Investigando cuanto nos mienten con respecto a las lampar bajo consumo:
La tecnología de las lámparas de bajo consumo no representa un adelanto novedoso. En realidad no son más que los tubos fosforescentes de toda la vida (también llamados "fluorescentes", "neones", etc.), que se han ido perfeccionando y compactando a lo largo de los años. Pero ahora, desde hace casi 30 años, también se presentan acoplados a un casquillo convencional o a una conexión pin; y los tubos no necesariamente son rectos, sino que pueden ir doblados o enrollados para reducir espacio (lo que también reduce algo su eficiencia para alumbrar).
Como funcionan:
Se emplea vapor de mercurio a baja presión dentro de un tubo de vidrio revestido con fósforo. Y al conectar la corriente eléctrica, que depende de una reactancia y un cebador, el vapor de mercurio calentado por unas resistencias hace que el fósforo se ilumine.
No todo son ventajas en las lámparas de baja consumo...
1) Son bombillas lentas, que no sirven para zonas de paso (pasillos; escaleras; cuartos de aseo; y cualquier lugar, en general, en el que vayamos a permanecer un corto espacio de tiempo), pues su rendimiento óptimo sólo se alcanza tras varios minutos. Mientras que las incandescentes se encienden y apagan instantáneamente.
2) Además, si se encienden y se apagan con frecuencia, se estropean rápidamente.
3) Sólo las de muy alta gama, con equipos electrónicos y precios prohibitivos son menos problemáticas en cuanto a velocidad para alcanzar un rendimiento aceptable y al deterioro por encendidos y apagados frecuentes (aunque siguen estando en desventaja con las incandescentes).
4) El mecanismo que genera el encendido consume de golpe una cantidad importante de energía eléctrica. Dicho gasto resultará compensado por el bajo consumo que requiere el mantener la iluminación activada.
5) En cuanto al ahorro potencial para el bolsillo, las personas que se han molestado en hacer experimentos en condiciones reales normales, afirman que el ahorro económico conseguido con las lámparas compactas de bajo consumo es muy variable -dependiendo de muchos factores- (según algunos, el coste a largo plazo se podría quedar en torno a un 50 % ; pero en cualquier caso, normalmente, nunca se reduciría tanto como se publicita).
6) Las lámparas de bajo consumo son muchísimo más sensibles a la temperatura ambiente que las incandescentes. Les afectan las temperaturas bajas; pero aún más las altas.
7) El tipo de luz es de calidad comparativamente muy inferior a la que proporciona cualquier tipo de bombilla incandescente.
8) Es una luz mortecina -independientemente de su intensidad-, plana, sin calidez, que modifica mucho la percepción de los colores (estando totalmente excluida para trabajos fotográficos, grafismo, pintura y otras artes plásticas, etc.; y siendo rehuida en la hostelería de calidad por el aspecto lastimoso y poco atractivo que confiere a la comida).
9) La frecuencia de parpadeo y el espectro luminoso de la lámpara de bajo consumo la hacen dañina para la vista. De manera que nunca debería de utilizarse para tareas con alto requerimiento visual (leer y escribir, costura, relojería y joyería, y trabajos manuales de precisión en que se manejan piezas pequeñas, etc.). Mientras que esto no ocurre con las bombillas incandescentes, con las que tan solo hay que adecuar la intensidad -y la modalidad cromática, cuando sea necesario- al tipo de tarea (por ejemplo, entre 800 y 1000 lúmenes de flujo luminoso por m² para la lectura).
10) Su forma y tamaño (menos versátil que las bombillas incandescentes) condicionan enormemente su utilización en mobiliario de iluminación; y con frecuencia no son compatibles con elementos diseñados para las lámparas incandescentes (plafones, farolillos, flexos, lámparas, aparatos con iluminación propia, etc.).
11) Crean interferencias radioelectricas y electromagnéticas (que se pueden detectar a veces, por ejemplo, por algunos receptores de radio); aunque la importancia de éstas, que antes era muy notoria y molesta, se ha ido reduciendo muchísimo hasta niveles muy razonables.
12) Son altamente contaminantes y peligrosas para el medio ambiente (contienen mercurio -entre 2’5 mg y 8 mg por lámpara-, entre otros componentes poco recomendables).
En conclusión...
Las lámparas de bajo consumo solamente son aconsejables para lugares que precisan de un alumbrado constante durante periodos relativamente prolongados, y en que no sea necesario un alumbrado de calidad por el requerimiento visual de las tareas a desempeñar. No se debe utilizar lámparas de bajo consumo para leer, ni para desarrollar otras actividades que requieran fijar la vista.
Las lámparas de bajo consumo, además de ser gravosas para la vista, ocasionan otros problemas de salud en quienes hacen un uso prolongado de ellas, que pueden llegar a ser verdaderamente importantes a largo plazo (especialmente las que no son de la gama más alta y funcionan por debajo de los 20.000 Hz).