En casos extremos de secuestros las victimas pueden sufrir un trastorno psicológico. Es el caso de la joven de Coronel Suárez.
En los últimos días se dio a conocer la noticia de la aparición de una joven que había sido secuestrada hace 3 meses. La misma habría permanecido encerrada en la casa de la periodista Estefanía Heit y su marido.
Tras 3 meses de ser abusada sexualmente y privada de su libertad la víctima pudo liberarse y, desde el lunes pasado, se encuentra internada en el hospital municipal de Coronel Suárez con un notable progreso.
Pero más allá de mejorar físicamente trascendió la noticia de que la mujer de 33 años padece del síndrome de Estocolmo. El mismo genera que las victimas tengan actitudes cómplices con sus secuestradores, al estar sumidas en un contexto de amenazas, maltratos, violencia, sectas, privación de la libertad entre otras aberraciones.
El término tiene origen en la capital de Suecia en 1973, donde dos delincuentes mantuvieron como rehenes a ocho personas dentro de un banco y tras seis días de cautiverio fueron liberados. Luego del episodio, los rehenes se mostraron agresivos con las autoridades y a favor de los delincuentes.
Todas estas reacciones son desencadenadas por un sentimiento de identificación con los secuestradores, a modo de agradecimiento por haber conservado la vida, o por haber establecido una especie de lazo.
Según un artículo publicado en la revista Muy Interesante, “La cooperación entre el rehén o víctima y el autor se debe en gran parte a que ambos comparten el objetivo común de salir ilesos del incidente. El nulo control sobre la situación por parte del secuestrado le lleva, al parecer, a intentar cumplir los deseos de sus captores que, por otro lado, se presentan como los únicos que pueden evitar una trágica escalada de los hechos. De esta manera, se produce una identificación de la víctima con las motivaciones del autor del delito y un agradecimiento al captor que, en ocasiones, lleva situaciones extremas.”
En los últimos días se dio a conocer la noticia de la aparición de una joven que había sido secuestrada hace 3 meses. La misma habría permanecido encerrada en la casa de la periodista Estefanía Heit y su marido.
Tras 3 meses de ser abusada sexualmente y privada de su libertad la víctima pudo liberarse y, desde el lunes pasado, se encuentra internada en el hospital municipal de Coronel Suárez con un notable progreso.
Pero más allá de mejorar físicamente trascendió la noticia de que la mujer de 33 años padece del síndrome de Estocolmo. El mismo genera que las victimas tengan actitudes cómplices con sus secuestradores, al estar sumidas en un contexto de amenazas, maltratos, violencia, sectas, privación de la libertad entre otras aberraciones.
El término tiene origen en la capital de Suecia en 1973, donde dos delincuentes mantuvieron como rehenes a ocho personas dentro de un banco y tras seis días de cautiverio fueron liberados. Luego del episodio, los rehenes se mostraron agresivos con las autoridades y a favor de los delincuentes.
Todas estas reacciones son desencadenadas por un sentimiento de identificación con los secuestradores, a modo de agradecimiento por haber conservado la vida, o por haber establecido una especie de lazo.
Según un artículo publicado en la revista Muy Interesante, “La cooperación entre el rehén o víctima y el autor se debe en gran parte a que ambos comparten el objetivo común de salir ilesos del incidente. El nulo control sobre la situación por parte del secuestrado le lleva, al parecer, a intentar cumplir los deseos de sus captores que, por otro lado, se presentan como los únicos que pueden evitar una trágica escalada de los hechos. De esta manera, se produce una identificación de la víctima con las motivaciones del autor del delito y un agradecimiento al captor que, en ocasiones, lleva situaciones extremas.”