Ellie Olson era una adolescente de tan solo 17 años que no solia llamar mucho la atención, no era de socializar, razón por la cual no tenía muchos amigos a excepción de Kim, una pelirroja de apariencia alegre y divertida, de buen fisíco y dueña de unos orbes esmeraldas que hipnotizaban a cualquiera quienes los vea que, al contrario de Ellie, eran de un color avellana sin vida; ella era lo opuesto a su amiga: mientras que Kim era la popular a quienes todos la querían, Ellie era su sombra. Siempre la dejaban de lado, jamás se dieron la oportunidad de al menos entablar una conversación con ella, en los deportes nunca la elegian al igual que en los grupos de estudio pero a Ellie ni le importaba en lo más mínimo.
Sus notas académicas no eran las mejores pero bastaban como para aprobar las materias, tenía una relación amena con su familia, no le atraía la idea de mantener una relación amorosa y no le agradaba la idea de compartir con sus compañeros de colegio. Una de las cosas que le gustaba hacer, aparte de leer y escuchar música, era sentarse abajo de un árbol a contemplar el cielo. Ella siempre decía que el Universo era un misterio que ocultaba grandes cosas, la mayoría de los libros que solía leer era sobre el Universo mismo, teorías sobre el Big Bang o el Vacío Cósmico, entre otras cosas; muchos profesores sabían de su afición, hasta la alentaban diciendo que sería una gran Astrónoma cuando finalizara la secundaria.
Muchos en el Instituto la conocían por ser alguien fría, no solía expresar mucho sus emociones, podría estar triste o enojada por dentro pero por fuera, siempre mostraba la misma cara, volviendo se algo normal para su amiga quien la aceptó tal y como era, lo cual ella agradecía inmensamente.
- Te parece si después de la escuela, ¿Vamos a por unas malteadas? - dijo Kim con una sonrisa dulce en su rostro.
- ¿No ibas a pasar tiempo con tu novio? - contesto Ellie cortante, como era habitual en ella.
- Tiene entrenamiento de Basketball, así que hoy será nuestro día - exclamó dando saltitos en su lugar. Ellie sonrió, a veces Kim suele ser muy infantil.
A pesar de no demostrarlo, le gustaba la compañia de Kim y es que era la causa de todas sus emociones, por más cursi que suene, si no fuera por ella, Ellie seguiría siendo la chica solitaria que todos conocían. Si había algo que puediese hacer por ella, con gusto lo haría, despues de todo fue la única quien la aceptó a pesar de todos sus defectos.
Hubo una vez en que Ellie le planteó que estaba dispuesta a defender la de todo aquel que intentara hacerle daño, incluyendo a su novio, por más mínimo que fuera el daño...ella lo devolvería con creces, palabras que sorprendieron y a la vez conmovieron a la pelirroja.
Ambas se dirigieron a su salón bien escucharon el timbre de entrada. Como siempre, Ellie se dirigió a su respectivo asiento que se posicionaba al fondo, sin duda su preferido, ya que daba al patio de la escuela y podía observar el cielo sin problema. Dirigio su vista a la puerta, viendo entrar a su profesor que venia con una sonrisa de oreja a oreja.
- Buenas tardes, hoy habrá exámen sorpresa - anunció su profesor y todos, a excepción de Ellie, empezaron a proferir.
Sin mencionar una palabra más, el Maestro sacó de su maletín un buen alto de hojas y se las entregó a uno de los chicos que se sentaban en frente para que las repartiera a sus compañeros. Cuando Ellie intentó agarrar la hoja, se cortó con el borde de la misma provocando que brotara sangre de su dedo índice e inmediatamente se lo llevara a la boca, "Mierda", pensó la joven. Estuvo así un minuto para luego poner toda su atención en la infinidad de números que estaban impresos en la carilla pero no lograba concentrarse...el sabor de su propia sangre seguía en su lengua. De por sí, le extrañó muchísimo. Siempre se causaba heridas de este tipo pero nunca se le dio por degustar del mismo.
Se llego a escuchar el timbre de receso dando por finalizado el exámen que, por obvias razones, no estaba muy segura de que lo aprobaría.
