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saludos linces, les traigo un tema que a mas de a uno les parecerá interesante, se trata de un par de desapariciones sin explicación.


La desaparición de David Lang

desapariciones sin explicacion
El granjero norteamericano David Lang, poseía una granja en las cercanías de la ciudad tejana de Gallatin. Vivía felizmente con su esposa y sus dos hijos, y su vida transcurría con la normalidad de una familia media norteamericana. Cierto día, el 23 de septiembre de 1880, David Lang salió de la casa junto a su esposa mientras los niños jugaban en el jardín. El granjero, les dijo que iba a echarles un vistazo a los caballos y que luego irían todos a la ciudad. Estas fueron sus últimas palabras.

Y esto fue así, pues cuando el hombre comenzó a caminar tropezó con algo, y al caer ¡desapareció sin dejar rastro! La esposa, los hijos y el juez Peck, que pasaba por allí en ese momento en su carruaje, fueron testigos de esta misteriosa desaparición y tras hacer un examen del lugar, completamente atónitos, fueron incapaces de hallar una sola huella del granjero y padre de familia. A excepción de un amplio pastizal, allí no había árbol, arbusto u hoyo, en el que pudiera haberse caído. Sencillamente, se había evaporado.

La policía realizó una exhaustiva búsqueda e incluso se hicieron perforaciones para descubrir galerías subterráneas o simas en el que el granjero hubiese podido caer, pero no se encontraron rastros ni de éstas ni de la persona a la que se buscaba.

La señora Lang, nunca quiso creer que su marido había muerto por lo que jamás celebró funerales por el alma de David. No obstante, no pudo soportar vivir en lugar tan extraño y al poco tiempo vendió la granja.

Unos siete meses después de la tragedia, los dos hijos de David Lang, se encontraban jugando en el lugar donde su padre se había evaporado y he aquí que descubrieron que en el mismo sitio donde el granjero había caído, la hierba y las flores ya no crecían tan espesamente. Más tarde dijeron también, que habían oído a su padre pidiendo auxilio hasta que la voz se disolvió en la nada para siempre.



La desaparición de el poblado anjikuni

misterio
En 1930, el cazador Arnand Laurent se encontraba en el extremo norte de la Bahía de Hudson, en pleno Ártico, cuando fue testigo de un fenómeno extraño. Un objeto cilíndrico y destelleante cruzó el cielo en dirección norte hacia el Lago Anjikuni. Días más tarde contaría estos hechos a la Real Policía Montada de Canadá que no daría más importancia al asunto hasta que meses después otros testimonios hicieron saltar todas las alarmas.

Ese mismo invierno un vendedor de pieles llamado Joe Labelle estaba en las cercanías de Anjikuni cuando al acercarse al poblado pesquero del lago comprobó que no existía movimiento alguno en el asentamiento, lo cual le extrañó pues era un lugar con más de 1200 habitantes. No había trineos en las calles, las luces en las casas estaban apagadas y reinaba el más absoluto silencio. Al entrar al pueblo para ver qué ocurría lo que descubrió le alteró tanto como para telegrafiar a la Real Policía Montada contando lo que pasaba.

Todo indicaba que en algún momento cercano a la hora de la comida de un día cualquiera los habitantes del poblado habían abandonado el lugar sin dejar rastro. No había señal alguna de vida ni signos de violencia. Los kayaks, pequeñas embarcaciones destinadas a la pesca, se encontraban amarrados y tampoco había huellas de pisadas ni de trineos en la nieve que indicaran un éxodo masivo. Las raquetas y las escopetas de caza se encontraban guardadas en los domicilios, muchos de los cuales tenían las mesas dispuestas para comer. Las provisiones estaban guardadas en las despensas y algunos guisos de caribú a medio cocinar aún estaban en las cazuelas. No había cuerpos, notas manuscritas, ni señales que indicaran dónde estaban los inuits o por qué habían abandonado el lugar dejando todo atrás.

tiempo después Labelle registró los alrededores de Anjikuni en busca de alguno de sus habitantes o algo que explicara lo sucedido, pero lo que encontró fue más inquietante aún. Los perros aún estaban atados en sus perreras, pero habían muerto de hambre y tenían signos de haberse comido entre ellos tras ser abandonados. Algo inaudito y sin sentido ya que además de ser animales sagrados para los inuits, son indispensables para mover sus trineos por la nieve. Más macabro todavía era el hecho de que el pequeño cementerio del poblado había sido profanado. Todas las tumbas habían sido abiertas y los cadáveres sustraídos, lo que requería un tiempo y esfuerzo titánicos puesto que los enterramientos inuits son apilaciones de piedras y no fosas en el suelo. Tampoco había huellas ni rastro de cómo pudo realizarse dicha tarea con las inhumanas temperaturas de cerca de 50º bajo cero que azotaban la zona.



