Como suele decirse, los motociclistas nos diferenciamos sólo en dos grupos: los que se han caído y los que se van a caer. Seguro que todos hemos tocado el suelo alguna vez, especialmente en nuestra fase de aprendizaje.
Si ya te has caído o aún estás por hacerlo, vamos a hacer un pequeño repaso tratando de aconsejar de la forma más ordenada posible el procedimiento a seguir después de una caída, focalizando especialmente si ha sido leve sin demasiadas consecuencias.
Lo primero es lo primero. Si te puedes mover colócate en un lugar seguro, apártate de la calzada en la medida de lo posible y evitar así que el resto de conductores te puedan atropellas si no te han visto. No debemos empeorar la situación así que aunque tu moto quede tendida en el suelo debes alejarte de ella al menos hasta que la situación esté controlada.
Recuerda aquello del método PAS, por las iniciales de proteger, avisar y socorrer. Aunque viajases tú solo en la moto y no haya más implicados debes protegerte a ti mismo y al resto de usuarios del percance, en segundo lugar tendrás que avisar a los servicios de emergencias (incluso si no hay heridos) y, de ser necesario, en último lugar socorrer al resto de afectados. Los segundos son vitales en caso de heridos y un minuto más o menos en la llegada de una ambulancia puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Si te has levantado y te has apartado de la carretera es hora de ver cómo de ha afectado la caída. Haz un chequeo rápido, puedes empezar desde arriba o desde abajo, haciendo una revisión de movilidad de cada extremidad desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
Puede que por la adrenalina o el shock del momento hagan parecer que está todo en orden, pero por leve que haya sido la caída podrías tener alguna fractura en algún dedo, un hombro dislocado o incluso hasta una hemorragia interna. Cuando lleguen los servicios de emergencias comenta con ellos qué, dónde y cómo te duele para que puedan examinarte bien y valorar tu estado.
Si nuestro cuerpo está en orden es el momento de ir a socorrer a nuestra querida moto que aguarda inerte y tendida en el suelo esperando nuestra ayuda. Si sigue arrancada hay que apagarla cuanto antes, lo primordial es quitar el contacto. Puede haber sido sólo un arrastrón de nada, pero puede haber ocurrido cualquier cosa, así que cortar el suministro eléctrico es la prioridad.
Cualquier fuga de combustible o aceite puede desembocar en un incendio si la corriente sigue circulando y en cualquier caída contra algo tan duro como el asfalto se podría haber perforado el depósito de gasolina, haberse soltado un manguito, rajado el cárter....
Este gesto tan sencillo lo haremos precisamente para mantenerla apagada un rato, al menos hasta que hayamos revisado que no hay filtraciones y que no hay ninguna avería que pueda agravarse por estar en funcionamiento. Hasta asegurarnos de que todo está en orden no hay que intentar poner en marcha de nuevo.
Las motos no se levantan de cualquier manera. Acabas de caerte y, si en el mejor de los casos estás intacto, sería muy irónico que te lesionases la espalda intentando poner en pie tu montura.
Con la moto tendida sobre el suelo nos aproximamos a ella por la parte "de arriba", cerraremos al máximo la dirección para que la punta del manillar que queda pegada al suelo esté en su posición más próxima al depósito, con una mano agarraremos con fuerza ese puño y con la otra buscaremos un buen punto de agarre en la zona del asiento (a poder ser una pieza estructural como el subchasis o un asa del pasajero).
Ya tenemos los puntos de agarre, pero la fuerza no la vamos a hacer con los brazos, ni con los hombros ni con la espalda. La fuerza se hace con las piernas, así que con la espalda lo más recta posible y los pies bien cerca de la moto empujamos con todo el poder de nuestras titánicas piernas de moteros. El ejercicio en cuestión es muy similar al "peso muerto" que se hace en gimnasio.
Para hacerlo aún mejor pueden utilizar el viejo truco de hacer lo mismo pero de espaldas, apoyando el culo contra el asiento y al mismo tiempo que levantamos dando pequeños pasitos hacia atrás. Esto es aplicable a todas las motos, sin excepción. Una buena postura a la hora de hacer fuerza es básico para no lastimarte la espalda, más aún si el terreno no es firme o resbaladizo.
Ahora que has levantado tu moto y puesto a buen recaudo, es hora de pedir auxilio. Llama a tu seguro y cuenta lo que ha pasado, facilita la ubicación de la forma más clara posible para que puedan mandar una grúa que te localice cuanto antes y espera a que llegue.
Haz una valoración de daños
Ahora, mientras esperas a la grúa (que suele ser un rato), es el momento de valorar los daños de la moto. Mira a ver qué se ha hecho, pero no te quedes sólo en lo evidente.
Un arrastron puede haber perforado la tapa del embrague o del alternador, una maneta rota puede esconder un manillar doblado (o incluso la dirección tocada) y si es una moto con carenado intenta ver si por dentro de las fibras encuentras líquido de cualquier tipo. Así, cuando llegue la grúa y la lleves directamente al taller sabrás qué contar.
