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Bienvenidos

Aquí les dejo unas buenas historias de terror recomendado verlas de noche >

así que empecemos



LA NIÑA DEL ESCONDITE


Era una tarde nublada del mes de Noviembre, había quedado con mis amigos, era el cumpleaños de uno de ellos en la quinta de San Eutiquio (un club de fútbol), salí de casa con mis padres, me acercaron hasta la casa de uno de mis amigos el cual nos llevaría a todos hasta la villa del club.

Todo eran risas y nos lo estábamos pasando muy bien, primero en el coche, íbamos bastante apretados, a mi me había tocado ventanilla. Recuerdo que íbamos hablando de una canción que escuchábamos en la radio una bastante antigua yo a la vez que hablaba pues iba mirando por la ventana, la velocidad del coche no era mucha pero si se puede decir que íbamos rápido. Nos acercábamos a la zona de la villa, en el extrarradio de la ciudad, casas con jardín, chales, las cuales suelen tener un muro de protección, sobre todo las que están cerca de la carretera.

De repente, todos nos callamos, no por nada en especial, sino porque la conversación ya había acabado y punto. Mire por la ventanilla y al pasar rápido por un muro me pareció ver una cara, na imaginaciones mías, pero... no se, tenia una sensación un poco extraña. Llegamos a el club, nos pusimos a jugar a fútbol un poco pero enseguida tuvimos que parar .El cielo ennegrecía y comenzó a llover, nos metimos en la zona de las mesas, donde merendaríamos algo, como era invierno hacia fresquillo y anocheció enseguida, al acabar con los regalos, y la comida salimos afuera, había parado de llover y ya era de noche cerrado casi. Nos aburríamos un poco y se nos ocurrió jugar al escondite nocturno, ya que teníamos un espacio estupendo, porque a parte de los campos de fútbol había un extenso prado con árboles arbustos...etc.

Todo iba muy bien, nos lo estábamos pasando de cine. Daba un poco de mal rollo cuando te quedabas a contar pero como siempre tenias cerca al graciosillo que hace algo de trampa para ganar, pues no daba tanto miedo. Casi siempre perdía yo, hasta que de una vez que me toco esconderme, me fui lejos, muy apartado del resto del grupo, casi a los limites de la villa. No oía nada , solo el mecer del viento con los árboles ni las voces de mis amigos , ni un coche pasar , NADA...... agachado detrás de un arbusto empecé a tener la sensación de: esto no me gusta , cuando decidí irme de el sitio y aunque perdiese , dejar de pasar miedo , pero el viento se paro repentinamente aunque.... los columpios se mecían ellos solos....ya me estaba empezando a asustar de verdad mire hacia mis alrededores, sombras....ya me iba a ir de vuelta con mis amigos cuando de pronto oigo un silbido de una niña, un silbido con la misma melodía una y otra vez y otra y otra..... asustado corrí con mis amigos y se lo conté todo ,solo uno de ellos me creyó, los otros decían que había sido un hierro chirriante pero yo os aseguro que lo que oí no era nada de eso, sino que era el silbido de aquella niña, nos montamos en el coche y al alejarnos mire por la ventanilla hacia los columpios y ahí estaba...una niña pequeña vestida con un camisón blanco, pelo negro y corto, los ojos eran rojos y brillantes y se reía mientras se balanceaba en el columpio mirándome, quite la vista y se lo conté al amigo que me había creído.... esa noche no dormí nada bien y lo poco que conseguí conciliar el sueño soñé con aquella maldita niña que tantos quebraderos de cabeza me había provocado.... la pregunta es: ¿quien era esa niña? ¿estaría viva? porque me eligió a mi? ¿significaba algo esa melodía?....os puede sonar a una chorrada esta historia que acabáis de leer pero yo os aseguro que la viví y no fue una experiencia muy agradable.



Llamada De Un Muerto!

Era una empresa de teleasistencia (ya sabes, los ancianos y personas enfermas llevan una especie de llavero colgando y si les pasa algo lo pulsan y al momento tomamos contacto con ellos para ver qué pasa). Bien, como imaginarás había que estar allí haciendo guardias día y noche y yo tuve que ir de noche durante una semana. Estaba totalmente sola en la empresa que tenía dos plantas, con la doble puerta que teníamos cerrada y era de madrugada. Estaba muy cansada y todo parecía en orden así que decidí echarme un poco encima de la mesa al lado de la central de alarmas sabiendo que si alguien tenía algún problema el estruendo al sonar el aviso era tal que me despertaría en menos de dos segundos.

