TURROS: TIRATE UN PASO AL VACIO...
A falta de miembro viril, los turros practican "air meo"
Hubo una época donde la moda era ponerse un pañuelo en la cabeza para imitar a Axl Rose. Poco después, la onda era ponerse una escopeta en la cabeza para imitar a Kurt Cobain. Así fueron pasando las modas y en las cabezas de los jóvenes hubo de todo: jopos platinados, flequillos rolingas, rastas sucias, trenzas playeras y peinados de animé. Quién diría que, después de tantas excentricidades, el año 2011 encontraría a la juventud cortándose el pelo al clásico "estilo taza" que tanto odiaba la generación de nuestros abuelos. Porque ése es el look capilar de la tribu urbana de estos tiempos. Me refiero a los turros, el flagelo adolescente que promete terminar de una vez por todas con eso que llamábamos "pensar".
El apogeo de los floggers entre 2008 y 2009 fue un puntinazo en el tabique a la inteligencia humana. Cuando Cumbio se consagró al periodismo militante (?) y las guerrillas flúo se disolvieron ante la falta de un hermafrodita a quien adorar, muchos creímos que lo peor ya había pasado. El Abasto recuperaba su gris habitual y Fotolog cedía terreno a Facebook. Todo parecía haber sido una pesadilla o uno de esos efímeros lapsus de idiotez colectiva que de vez en cuando atacan a la humanidad, como durante aquella transmisión radial de La guerra de los mundos. Sin embargo, es evidente que los floggers habían llegado para dejar una marca indeleble, ya que los turros del hoy toman de esa moda sus principales características: la estética colorida, la ostentación de la guita y la fascinación por el pelotudeo.
El turro es un especímen contradictorio. Combina el patoterismo barriobajero del cumbiero con la arrogancia clasista del cheto. Aunque los turros provocan a la policía, se impone entre ellos el corte milico. Si bien los turros suelen aparearse con turras hembras, a veces les pinta sentarse sobre alguna poronga porque sí. Usan gorra y anteojos de sol especialmente cuando no hay sol. Imitan a los Teletubbies en los colores que usan, en el desconcierto sexual y en la forma de bailar, pero manejan un vocabulario más reducido. No juegan al rugby ni al tenis ni al polo, pero visten chombas Kevingston, Lacoste o Polo Club. También son comunes las camisetas de equipos de fútbol europeos a los que sólo pueden ver en el Winning Eleven. Quizás para dejar en claro la diferencia entre un turro y un cumbiovillero tradicional, también existen los rochos, cafres del conurbano profundo que se oponen a mariconadas turras como depilarse las cejas o bañarse.
Tomar el té con masitas y jugar al pandillero: dos pasiones turras.
Otra costumbre turra es sacarse fotos empuñando un arma, con pose de De Niro en Taxi Driver, pero imponiendo menos respeto que Suar en Comodines. Teniendo en cuenta que la mayoría de los turros no alcanza la edad mínima para entrar en el RENAR, sólo queda pensar que las armas que usan son tan auténticas como el queso de McDonald's.
Para evitar ser comprendidos por la gilada (conformada por el resto de la humanidad), los turros se comunican entre ellos a través de intrincados galimatías como los que se aprecian en el siguiente diálogo, oído al pasar cerca de un local de Polo Club:
— El Más Turro:... porque de golpe se llenó de gatos que se hacen los turros pero son re salchis.
— Turrón con Maní: Sí, corte, pero yo soy turro de ley. Cuando estos guachines se ponían la gorrita rosa, yo ya estaba bajoneando una poronga.
— Turrón Blando: Iiiiih vo', que te hacé el atrevido, si yo me hice turro como quince minutos antes que vos.
— Turrón con Maní: Volá de acá, rancho, o te cabe por logi.
— Turrón Blando: ¿Qué me descansás, fantasmín?
— Sargento Pepe: Eso, máquina, todo jamón con vos, pero algunos son turros hace un toco y vos ni pagaste el derecho de piso. Perdón, ya me iba.
Allí donde el flogger se convulsionaba al ritmo de un MIDI, el turro se menea frenéticamente con la cumbia reguetonera de Los Wachiturros. Un hato de delincuentes que ni siquiera usan instrumentos y en cuyo tema más conocido, "Tirate un paso", se rima "ojete" con "cachete" (debe ser la primera canción de la historia donde se dice "ojete" ). En quince días de carrera ya cambiaron a su cantante original, Simón Samuel (¿se puede ser judío y cantar cumbia?), por un ladrón de quioscos que se hace llamar McCakito.
Se supone que Simón era "el fachero" de la banda, algo que no es muy difícil considerando la fealdad de Leíto. El tamaño de sus orejas es conmovedor.
Ayer, floggers; hoy, turros. Ayer, "effeame por reverse"; hoy, "dame la billetera". Ayer, jueves; hoy, viernes. ¿Y mañana? Si el mundo no se autodestruye sanamente en 2012, es muy probable que en los próximos años veamos el nacimiento de tribus aún más coloridas convirtiendo shoppings en templos de la pavada. De la ciencia depende que las próximas generaciones nazcan inmunes a este curioso virus que se manifiesta durante el furor hormonal de la adolescencia y que algunos llaman, simplemente, pelotudez.
risasgrabadas.blogspot.com