¿La cultura de lo qué?
Todavía la realidad nos sorprende con algún que otro documento realizado sobre la base de pensamientos anacrónicos, escrito bajo un halo de solemnidad y cierta nostalgia por un tiempo que se fue. Conceptos ambiguos se mezclan con argumentaciones que rozan lo bizarro, todo lo cual parece extraído del libreto de un sketch televisivo de Peter Capusotto.
A uno no le queda otra cosa que leer con calma, casi como si estuviera frente a otra tonta broma del pibe Bazooka. De lo contrario, puede correr el riesgo de responder sesgado por la irritación que produce tomar contacto con ese tipo de escritos. O, por qué no, puede quedar loco de remate.
Por estos días me preguntaba ¿cuántos filósofos, historiadores, escritores o poetas de todo el universo han pasado años de sus vidas tratando de definir o explicar de alguna manera la cultura? ¿Cuántos de ellos son citados regularmente en los ámbitos universitarios, políticos y artísticos? Muchos, muchísimos. De Nietzsche a Freud; de Galeano a Gelman o de Jauretche a Borges. Altos y bajos, morochos o rubios: infinidad de autores han hablado en algún momento sobre la cultura, tratando por todos los medios de definirla aunque sea de alguna manera. Y se le fueron páginas enteras en el intento.
A tal punto se ha escrito sobre el asunto, que hoy uno puede argumentar, sin caer en tonterías, que es la identidad, ese conjunto de tradiciones y costumbres de las sociedades, lo que en gran parte define a la cultura. Pudiendo agregar que esa identidad fluye todo el tiempo por las venas de los pueblos, moviéndose y expresándose de las más diversas formas.
Pero, claro, sucede que a veces algunos dicen “cultura” donde debería decirse “expresiones artísticas”, lo cual uno podría aceptar de gente que no anda “perdiendo el tiempo” tratando de interpretar lo que, en definitiva, no le va a cambiar la vida. Sin embargo, lo que resulta difícil de aceptar es que quienes tergiversen los tantos sean algunas personas autodenominadas “trabajadores de la cultura”, lo cual para algunos podría resultar bastante pretensioso mientras que para otros algo sumamente confuso en sí mismo: ¿qué es ser un trabajador de la cultura? Vos, yo, todos podríamos serlo depende del lugar desde donde nos miremos.
Por eso mismo, creo, es la diversidad la que nos define pero a la vez la que no nos puede definir de una sola manera. Y, por otro lado, no creo que sea la cultura la que deba llegar “hasta el último peldaño de la sociedad” porque diría que la cultura está presente en todos los eslabones de la cadena que va conformando la misma. Es decir, si la sociedad es el cuerpo, la cultura es el alma de los pueblos. De modo que la cultura no cumple ninguna función social en particular, en todo caso, esa podría ser tarea para las expresiones artísticas, que en verdad alimentan el alma.
Pienso que una cosa es discutir sobre lo que haya podido o no incorporarle a nuestra cultura una forma de ejercer la política mediante algún proceso histórico, y otra muy distinta salir a afirmar que con un partido político nació una nueva cultura popular, mientras tanto el capitalismo globalizado se nos ríe en la cara. Hoy todo es Made in China.
Aunque, definitivamente, todo esto es tan discutible como peligroso decir que, encima, la cultura tenga que ser “nacional y cristiana”. Porque de esa manera también se autoproclamó el régimen cívico militar que derrocó a Isabel Martínez de Perón el 24 de marzo de 1976. Ese día, en verdad nos secuestraron el alma.
Por eso, concluyo, hay que aprender de los errores y horrores por los que hemos atravesado. O digámoslo de otra manera: hay que trabajar para mantener el alma libre.
http://www.laopinionaustral.com.ar/diario.asp?Modo=Noticia&NId=33769
Esta nota hace referencia a una solicitada aparecida en otro matutino riogalleguense, que se expresaba por la reelección del actual mandatario santacruceño, Daniel Peralta.
(T! anda con problemitas y no me acepta el link para imágenes)