Pues bien, me quedé traspuesta, en esto suena el teléfono de centralita, me despierto, miro la hora y eran cerca de las 2:30 más o menos. Me extrañó y pensé que alguien que llama a esas horas no es para dar buenas noticias precisamente, mi sorpresa fue que cuando cojo el teléfono una voz de una persona mayor bastante alterada me dijo

"por favor, necesito ayuda"
Yo le pregunté qué le pasaba y me dijo:
"tengo problemas con mis hijos, esto hay que solucionarlo"
Intenté calmarla y de muy buenas maneras le pedí que tranquilamente me explicara qué pasaba exactamente, que yo la escucharía y vería cómo ayudarla. Entonces ella me dijo:
"estoy muerta, y mis hijos se están peleando por la herencia".

Se me puso la piel de gallina y le dije:
- Perdone, no sé si he entendido bien, usted dice que ha muerto y que sus hijos quieren la herencia.
Y ella me dijo

"sí, yo fallecí hace poco y ahora mis hijos tienen problemas entre ellos porque no se ponen de acuerdo con la herencia y a mí esto me entristece mucho".

Yo no sabía si me estaban tomando el pelo o no pero su voz me pareció muy lejana y desde luego estaba muy alterada así que venciendo el miedo y el frío que sentí en ese momento le dije que no se preocupara, que el notario se encargaría de todo, que estuviera tranquila que todo se iba a solucionar para bien de todos. Ella se quedó callada y a los pocos segundos me dijo:

"gracias hija, muchas gracias".

No volvió a llamar nunca más, ni una sola de las noches que volví a estar allí durante 8 meses, no sé si fue alguien que intentaba tomarme el pelo o no, solo sé que una persona de esa edad porque se notaba que era ya mayor y en ese estado en el que se encontraba de nervios no llama a las tantas para ir gastando bromas, al menos eso me parece a mí. Si realmente esa persona ya estaba muerta me alegro si pude ayudarla.