Salió del salón seguida de su amiga y juntas fueron a la cafetería, donde tomaron asiento en la única banca disponible.
- Detesto al profesor Becher...- dijo Kim - ¡Siempre con sus tontos exámenes sorpresas!
- No eres la única, nadie quiere ha ese gruñon - alegó Ellie, sorbiendo de su zumo de naranja.
A lo lejos se llegaron a escuchar unas risas provenientes de un grupo de jóvenes quienes se acercaban a ellas y, para variar, no eran ni más ni menos las que se hacían llamar "populares".
- Kim, ¿Porqué te sigues juntando con ella? - habló Amanda, la "líder" de las porristas del equipo de Basketball - Arruinas tu imágen.
- "Ella" se llama Ellie y no importa lo que piensen los demás, es mi amiga y la quiero mucho - contestó la pelirroja con el ceño fruncido.
- Sabes perfectamente que nadie puede contestarme así - exclamó la rubia, acercando se a Kim con malas intenciones.
En eso, Ellie se colocó de pie y se posicionó frente ha Kim, mirando a Amanda con la cara más seria que podía tener en ese momento.
- Ni te le acerques - dijo la castaña.
- ¡¿Qué piensas hacerme, eh?! - desafió la joven.
- ¿En serio quieres averiguarlo? - contestó Ellie fría y cortante.
Resignada, la rubia se limitó a guardar silencio y, girando sobre sus talones, abandonó la cafetería seguida por sus copias baratas; Ellie se sobresaltó cuando sintió unos brazos rodearle.
- Gracias...- susurró Kim con una sonrisa cálida en su rostro.
- Aún mantengo mi palabra, no dejaré que nadie te haga daño.
El resto del ciclo escolar transcurrió moderadamente y cuando por fin dieron el timbre de salida, todos salieron disparados de sus salones. Ambas se dirigieron a la cafetería más cercana de la zona y le ordenaron a un mozo, que terminaba de anotar un pedido, que le trajeran lo que ellas iban a merendar.
Kim siempre era la que sacaba temas de conversación y era una de las cosas que Ellie envidiaba de ella. Su amiga era tan extrovertida en muchas cosas, hasta sentía celos de Eddy, tenía mucha suerte de tener a una persona como ella que le hiciera feliz en cada momento; de pronto sintió como le dolía el pecho, Kim se preocupo y Ellie le hizo saber con un gesto de manos que se encontraba bien.
Cuando terminaron de merendar, ambas miraron el reloj de la cafetería que marcaba las 7:30 p.m.
- Que rápido pasó el tiempo, ¿no? - dijo Kim.
- Cierto, es mejor que nos vayamos, ya es tarde y tu casa queda lejos - respondió Ellie mirando ambos lados...algo no andaba bien.
En eso se escucha la campanilla de la puerta y unos sujetos con pasamontañas entraron armados, apuntandole al cajero, al resto del personal y los clientes que seguían en el local. Inmediatamente, Ellie se colocó de pie frente ha Kim mientras que esta le agarraba con fuerza el brazo derecho.
- ¡QUE NADIE SE MUEVA O DISPARO! - gritó uno de ellos, mientras que los demás se dedicaban a chequear la caja registradora y quitarle las pertenencias a las personas.
- T-tengo miedo...- susurró Kim con voz temblorosa. Ellie intentó agarrar de su mano para hacerla sentir segura, cosa que no lo logró.
- Ya saben que hacer...- habló el sujeto que hace unos momentos gritó.
De sus bolsillos sacaron pañuelos y empezaron a vendarles los ojos a varias personas, incluyendo a Ellie y Kim, opusieron resistencia, pero no sirvió de nada. Sintieron como eran llevadas a empujones hasta lo que parecia ser una furgoneta, probablemente en la que estos sujetos habían llegado. Ellie buscó con desesperación la mano de Kim y cuando la encontró, apretó fuerte de esta; el vehículo siguió y siguió su camino. Pareciera como si los estuviesen llevando a un lugar apartado de la cuidad, posiblemente el bosque, ya que se escuchaba el cantar de los búhos.
