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jurassic park 4 la extincion capitulo 4

Taringa4/1/2011

hola esta es la cuarta parte:
Capítulo 4

ISLA NUBLAR

(Música del helicóptero de JP, la que todos conocemos)

Se ve un helicóptero acercándose a isla Nublar. Lo pilota Thorne, acompañado de Alan y Ellie en el compartimiento de pasajeros.

-No sabía que supieras pilotar –grita Alan.

-Sé montar y desmontar helicópteros... ¿Por qué no iba a saber pilotarlos? –responde Thorne.

El helicóptero sobrevuela ya la isla. Ni rastro de los dinosaurios...

-¿Dónde están? –cuestiona Ellie.

-¡De vacaciones! –grita Thorne.

El helicóptero sobrevuela el centro de visitantes.

-Bien –dice Grant-. Levine dijo que estaba en un sitio con muchos ordenadores... y los ordenadores de Nublar están ahí (señala el centro de visitantes).

-Pues aterricemos ahí (y Thorne señala un claro cercano).

(Música de helicóptero tocando a su fin) Toman tierra, con los dos fusiles: uno lo lleva Thorne y otro Grant. Todo en calma. La hierba le llega por las rodillas. Comienzan a andar hacia el centro de visitantes.

El exterior del edificio está rodeado de plantas y ramas, pero en el interior todo está intacto.

Pueden ver el esqueleto destruido en el centro, y un cartel en el suelo que reza CUANDO LOS DINOSAURIOS DOMINABAN LA TIERRA(música JP)... (todos recordamos como es el centro de visitantes, ¿no?).

-¿Por dónde? –pregunta Thorne.

-Por ahí –dice Alan señalando las escaleras.

Comienzan a subir, llegan a un pasillo arriba.

-¿Ellie? –dice Grant.

-Creo que era por aquí... –responde Ellie Sattle.

Los tres siguen por el pasillo, y ven una puerta metálica que pone CONTROL.

-Es aquí. –dice Grant.

Thorne gira la manilla del pomo, pero no se abre.

-¡Mierda! –exclama-. Tiene un seguro electrónico... y no hay corriente...

-Se nota que no estuviste aquí –comenta Ellie y señala un cristal roto junto a la puerta.

Los tres entran. En el interior, los ordenadores se afilan sobre las mesas. Thorne tropieza con una escalera.

-¿Qué hace una escalera de mano aquí? –pregunta.

Ellie y Alan sonríen. Alan señala hacia arriba. Thorne mira y la tapadera del conducto de aireación está abierta.

-Quieres decir que os metisteis por ahí -los dos asienten con la cabeza-... Increíble... ¿Y de qué huíais?

Cambian la mirada, nerviosos... Grant dice:

-Bueno, Levine no está aquí... Será mejor que nos larguemos. El radiotransmisor está en el helicóptero, ¿no?

-Así es –afirma Thorne.

Los tres salen al pasillo. Deshacen el camino andado, pero al llegar a la escalera se detienen bruscamente. Sus rostros muestran sorpresa. La sorpresa de que un T-Rex está en el centro del salón, junto al esqueleto destruido, mirándoles.

-Es... es ella –exclama Grant-. Ellie, es ella... (Alan está sonriendo).

-Sí, Alan –le dice Ellie retrocediendo junto a Thorne.

-¿La recuerdas, Ellie?: Ésta Rex nos salvó la vida...

La Rex ruge con furia y avanza hacia ellos, que están arriba de la escalera.

-Pues ahora te la quiere quitar –exclama Thorne, y todos corren al pasillo.

La Rex muerde la barandilla y la arranca de cuajo. En el pasillo, ellos se inclinan para tomar aliento.

-¡Maldita sea! –grita Thorne-. Estamos atrapados: ahora no podemos salir de aquí...

-¿Y los rifles? ¿Por qué no le disparamos? –pregunta Grant.

-Son solo para animales más pequeños... No sé si la neuro-toxina funciona con ese animalote.

-Ellie, hay otra salida, ¿no? –pregunta Grant.

-Creo que por aquella puerta...

-Si el Rex ha sobrevivido, los demás depredadores también, ¿no? –cuestiona Thorne mientras andan.

-Eso creo –afirma Grant.

-¿Y dónde están?

-Bueno... A ver... Los Dilophosaurus estarán en algún lugar de la jungla... Y los Raptores, por experiencia sé que tienen curiosidad por las instalaciones de los humanos, y las usan muchas veces para vivir...

-¿Quiere decir que puede haber raptores aquí mismo?

-Sí, eso digo -Alan se acerca a una puerta-. Era por aquí.

La abre y algo salta sobre él. Alan se lanza hacia atrás, gritando, y cae al suelo. El animal que ha saltado sobre él sale corriendo: era una rata.

-Era sólo una rata –dice Ellie riendo.

Alan le mira con los ojos muy abiertos y respirando con dificultad por el susto.

-¿Ratas? –le dice a Ellie-. Nunca ha habido ratas en isla Nublar... Se las habrían comido los depredadores... –todos permanecen en silencio-. Algo ha cambiado aquí. Algo ha cambiado.

ESTUDIO DE HAMMOND

En el estudio de Hammond, preparan el equipo para ir a Sorna...

-En cuanto recibamos la llamada de Nublar –dice Hammond-, mandamos el otro equipo. Así que tiene que estar todo a punto.

-Está bien –dice Sarah-. Ian no está en condiciones de hacer este viaje, pero yo sí.

-¡Sarah! –exclama Ian.

-Tengo que hacerlo –le explica-. Una persona está en peligro, un amigo nos necesita... Cuando yo estaba allí, fuisteis a por mí. No hay motivo para que ahora yo no haga lo mismo...

-Yo le acompaño –dice Wu.

-Yo tengo que ir también –dice Steven Fright-, soy el único que sabe pilotar un helicóptero de los que quedan...

-Sí, y no quiero que nadie más vaya a esas islas –comenta Hammond-. No quiero a más personas en conocimiento de aquello... Pero, necesitáis un guía.

-Yo ya estuve allí –dice Sarah.

-Me refiero a... a un hombre.

-Voy a ir –afirma Malcolm.

-Ni hablar, Ian. No te dejaré –replica Sarah.

De repente, una idea brilla en la cara de Hammond; y se acerca al teléfono.

ROLAND

El rifle apuntaba directamente al animal. La calma hacía acto de presencia, afortunadamente para Roland. El sudor le caía por la frente. El león le miró y entonces...

El sonido de un teléfono móvil le interrumpió bruscamente.

-¡Maldita sea!

-¿Qué sucede? –le pregunta el director del zoológico.

-Una llamada –explica Roland.

-Está bien, pero lo necesita sedado para esta noche: hay que ponerle la vacuna.

El león se siguió paseando por la jaula, con su porte majestuoso y su melena marrón.

-Sí. ¿Quién es? Al habla Roland.

-¿Roland? Mire, soy John Hammond. No sé si me conoce... –dice la voz al teléfono.

(Un plano lejano, algunos obreros del zoo alimentan al león, al lado Roland habla por teléfono...).

-¿Qué? –grita Roland-. Me da igual quien esté allí. No voy a volver a esa isla... No me importa... Adiós.

Roland mira pensativo al león. Ha sacado una zarpa de la jaula y casi agarra a uno de los vigilantes que le daba de comer. Roland se pone su sombrero y exclama:

-¡Maldita sea!

Una puerta rodeada de ramas y plantas se abre...

ahora hago la 5ta parte, la 5ta es la que mas me gusto incluyendo la ultima
saludos
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