Crying of love
Carol era una chica normal, buena y carismática, tenía 17 años. Disfrutaba mucho escuchar música, pero también pensaba mucho en la muerte... Aveces deseaba saber que se sentía, y si tal ves después de morir empezaría otra vida.
Ella estaba en casa sola con su hermanito Poan, sus padres se habían ido a cenar afuera, y ella insistió en que se fuesen tranquilos, que ella cuidaría del pequeño Poan, ya que no sería problema porque se dormía temprano.
A altas horas de la noche Carol estaba acostada leyendo uno de sus libros favoritos, " El Abismo de Charlie",(era de terror), muy relajada escuchando música despacio, para no despertar a su hermanito que dormía.
Estaba por el capítulo más interesante; " La resurrección de la muerte"... Sintió que poco a poco el volumen de la música aumentaba. No entendía por que, pero se apresuró a bajar el volumen. Tranquila se sentó a seguir leyendo. Seguía una canción lenta, por lo cual Carol dejó un momento el libro y cerró los ojos para relajarse mientras escuchaba su tema preferido; "Crying of love", pero entonces se siente una risa macabra a mitad de la canción. Ella abre los ojos un poco asustada, pero penso que tal vez a los de la radio se le habían mezclado los temas. Así que cerró los ojos nuevamente y siguió escuchando, pero entonces, la canción cambia de tono, y empieza a acelerarse, como remixada, y cada vez se escucha más rápido, y más rápido! Esta totalmente descontrolada y acelerada y se sienten voces extrañas de fondo, como de un lenguaje satánico: "Serum Aneddem Hosterius Morte Melode Satany!!!" Y se escucha repetidamente esta frase cada vez más fuerte y más rápido. Entonces Carol apaga la radio muy asustada. Le late el corazón muy fuerte y entonces se sienta en la cama para relajarse y tranqulizarse, pero entonces, se prende la radio y empiezan a sentirse voces distorsionadas, como si vinieran de algún lugar lejano, que tiene una mala conexión. Estas voces decían: "CAAROOL...AHJAHJAHJAH... LOS ESPECTROS VCHREUTHTYJ VAN POR TII!!!!, NO VIVIRÁAS, NO VIVIRAAS, SQUENICCE GORTEANE MOSUGHT AREMMOH BASTGTHY SATÁN!!"
Esta vez Carol no podía apagar la radio, y el volumen era cada vez más fuerte y las voces más terroríficas, maldiciendo y hablando en idiomas siniestros. Intenta abrir la puerta, pero no puede, no puede salir, y ella continua allí escuchando esas voces horrorosas mientras las luces titiliaban al ritmo de las voces. Carol llora desesperadamente y golpea las paredes, maldiciendo en el mismo idioma de la radio. Poan se despierta por los ruidos y se dirige corriendo hacia la alcoba de su hermana, logra abrir la puerta y encuentra a su hermana locamente llorando y golpeando, entonces Carol lo ve, y se le acerca, abrazándolo y tapándole los oídos. Ambos se encuentran llorando, entonces Carol tira la radio por la ventana... En ese instante todo se calma, los vecinos se despiertan y se dirigen a la casa. Minutos después llegan los padres de Carol, y la calman al igual que a Poan.
Días después, Carol caminaba por la calle con un regalo en las manos para ir al cumpleaños de una amiga. Empezaba a oscurecer y ella se encontraba caminando por un barrio que no era de lo más confiable.
Caminaba en un silencio inmenso, solo se oían los pasos de ella misma caminando sobre la acera, en eso de segundos, empiezan a oírse más de 2 pasos en la acera, ahora se oían más, como si alguien más caminara por allí, ella miró hacia la izquierda y derecha pero estaba todo completamente desolado. Sin embargo seguía oyendo los ruidos, entonces empezó a acelerar un poco más el pasó... cada vez esos pasos estaban más cerca, más, y más... entonces Carol reacciona,! y se da vuelta, respirando aceleradamente. Allí solo se encuentra a un perro, al cual ahuyenta para que se aleje. Carol estaba más tranquila, y largó una pequeña risita como burlándose de ella misma. Pasa por un negocio de música, estaba cerrado pero se detiene para ver que Cds había en la vidriera, entonces ve el CD que tiene el tema que a ella le gusta tanto, y recuerda aquella noche en que escuchó ese tema, se asusta un poco pero sigue viaje hacia la casa de su amiga. Cuando se aleja del negoció se enciende un parlante, y empiezan a pasar la canción " Criying of love". Carol sin dudarlo acelera el paso, y entonces una risa macabra se suelta a mitad de la canción, y luego se siente una conexión de baja calidad, como antes... y se escuchan voces, como en una conversación telefónica; " CAROL... ESTAS MÁS EN PELIGRO QUE NUNCA.. JAHJAHAJ, TU AMIGA NO LLEGARÁ A VER QUE ES LO QUE LLEVAS EN ESA CAJA... TE DARÉ 20 SEGUNDOS PARA QUE CORRAS, O.... MORIRAS!!!!! JAHJAHJAH, SPELINKG MOSSUGHM SATAN LEVIRNTHE MUSEAGHEFN!.
Carol no lo puede creer, empieza a oír esas voces otra vez, cada vez al volumen más fuerte y más veloz, pero solo ella las oía, sus oídos empezaron a sangrar rebalsándose. Carol empieza a gritar, y a pedir ayuda, pero nadie la oye, esta sola, completamente sola, comienza a correr mientras de los parlantes se oye; 1...2...3...4....
Ella se apresura mientras sus lagrimas y la sangre caen en el camino, que había hecho para merecer eso? Que eran esas voces que convertían su vida en una real pesadilla? Seguía la cuenta... 17... 18... y antes de que llegue a veinte, Carol visualiza la imagen de una sombra con un manto negro encima sin pies que se acerca a ella muy rápido. Carol se desmaya cayendo al suelo.
Los padres de Carol la encontraron camino a la casa de su amiga, para ir a buscarla, estaba tirada en la calle con los hombros y los oídos ensangrentados.
Cuando Carol despertó, se encontraba en la clínica, con sus padres sentados enfrente a la camilla.
Al caerse, Carol se lastimó la cabeza, y aún le dolía un poco. Les contó a sus padres lo sucedido y éstos decidieron tomar medidas serias. La llevaron al Centro Psiquiátrico de la ciudad, a pesar de que Carol se negó. Cuando llegaron sus padres hablaron con los médicos. Carol quería llorar, gritar y golpear, pero decidió mantener una postura madura, porque así, tal ves, sus padres reconsideraban la idea de llevarla a casa.
Una ves fuera de la oficina del gerente, el doctor se acercó junto con los padres, y le dijo a Carol, que estaba sentada en un banco mirando fijamente a un hombre que tenía los cabellos negros en la cara y miraba hacia abajo todo el tiempo,: - Carol, Hola, mi nombre es Joseph Lerwin, y seré tu doctor aquí. Entiendo que esto es algo muy nuevo y que quieres estar en casa, pero te prometo que te ayudaré con tus problemas y juntos lograremos que...
- NOOOOO!!- Interrumpió Carol pegando un salto de su banco.
¿- Cómo pudieron? A mí!, A su hija, encerrarme en este loquero? No estoy loca!! NO ESTOY LOCA!!!!!! – gritaba desesperadamente Carol mientras estaba siendo atendida por unas enfermeras que tuvieron que darle una inyección calmante ya que inconscientemente abofetó al doctor que trataba de calmarla. Sus padres se alejaban lentamente, su madre llorando y su padre consolándola.
Ahora si estaba sola, ya no podía hacer nada, estaba rodeada de locos, y pronto ella sería uno de ellos.



