InicioParanormalCreepypastas no tan conosidos.
Bueno,empezamos con los creepypastas 1:El caso de Josef Petrenkov Mucho se ha hablado sobre la carrera espacial, que fue la época cuando los Estados Unidos de América y la Unión Soviética competían por la conquista del espacio. Se ha hablado del satélite Sputnik, del cosmonauta Yuri Gagarin, del primer hombre en la luna… Sin embargo, considero que los sucesos de los que nadie habla son los más interesantes. Tal es el caso de Josef Petrenkov. Era el año 1968, las grandes potencias mundiales estaban en su apogeo tanto económica como tecnológicamente. Los avances de la ciencia habían permitido al hombre realizar hazañas que en otras épocas sólo en sus sueños y fantasías se podían realizar. En ese entonces Estados Unidos se preparaba para llevar al primer hombre a la luna. A pesar del grado de confidencialidad que se manejaba en el desarrollo de la misión, éste no fue suficiente para evitar que la inteligencia secreta de los soviéticos se enteraran de sus planes. Los soviéticos, naturalmente, querían estar un paso adelante de los norteamericanos, y en absoluto secreto pusieron en marcha una de las misiones más ambiciosas hasta la época, la cual consistía en lanzar un vehículo espacial tripulado por dos cosmonautas que orbitaría la luna por cuarenta y ocho horas. El objetivo de la misión era tomar mediciones del satélite natural permitiéndoles llevar a cabo un alunizaje meses antes de la gran potencia del oeste. Así entonces, en el mes de octubre de 1968, despegó desde un aeródromo en Kazajstán un cohete Soyuz. Sus tripulantes eran los cosmonautas Ivan Pavelovich y Josef Petrenkov. La misión marchó de acuerdo a lo planeado durante las primeras cuatro fases, pero es debido a lo ocurrido durante la quinta fase —orbitar alrededor de la luna por dos días terrestres— que los soviéticos negaron la existencia de la misión. Aunque las probabilidades de fracaso en este tipo de expediciones son muy altas, nadie imaginaba que lo que estaba a punto de ocurrir sería tan extraño, al grado de que la unión soviética no planearía una misión cerca de la luna hasta después de cuarenta años. En la base de control se estaba dando seguimiento a la misión. Se acababa de efectuar con éxito la intersección de la órbita lunar y se hacían los preparativos para orbitar la luna y encender los aparatos de medición. Dos horas después de haber iniciado la quinta fase se perdió la comunicación con el vehículo espacial por doce minutos. Cuando se logró restablecer la comunicación ya no se escuchaba la voz del cosmonauta Ivan Pavelovich en el intercomunicador. Los operarios en Tierra intentaron averiguar el estado de Pavelovich y ordenaron a Josef Petrenkov que explicara la situación. Aun con la insistencia de los operarios Petrenkov no respondió de manera concreta; sólo habló durante dos o tres minutos divagando entre oraciones extrañas e ideas sin terminar. Parecía no prestar atención a lo que preguntaban en Tierra y se limitó a hablar ininterrumpidamente hasta que se perdió la comunicación con el vehículo espacial de manera permanente. Estas fueron las últimas palabras de Josef Petrenkov: «Estoy a punto de comenzar con la novena vuelta de la órbita de la luna. Todas las acciones que realicé durante mi vida apuntan hacia este momento. Ni en mis sueños más espectaculares me imaginaba en una situación tan maravillosa como ésta. Todos los años de entrenamiento y de estudio sin lugar a duda han sido fructuosos: al fin podré ver con mis propios ojos el lado oscuro de la luna. Es difícil describir la alegría de ver algo que nunca nadie ha visto antes, y que serán pocas en realidad las personas que podrán estar en esta situación durante mi generación y las generaciones futuras. Se podría decir que mi compañero de misión, Ivan, tuvo también el honor de ver semejante maravilla cósmica, aunque dudo que fuera la misma experiencia para él. Traté de convencerlo pero no sólo se negó a intentarlo, sino que también trató de quitarme la oportunidad. Le dije que sería la epítome de nuestras vidas si por un momento abandonáramos la nave para flotar libremente en el universo; le dije que no era lo mismo observar las maravillas del cosmos a través de una ventanilla de seis centímetros de diámetro que observar dichas maravillas con nuestros ojos allá afuera. Pero él se negó. Empezó a decir que no teníamos los trajes necesarios para practicar lo que se denomina “caminata espacial” y que si abríamos la escotilla la nave se despresurizaría y moriríamos instantáneamente. Yo por supuesto sabía todo aquello, mas no me importó; lo último que quería y quiero hacer es flotar en la obscura y vacía ingravidez del infinito. Le dije que él no tenía que salir de la nave, pero que yo saldría, y nada en el mundo me haría cambiar de parecer. Cuando traté de abrir la escotilla intentó detenerme por la fuerza y me gritaba histéricamente que ambos moriríamos. En realidad no quería hacer lo que hice… Ahora considero que fue lo correcto. Estrangulé a Ivan Pavelovich. Y es momento de realizar lo que más deseo y lo único que se interpone entre mí y el cosmos es una mísera escotilla. Después de ver la majestuosa y a la vez misteriosa luminiscencia de la luna y las estrellas, estoy convencido que flotando en los sin fines del universo estaré más cerca de la inmortalidad de lo que cualquier ser humano estará jamás. Siento que de esta manera podré dejar atrás mi cuerpo como un simple recuerdo de que