Cuando llegaron a destino, fueron llevadas nuevamente ha empujones. Hicieron una parada en lo que parecia ser el baño por el frío y húmedo mármol del suelo. Se escuchaban pasos ir y venir. Esos hombres se acercaron a las chicas y empezaron a desvestir las.
- No me toques - habló Ellie por primera vez, quitando brúscamente las manos del sujeto que tenía enfrente.
- ¡Guarda silencio y no te muevas! - exclamó el tipo dando le una bofetada en la mejilla.
Kim intentó acercarse ha la castaña pero un brazo se lo impidió, recibiendo también una bofetada.
- Hare lo que sea pero por favor...no le hagan daño - dijo Ellie cabizbaja.
Los sujetos no hicieron más que reír. Posteriormente, fueron llevadas a otra habitación, donde le colocaron cadenas en sus tobillos y unos collares. Según les informaron, si cerraban los ojos por más de un minuto, el artefacto les daría una descarga eléctrica y, antes de que se marcharan, les desearon suerte...la necesitarían para poder sobrevivir.
Hace tres semanas que estaban encerradas, sin comida y aún sin poder ver porque todavía tenían vendados los ojos. Durante aquellos días, los sollozos y súplicas de Kim era lo único que Ellie podía escuchar; se sentía débil, sin energía, necesitaba comer o al menos que le dieran un poco de agua si no moriría por deshidratación.
Recordó hace tiempo aquel incidente en la escuela durante el exámen...y el sabor metálico de su propia sangre volvió a hacerse presente en su lengua, deseando probar otra vez de ella. No lo pensó dos veces cuando dio una morida a su propio brazo sintiendo su sabor...y quería más, mucho más.
Ambas se sobresaltaron cuando los sujetos hicieron acto de presencia.
- Cariño - habló uno de ellos acercando se a Kim - Sé que es un poco tarde pero...eres preciosa, ¿Ya te lo dijeron alguna vez?
Los sollozos de su amiga se intensificaron, removiendo se en su lugar intentando apartar se del tipo quien le acariciaba la mejilla.
- Aléjate de ella - dijo Ellie apretando los dientes.
- Lo siento, olvidé la razón por la que vine...- alegó él - Agárrenla.
Sus compañeros obedecieron a su mandato y sujetaron por los brazos a Ellie. El chico que estuvo con Kim le sacó el pañuelo de los ojos obligando la a que mirase al frente.
- Disfruta del Show - le susurró al oído.
Ellie comenzó a gritar a causa de los violentos golpes que recibia en la espalda producidos por un látigo, ni siquiera la dejaban respirar. Una lágrima resbaló por la mejilla de Kim al verla así, siendo incapaz de poder ayudar la; cuando creyeron que era suficiente, soltaron de golpe los brazos de la castaña haciendo que se desplomase al suelo.
- Q-Quisiera pedir un último favor antes de que se retiren - dijo ella - Liberen a Kim, no me importa lo que hagan conmigo, s-solo...libéren la.
Los secuestradores se miraron entre si llegando a una conclusión.
- Esta bien, lo haremos - contestó uno de ellos.
Ellie intentó ponerse de pie pero al ver que no lo lograba, gateó hasta Kim para darle un abrazo...el último de todos. Esta correspondió sin dudarlo - "Te quiero, Ellie" - susurró la pelirroja en su oído.
Al cabo de unos minutos las separaron y uno de ellos empezó a despojar de las cadenas a Kim colocando le nuevamente el pañuelo, para que no pudiese ver el camino regreso a su hogar y, antes de salir del lugar, Ellie dijo sus últimas palabras con toda la ira del mundo: - Si me entero que le hicieron algo...los asesinaré.
Los días pasaban y las torturas se volvian cada vez peor. Lo único que la mantenía aún con vida era la imágen de Kim en su memoria.
Era desesperante no saber en qué día estaba, si era de noche o de día, si llovía o no. Era simplemente agobiante; la puerta nuevamente fue abierta, había perdido la cuenta de las veces en que esos sujetos entraban y salían de la habitación.
El brazo izquierdo que estaba completamente mordisqueado por ella, era vendado por aquel hombre que estaba frente suyo seguido de sentir como le levantaba la mirada.
- Me sorprende que aún estes con vida - dijo.