EL BAILE ETERNO


La música ha empezado a sonar, recuerdo los pasos que han de acompañarla. La melodía
me invade. Ya alcanzo a oír las llaves en el pasillo. Las ha introducido en la
cerradura. Está a punto de entrar. Ésta va a ser otra noche gloriosa. Mi cuarta
noche gloriosa.

Escucho sus pasos dentro del piso, su jadeo por venir corriendo por la oscura calle
bajo esta incesante lluvia. Deja las llaves en la entrada, junto al bolso, en una
especie de mueble cuyo principal fin es realizar esa función. Suspira, se siente
segura.

Cuelga el abrigo, empapado, en el perchero que se encuentra al lado de la puerta, en
la misma entrada, a la vez que observa el paraguas en el paragüero con cierta
incertidumbre, pensando quizás “yo calada hasta los huesos y tú calentito dentro de
tu casita”. El mundo no siempre es justo.

Descubro que el mueble de la entrada no es tan sólo un mero apoyo para dejar las
llaves. Se quita los zapatos, negros, de tacón alto, sin duda elegantes, y los mete
dentro de aquel mueble.

Una vez descalza se dirige hacia el salón, cuyo suelo está recubierto por una gran
alfombra que no deja ni un resquicio para ver el color de las baldosas, y se mete en
una de las habitaciones que comunican directamente con aquella sala. Es un piso
pequeño. Hay dos puertas en dicho salón: una que comunica con su habitación y otra
tras la que se encuentra el cuarto de baño.

Ahora la puedo observar en su habitación. Se está desvistiendo. Se quita la ropa
empapada y la va dejando encima de la cama. Primero la camisa blanca de seda, que
ofrecen unas transparencias de las que me cuesta retenerme y esperar al momento
oportuno, después la falda negra, ajustada, marcando unas exuberantes curvas en su
cuerpo, tras ella se deshace de las medias, quedándose tan sólo en ropa interior,
blanca, por supuesto, concordando con aquella camisa despojada en primer lugar. No
tarda en desabrocharse aquel sostén y en desprenderse del minúsculo tanga que apenas
tapaba algo. Cada vez me resulta más difícil aguantar, pero una obra caritativa
siempre ha de hacerse en las mejores condiciones, hay que esperar al momento justo,
aunque la música se escucha cada vez más alta, con más fuerza y belleza. Abre el
armario, saca de allí ropa cómoda y se viste con ella rápidamente. Cada vez queda
menos.

Sale de la habitación para dirigirse esta vez hacia el baño. Lleva el pelo empapado
cuando se mete, pero al salir puedo ver que su cabello negro está mucho menos
mojado, aunque no totalmente seco.

Vuelve a dirigirse hacia su habitación, pero ahora sale de allí muy rápidamente y se
desplaza hacia la entrada, donde hay una puerta que comunica con la cocina. Entra y
desde el lugar donde me encuentro puedo oír cómo abre y cierra el frigorífico y cómo
abre y cierra el cajón de los cubiertos. Algo ha cogido para comer.

Ahora regresa al salón, enciende la tele y pone una película en el DVD. Se sienta en
el sofá y puedo ver que lleva en sus brazos una gran tarrina de yogur de frutas
variadas y desnatado. Ella no me ha visto. Todo está saliendo perfecto.

En aquel momento salgo de detrás de las densas cortinas que están situadas a cinco o
seis metros del sofá que ella ocupaba. Me acerco sigilosamente, cual leopardo
acechando a su presa. Un paso… dos… tres… Pero algo se me escapó. Encima de la
televisión había una vitrina, cuyas puertas eran de cristal. Por culpa de tales
puertas se reflejó mi rostro y ella se giró rápidamente gritando despavorida.

Empezó a lanzarme todas las cosas que encontraba por la casa, sabiendo que nada de
lo que me lanzara detendría el destino. Su llanto la delataba. Ella estaba preciosa
y yo sólo estaba allí para ayudarla.

Me abalancé sobre ella con el fin de parar sus continuas agresiones. Debo reconocer
que era una chica valiente. La tiré al suelo y le pegué varios puñetazos en la cara,
quizá seis o siete. Se quedó inmóvil sobre aquella alfombra. Todavía respiraba.
Todavía sufría. Aunque cada vez menos.

La levanté con mis brazos y la tumbé en su cama. La até, como a las otras. Comenzaba
el ritual.

Limpié su cara llena de sangre y pude volver a ver aquel bello rostro, aquel rostro
eterno. Su mirada estaba perdida, aún no me decía nada. Antes de comenzar a bailar,
esperaré.