alguna vez fui un ser antropomórfico. Puedo sentir mi mente expandirse, como si lo comprendiera absolutamente todo, y puedo sentir cada objeto, cada molécula, cada átomo que conforma la nave, la luna, la Tierra y el universo. Quiero que el vacío y yo seamos uno». Tras la última palabra pronunciada por Patrenkov se perdió la comunicación con el vehículo. Se sabe que la escotilla fue abierta unos segundos después. Pero lo que es aún más misterioso, es el hecho de que varios minutos luego de que la escotilla fuera abierta, la nave cambió de curso. Esto es particularmente extraño porque las órdenes de curso fueron introducidas a la nave desde adentro, algo imposible, pues los tripulantes no hubieran podido sobrevivir a la despresurización. Según radares en Tierra se pudo averiguar el nuevo curso de la nave, el cual era las Pléyades. Por muchos años se intentó restablecer comunicación sin éxito. Se dice que ocasionalmente son recibidas transmisiones de radio provenientes del vehículo, donde se escucha la voz de un hombre, diciendo lo siguiente: «Puedo escucharlos, murmurando atrás de las estrellas. 2:Impacto: aminaba bajo la luz hiriente del sol de enero, proyectando bajo sus pies una delgada sombra color azabache. Usaba jeans azules ajustados a sus muslos, y una camiseta blanca que llevaba adherida al cuerpo por la transpiración. Cruzó por la Avenida Belgrano, conducido por sus zapatillas de lona rojas, con la atención puesta al otro lado de la calle. Una vidriera reluciente se abría ante sus ojos, exhibiendo ordenadamente deliciosas golosinas en envoltorios de colores chiclosos y cajas de cigarrillos con cordeles rojos. Sus ojos recorrían con desesperación cada estante buscando algo por sí solos, con una ansiedad que segundos más tarde lo sorprendió. En ese momento se hallaba ensimismado sobre aquella incertidumbre. Como si un destello hubiese activado su maquinaria cerebral, aferró a su mirada una botella de Coca-Cola que resaltaba de las demás en una heladera de cristal. Fue espontáneo, igualmente insólito, un segundo después sabía lo que quería: esa botella helada que transpiraba, como si fuesen las curvas de una mujer invitándolo a acercarse. Se empapó sus labios áridos y esperó un momento agazapado ante la vidriera, con los ojos achinados, esperando a que la Coca-Cola volara desde la heladera como un frisbee. Tan rápido como vino, el deseo se disipó, y sus ojos perdieron el poder de focalización. Ya erguido, dio media vuelta y volvió a cruzar la avenida. El sol nuevamente le impactó de frente como si fueran pequeños petardos encendidos. La ciudad no era más que gargantas de cemento y ladrillos que se abrían a todas direcciones posibles, como un asterisco esquizofrénico. No había rastro de nadie. Hasta los grillos se achicharrarían si saliesen a cantarle a la soledad. El único sonido que se oía era lejano y casi inaudible: un suave ronquido, gutural y resonante, pero tan bajo que producía calma, placer, inhibición; como el ronroneo de las aletas de un ventilador en una siesta de verano. Y no pudo explicárselo (ni lo intentó), pero sus piernas comenzaban a encontrar un rumbo recto y preciso, hacia ese único ruido remoto. Allí podría haber alguien. Sus… amigos, sí, tenía amigos. O Lucy, su… novia. Estaban esperándolo con una de esas latas congeladas de Coca-Cola. O quizás una Pepsi, aunque sabían que el odiaba esa marca. Estaban en el frente de la casa de Diego, leyendo revistas y conversando y bebiendo gaseosas. Su marcha aceleró al imaginar a Lucy con una sonrisa aplastada y tierna al verlo llegar de sorpresa. El pavimento despedía tanto calor que se dibujaban ondas que parecían bailar y distorsionaban su visión. Recreó en su mente una escena de una película que había visto de aventuras en un desierto, en la que todo se basaba en la poderosa ilusión de la insolación y el personaje del film terminaba derrumbado en su lecho de muerte, siendo sepultado lentamente por los vientos de arena. “Hasta que sus ojos quedaron fritos”, pensó. Se río torpemente y luego se calló de repente. Un escalofrío lo envolvió, naciendo desde su medula como astillas de hielo, y detuvo el andar de sus pies. A su mente vino en pequeños resplandores la imagen de una cabeza descansando cómodamente sobre la arena, con una sonrisa graciosa (quizá producto de las ilusiones), pero con los cuencos de los ojos vacíos, como dos túneles que corrían paralelamente hacia el infinito. “Frito”, repitió, y encendió su marcha. El sonido que lo destinaba se hacía más y más fuerte, y pasó de ser calmo a metálico y estridente, pero aún se oía ahogado. Atravesó una senda peatonal sin mirar a los costados, se sentía imperioso en la soledad de la ciudad. Las veredas y las calles eran suyas, no tenía a quién eludir ni esperar a que los vehículos fluyan encolerizados y se detengan en cada semáforo. En cada maldito… Semáforo. Parpadeaba frenéticamente. Luces amarillas, verdes, rojas. Parpadeaban sin sentido. Primero una, luego todas, sólo dos, de nuevo todas. Era extremadamente vívido. No sólo lo tenía ante sí, sino que lo veía brillar como nunca antes había visto algo. Cada centímetro de ese aparato era reluciente, tangible, contrastante. “Está loco, loco. El semáforo perdió…” la cabeza. Se le contrajo el estómago y pudo escuchar el corazón galopándole frenéticamente en el pecho: estaba estúpidamente aterrado. Un impulso visceral de supervivencia le indicó a su cuerpo la huida. Corrió con una agilidad sorpresiva, pero