hola esta es la cuarta parte:
Capítulo 4
ISLA NUBLAR
(Música del helicóptero de JP, la que todos conocemos)
Se ve un helicóptero acercándose a isla Nublar. Lo pilota Thorne, acompañado de Alan y Ellie en el compartimiento de pasajeros.
-No sabía que supieras pilotar –grita Alan.
-Sé montar y desmontar helicópteros... ¿Por qué no iba a saber pilotarlos? –responde Thorne.
El helicóptero sobrevuela ya la isla. Ni rastro de los dinosaurios...
-¿Dónde están? –cuestiona Ellie.
-¡De vacaciones! –grita Thorne.
El helicóptero sobrevuela el centro de visitantes.
-Bien –dice Grant-. Levine dijo que estaba en un sitio con muchos ordenadores... y los ordenadores de Nublar están ahí (señala el centro de visitantes).
-Pues aterricemos ahí (y Thorne señala un claro cercano).
(Música de helicóptero tocando a su fin) Toman tierra, con los dos fusiles: uno lo lleva Thorne y otro Grant. Todo en calma. La hierba le llega por las rodillas. Comienzan a andar hacia el centro de visitantes.
El exterior del edificio está rodeado de plantas y ramas, pero en el interior todo está intacto.
Pueden ver el esqueleto destruido en el centro, y un cartel en el suelo que reza CUANDO LOS DINOSAURIOS DOMINABAN LA TIERRA(música JP)... (todos recordamos como es el centro de visitantes, ¿no?).
-¿Por dónde? –pregunta Thorne.
-Por ahí –dice Alan señalando las escaleras.
Comienzan a subir, llegan a un pasillo arriba.
-¿Ellie? –dice Grant.
-Creo que era por aquí... –responde Ellie Sattle.
Los tres siguen por el pasillo, y ven una puerta metálica que pone CONTROL.
-Es aquí. –dice Grant.
Thorne gira la manilla del pomo, pero no se abre.
-¡Mierda! –exclama-. Tiene un seguro electrónico... y no hay corriente...
-Se nota que no estuviste aquí –comenta Ellie y señala un cristal roto junto a la puerta.
Los tres entran. En el interior, los ordenadores se afilan sobre las mesas. Thorne tropieza con una escalera.
-¿Qué hace una escalera de mano aquí? –pregunta.
Ellie y Alan sonríen. Alan señala hacia arriba. Thorne mira y la tapadera del conducto de aireación está abierta.
-Quieres decir que os metisteis por ahí -los dos asienten con la cabeza-... Increíble... ¿Y de qué huíais?
Cambian la mirada, nerviosos... Grant dice:
-Bueno, Levine no está aquí... Será mejor que nos larguemos. El radiotransmisor está en el helicóptero, ¿no?
-Así es –afirma Thorne.
Los tres salen al pasillo. Deshacen el camino andado, pero al llegar a la escalera se detienen bruscamente. Sus rostros muestran sorpresa. La sorpresa de que un T-Rex está en el centro del salón, junto al esqueleto destruido, mirándoles.
-Es... es ella –exclama Grant-. Ellie, es ella... (Alan está sonriendo).
-Sí, Alan –le dice Ellie retrocediendo junto a Thorne.
-¿La recuerdas, Ellie?: Ésta Rex nos salvó la vida...
La Rex ruge con furia y avanza hacia ellos, que están arriba de la escalera.
-Pues ahora te la quiere quitar –exclama Thorne, y todos corren al pasillo.
La Rex muerde la barandilla y la arranca de cuajo. En el pasillo, ellos se inclinan para tomar aliento.
-¡Maldita sea! –grita Thorne-. Estamos atrapados: ahora no podemos salir de aquí...
-¿Y los rifles? ¿Por qué no le disparamos? –pregunta Grant.
-Son solo para animales más pequeños... No sé si la neuro-toxina funciona con ese animalote.
-Ellie, hay otra salida, ¿no? –pregunta Grant.
-Creo que por aquella puerta...
-Si el Rex ha sobrevivido, los demás depredadores también, ¿no? –cuestiona Thorne mientras andan.
-Eso creo –afirma Grant.
-¿Y dónde están?
-Bueno... A ver... Los Dilophosaurus estarán en algún lugar de la jungla... Y los Raptores, por experiencia sé que tienen curiosidad por las instalaciones de los humanos, y las usan muchas veces para vivir...
-¿Quiere decir que puede haber raptores aquí mismo?
-Sí, eso digo -Alan se acerca a una puerta-. Era por aquí.
La abre y algo salta sobre él. Alan se lanza hacia atrás, gritando, y cae al suelo. El animal que ha saltado sobre él sale corriendo: era una rata.
-Era sólo una rata –dice Ellie riendo.
Alan le mira con los ojos muy abiertos y respirando con dificultad por el susto.
-¿Ratas? –le dice a Ellie-. Nunca ha habido ratas en isla Nublar... Se las habrían comido los depredadores... –todos permanecen en silencio-. Algo ha cambiado aquí. Algo ha cambiado.
ESTUDIO DE HAMMOND
En el estudio de Hammond, preparan el equipo para ir a Sorna...
-En cuanto recibamos la llamada de Nublar –dice Hammond-, mandamos el otro equipo. Así que tiene que estar todo a punto.
-Está bien –dice Sarah-. Ian no está en condiciones de hacer este viaje, pero yo sí.
-¡Sarah! –exclama Ian.
-Tengo que hacerlo –le explica-. Una persona está en peligro, un amigo nos necesita... Cuando yo estaba allí, fuisteis a por mí. No hay motivo para que ahora yo no haga lo mismo...
-Yo le acompaño –dice Wu.
-Yo tengo que ir también –dice Steven Fright-, soy el único que sabe pilotar un helicóptero de los que quedan...
-Sí, y no quiero que nadie más vaya a esas islas –comenta Hammond-. No quiero a más personas en conocimiento de aquello... Pero, necesitáis un guía.
-Yo ya estuve allí –dice Sarah.
-Me refiero a... a un hombre.
-Voy a ir –afirma Malcolm.
-Ni hablar, Ian. No te dejaré –replica Sarah.
De repente, una idea brilla en la cara de Hammond; y se acerca al teléfono.
ROLAND
El rifle apuntaba directamente al animal. La calma hacía acto de presencia, afortunadamente para Roland. El sudor le caía por la frente. El león le miró y entonces...
El sonido de un teléfono móvil le interrumpió bruscamente.
-¡Maldita sea!
-¿Qué sucede? –le pregunta el director del zoológico.
-Una llamada –explica Roland.
-Está bien, pero lo necesita sedado para esta noche: hay que ponerle la vacuna.
El león se siguió paseando por la jaula, con su porte majestuoso y su melena marrón.
-Sí. ¿Quién es? Al habla Roland.
-¿Roland? Mire, soy John Hammond. No sé si me conoce... –dice la voz al teléfono.
(Un plano lejano, algunos obreros del zoo alimentan al león, al lado Roland habla por teléfono...).
-¿Qué? –grita Roland-. Me da igual quien esté allí. No voy a volver a esa isla... No me importa... Adiós.
Roland mira pensativo al león. Ha sacado una zarpa de la jaula y casi agarra a uno de los vigilantes que le daba de comer. Roland se pone su sombrero y exclama:
-¡Maldita sea!
Una puerta rodeada de ramas y plantas se abre...
ahora hago la 5ta parte, la 5ta es la que mas me gusto incluyendo la ultima
saludos