, no afirma rencillas, ni crímenes, ni mentiras; afirma vida, amor, ciencias; trabajemos para apresurar ese día."
(Kurt Wilckens, carta del 21-V-1923).-

Para junio de 1923 Wilckens se encuentra bastante restablecido aunque deberá usar muletas de por vida. En pocos días se sabrá la sentencia. El fiscal ha pedido 17 años de prisión para él. Las simpatías que despertaba llegaron al punto de que los mismos carceleros le alertaron sobre rumores de complot contra él.
La noche del día 15 de junio, Wilckens se recostó a las 21 hs. (por reglamento). Durante la madrugada misteriosamente aparece el antes mencionado Ernesto Pérez Millán Témperley. Aquel que a gritos en el velatorio de Varela anunció empezar a los tiros, es el guardiacárceles encargado de la vigilancia esa madrugada. Los presos debían dormir con la luz prendida por seguridad. Así Wilckens fue un blanco fácil. Millán apoya un rifle máuser en el preso, quien despierta ...

-¿ Vos sos Wilckens ?

-"Jawohl"

La bala le destroza el pulmón izquierdo y sale por la espalda. Comienza la agonía de Wilckens.


Entrevista a Kurt Gustav Wilckens



urante varios días asistimos a la Penitenciaría Nacional con el único objeto de poder conversar con Kurt Wilckens, autor convicto y confeso del atentado al teniente coronel Héctor B. Varela. La severa incomunicación a que estaba sometido Wilckens, por disposición del juez doctor Malbrán, no nos permitió en forma alguna cumplir ese objeto. Esperábamos por momentos la ansiada orden y así transcurrieron ¡más de cinco días!... La manifiesta buena voluntad del comandante Menéndez, director del penal, como así mismo de sus excelentes empleados, Castro, Turdera y Rey nada pudieron hacer en favor de la gestión importante que nos había confiado Crítica, diario que siempre ha satisfecho las exigencias del buen público lector.

Por otra parte, esperanzados en el cambio de juez actuante, ya que el doctor Malbrán jamás fue amigo del periodismo, no veíamos "lejano" el día de llegar a entrevistarnos con Kurt Wilckens. Terminado el mes de feria en Tribunales el 21 de enero, entró en turno el juez doctor Artemio Moreno, quien de inmediato se hizo cargo del proceso y decretó diversas providencias de importancia, encuadrándose dentro de la ley y concretando sus procedimientos con la corrección que lo caracteriza. El secretario autorizante, doctor Ignacio J. Albarracín, ha demostrado también desde el comienzo de las actuaciones que su larga práctica en el desempeño de sus funciones lo autorizaban a ser un eficaz colaborador del juez doctor Moreno.
Descartado del proceso el doctor Malbrán, ayer, después de un careo practicado entre el conscripto Horacio Gregorio Badaracco y Kurt Wilckens, el nuevo juez doctor Moreno decretó el levantamiento de la incomunicación de ambos. Al mismo tiempo autorizó al director del establecimiento, comandante don Nicolás Menéndez, a que el detenido quedara bajo su custodia, otorgándole las atribuciones que al efecto le correspondan.

El código de procedimientos en lo criminal y correccional autoriza al juez a una incomunicación de cinco días, debiendo después de cumplido este plazo agregar a los autos un nuevo decreto prorrogando esa incomunicación, siempre que así lo creyera conveniente; sin embargo, en el caso de Wilckens el juez doctor Malbrán no procedió como estaba legislado y en una forma dictatorial, violentó disposiciones terminantes. Al hacerse cargo del proceso el juez doctor Moreno, dispuso, como lo decimos más arriba, mejorar esa situación ilegal a que había sometido el doctor Malbrán al procesado Wilckens.

El Comité Pro Presos de la Federación Obrera Regional Argentina Comunista, después de una reunión realizada el martes último, con la asistencia de numerosos representantes de los sindicatos obreros, resolvió hacerse cargo de la defensa de Wilckens nombrando al efecto al abogado doctor Juan A. Prieto, quien ayer mismo pudo entrevistarse con el detenido.

De más está decir que existen numerosos letrados que de buena gana defenderían a Wilckens.
Poco después de las 16 horas de ayer el juez doctor Artemio Moreno dispuso constituir el juzgado en el local de la Penitenciaría Nacional. Lo hizo acompañado de sus secretarios los doctores Albarracín y Ávila y llevando en su automóvil al conscripto Horacio Gregorio Badaracco, a quien la policía de investigaciones sindica como cómplice de Wilckens.

Recibido por el secretario del Penal, Señor Castro. Pidió trasladarse de inmediato a la sala donde se asiste Kurt y lo sometió a un interrogatorio extenso y tranquilo, ordenando después de ello el careo entre Badaracco y Wilckens.

Este careo resultó emocionante y de ello damos cuenta en otro lugar de la crónica. Insistimos en afirmar que los detenidos Horacio Gregorio Badaracco, Valentín Martín y Manuel Rita nada tienen que ver en el atentado. Lo hacemos porque el juez doctor Moreno lo confirmó cuando nos manifestó ayer que los nombrados no habían tenido intervención en el hecho.