a todo lo que sus débiles zapatillas le permitieran. Cuando estuvo lo necesariamente lejos, giró sutilmente la cabeza y lo vio parado en la misma esquina (como esperando que cobrara vida), enloqueciéndolo con el resplandor de luces, diciéndole tácitamente que no se alejara. Parpadeaba ahora tan rápido que parecía que iba a estallar. Tornó la cabeza al centro y continuó, aunque volvió a mirar reiteradamente para asegurarse que no lo persiguiera. Que un semáforo no lo persiguiera. Minutos más tarde se le ocurrieron cinco o seis razones por las que lo que había pasado era una completa idiotez. Pero el terror no disminuía. Se acumulaba en su estómago, como un reloj de arena. “No hay nadie”, sus pupilas se hinchaban ante la luz radiante del sol. Le costaba ver, pero no oía a nadie, ni perros, ni pisadas, ni el motor de algún aire acondicionado escupiendo frío por ahí. La sensación de majestuosidad se le escapa y lo que parecía una ciudad civilizada se transformó en un desierto de cruces asfaltadas. “Sepultado lentamente” la idea que le causó gracia ahora lo atormentaba. ¿Dónde estaba? Estaba… cerca del ruido. A sus oídos volvió aquel ronquido, fuerte y pesado, todavía metálico, similar al rugido de la tierra cuando se despierta un terremoto. “¿Qué había pasado mientras tanto, el ruido desapareció?” Intentó imaginar a Lucy esperándolo con los brazos abiertos pero algo lo detenía, algo desgarraba esa idea. ¿Qué hacían los chicos cerca de un ruido tan perturbador? Las cienes le daban punzadas hacia la nuca, señal de que el sol lo estaba fatigando, pero mágicamente seguía avanzando, sin sentido, como si estuviera atrapado en un laberinto diseñado por el mismísimo Lovecraft, con el astro dorado vigilando sus movimientos. Los muslos le ardían del dolor, y la camiseta ya formaba parte de su piel. Sentía que sus pulmones estaban por colapsar en cada exhalación. Pero el miedo continuaba allí, escondido en su vientre, obligándolo a continuar. “Un semáforo me asustó” pensó, pero aunque intentara encontrarle lógica al asunto, un puñetazo de irracionalidad le golpeaba las tripas. “¿Qué me pasa?”, la angustia le cristalizó los ojos con lágrimas, las lágrimas reales que se padecen ante la hoz de la muerte. Dio sus últimos pasos de agonía y cayó de rodillas al suelo, abriéndose los jeans en un fuerte desgarro. Bajó la cabeza e intentó vomitar, pero terminó en unas arcadas violentas que le arruinaron la garganta. Tenía el peso del sol aplanándolo sobre la espalda y se recostó para sentirse aliviado. Así quedó por minutos, en posición fetal, bajo el desamparo del asfalto hirviendo bajo su cuerpo. Pero de repente, nació desde el medio de la calle el mismo rugido que persiguió. Dio un respingo y se incorporó a tientas. Ante él estaba ese sonido que lo había hipnotizado como el canto de una sirena. Con sus manos construyó una visera y abrió lentamente los párpados. Le costó adaptar sus pupilas, pero frotándose los ojos con los puños lo consiguió: veía su auto apuntándolo con la trompa. Su pequeño e indefenso Peugeot 206. Pero no lo había visto ahí antes. “No estaba allí”. Su estómago dio un estallido de pánico que lo hizo temblar. Pero sabía que había algo peor. Alzó la vista y encontró chalecos de policía, gorros de policía, y cintas de restricción. Estaba todo adornado. Las rejas y los portones llevaban chalecos anaranjados. Los gorros estaban ornamentando los árboles. Las cintas colgaban como guirnaldas. Rio y lloró al mismo tiempo. Era bizarro y totalmente irreal, pero esas alegres ornamentaciones llevaban cargado el horror. “Una fiesta”, dijo sollozando, “Una fiesta para mí”. Se arrastró hasta la trompa del auto y lo rodeó. Tomado del espejo retrovisor se levantó, y con cansancio apoyo la frente en la ventana polarizada. “¿Qué mierda es eso?”. Dentro del auto, mesclada entre las sombras, estaba la misma botella de Coca-Cola, esperándolo mientras despedía gotas heladas. Estaba seguro que era la misma. No podía no ser la misma. Era perfecto, como la ilusión de la película. Tiró de la puerta tanto como pudo pero no la abrió. Retrocedió unos pasos y recostó su peso sobre sus rodillas. Agitado, irguió su cabeza y miró con desesperación y pánico esa puerta, pero lo que logró ver lo hizo gritar de terror: las luces hiperactivas del semáforo reflejado sobre el negro del polarizado. Estaba detrás de él, como riéndosele sádicamente, disfrutando su lánguido pudrimiento. Las lágrimas le vertían a cascadas, hasta enrojecerle los ojos. Gritaba sin parar, no podía detener de su garganta, era una catarsis del horror que acumulaba en su vientre. Giró tan rápido como sus temblores se lo permitían y lo observó con los ojos abiertos, como si sus párpados chillaran al compás de sus labios. “Bajo la luz del sol no ocurren atrocidades, dicen. Qué mentira”. Se hallaba de rodillas al frente de su casa. “Mi casa, esta es mi casa.” Y todo se iluminó en su mente. ¿Qué hacía en el medio de una ciudad vacía? ¿Por qué no había nadie? ¿Cómo llegó ahí? ¿Por qué no pidió ayuda? “Sabía que nadie me ayudaría”. Caminó vacilante hacia la puerta de su casa, antes rompiendo las cintas de seguridad que adornaban felizmente la entrada, “Una fiesta para mí”. Antes de girar suavemente la manija y entrar, oyó otra vez aquel rugido gutural, y por primera vez pudo distinguir que era, “La bocina de un cami…” y su corazón se contrajo con tanta fuerza que tuvo que detenerse. Al entrar a su hogar un aroma agrio a encierro le pateó la nariz. A pesar del fulgor del sol, adentro reinaba una espesa obscuridad, exceptuando la luz mortecina y gris del televisor. Un calor pegajoso lo envolvió en un abrazo. El aire se hacía pesado y de un gusto metálico. “No hay nadie,” pensó “¿Tendría que haberlo?”