Si ya te has caído o aún estás por hacerlo, vamos a hacer un pequeño repaso tratando de aconsejar de la forma más ordenada posible el procedimiento a seguir después de una caída, focalizando especialmente si ha sido leve sin demasiadas consecuencias.
Asegúrate de estar a salvo
Lo primero es lo primero. Si te puedes mover colócate en un lugar seguro, apártate de la calzada en la medida de lo posible y evitar así que el resto de conductores te puedan atropellas si no te han visto. No debemos empeorar la situación así que aunque tu moto quede tendida en el suelo debes alejarte de ella al menos hasta que la situación esté controlada.
Recuerda aquello del método PAS, por las iniciales de proteger, avisar y socorrer. Aunque viajases tú solo en la moto y no haya más implicados debes protegerte a ti mismo y al resto de usuarios del percance, en segundo lugar tendrás que avisar a los servicios de emergencias (incluso si no hay heridos) y, de ser necesario, en último lugar socorrer al resto de afectados. Los segundos son vitales en caso de heridos y un minuto más o menos en la llegada de una ambulancia puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Comprueba que estás intacto
Si te has levantado y te has apartado de la carretera es hora de ver cómo de ha afectado la caída. Haz un chequeo rápido, puedes empezar desde arriba o desde abajo, haciendo una revisión de movilidad de cada extremidad desde los dedos de los pies hasta la cabeza.
Puede que por la adrenalina o el shock del momento hagan parecer que está todo en orden, pero por leve que haya sido la caída podrías tener alguna fractura en algún dedo, un hombro dislocado o incluso hasta una hemorragia interna. Cuando lleguen los servicios de emergencias comenta con ellos qué, dónde y cómo te duele para que puedan examinarte bien y valorar tu estado.
Apaga el contacto
Si nuestro cuerpo está en orden es el momento de ir a socorrer a nuestra querida moto que aguarda inerte y tendida en el suelo esperando nuestra ayuda. Si sigue arrancada hay que apagarla cuanto antes, lo primordial es quitar el contacto. Puede haber sido sólo un arrastrón de nada, pero puede haber ocurrido cualquier cosa, así que cortar el suministro eléctrico es la prioridad.
Cualquier fuga de combustible o aceite puede desembocar en un incendio si la corriente sigue circulando y en cualquier caída contra algo tan duro como el asfalto se podría haber perforado el depósito de gasolina, haberse soltado un manguito, rajado el cárter....
Este gesto tan sencillo lo haremos precisamente para mantenerla apagada un rato, al menos hasta que hayamos revisado que no hay filtraciones y que no hay ninguna avería que pueda agravarse por estar en funcionamiento. Hasta asegurarnos de que todo está en orden no hay que intentar poner en marcha de nuevo.
Levanta la moto
Las motos no se levantan de cualquier manera. Acabas de caerte y, si en el mejor de los casos estás intacto, sería muy irónico que te lesionases la espalda intentando poner en pie tu montura.
Con la moto tendida sobre el suelo nos aproximamos a ella por la parte "de arriba", cerraremos al máximo la dirección para que la punta del manillar que queda pegada al suelo esté en su posición más próxima al depósito, con una mano agarraremos con fuerza ese puño y con la otra buscaremos un buen punto de agarre en la zona del asiento (a poder ser una pieza estructural como el subchasis o un asa del pasajero).
Ya tenemos los puntos de agarre, pero la fuerza no la vamos a hacer con los brazos, ni con los hombros ni con la espalda. La fuerza se hace con las piernas, así que con la espalda lo más recta posible y los pies bien cerca de la moto empujamos con todo el poder de nuestras titánicas piernas de moteros. El ejercicio en cuestión es muy similar al "peso muerto" que se hace en gimnasio.
Para hacerlo aún mejor pueden utilizar el viejo truco de hacer lo mismo pero de espaldas, apoyando el culo contra el asiento y al mismo tiempo que levantamos dando pequeños pasitos hacia atrás. Esto es aplicable a todas las motos, sin excepción. Una buena postura a la hora de hacer fuerza es básico para no lastimarte la espalda, más aún si el terreno no es firme o resbaladizo.
Llama a la grúa
Ahora que has levantado tu moto y puesto a buen recaudo, es hora de pedir auxilio. Llama a tu seguro y cuenta lo que ha pasado, facilita la ubicación de la forma más clara posible para que puedan mandar una grúa que te localice cuanto antes y espera a que llegue.
Haz una valoración de daños
Ahora, mientras esperas a la grúa (que suele ser un rato), es el momento de valorar los daños de la moto. Mira a ver qué se ha hecho, pero no te quedes sólo en lo evidente.
Un arrastron puede haber perforado la tapa del embrague o del alternador, una maneta rota puede esconder un manillar doblado (o incluso la dirección tocada) y si es una moto con carenado intenta ver si por dentro de las fibras encuentras líquido de cualquier tipo. Así, cuando llegue la grúa y la lleves directamente al taller sabrás qué contar.