Sin embargo, en la mañana de hoy, a los repórters del departamento les fueron entregadas fotografías de Badaracco. Éste debe ser puesto en libertad de un momento a otro. No alcanzamos a concebir qué es lo "que quiere la policía de investigaciones". Cuando en un hecho que interviene un "niño bien", sea judío o cristiano, se oculta hasta el nombre. ¡Aunque haya tirado a un Chauffeur al agua! Badaracco nada tiene que hacer como cómplice de Wilckens y hasta sus retratos se están repartiendo. Hacemos notar la inconsistencia de procedimientos por parte de la policía.

Encontramos en el lecho al matador del teniente coronel Varela, pues como es sabido se asiste de las heridas que sufrió a consecuencia de la explosión de la bomba, hallándose actualmente con el peroné astillado. Confesamos que íbamos con la certidumbre de encontrar un rostro demacrado, sufrido, en virtud de que a la dolencia física uníase en el caso de Kurt un total aislamiento que se prolongaba desde el día 24 del pasado. A la inversa de lo que suponíamos, su rostro se nos aparece saludablemente iluminado; su mirada es franca y enérgica; su frente tiene una particular expresión de tranquilidad. Le tendemos la mano advirtiéndole que somos periodistas, que pertenecemos a la redacción de Crítica, diario que ha expuesto los hechos con entera imparcialidad, pues no olvidó en ningún momento los sucesos trágicos de Santa Cruz.
Wilckens parece hallar una justificación al través de nuestras palabras, y dice:

-Me alegro mucho. Veo en ustedes caras amigas, y eso me gusta, porque francamente estaba cansado de ver policías...

¿Tal vez lo han tratado mal?
-No, aquí no, pero créame que aún en este momento, después de diez días, me duelen las muñecas...

Advierte en nosotros, una mirada interrogadora, y acto continuo, para completar su frase anterior, abre ampliamente sus brazos como en actitud de colocarlos en cruz agrega:

-Vean. Son fuertes...Estos son músculos de trabajador, y si me hubiera resistido a los agentes que me detuvieron, les habría costado trabajo el reducirme, pero yo me entregué y a pesar de todo me pusieron cadenas, tan brutalmente, que mis huesos crujían. Aún hoy me duelen. Asimismo, a pesar de mi grave herida de la pierna, me llevaron a pie hasta el local de la Comisaría, que dista cinco cuadras del lugar del hecho. Como usted comprende, me exponían a perder la pierna... En ninguna parte del mundo me pusieron cadenas tan fuertes, tan dolorosas...

Kurt hace un silencio. Parece que por su memoria desfilaran los tristes recuerdos de su accidentada vida de propagandista ferviente y rudo, conocedor de diversas cárceles. Estuvimos tentados de hacerle algunas preguntas al respecto, pero decidimos respetar su ensimismamiento. Para disimular nuestra actitud, encendemos un cigarrillo. De improviso, Kurt se incorpora, nos mira ansiosamente y nos alarga una mano.

-¡Ah, por favor, por favor, déme usted un cigarrillo! Hace diez días que no fumo. No puedo más...

Se lo damos y lo enciende con precipitación, ávido de absorberlo. Hay una sed extraña, febril en sus labios gruesos y colorados. Es tal la avidez y el placer con que absorbe el humo, que se hace más pronunciado su defecto verbal procedente de su idioma natal y que consiste en forzar la "r". Satisfecha ya en parte la ansiedad, recobra su aspecto plácido y nos hace varias preguntas. Visiblemente interesado en conocer las opiniones que se han vertido acerca del hecho, quiere saber en qué forma se ha manifestado la opinión. Le respondemos que él no puede ignorar que los comentarios debieron ser diversos, según los ambientes, y él aclara el punto con la siguiente reflexión:

-Es natural. Los militares y la burguesía no pueden justificar mi actitud, pero como la verdadera opinión pública es la del pueblo, estoy seguro de que esa opinión está a mi favor... Yo he procedido en nombre de un ideal de humanidad, de un ideal grande y puro por el cual acepto gustoso el sacrificio.

Al decir esto, Kurt Wilckens emplea un tono alto y franco, acompañándolo de un gesto decidido y viril.
Su abogado, el doctor Juan A. Prieto, que asiste a la entrevista, supone fundadamente que su defendido va a hablar del atentado y le ruega que no lo haga. Kurt que es un hombre complaciente, acata sumiso la indicación.
En este instante entra el conscripto Badaracco, que viene a despedirse en compañía del juez doctor Moreno.
Héctor Badaracco, ni bien ve a Kurt se precipita hacia el lecho y sin decir palabra, profundamente emocionado, abraza a Wilckens con todas sus fuerzas. En esa actitud permanecen los dos largo rato. Un silencio triste, emocionante, reina en la sala. Cuando Badaracco se incorpora, con los ojos húmedos, Kurt lo mira cariñosamente y le dice:

-Qué bueno eres.

Y volviéndose hacia nosotros afirma:

-Este muchacho no tiene nada que ver. Es inocente. Ya lo hemos probado en el careo que se nos ha hecho esta tarde. Deben ponerlo en libertad...

Llegado el momento de despedirse, la escena anterior se reproduce. Al retirarse, el joven conscripto, que pertenece al 2 de infantería, se detiene en la puerta de la sala y volviéndose para mirar a su amigo, le saluda sacándose la gorra, levantándola bien alto y haciéndola girar con un movimiento lleno de vivacidad espontánea.




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