. De la misma manera que supuso que esa era su casa, se respondió que sí, que allí vivía alguien más. Buscó con sus manos extendidas algo a que aferrarse en esa nube azabache en la que caminaba y se topó con un cuerpo alto y frio, de un frio aliviador para su piel enrojecida. Tanteó hasta encontrar de dónde tirar y una pequeña luz brillante se abrió paso en la obscuridad. Un soplido helado lo hizo estremecerse y le congeló las lágrimas en los pómulos. Estaba frente a la luz de la heladera, de su heladera. Y allí dentro brillaba una lata abierta. La alcanzó de inmediato y la puso ante sus labios. Inclinó el envase lentamente hasta que la espuma de esa cerveza rancia tocó su lengua y… Unas palabras insidiosas se hilaron en su mente sin su voluntad. “En el infierno hace calor.” Al principio no tuvo sentido, pero un segundo después lo hizo detener su corazón. “No tengo sed. Nunca tuve sed. Nunca” soltó la lata y escupió el líquido de su boca. Cerró la heladera y gateó en la oscuridad que lo defendía del brillo del sol… y las luces del semáforo… y el reflejo de cualquier vidrio… ya no había sombras… o todo era sombras. Llegó hasta el sillón y se levantó con la fuerza que quedaba. El televisor despedía una voz grave de locutor: “Porque tu vida empieza hoy.” Y finalizaba. Izó su cabeza hasta asomar sus ojos por encima del sillón en un último esfuerzo. Allí, inesperadamente, estaba su madre, una mujer mayor con un rodete blanco en la cabeza que lo miró con sorpresa. “¡Hijo! ¿Qué haces ahí?” dijo la anciana con un tono agudo en su voz. Le estiró una de sus manos arrugadas y quedó perplejo, con un sabor amargo en la garganta. Quiso hablar pero el llanto le bloqueó sus cuerdas vocales. Sintió su corazón renaciendo, latiendo tan alegre como nunca. Recibió su mano y se sentó torpemente. La abrazó con fuerza y le besó la mejilla. “Hijo. ¿Otra vez llorando?” preguntó ella amablemente. Él no respondió, sólo siguió con su llanto. La mujer unió sus manos sobre su pollera y suspiró profundamente. “¿Cuándo se acabarán tus llantos? Y no me digas que algún día” con una mano le palmeó el hombro, y él se acurrucó sobre sus nudillos huesudos. Estaba en casa. Nunca mejor dicho. “¡Ay, hijito de mi alma! Dios sabrá cuándo,” giró su cabeza y lo miró con profundos ojos celestes “¿No es cierto?” El aire se le escapó entre los dientes y su llanto cesó. Esa mirada se le clavó como una trampa para osos. La mujer tomó el control de la TV y puso play. La voz del locutor volvió a sonar: “¿Cuidas tu vida? ¿La vida de tus hijos?…” la anciana suspiró, “Sabías que la cantidad de accid…” y se secó las lágrimas de sus ojos celestes. “¿Ma?” preguntó con voz débil, mientras la voz del locutor sonaba de fondo. La mujer no quitó la vista de la pantalla. Su boca temblaba. Estaba triste, pero sin ira ni pasión, como si estuviese acostumbrada a estarlo. “Todos piensan que estoy loca” se le aceleró la respiración, las manos le traspiraban y el estómago se le volvió a estrujar del terror. “Dicen que no te veo, pero sé que sí.” La oscuridad espesa y el calor pegajoso se agolparon rápidamente sobre sus hombros. Y aquel lugar, por una extraña razón dejaba de ser casa. “No puede ser. No” pensó él mientras sintió una espada de hielo atravesarlo. “Mira” dijo con un hilo de voz. “Ahí estás” y con una de sus uñas agrietadas señaló la pantalla. Había fotos, cientos de ellas, formando la palabra ‘AMO’. Y una resaltaba como si fuese la pieza gruesa del puzzle. “Yo” pensó con espanto. Algo le picaba intensamente en su brazo, le ardía. Comenzó a rascarse con desesperación hasta tantear algo filoso sobresaliendo en la piel. Un vidrio. Largo, grueso. Miró sus manos. Astillas. Uñas. “Me faltan las uñas” El pánico se agolpó en su garganta y la cabeza le latía violentamente. Una de sus piernas tenía un corte escupiendo sangre, y más abajo se asomaba un hueso brillante desde su tobillo, como saludándolo. Tenía hilos carmesí tiñendo su ropa. Pero el dolor vino después, con un aullido desgarrador. Pudo sentir que era su final, que moriría bajo las sombras del astro brillante. “Bajo la luz del sol no ocurren atrocidades, dicen.” Grito por segundos, hasta que un ruido tapó sus gritos. “En el infierno hace calor” dijo una voz críptica en su mente. El sonido se acercaba a él a toda velocidad, gruñendo con ira. “La bocina del ca-ca-ca-cam…” En el infierno hace calor. “Ca-ca-camión” sentenció y se preparó para el impacto. Como es muy larga esta,y para evitar los: La pondre en video link: http://www.youtube.com/watch?v=Rjl0JKsZrNw 3:HellBook, el inicio de las páginas Era casi mitad del año 2004, aún no se sabe con exactitud lo ocurrido; la evidencia de aquel suceso ha sido borrada totalmente, o al menos así se cree. Muy poco se conoce de esta historia. De los millones de usuarios que se encuentran registrados en esta enorme red social, sólo unos cuantos conocen el rumor. Se dice que cuando el Boom de las páginas se puso de moda, existió una llamada «HellBook» que promovía contenido relacionado al gore. La página que se había creado un 6 de junio de 2004 creció rápidamente, llegando a los mil likes en menos de un día. El objetivo de la página nunca fue claro, y contaba