Sus ojos se nublaron de golpe por la luz de la única lámpara que había en el cuarto, tal parece que el joven decidió quitar le el pañuelo. Parpadeó varias veces hasta conseguir ver con claridad a su alrededor, enfocando su vista en un punto en específico.
- ¿Qué ves? - preguntó él girando sobre si - Ah...es un ratón, ¿Acaso quieres jugar con él?
El chico no hizo más que desencadenar la, viendo como Ellie se acercaba con sigilo hasta el animal y, agarrando una palanca que se posaba al lado suyo, empezó a asestarle repetidas veces al ratón hasta hacerle un tajo y dejando de lado la herramienta, con ayuda de sus manos terminó por abrir al animal y comer de él. Era tanto el hambre que sentía en ese momento que le daba igual el hecho de que fuera una rata lo que estaba ingiriendo. Dejó de hacer su faena cuando el sujeto la interrumpió, diciendo que tenía que volver a colocarle su cadena.
Él se acercó hasta la castaña pero recibió un golpe en la sien por parte de la joven con el objeto que utilizó en el animal, desplomando se inconsciente en el suelo. Ellie no desaprovechó la oportunidad y con ayuda de su herramienta abrió un tajo en el abdomen del muchacho, deborando así sus intestinos. El ruido del golpe provocó que otro de los sujetos hiciera acto de presencia para ver aquel festín que se alzaba la joven. De algo estaba seguro que no iba a poder sacar de su mente y era la imágen de aquella chica con sangre en su mandíbula y una mirada que irradiaba locura.
Exáctamente, a las 01:40 a.m el lugar quedó a obscuras y el único sonido que se podía percibir era el masticar de Ellie, quien terminaba de deborar al último hombre que quedaba o eso creía, ya que escuchó unos pasos alejarse; logró quitarse el collar y forzar la cerradura para irse de aquel lugar pero no podía regresar con su familia, estaba segura que esos secuestradores iban en su búsqueda y podía poner en peligro a quienes Ellie quería. No teniendo más alternativas, dejo que la brisa y sus pasos la condujeran, llegando a una casa que...era ni más ni menos que la de Kim.
Le dolió saber que ya no podía estar a su lado para protegerla pero era por su bien. Algún día...algún día ambas estarían juntas otra vez; y agarrando nuevamente de su herramienta que trajo consigo, desapareció entre la maleza y los altos árboles de la zona.
Sus notas académicas no eran las mejores pero bastaban como para aprobar las materias, tenía una relación amena con su familia, no le atraía la idea de mantener una relación amorosa y no le agradaba la idea de compartir con sus compañeros de colegio. Una de las cosas que le gustaba hacer, aparte de leer y escuchar música, era sentarse abajo de un árbol a contemplar el cielo. Ella siempre decía que el Universo era un misterio que ocultaba grandes cosas, la mayoría de los libros que solía leer era sobre el Universo mismo, teorías sobre el Big Bang o el Vacío Cósmico, entre otras cosas; muchos profesores sabían de su afición, hasta la alentaban diciendo que sería una gran Astrónoma cuando finalizara la secundaria.
Muchos en el Instituto la conocían por ser alguien fría, no solía expresar mucho sus emociones, podría estar triste o enojada por dentro pero por fuera, siempre mostraba la misma cara, volviendo se algo normal para su amiga quien la aceptó tal y como era, lo cual ella agradecía inmensamente.
Viernes 01 de Abril - 1:30 p.m
- Te parece si después de la escuela, ¿Vamos a por unas malteadas? - dijo Kim con una sonrisa dulce en su rostro.
- ¿No ibas a pasar tiempo con tu novio? - contesto Ellie cortante, como era habitual en ella.
- Tiene entrenamiento de Basketball, así que hoy será nuestro día - exclamó dando saltitos en su lugar. Ellie sonrió, a veces Kim suele ser muy infantil.
A pesar de no demostrarlo, le gustaba la compañia de Kim y es que era la causa de todas sus emociones, por más cursi que suene, si no fuera por ella, Ellie seguiría siendo la chica solitaria que todos conocían. Si había algo que puediese hacer por ella, con gusto lo haría, despues de todo fue la única quien la aceptó a pesar de todos sus defectos.