Ahora me mira, se siente asustada, pero pronto estará aliviada. Por fin me habla su
mirada, qué sensación única vivo en estas ocasiones.

“Tranquila, que yo sólo he venido aquí para ayudarte”, le dije de buenas maneras y
susurrando. Pero ella comenzó a gritar de nuevo, como una loca histérica. No ponía
las cosas fáciles. Lo único que ganó con eso es recibir un nuevo puñetazo y taparle
la boca con cinta aislante. Ahora el silencio nos unía. “Ahora vuelvo”, volví a
susurrar.

Fui a la cocina, busqué el cuchillo más afilado que tenía y volví a la habitación,
donde ella me esperaba impaciente. Al verme con el cuchillo se alborotó demasiado.
Su mirada no sólo me decía que tenía miedo, sino también angustia, agobio e,
incluso, sumisión. Son reacciones típicas en los primeros momentos. Comenzaba el
baile.

“No te preocupes, no va a durar mucho, aunque al principio quizá te duela algo”.
Estaba totalmente excitado. Sólo pensaba en su eternidad, en qué diría mañana de mí
la prensa. Seguro que me tratarían esta vez como un buen hombre. Una persona que
intentaba ayudar a la gente.

Hundí la punta del cuchillo en su muñeca derecha y a partir de ahí comencé a dibujar
su cuerpo con aquel utensilio que utilicé las veces anteriores, pero que siempre
tome prestado de aquellas chicas. Subí hasta el hombro derecho y bajé por tal
costado hasta llegar a su tobillo. Tras ello volví a subir hasta el ombligo y a
bajar por la pierna izquierda hasta su otro tobillo. Subí por aquel costado hasta
que llegué al hombro, donde empecé a pasar el cuchillo por su brazo izquierdo hasta
la muñeca.

El ritual estaba apunto de terminar. El dibujo estaba casi hecho. Ella seguía viva,
pero cada vez más débil, su sangre iba saliendo de su cuerpo para depositarse por
toda la cama y el suelo de la habitación. Ya apenas se movía y se quejaba. Sabía que
yo sólo la iba a ayudar, ya se sentía más aliviada. Me encanta esta sensación.

Decidí terminar con el baile y con su cuchillo le acaricié el cuello. Ya no
respiraba, ya no se movía, ya no sufría. El baile casi había terminado, pero aún se
escuchaba un poco de música.

Le robé el rostro a aquella preciosidad. Estará eternamente agradecida. Su rostro
permanecerá perpetuo pase lo que pase. Yo lo guardaré, junto al de las otras tres
chicas anteriores. Pero he de seguir aliviando el sufrimiento de esas mujeres que no
quieren envejecer; que tienen miedo. Yo las voy a ayudar.

Mi padre tenía razón. Así quedarán bellas eternamente. Como mamá.



CARA DE CUERO


Una idílica tarde de verano se convirtió en una pesadilla. Durante treinta
años los expedientes acumularon polvo en la sección de casos no resueltos del FBI.
Más de trece piezas de evidencia fueron recogidas en la escena del crimen, la
residencia Hewitt. Los hechos acaecidos llevaron a una de las leyendas más bizarras
de los anales de la historia americana: "La Masacre en Texas”

Silencio. Debía hacer silencio.Sabía que su vida dependía de ello.

No importaba cómo se había metido en esa situación, no importaba que iban a Dallas,
no importaba que llevaba un regalo para su tía Maggie, nada de eso tenía sentido
ahora. Ahora lo único que tenía importancia era que tenía que permanecer callada,
con el cabello pegado a la piel por el sudor, inmóvil. Tal vez hasta tendría que
parar de respirar. Tal vez hasta pararía de respirar y se ahogaría ella misma y, si
eso pasaba, todavía salía ganando. Porque todo era mejor que eso. Cualquier cosa era
mejor que parar como todos los demás. Él estaba ahí afuera. Ella sabía que él estaba
ahí y él sabía que ella estaba ahí. De pronto la carretera de Tejas había dejado de
pertenecer a Los Estados Unidos de América para ser un anexo de la República Popular
del Infierno. Sólo que a nadie se le ocurrió avisarle a ellos.

El calor. Maldito calor. Cuando es de noche ¿No se supone que debe hacer frío?