con apenas cuatro administradores: —Andrea (creadora y encargada de la publicidad); —Zower (encargado de las imágenes gore); —Pablo (no se conoció qué cargo tenía, pero era entre publicidad, videos y publicaciones gore); —Mikhail (escritor). Después de permanecer exitosamente seis meses vigentes, se convirtió en una de las páginas principales en los temas que trataba. Sin embargo, y a pesar de atraer más de cien mil seguidores, la página desapareció de súbito. Se pensó que había sido finalmente clausurada por los creadores de Facebook, puesto que recibía denuncias constantes sobre las imágenes explícitas que publicaba. Pronto, varios de sus seguidores empezaron a crear páginas similares tratando de emular a sus administradores, con poca suerte. Alguno llegó a difundir capturas de imagen de HellBook mostrando el sadismo que se ilustraba en cada una de sus publicaciones; pero rápidamente las imágenes relacionadas fueron eliminadas. Hubo un momento en el que se desató un rumor sobre la procedencia de las imágenes: se dijo que la creadora, Andrea, publicó un grupo que llevaba el mismo nombre, en el que se invitaba a los usuarios a unirse con la única condición de no mencionar el grupo en otras páginas. Dentro de éste se compartía imágenes y vídeos Snuff, en los que habían estado involucrados dos administradores. Otro rumor era que el escritor, Mikhail, usaba estos sucesos para poder crear sus historias; de allí vendría su pequeño texto al final de sus creaciones «Basado en hechos reales». Tres meses después, un joven colombiano de dieciséis años, mediante su propia página, aseguró que había sido uno de los administradores de la desaparecida HellBook, afirmando en una de sus publicaciones que el cierre de la página se debió por la falta de tiempo de los administradores: «Puedo decir que sí, alguna vez pertenecí a su página, pero no compartía los gustos que ellos tenían. Inclusive en una ocasión discutí con la creadora —Andrea— sobre las publicaciones gore, que ya eran cada vez más fuertes. Siempre intervenían los otros justificándose con que todo era para ganar likes. Luego, y a pesar del éxito de la página, se echaron para atrás. No quisieron seguir con el proyecto, simplemente no querían continuar, diciéndome que se debía a falta de tiempo, cosa que no les creí ya que siempre estaban conectados. Luego vino el cierre y por último me eliminaron de sus contactos. Así acabó la “era HellBook”. —Morales». Los antiguos seguidores de HellBook no demoraron en rechazar tal declaración asegurando que ésta fue sólo para ganar popularidad, llenando de inmediato el muro de la página de comentarios ofensivos para el administrador. En el año 2008, luego de cuatro años de ausencia, una página bajo el nombre de «Infected H.» aparecía en las redes sociales. Casualmente el nombre de los administradores coincidían con aquellos de HellBook, con la diferencia de que las publicaciones trataban sobre temas paranormales, de ocultismo y música (Metal). La página llamó la atención de muchos cibernautas, no sólo por el tipo de publicaciones que tenía, sino por el rumor que se tejía sobre los administradores. Una vez más, los administradores tuvieron una acogida rápida por sus seguidores hasta el punto de igualar su antigua página; sin embargo, Andrea, Zower, Pablo y Mikhail negaron en repetidas ocasiones estar relacionados a HellBook. «Puedo asegurarles, que ni soy escritor, ni pertenecí a aquella página. Si me puse este nombre fue por el juego Resident Evil, sólo por eso; es más, ni siquiera sabía que existió esa página, así que ya déjense de estupideces, que estamos recibiendo muchas denuncias del Face’ por publicaciones que ni siquiera hicimos. —Mikhail». Después de aquel mensaje la página desapareció sin dar más explicación. La última aparición registrada por parte de los administradores fue en el año 2012, bajo el mismo nombre, HellBook, pero con una menor aceptación, casi pasando inadvertidos. Todos los hechos e historias que se formaron sobre los administradores y la página fueron prácticamente silenciados, y los pocos usuarios que se atreven a afirmar la existencia de esa página terminan siendo bloqueados por Facebook. Actualmente no se conoce el paradero de ninguno, pero aún se rumorea que el administrador «Mikhail» circula en algunas páginas, contando ciertas historias que posiblemente sean reales. «Detrás de toda historia hay una pequeña verdad. Detrás de todas mis líneas hay un poco de maldad. No soy Santo, pero tampoco enfermo, sólo busco inspiración; y si la vida de unos cuantos es el precio de la imaginación, sin dudar las ofrecería para crear mi propio mundo de ficción. Video: link: www.youtube.com/watch?v=Mho9MGUe3IY 2da Seccion de creepypastas: Videojuegos: 5okémon,Oro Empañado Esta historia me la encontre por ahi, y soy un hombre Siendo alguien que no conoce tanto de tecnología como una persona de esta generación debería, sé muy poco sobre lo que puede hacer la tecnología. Dejando de lado los e-mail, el MSN, y la descarga ocasional de algo que era inaccesible para mí de otra manera en el momento, tengo más o menos el mismo conocimiento que una persona de ochenta años pueda poseer sobre el mundo electrónico. Por ejemplo, y la causa de esta experiencia que voy a relatar, yo no tenía idea de que alguien era capaz de hackear juegos de pokémon para hacer sus propias sub-historias en el mundo, y menos podía imaginar que era posible hacer una copia física de ese hack en un cartucho