Hubo una vez en que Ellie le planteó que estaba dispuesta a defender la de todo aquel que intentara hacerle daño, incluyendo a su novio, por más mínimo que fuera el daño...ella lo devolvería con creces, palabras que sorprendieron y a la vez conmovieron a la pelirroja.
Ambas se dirigieron a su salón bien escucharon el timbre de entrada. Como siempre, Ellie se dirigió a su respectivo asiento que se posicionaba al fondo, sin duda su preferido, ya que daba al patio de la escuela y podía observar el cielo sin problema. Dirigio su vista a la puerta, viendo entrar a su profesor que venia con una sonrisa de oreja a oreja.
- Buenas tardes, hoy habrá exámen sorpresa - anunció su profesor y todos, a excepción de Ellie, empezaron a proferir.
Sin mencionar una palabra más, el Maestro sacó de su maletín un buen alto de hojas y se las entregó a uno de los chicos que se sentaban en frente para que las repartiera a sus compañeros. Cuando Ellie intentó agarrar la hoja, se cortó con el borde de la misma provocando que brotara sangre de su dedo índice e inmediatamente se lo llevara a la boca, "Mierda", pensó la joven. Estuvo así un minuto para luego poner toda su atención en la infinidad de números que estaban impresos en la carilla pero no lograba concentrarse...el sabor de su propia sangre seguía en su lengua. De por sí, le extrañó muchísimo. Siempre se causaba heridas de este tipo pero nunca se le dio por degustar del mismo.
Se llego a escuchar el timbre de receso dando por finalizado el exámen que, por obvias razones, no estaba muy segura de que lo aprobaría.
Salió del salón seguida de su amiga y juntas fueron a la cafetería, donde tomaron asiento en la única banca disponible.
- Detesto al profesor Becher...- dijo Kim - ¡Siempre con sus tontos exámenes sorpresas!
- No eres la única, nadie quiere ha ese gruñon - alegó Ellie, sorbiendo de su zumo de naranja.
A lo lejos se llegaron a escuchar unas risas provenientes de un grupo de jóvenes quienes se acercaban a ellas y, para variar, no eran ni más ni menos las que se hacían llamar "populares".
- Kim, ¿Porqué te sigues juntando con ella? - habló Amanda, la "líder" de las porristas del equipo de Basketball - Arruinas tu imágen.
- "Ella" se llama Ellie y no importa lo que piensen los demás, es mi amiga y la quiero mucho - contestó la pelirroja con el ceño fruncido.
- Sabes perfectamente que nadie puede contestarme así - exclamó la rubia, acercando se a Kim con malas intenciones.
En eso, Ellie se colocó de pie y se posicionó frente ha Kim, mirando a Amanda con la cara más seria que podía tener en ese momento.
- Ni te le acerques - dijo la castaña.
- ¡¿Qué piensas hacerme, eh?! - desafió la joven.
- ¿En serio quieres averiguarlo? - contestó Ellie fría y cortante.
Resignada, la rubia se limitó a guardar silencio y, girando sobre sus talones, abandonó la cafetería seguida por sus copias baratas; Ellie se sobresaltó cuando sintió unos brazos rodearle.
- Gracias...- susurró Kim con una sonrisa cálida en su rostro.
- Aún mantengo mi palabra, no dejaré que nadie te haga daño.
El resto del ciclo escolar transcurrió moderadamente y cuando por fin dieron el timbre de salida, todos salieron disparados de sus salones. Ambas se dirigieron a la cafetería más cercana de la zona y le ordenaron a un mozo, que terminaba de anotar un pedido, que le trajeran lo que ellas iban a merendar.
Kim siempre era la que sacaba temas de conversación y era una de las cosas que Ellie envidiaba de ella. Su amiga era tan extrovertida en muchas cosas, hasta sentía celos de Eddy, tenía mucha suerte de tener a una persona como ella que le hiciera feliz en cada momento; de pronto sintió como le dolía el pecho, Kim se preocupo y Ellie le hizo saber con un gesto de manos que se encontraba bien.
Cuando terminaron de merendar, ambas miraron el reloj de la cafetería que marcaba las 7:30 p.m.