Karen trató de absorber todo el aire que pudo con la boca, cerró los ojos y los
apretó para no llorar. Empezó a temblar violentamente y tuvo que abrazarse para
controlarse. Porque Él lo sabía todo. Él le había dado caza y si ella se
movía, aunque fuese un mínimo temblor, Él lo notaría, la sacaría del armario, la
tiraría contra el suelo y la descuartizaría con su sierra. Porque así había pasado
con todos los demás. Y de cierta manera trastornada, Karen deseaba que sucediera de
una vez, porque así todo terminaría. No le importaba si el malnacido la cortaba
en pedacitos, se la llevaba a su casa, se la ofrecía a su familia, le echaban
pimienta y se la comían. No le importaba eso. Hasta podría salir del armario y rogar
por que el golpe con la sierra fuese fatal y rápido. Hubiese salido, de no ser
porque sí le importaba.

El calor. Hacía calor, demasiado calor como para poder pensar. Una gota de sudor
bajó desde su frente hasta sus párpados y se metió poco a poco en sus ojos,
haciéndoselos arder. Pero no se la limpió ni se restregó la cara. Por favor, Karen,
en este momento no, después puedes moverte todo lo que quieras,
después puedes bailar lambada si quieres, pero en este momento no te atrevas a
moverte.
Una pulsada de dolor le latió en el anular derecho y casi le arranca un quejido.
Cuando estaba corriendo de la camioneta (es decir, cuando tuvo que saltar por la
ventana, porque Él estaba tratando de entrar por la puerta), cayó sobre el suelo de
tierra y piedras apoyada en su mano vertical. Se partió unas uñas y se fracturó el
dedo. Sólo se dio cuenta mucho después. Había escuchado de las reacciones físicas
provocadas por el miedo, pero nunca se imaginó que fuesen tan poderosas. Se había
roto el dedo y golpeado con fuerza la rodilla, pero en ese momento ni siquiera se
percató de ello...
(porque Él estaba ahí...)
se levantó y corrió
(detrás de ella con la sierra)
hacia la oscuridad del bosque
(e iba a matarla)
hasta que se la tragara.

Ya habían pasado
varios minutos desde que se había escondido en la casa (con la muerte pegada a los
talones) y no habían señales de Él por ningún lado. No sabía decir cuántos minutos
llevaba escondida, pero eran varios. Tal vez más de los que sabía, porque en esta
parte de la República Popular del Infierno el tiempo pasa como un fantasma, a veces
rápido, a veces lento. La sierra no se dejaba escuchar ni olía el combustible. Tal
vez se había rendido y se había ido a su casa. ¿Por qué no? Después de todo, ya
tienen otras cinco piezas de carne que pueden cenarse.
No pudo creer que había pensado algo tan monstruoso como aquello y, en ese instante,
sólo quiso vomitar de asco por sí misma y morirse. No eran cinco piezas de carne,
eran sus amigos. Una de esas piezas de carne era su novio. El novio que ella amaba y
con el que iba a casarse, el novio con el que había planificado el sueño de una
vida. De todas las personas
en el mundo ¿Por qué a ella? Todo esto era mentira, tenía que serlo. Era una gran y
larga pesadilla, de esas que son tan lúcidas que parecen de verdad. Eso tenía que
ser. Eso tenía que ser porque era imposible que existiesen personas tan enfermas y
tan malvadas como para hacer lo que le estaban haciendo. Dios no podía permitir
semejante cúmulo de maldad en el mundo.

(Es que no estás en el mundo, cielito. Estás en Las Montañas de la Locura, circulo
siete del infierno, más allá de dónde Dios alcanza. Y así tratamos a los forasteros
por aquí. Porque yo conozco a las de tu tipo, pequeña perrita. Sólo desprecio y
crueldad para mi muchacho. ¿A alguien le importa lo que me pase a mí y a mi
muchacho?)