real. Sin embargo, tuve la mala suerte de aprenderlo de una manera lo más perturbadora posible. Cuando era más joven, Pokémon Oro fue mi primer juego de la popular franquicia. Me hice muy unido a las pequeñas criaturas que mi personaje (a quién le puse mi nombre incluso cuando elegí al personaje varón siendo yo mujer) atrapó y ocasionalmente fantaseaba con las aventuras que tendríamos en una línea de historia inventada por mi. Eso no es muy importante ni viene al caso, de todas maneras. Lo qué sí es importante es el hecho de que nunca abandoné mis fantasías infantiles, las memorias de ese primer juego eran demasiado adoradas por mí como para dejarlas ir. Por esa razón aún tengo mi viejo cartucho de Pokémon Oro, completo con un abuso total del glitch de copia. Sin embargo, me niego a re-comenzar mi juego, porque tengo miedo de que se pierda la magia de ese antiguo juego. Quería jugar una partida nueva completa de la versión con la recuerdo que fui más feliz, pero cartuchos viejos son bastante difíciles de encontrar fuera de la Internet hoy en día, lo máximo que puedo encontrar en los mercados de artículos usados son juegos de GBA, y muy difícilmente de pokémon. Afortunadamente para mí, mi abuela aún apoya enteramente mi ya antiguo amor por Pokémon y muy seguido me compra cajas de cartas, juguetes, video casetes y otros productos con los que se encuentra en sus frecuentes visitas a subastas locales. Para dejarles en claro, pocas de las cosas que me da están en buenas condiciones: cosas olvidadas hace mucho tiempo, guardadas en un mohoso sótano después de que la etapa infantil del dueño casi nunca lo están. Pero, como son regalos de una pariente muy querida, los atesoro como si estuvieran hechos de Oro (el juego de palabras no fue mi intención). Hace muy poco, ella me dio una caja con un video casete en perfectas condiciones que contenía episodios del principio de la primera temporada, varios cientos de cartas muy usadas y maltratadas,…y un cartucho de juego de GBC sin etiqueta. El cartucho era del familiar color dorado metálico del juego que andaba buscando. Incluso cuando la etiqueta había sido removida, y una enorme y roja X había sido dibujada en el lugar donde la pegatina solía estar, podía decir con facilidad que juego era…¿cual otro podría tener ese color? Podrán imaginar mi emoción por finalmente encontrar otra copia (Odio ordenar cosas por Internet, por lo que esto fue un enorme alivio). Agradecí a mi abuela con mucho amor y le prometí que jugaría ni bien llegara a casa, lo cual hice. Comenzar fue un poco difícil, no porque el juego estuviera dañada, si no que le había vendido mi Gameboy Advance a mi hermano menor años atrás por algunas de sus mejores cartas de pokémon…cuando algo le pertenece a él, es difícil lograr que me lo preste. Supongo que así son las relaciones de hermanos. Después de varios sobornos, finalmente tuve en mis manos mi antigua GBA y rápidamente introduje el juego. Escalofríos llenaron mi cuerpo mientras la animación del inicio del juego comenzó a reproducirse, enviando una ola de nostalgia sobre mí. Era bueno ver esa animación de nuevo. El juego se abrió normalmente, la pixelada imagen de Ho-oh volando por el cielo debajo del titulo se presentó antes de dirigirme a la normal pantalla de selección. La persona que había sido dueña del juego antes que había dejado su partida en el juego, pero me importaba poco lo que alguien hizo antes que yo. Considerando la condición en la que estaban sus posesiones, debió haber sido muy joven. Mi sentido común me decía que estaba condenado a conocer un equipo lleno de Pikachus con nombres ridículos si me atrevía a abrir la partida. Comencé un nuevo juego. Aquí fue cuando noté que algo no estaba muy bien con el juego. La común introducción que involucraba al profesor introduciéndote al mundo de los pokémon no se mostró. En realidad, la cosa fue más o menos así: Comenzó con una pantalla negra, que era bastante familiar considerando que así era como las versiones Oro, Plata y Cristal comenzaban. Pero, en vez de la normal ventanita de dialogo preguntando “¿Qué hora es?”, la ventana decía algo así como… ……….. ……. … Los pokémon no son más que herramientas. Usalos, y luego tíralos a la basura. …….. La pantalla negra se desvaneció, revelando un área vacía de noche. Me parecía familiar; la recordaba vagamente como una ruta en una de las partes del principio del juego, pero como no lo había jugado en tanto tiempo, no pude darme cuenta de donde era. En el silencio de esta escena, el sprite de tu rival –que yo, de ahora en adelante llamaré Silver, como en los juegos originales- entraba en escena desde la izquierda: Se movía un poco más lento de lo normal, como si estuviera vacilante con respecto a algo. Una vez que llego al medio, se paró y miró atrás para mirar el lugar de donde vino, luego volvió a voltearse a donde estaba yendo, y volvió a caminar hacia atrás, hacia el lugar del cual vino. Por un momento, se paró allí mirando al lado izquierdo de la pantalla antes de que una ventana de dialogo apareciera debajo de el diciendo nada más que “…”. Después de eso, volvió a dar la vuelta, solo esta vez saliendo de la pantalla. La escena se desvaneció para ser reemplazada por Silver parado en el lugar donde lo conoces por primera vez oficialmente, justo afuera del laboratorio del Profesor Elm. Estaba claramente en una parte un poco más avanzada del juego de lo normal, mientras se podía ver al profesor y a sus