- Que rápido pasó el tiempo, ¿no? - dijo Kim.
- Cierto, es mejor que nos vayamos, ya es tarde y tu casa queda lejos - respondió Ellie mirando ambos lados...algo no andaba bien.
En eso se escucha la campanilla de la puerta y unos sujetos con pasamontañas entraron armados, apuntandole al cajero, al resto del personal y los clientes que seguían en el local. Inmediatamente, Ellie se colocó de pie frente ha Kim mientras que esta le agarraba con fuerza el brazo derecho.
- ¡QUE NADIE SE MUEVA O DISPARO! - gritó uno de ellos, mientras que los demás se dedicaban a chequear la caja registradora y quitarle las pertenencias a las personas.
- T-tengo miedo...- susurró Kim con voz temblorosa. Ellie intentó agarrar de su mano para hacerla sentir segura, cosa que no lo logró.
- Ya saben que hacer...- habló el sujeto que hace unos momentos gritó.
De sus bolsillos sacaron pañuelos y empezaron a vendarles los ojos a varias personas, incluyendo a Ellie y Kim, opusieron resistencia, pero no sirvió de nada. Sintieron como eran llevadas a empujones hasta lo que parecia ser una furgoneta, probablemente en la que estos sujetos habían llegado. Ellie buscó con desesperación la mano de Kim y cuando la encontró, apretó fuerte de esta; el vehículo siguió y siguió su camino. Pareciera como si los estuviesen llevando a un lugar apartado de la cuidad, posiblemente el bosque, ya que se escuchaba el cantar de los búhos.
Cuando llegaron a destino, fueron llevadas nuevamente ha empujones. Hicieron una parada en lo que parecia ser el baño por el frío y húmedo mármol del suelo. Se escuchaban pasos ir y venir. Esos hombres se acercaron a las chicas y empezaron a desvestir las.

- No me toques - habló Ellie por primera vez, quitando brúscamente las manos del sujeto que tenía enfrente.
- ¡Guarda silencio y no te muevas! - exclamó el tipo dando le una bofetada en la mejilla.
Kim intentó acercarse ha la castaña pero un brazo se lo impidió, recibiendo también una bofetada.
- Hare lo que sea pero por favor...no le hagan daño - dijo Ellie cabizbaja.
Los sujetos no hicieron más que reír. Posteriormente, fueron llevadas a otra habitación, donde le colocaron cadenas en sus tobillos y unos collares. Según les informaron, si cerraban los ojos por más de un minuto, el artefacto les daría una descarga eléctrica y, antes de que se marcharan, les desearon suerte...la necesitarían para poder sobrevivir.
Jueves 21 de Abril - 2:00 a.m
Hace tres semanas que estaban encerradas, sin comida y aún sin poder ver porque todavía tenían vendados los ojos. Durante aquellos días, los sollozos y súplicas de Kim era lo único que Ellie podía escuchar; se sentía débil, sin energía, necesitaba comer o al menos que le dieran un poco de agua si no moriría por deshidratación.
Recordó hace tiempo aquel incidente en la escuela durante el exámen...y el sabor metálico de su propia sangre volvió a hacerse presente en su lengua, deseando probar otra vez de ella. No lo pensó dos veces cuando dio una morida a su propio brazo sintiendo su sabor...y quería más, mucho más.
Ambas se sobresaltaron cuando los sujetos hicieron acto de presencia.
- Cariño - habló uno de ellos acercando se a Kim - Sé que es un poco tarde pero...eres preciosa, ¿Ya te lo dijeron alguna vez?
Los sollozos de su amiga se intensificaron, removiendo se en su lugar intentando apartar se del tipo quien le acariciaba la mejilla.
- Aléjate de ella - dijo Ellie apretando los dientes.
- Lo siento, olvidé la razón por la que vine...- alegó él - Agárrenla.
Sus compañeros obedecieron a su mandato y sujetaron por los brazos a Ellie. El chico que estuvo con Kim le sacó el pañuelo de los ojos obligando la a que mirase al frente.
- Disfruta del Show - le susurró al oído.