Basta. Basta, Karen, basta. Te estás volviendo loca. Necesitas todo lo que puedas de tu mente
para cuando le digas a la policía lo que pasó. Tienes que describirlo, tienes que
decirle como es la casa, como es la familia, como la sierra, bajo el sol, refleja
los dientes en tus ojos como un aguijonazo. Bueno, la policía iba a aparecer. Tarde
o temprano, la iban a sacar de ahí. Había una van hecha trizas, con manchas de
sangre, en el medio de la carretera. Una patrulla iba a pasar, la iba a encontrar e
iba a pensar que era raro. Empezarían a buscar y darían con ella, vivita y coleando.
No importaba que ella se veía tan sucia como un prisionero en un campo de
concentración, ni que se había orinado en los pantalones cuando vio al Cara de Cuero
por primera vez. El olor, ahora intensificado por el calor, lo rodeaba todo. Era
posible que el Cara de Cuero la atrapara siguiendo sólo el olor. Después de todo, no
es un ser humano. No es un pobre desgraciado con un problema en la piel, como dijo
la Abuela. No es un psicópata que usa caretas de pieles humanas para esconder su
cara. No es un asesino enfermo que usaba una sierra mecánica para matar y que en ese
momento estaba portando la cara de su novio como una máscara. Era un demonio salido
de los más oscuros pozos del tormento, una bestia omnisciente cuya herramienta, la
sierra, parecía estar pegada a sus dedos, cual espada de Damocles. Todavía lo veía
persiguiendo a Donna. Karen grita “¡Corre!”. Donna se mueve como en cámara lenta, se
tropieza y se cae al suelo. El Cara de Cuero la alcanza. Donna coge una lámina de
metal del suelo y la interpone como un escudo. La sierra echa chispas cuando choca
con la lámina. Karen debió hacer algo en ese momento, como coger un tronco grande, ó
el bate de Tobe, y darle por la cabeza al mostrenco ese. Pero en vez de eso se quedó
ahí, parada, congelada de miedo, mirando la escena. Su cerebro le ordenaba que se
voltease y que corriera lejos, pero no había conexión. Las órdenes no llegaban a sus
piernas. La sierra pasa resbalando al suelo de tierra, Donna tira la lámina, se
levanta y empieza a correr otra vez. Pero Cara de Cuero hace algo con la sierra. En
un segundo la levanta sobre su cabeza con las dos manos. En el siguiente la balancea
hacia atrás y en el siguiente la balancea hacia delante, por debajo de la cintura de
Donna. Hay un ruido, como el de una rama fuerte que se rompe cuando la pisas. Karen
ve unas gotas negras en la oscuridad salpicar el suelo y algo se desprende de Donna.
Donna cae al suelo y trata de agarrarse la pierna derecha, pero no hay más pierna
después de la rodilla. Hay un nuevo olor, un olor penetrante, el olor de la sangre.
Donna grita, Karen grita, el monstruo robusto de casi dos metros hunde la sierra en
el bulto que yace en el suelo y que antes se llamaba Donna. Donna deja de gritar.
Cara de Cuero se voltea hacia Karen y, por un breve momento, Karen se da cuenta de
que la cara del asesino es la misma cara de Tobe, con ciertos defectos, claro,
porque la piel no es perfectamente elástica. Hay que curtirla un poco y aplicarle
algunas cremas hidratantes y esos campesinos no tienen nada de eso por aquí. La
película se nubla y Karen trata de salir corriendo. Pero, oh, ya es demasiado tarde,
Él la ha atrapado...

Cuando recuperó la conciencia lo primero que pensó fue que estaba muerta y que
estaba conociendo el más allá. Luego siente sofocación, dolor de cabeza, calor y el
dedo le duele. Dolor es igual a vida. Por un instante se sintió enormemente
desgraciada de estar viva, por primera vez, luego el sentimiento desaparece cuando
por encima de su cara aparece otra, portando el sombrero de alguacil. Gracias a
Dios, gracias, tiene que ayudarme, trató de decir, pero sólo murmuró
“Mmmmmmaaaaaaaa—gggg-------aaaaa”
- Shhh- dijo el alguacil – Tranquila, cielito, tranquilita-
- Por... ayude... amigos...- balbuceó
- Ya, ya, están aquí todos-
Karen trata de mirar alrededor, pero se siente confundida, perdida, como si
estuviese pasando por un viaje de LSD. En un principio parece un palacio, pero luego
va tomando forma y es una cocina, polvorienta y hay óxido en la puerta del
refrigerador. Hay algo en una enorme olla que parece familiar...
(un brazo)
pero Karen descartó la posibilidad de estar viendo algo así. La pesadilla había
terminado, aún cuando nada de lo que pasaba ahora carecía de sentido.
- ¡Abuela!- grita un niño afuera de la casa -¡Abuela, déjeme entrar!-
Una mujer aparece, con un peinado anticuado, y lentes. Sus ojos son claros. Karen se
sintió ridícula, se parecía a su propia abuela.
- ¡Tú quédate afuera con los perros!- grita la Abuela -¡Hasta que aprendas a seguir
las reglas!-
Todo es confuso y extraño, pero Karen recuerda a la Abuela, cuando les ofreció ayuda
en la carretera, poco después de que la camioneta se descompusiera. Definitivamente,
cuando algo malo va a pasar no hay manera de escaparle al destino.

