Patricia Suárez: "Qué se siente tener tetas"
La idea básica es que tenés dos bombas de tiempo atadas al pecho. Ojo: bombas de tiempo, no granadas de mano, que es un tipo de explosivo que el portador puede arrojar lejos de sí y salir indemne. Y por supuesto, sólo una mujer, puede entender de verdad las emociones de los kamikazes que se meten en el subte o en un colectivo para hacer estallar todo por el aire. ¿Acaso, qué creen que pasaría, si una mujer, de la nada, se quita la remera y en tetas, como si fuera lo más normal del mundo, le dice al conductor del 59: “Uno veinticinco, que voy hasta La Lucila”? ¿Creen que el tipo le contestaría: “Ok; para atrás que hay más espacio”, o bien se estrolaría contra cualquier cosa porque no podría sacar la vista de ahí? La experiencia me obliga a ser honesta: al “Cúbrase, señora”, tardan en pronunciarlo hasta los ginecólogos. Podrá haber mucho Juramento Hipocrático de por medio, pero la verdad es que a ellos les dá más o menos igual si la paciente se puede o no agarrar una neumonía mortal mientras la dejan esperar con las tetas al bamboleo y se las miran con aire de resignación.
Y, por otra parte, le hacen un favor a los neumonólogos y a los radiólogos, que así disfrutan también de la visión de las amigas cuando le ausculten la espalda o le saquen las radiografías. Ustedes podrán argumentar: “¡Pero no! Si los médicos ya están cansados de ver tetas”. Error: el ser humano es el único bicho de la Creación que no se cansa nunca en ese sentido, y sino, hagan introspección respecto de sus propias fatigas. Pero dejemos la palabra a la ciencia, o casi.
Científicamente
En la raza humana, todos los seres nacen sin tetas.
De aquí que la cría hembra puede creer que todos los seres son hermanos y que hay que amar al prójimo como a sí mismo, tal como reza el credo cristiano que practica Occidente. Pero rondando los doce años, cuando en el organismo le fructifican las mamas, que parten de un tamaño aproximado a dos bellotas, que llegarán a dos melones y en el peor —o mejor— de los casos a dos sandías, la púber comienza a comprender que ‘los hombres’ son todos iguales y las hembras seres con tetas, bases de la desigualdad social. No obstante, por ese tiempo, la púber no filosofará sino que será absorbida por una preocupación obsesiva: comprar el primer corpiño. Esta acción, en las tribus de occidente, es por lo general comandada por la jefa tribal —puede ser la madre o tía, según el caso— y realizada con el júbilo de un chamán cuando acierta la quiniela. Los estudios al respecto revelan que elprimer corpiño deberá ser cómodo y apretado; elideal que la cría humana desea es aquel sujetador o cilicio que no trasluzca a través de la ropa y que le faje bien las tetas. Muy distinto será después, cuando, reloj biológico más adelante, acabe comprando el corpiño relleno, el push-up que deja las tetas en bandeja al mejor postor, el corpiño que se desarma como la carpa de camping para que el bebé homínido mame, o bien, cuando ya se acerca a la menopausia y aun no cayó en la habitual práctica étnica de colocarse implantes mamarios, comenzará a comprar unos corpiños hechos, al parecer, con cemento armado y con breteles como grúas de cinco guinches.
ES EXTRAÑA LA METAFÍSICA QUE PROVOCAN , YA QUE LA HEMBRA HUMANA SENTIRÁ QUE SON EL VERDADERO CAMINO DE UNIÓN ESPIRITUAL CON SU HOMBRE .
Andando el tiempo la ahora joven hembra concluirá que se puede aprehender el mundo a través de dos sistemas orgánicos: los ojos o las tetas. A medida que se acerque a la edad reproductiva, hará conciente que para comunicarse con el otro sexo, no harán falta palabras. No porque los sentimientos se traduzcan por vía osmótica, sino porque basta con dejar al macho manosearle las tetas para que él se sienta unido a ella.
Es extraña la metafísica que provocan las llamadas glándulas mamarias, ya que la hembra humana sentirá que son el verdadero camino de unión espiritual con su hombre. La Boddhisatva University aun no ha confirmado si el Budda dio sus primeros pasos a través del misticismo mamario; pero cualquier hembra humana sabe que la visión de sus mamas puede arrancar al espectador revelaciones religiosas que van del grito de guerra “¡Uy, Dió, qué tetas!” o en un devoto más refinado “Ay, Dios mío”, hasta “Después de esto, me dá igual si se me revientan los ojos y me quedo ciego”. Las tetas suelen ser objetos de devoción popular, ejemplo de ello es la mentada Difunta Correa que adoran todos los camioneros en sus estampitas. De hecho, el gremio del transporte de carga suele ser muy afecto a manifestar su entusiasmo religioso por las glándulas mamarias de cuanta fémina ven pasar. Así como en la Edad Media se reverenciaban los íconos de San Benito o San Roberto, creador de la Orden de los Cartujos, en la era actual parece haber preferencias respecto de las imágenes ofrecidas por el Almanaque Pirelli o semejantes. De aquí que la hembra humana rápidamente caiga en la cuenta del contenido social de sus glándulas y esto no se refiere específicamente a los conductos galactóforos que drenan la leche durante el amamantamiento. Hay casos de ofrendas solidarias de teta (“te dejo tocarme/chuparme las tetas, nada más que porque te veo nervioso y tengo miedo de que te dé un ACV”). También puede llegarse a la conclusión de que salvo en caso donde media un blíndex (en general estos tugurios reciben el nombre de peepshow) entre el pezón y el sujeto masculino en cuestión, siempre existirá el reflejo de prensión que trae encima desde que el pobre es un simple neonato y que se le despierta cada vez que ve una teta. Como si fuera poco, las mamas también forman parte de las relaciones sexuales explícitas; prácticas específicas como en el caso de los sadomasoquistas, que desean apretarlas con broches de la ropa. Debe ser esta la razón por la cual la hembra humana prefiere siempre mandar todo a la lavandería a encargarse en su propia madriguera de lavar, secar y tender la colada con los mismos instrumentos con los que después le querrán abrochar las tetas. Una práctica de distinto tenor e indolora es la llamada “turca” o masturbación masculina realizada con los pechos. Las hembras humanas suelen practicarla aunque su visión de los hechos puede ser muy diferente de la de ellos y el placer obtenido menos viscoso.
En resumen, aunque la ciencia aun no ha resuelto el enigma de la atracción mamaria por parte del hombre y el acatamiento de tal atracción por parte de la mujer; Canal Infinito seguro está planeando un documental sobre la cuestión, que irá a ser conducido por Isabel Sarli, santa patrona de las planas de pecho o de las de pezones estrábicos. Y lo miraremos todos, atentos a entender, por qué la mama subyuga de esta manera al género humano.
Fuente: Revista SH