Ellie comenzó a gritar a causa de los violentos golpes que recibia en la espalda producidos por un látigo, ni siquiera la dejaban respirar. Una lágrima resbaló por la mejilla de Kim al verla así, siendo incapaz de poder ayudar la; cuando creyeron que era suficiente, soltaron de golpe los brazos de la castaña haciendo que se desplomase al suelo.
- Q-Quisiera pedir un último favor antes de que se retiren - dijo ella - Liberen a Kim, no me importa lo que hagan conmigo, s-solo...libéren la.
Los secuestradores se miraron entre si llegando a una conclusión.
- Esta bien, lo haremos - contestó uno de ellos.
Ellie intentó ponerse de pie pero al ver que no lo lograba, gateó hasta Kim para darle un abrazo...el último de todos. Esta correspondió sin dudarlo - "Te quiero, Ellie" - susurró la pelirroja en su oído.
Al cabo de unos minutos las separaron y uno de ellos empezó a despojar de las cadenas a Kim colocando le nuevamente el pañuelo, para que no pudiese ver el camino regreso a su hogar y, antes de salir del lugar, Ellie dijo sus últimas palabras con toda la ira del mundo: - Si me entero que le hicieron algo...los asesinaré.
Sábado 04 de Junio - 12:00 a.m
Los días pasaban y las torturas se volvian cada vez peor. Lo único que la mantenía aún con vida era la imágen de Kim en su memoria.
Era desesperante no saber en qué día estaba, si era de noche o de día, si llovía o no. Era simplemente agobiante; la puerta nuevamente fue abierta, había perdido la cuenta de las veces en que esos sujetos entraban y salían de la habitación.
El brazo izquierdo que estaba completamente mordisqueado por ella, era vendado por aquel hombre que estaba frente suyo seguido de sentir como le levantaba la mirada.
- Me sorprende que aún estes con vida - dijo.
Sus ojos se nublaron de golpe por la luz de la única lámpara que había en el cuarto, tal parece que el joven decidió quitar le el pañuelo. Parpadeó varias veces hasta conseguir ver con claridad a su alrededor, enfocando su vista en un punto en específico.
- ¿Qué ves? - preguntó él girando sobre si - Ah...es un ratón, ¿Acaso quieres jugar con él?
El chico no hizo más que desencadenar la, viendo como Ellie se acercaba con sigilo hasta el animal y, agarrando una palanca que se posaba al lado suyo, empezó a asestarle repetidas veces al ratón hasta hacerle un tajo y dejando de lado la herramienta, con ayuda de sus manos terminó por abrir al animal y comer de él. Era tanto el hambre que sentía en ese momento que le daba igual el hecho de que fuera una rata lo que estaba ingiriendo. Dejó de hacer su faena cuando el sujeto la interrumpió, diciendo que tenía que volver a colocarle su cadena.

Él se acercó hasta la castaña pero recibió un golpe en la sien por parte de la joven con el objeto que utilizó en el animal, desplomando se inconsciente en el suelo. Ellie no desaprovechó la oportunidad y con ayuda de su herramienta abrió un tajo en el abdomen del muchacho, deborando así sus intestinos. El ruido del golpe provocó que otro de los sujetos hiciera acto de presencia para ver aquel festín que se alzaba la joven. De algo estaba seguro que no iba a poder sacar de su mente y era la imágen de aquella chica con sangre en su mandíbula y una mirada que irradiaba locura.
Exáctamente, a las 01:40 a.m el lugar quedó a obscuras y el único sonido que se podía percibir era el masticar de Ellie, quien terminaba de deborar al último hombre que quedaba o eso creía, ya que escuchó unos pasos alejarse; logró quitarse el collar y forzar la cerradura para irse de aquel lugar pero no podía regresar con su familia, estaba segura que esos secuestradores iban en su búsqueda y podía poner en peligro a quienes Ellie quería. No teniendo más alternativas, dejo que la brisa y sus pasos la condujeran, llegando a una casa que...era ni más ni menos que la de Kim.
Le dolió saber que ya no podía estar a su lado para protegerla pero era por su bien. Algún día...algún día ambas estarían juntas otra vez; y agarrando nuevamente de su herramienta que trajo consigo, desapareció entre la maleza y los altos árboles de la zona.