asistentes saliendo del laboratorio yendo por diferentes caminos: los asistentes dejaron la ciudad, y Elm caminó hacia abajo en la ciudad, lo que me hace asumir que se fue a su casa en el pueblo. El personaje de Gold (el protagonista usual) no se veía en ninguna parte. Después de esa corta escena, la pantalla se quedó sobre Silver. Creí que el juego se había congelado al principio, pero finalmente me di cuenta que era capaz de moverlo. Honestamente estaba algo emocionada, Silver fue –y siempre va a ser- mi rival favorito, y era interesante que pudiera jugar siendo él. Lo movió un poco más abajo para ver si podía explorar, pero me paraba cada vez que daba un paso más lejos del frente del laboratorio. Una ventana de dialogo saltaba diciendo “No puedo irme aún…”, y me hacía retroceder un paso. Me moví hasta el lugar donde estaba parado originalmente y me moví hacia la ventana. Funcionó como una puerta, ya que me hizo entrar en el laboratorio. Dejando de lado el equipamiento regular –estanterías con libros, computadoras, cubos de basura, todo eso- el laboratorio estaba vacío; lo que era de esperarse ya que los empleados se habían ido minutos antes. En la mesa había una sola pokébola, y al no tener un pokémon aún, me acerqué y la tomé. Una ventana de dialogo apareció diciendo “Obtuviste un TOTODILE” pero no se reprodujo la música usual de cuando se agarra un objeto…aparentemente, robar no era tolerado ni por el juego. Después de presionar “A”, me dio la opción de nombrar al pokémon, a lo que respondí “Sí” ya que amo ponerle apodo a estas criaturas. Cuando me llevó a la pantalla para nombrar, otra ventana de dialogo apareció, interrumpiendo el proceso de nombramiento: “¡No le pongas nombre! Solo generarás un vínculo inútil. No lo ames, usalo.” Era claramente la “voz” de la misma persona que habló al principio. Lo encontré extraño… La pantalla para nombrar se desvaneció dejándome en el laboratorio vacío, y de inmediato traté de salir por la puerta del frente, pero me detuvo Silver diciendo “No saldré por ahí…”. Otra vez, fui hacia atrás y salí por la ventana que use de entrada. Como si las cosas no fueran ya muy extrañas, cuando salí de Pueblo Primavera para comenzar mi aventura y puse un pie en la hierba alta, era casi imposible que me atacara un pokémon salvaje. Normalmente, iría por un camino distinto para evadir la hierba más tarde durante el juego, pero al principio disfrutaba de subir el nivel de mis pokémon…por lo que no ser capaz de encontrar algo con lo que pelear era un poco frustrante. Después de varios minutos de caminar hacia delante y atrás en los recuadros de hierba, finalmente me encontré un pokémon. Un sentret, nada fuera de lo ordinario, pero cuando iba a enviar a mi Totodile y elegir el único movimiento útil que tenía en ese momento –Arañazo-, el pokémon huyó. Estaba bastante confundida, los pokémon salvajes nunca huían…al menos no ese pokémon. Después de unos cuantos intentos más, todos los encuentros terminaron igual, por lo que decepcionada continué hasta Ciudad Cerezo. Justo antes de entrar al a ciudad, reconocí ese área antes de la ciudad como el lugar donde Silver caminaba al principio del juego. Al entrar en la ciudad, me encontré con Gold, quien sin decir nada me desafió a una batalla. Su pokémon, Cyndaquil, ya era de un nivel un poco más alto que el mío (Todavía estaba atrapado en el nivel 5, mientras el ya estaba en nivel 7) e incluso cuando tenía la ventaja de tipo, el me venció. Antes de desmayarme, el sprite de Cyndaquil se cambió por el de Gold…se veía decepcionado. Después de salir del centro Pokémon de Ciudad Cerezo –No lo había usado antes, pero al parecer era mi única opción-, caminé hacia el lugar donde Gold me había desafiado solo para darme cuenta que no podía volver a luchar con él a estas alturas. El juego se estaba poniendo un poco molesto ahora: no tenía dinero, ni pokégear, ni pokédex, y era incapaz de luchar con pokémon salvajes. Afortunadamente, una vez entré en la ruta 30, había otros entrenadores con los cuales podía luchar y fácilmente vencer…aunque ninguno de ellos parecía querer hablar conmigo luego de que ganara. Para entonces, había entrado a Ciudad Malva, pero el nivel de mi pokémon era aún muy bajo como para vencer al líder. Pero con el dinero que gané de los entrenadores con los que luché antes, pude al menos comprar algunas pociones, así que sentí que estaba listo. Los entrenadores del gimnasio eran lo suficiente débiles como para que solo me viera obligado a usar dos de las pociones que compré, y pude subir de nivel una vez. Aún así, cuando enfrenté al líder de gimnasio, probó ser demasiado para mí y perdí. Después de ganar, el hizo lo mismo que Gold…y se veía decepcionado, tal como él. Cuando la batalla terminó, no me desmayé, sino que tuve que aguantar un sermón sobre tratar a los pokémon correctamente, de parte del líder. Una vez terminó de hablar, recibí una opción de una sola palabra: “¿Robar?” Elegí la única opción que me daban, “Sí”. Silver dio un paso atrás y se lanzó contra el líder, mandándolo varios cuadros hacia atrás. Otro dialogo apareció informándome que había robado la medalla del gimnasio, la MT 31, y 500 $. Luego de eso, me desmayé. Y así continuó el juego, siendo yo posible de vencer a los entrenadores débiles que encontraba en las rutas y en los gimnasios, pero siempre perdía contra los lideres y me veía obligado a robar sus medallas. La opción de “robar” también funcionaba en gente que