La desaparición del niño de somosierra

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Andrés Martínez, un experimentado conductor, y su esposa Carmen Gómez, viajaban en la cabina de un enorme camión cisterna rumba a Bilbao, España. El cargamento: 20,000 litros de ácido sulfúrico.

De forma inexplicable, aquel experimentado camionero emprendió el descenso del puerto de Somosierra, la pendiente es muy prolongada y la velocidad a la que el iba era suicida. A la altura del límite entre Madrid y Segovia se produciría lo inevitable: El accidente que involucraría a otros tres autos... El camión cisterna que transportaba el ácido era un montón de fierros retorcidos por el que corrían los miles de litros de ácido abriéndose paso rumbo a las laderas del río Duratón.

El análisis preliminar del accidente era escalofriante: la cabina del camión había sido aplastada por la pesada cisterna y el ácido mortal caía sobre los cuerpos de los esposos Andrés Martínez y Carmen Gómez. Al no poder hacer nada por ellos, las autoridades se preocuparon por neutralizar los efectos nocivos del ácido. Sin embargo, al caer la tarde una noticia paralizó a las autoridades: el vehículo causante del accidente transportaba un tercer pasajero.

Los padres del fallecido conductor Andrés Martínez denunciaron la desaparición de su nieto Juan Pedro Martínez Gómez, de 10 años, y que se había despedido de sus abuelos antes de abordar junto a sus padres el fatídico camión cisterna. La noticia originó una rápida operación de búsqueda, pero no se encontraron rastros del niño.

Ante el infructuoso rastreo, la primera hipótesis que se deslizó fue que el cuerpo del pequeño Juan Pedro había sido disuelto por el ácido, pero esta teoría fue desechada por los expertos químicos, quienes afirmaron que un cuerpo humano no podía evaporarse a causa del ácido sin dejar algún rastro.


Durante los dos siguientes días la policía rastreó minuciosamente toda la zona, pero la búsqueda no dió resultados. Una parte importante de la investigación era reconstruir el recorrido de la cisterna, para lo cual los expertos extrajeron el tacógrafo del camión, que no es otra cosa que un disco de papel que marca las paradas y la velocidad del vehículo.

Según el tacógrafo, el viaje lo emprendieron a las 7 de la tarde, teniendo como primera parada un lugar llamado la Venta del Olivo, a pocos kilómetros de Cieza, en Murcia. La segunda parada la realizaron a las 0:12 horas en la localidad de Las Pedroñeras. Siendo casi las 3:00 de la mañana llegaron a la gasolinera "Los ángeles", en la entrada de la capital de España. Dos horas y media después efectuaron la parada definitiva en el mesón Aragón, en las faldas del puerto de Somosierra.

Es en esta parada donde un camarero vió por última vez al niño desaparecido e incluso lo describio perfectamente ya que le llamó la atención que un niño de esa edad aceptara ponerse un sweter y pantalón de color rojo ambas prendas. El testimonio confirmaba que Juan Pedro continuaba con sus padres al iniciar el ascenso a Somosierra.

Mientras se continuaba con la reconstrucción del recorrido del fatídico camión, el misterio seguía creciendo. Según el tacógrafo, en la siguiente hora y veinte minutos, después de esa parada en el mesón y antes del accidente, el camionero realizó doce paradas. Los profesionales de la carretera afirman que en un trayecto tan corto como ése no debió haber ni una parada, o en un momento dado una o dos veces como máximo... Entonces qué ocurrió? ¿Por qué paró una docena de veces en poco menos de hora y media?


La desaparición de la colonia Roanoke

curioso

Esta historia comienza en 1585, cuando el comandante Arthur Barlowe, junto con un grupo de pioneros, arribó en la isla de Roanoke, frente a las costas de la actual Carolina del Norte, en EE.UU financiados por Sir Walter Raleigh, que estaba convencido de la conveniencia para Inglaterra de establecer un imperio más allá de los mares desde el que explotar las riquezas del Nuevo Mundo y atacar las posesiones y flotas españolas.

A pesar de que en un primer momento la relación con los nativos no era mala, pronto se truncó y comenzaron las tiranteces; así que cuando el corsario Sir Francis Drake arribó en la isla en 1856, el pequeño grupo de expedicionarios partió rumbo a Inglaterra con el pirata.