Unas manos la manosean descaradamente y vuelve en sí, mirando al Alguacil.
- No te vas a ir a ninguna parte, niñita-
Karen toma una bocanada de aire y trata de moverse, de escapar, pero no puede. El
Alguacil sujeta su cabeza entre sus manos. Por ese momento, es suficiente para
controlarla.
- Dale un chance- suena una voz masculina en la cercanía
- ¡Tommy!- grita la Abuela - ¡Mira el jodío desastre que hiciste en la casa
persiguiendo al ganado!-
- Nah, mama- dice el Alguacil – Tommy es un buen muchacho-
- Un muchacho muy dulce- dice una voz femenina
- Usted cállese, cretino- le dice la Abuela al Alguacil
Karen levanta una mano y trata de apoyarse. Lo consigue a medias.
- Por favor... déjenme ir-
La Abuela se quita los lentes y la mira cara a cara, con una sonrisa solemne, la
sonrisa de quien ya ha recibido esa petición en el pasado.
- Pequeña perrita- dice
Karen trata de preguntar por qué le hacen esto, por qué le hacen daño, pero no logra
emitir ningún sonido. Alguien cocina carne cerca.
- Yo conozco a las de tu tipo- dijo la Abuela – sólo desprecio y crueldad para mimuchacho-

Hay un rumor al fondo, un rumor gutural. No es de ira, sino de tormento. Es un rumor
adolorido de quien ha escuchado eso miles de veces, de quien ha sido torturado por
esas palabras.
- Todo el tiempo mientras crecía. Burlándose de mi pobre Tommy. ¿Acaso a alguien le
importa lo que me pase a mí y a mi muchacho? ¿AH?-
- ¡Ayúdenme! ¡Por favor!- gritó Karen
- ¡Tommy! ¡Ven acá y controla a tu novia!- llamó la Abuela
Karen lo sintió todo como si fuese con otra persona, como si se refirieran a una
miss Universo de un país lejano, como si lo viese todo a través de una pantalla.
Creyó que Tommy y su novia eran una parejita bonita, como la que hacía ella con
Tobe. Entonces baja la mirada y comienza a gritar y a patalear cuando el Cara de
Cuero atraviesa el umbral de la puerta, viniendo por ella.
- Ya le daremos un buen uso a esa carnita tuya- dice el Alguacil
Hay un flash y lo único que Karen sabe es que está corriendo en medio de la
oscuridad y que lleva al Cara de Cuero a las espaldas, escuchando a la sierra como
si la tuviese encima. Alcanza a ver la casa abandonada en medio del bosque y entra.
Voltea y ahí está él, detrás de ella, vistiendo un delantal de carnicero manchado
con sangre. Karen cierra la puerta y recorre la casa. Encontró el armario y se
escondió en él. Y ahí seguía ahora. Podía pasarse el resto de su vida ahí metida.
Piezas de carne, los Simpson, Tommy y su novia, ¿Qué mas seguía? ¿Cómo perdí la
virginidad? Es impresionante la cantidad de basura que te tira la mente cuando no la
tienes ocupada en algo. En algo productivo, es decir. En este momento Karen se
sentía distraída de todo lo demás, sólo podía pensar en Él, su presencia era
completa y...

Un sonido. Eran pasos y estaban en la casa. El Cara de Cuero la había encontrado.

Karen no habla nunca de su experiencia en el desierto tejano, y es que no la
recuerda. Afortunadamente, la mente humana tiende a olvidar, a borrar de la memoria
los eventos estresantes, los momentos de intenso shock. Es la única forma que la
memoria tiene de defenderse a sí misma, porque si no existiera, estaría loca.
Todavía no puede dormir sóla ni con la luz apagada, tiene pesadillas muy a menudo,
por no decir a diario, y no sabe por qué, no puede comer carne. Los policías que la
encontraron dijeron que cuando la hallaron, tirada en el medio de la nada, estaba
tan cubierta en sangre y tierra que creyeron que estaba muerta. Luego se despertó de
golpe y empezó a gritar “¡nos comimos a Uther! ¡Nos comimos a Uther!”. No sabían de
ningún Uther por la zona y, cuando Riggs, uno de los oficiales, le contó a su mujer
esa noche lo que había pasado, lo hizo diciéndole:
- Esa chica debió de ser linda en otro momento. Pero todo lo que pude ver fue la
mirada perdida y vacía de los locos, de los que viven en sanatorios mentales. Esa
chica estaba muy mal. Pobrecita... pobrecita...-
De más está decir que no puede subir a un vehículo de motor ni escuchar una
motocicleta cerca, porque le entran ataques de nervios violentos y las enfermeras
deben administrarle calmantes. Ciertamente la chica pasó por algo terrible, algo
realmente horroroso, pero es una lástima que no pueda contarle a nadie lo que pasó.
Tal vez si pudiera ayudaría a salvar una ó dos vidas. Ayudaría a otros a poder
escapar de la sierra mecánica que dejó huellas de sangre en las arenas del desierto
tejano.



bueno dejo pocas porque son muy largas
sin embargo haré una parte 2 y con mas historias

saludos
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