Poco después, Sir Richard Grennville volvió a la isla con provisiones para el pequeño grupo de colonos, pero al no encontrar a nadie allí volvió a Inglaterra, no sin antes dejar en la isla a un pequeño grupo de soldados que se encargarían de guardar la colonia y las provisiones que allí quedaban hasta su vuelta.


Se cree que estos hombres sufrieron las constantes acometidas de los indios locales y partieron de vuelta a Inglaterra, aunque lo cierto es, que nunca más se volvió a saber nada de ellos, ni se encontró rastro alguno de su paradero cuando los ingleses volvieron a la colonia.

Un año después, el 22 de julio de 1587, un grupo de 118 colonos formado por 90 hombres, 17 mujeres y 11 niños llegaron de nuevo a la isla de Roanoke desde Inglaterra, con la intención de llevar a cabo un segundo intento de colonizar la isla y establecer un asentamiento permanente en las Américas que sirviera de enclave a Inglaterra para acometer contra los Españoles. El viaje estaba comandado por el Gobernador John White y financiado por el magnate Sir Walter Raleigh con el apoyo y patrocinio de la corona inglesa.

El 18 de agosto nacía la nieta del Gobernador John White, siendo el primer colono ingles nacido en América, la llamaron Virginia, igual que el nombre de la colonia.

Aunque las relaciones de los ingleses con los Croatan, una de las Tribus indígenas de la isla, eran de colaboración, pronto comenzaron los problemas a raiz de que el colono George Howe apareció muerto en la orilla de la playa tras haber salido a cazar cangrejos. Comenzó a especularse con la posibilidad de que alguna de las tribus de la isla le hubiese asesinado así que, ante el desagradable acontecimiento, y unido a que los recursos de la colonia comenzaban a escasear, el Gobernador John White dejo atrás a su hija y su nieta y se embarcó rumbo a Inglaterra para informar a la reina Isabel I de la situación de la colonia y recoger algunos suministros

Cuando White regresó a Londres, se vio atrapado en la capital británica por la guerra contra España y la falta de fondos por parte de la corona. Los meses pasaban y White, Raleigh y los demás socios de la expedición, se mostraban incapaces de organizar una flota. Primero, por el temor de los capitanes a cruzar el Atlántico en invierno y, después, por la llegada de la Armada Invencible. La amenaza española obligó a dedicar todos los barcos disponibles a la guerra con España. Los propios White y Raleigh tuvieron que participar en la defensa de Inglaterra por lo que volver a la colonia no sería posible hasta que la contienda terminase. Pasaron tres largos años hasta que John White pudo pisar de nuevo la isla de Roanoke, fue el 18 de agosto de 1590, justo cuando su nieta cumplía 3 años… y entonces comenzó el misterio:

Los colonos que allí se habían quedado hacia tres años, habían desaparecido sin dejar rastro. Las casas de dos plantas y techos de paja que se habían construido estaban totalmente desmanteladas y los establos, donde se alojaba el ganado, estaban vacíos. No había indicios de batalla, ni de muerte u hostilidades. Lo único que fue encontrado en el lugar fueron dos tumbas y una misteriosa palabra escrita en un poste de la fortaleza con la palabra “CROATOAN” y las letras “CRO” talladas en la corteza de un árbol cercano. Eso fue lo único que quedó de una población de más de 100 personas.

White había acordado con los colonos que si algo les ocurría, grabaran una cruz de malta en algún árbol cercano junto con el nombre del lugar al que habían marchado para indicar que su desaparición podía haber sido forzada y tener una manera de poder localizarlos. Aunque no había ni rastro de la cruz, el gobernador White asumió que se habían mudado a la isla de los Croatoan, aunque no pudo llegar hasta ella pues se avecinaba una fuerte tormenta y los hombres de la expedición rechazaron continuar el camino. Tras su regreso a Inglaterra, White fue incapaz de dar una explicación del paradero de los colonos o de lo que allí podría haber pasado en durante los tres años que duró su ausencia. No pudo reunir de nuevo los fondos necesarios para volver a América, donde se habían quedado su hija y su nieta y nunca más se volvió a saber nada de ellos.

bueno, se que la ultima historia es bastante larga, por eso les dejare un resumen taringuero nivel 5:una colonia inglesa de mas de 100 habitantes la cual desapareció sin dejar rastro, excepto por un un arbol, el cual tenia la palabra croatoan.

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