normalmente te daría un objeto en el juego, y así fue como obtuve objetos clave como el Buscaobjetos, la bicicleta, el rociador de agua, MO’s y muchos más…de otra manera no me los daban. Cualquiera con quien hablaba se negaba a devolverme la charla, saludándome solo con un escueto “…” o dándome sermones sobre como tratar correctamente a los pokémon…y también la Enfermera Joy comenzó a tratarme así. Para cuando había llegado a Ciudad Trigal, cada vez que me desmayaba, la enfermera me regañaba. Los pokémon salvajes seguían evitándome, y si quería que mi equipo mejorara debía de esperar que las pokébolas que usara atraparan al pokémon al principio. Lo que hacía más extrañas las batallas con pokémon salvajes era que incluso cuando hacía que los pokémon se quedaran en la batalla con Mal de ojo, el pokémon se desmayaba. Literalmente. Después de usar Mal de Ojo –si podía atacar primero, ya que el pokémon enemigo a veces tenía más velocidad que el mío-, antes de que pudiera elegir otro movimiento, el pokémon salvaje se desmayaría solo. La ventana de dialogo decía “ ¡El –Inserte nombre de pokémon- se forzó a si mismo a desmayarse!” y la batalla terminaba. La única cosa que parecía seguir normal al menos para mí eran las batallas con el equipo Rocket. Siempre ganaba contra ellos y siempre me trataban como un niño entrometido que se metía en su camino. El resto del juego hasta cierto punto no es muy importante. Dejando de lado ganar y robar, todo era más o menos normal. Mientras mis pokémon maduraban lentamente debido a perder frecuentemente, sí pudieron comenzar a quererme ya que los llevaba a cortarse el cabello y esas otras pequeñas cosas que hacían más grande el lazo de amistad. La última vez que me fijé, la persona que medía la felicidad del pokémon –uno de los únicos personajes que me hablaban normalmente- dijo “Esta bastante feliz”. Creo que deben pensar que esto no es perturbador en lo más mínimo, y que debería aceptar que el hack era simplemente un juego hecho para mostrar el lado de Silver en la historia…bueno, lo acepté y lo era, pero la historia no terminó aún. Una vez que finalmente llegué a Kanto –continuando gracias al proceso de ganar, perder y robar-, me aventuré en Ciudad Verde. En el momento que puse un pie en la ciudad, la música se cortó. Al principio pensé que era simplemente un glitch en la programación, y que de ahora en adelante iba a tener que aguantar un juego sin sonido. Pero quedándome parado un rato allí, se pudo escuchar un débil sonido que se desvaneció. Ahora estaba seguro que la música se había arruinado, como si tratara de reproducirse, pero no podía. Pero cuando di un paso atrás hacia la ruta de la que vine, la música volvió perfectamente…era solo la Ciudad Verde la que estaba silenciosa. Ahora estaba curioso, por lo que volví a la ciudad silenciosa y comencé a explorar. No había una persona a la vista…nadie en el exterior, nadie en las casas, ni siquiera había gente en el pokémercado y el centro Pokémon. La ciudad estaba enteramente vacía…solo el silencio y el ocasional sonido suave que todavía no podía identificar. Cuando caminaba hacía el gimnasio, el sonido se hizo más alto. Supuse que el ruido venía de adentro, por lo que me adentré en el gimnasio. Allí adentro tampoco había nadie, pero eso era de esperarse, el gimnasio estaba vacío incluso en el juego original. El ruido no se escuchaba aquí, pero todavía estaba mortalmente silencioso. Camine hacia donde el líder de gimnasio acostumbraba a estar, y pasé de ese punto para chocar contra la pared de ladrillo –Hago eso a veces, me gusta el sonido- y entonces fui transportado a otra habitación…La pared escondía unas escaleras. El lugar estaba también en silencio mortal…pero el sonido comenzó a sonar de nuevo. Era mucho más alto esta vez, y pude identificar un montón de sonidos agudísimos al azar…que juntos, sonaban como gritos. Ahora ya deberían imaginar que mi corazón estaba latiendo muy fuerte…no soporto los gritos –o cosas que suenen como gritos- a causa de una desafortunada experiencia con una muy real casa encantada a la que fui cuando tenía tres años…pero estoy divagando. A pesar de que mis manos temblaban y mi corazón latía insoportablemente, exploré la habitación, que estaba teñida de un rojo apagado como en Pokémon Rojo. La habitación seguía un patrón zigzagueante y los gritos sonaban al azar, algunos cortos, otros largos y exagerados…sonaba como si estuvieran torturando a alguien. Mientras continuaba por los pasillos zigzagueantes, me encontré con varias imágenes perturbadoras: sprites de NPC’s sin cabeza, o cabezas sin cuerpos. Siempre que trataba de examinar los cuerpos, Silver decía “No mires…” Los cuerpos y cabezas se volvieron cada vez más frecuentes a medida que avanzaba, obstruyendo el camino y dejándome poco espacio para caminar…y los gritos se hacían aún más frecuentes. La pantalla comenzó a parpadear mientras caminaba, justo como lo hace cuando un pokémon esta envenenado…pero estaba segura de que ninguno de ellos lo estaba. Solo por si acaso abrí el menú de mi equipo para chequear. Ninguno de mis pokémon estaba envenenado, pero su salud había comenzado a disminuir. En un intento de arreglarlo, tome una súper poción de mi mochila y traté de utilizarla en Feraligatr. Una ventana de dialogo apareció diciendo “No tendrá ningún efecto.” Ahora estaba perturbado, sabía que nada de esto debía pasar. Sin tenerlo en cuenta, continué avanzando, esperando que cuando se desmayaran por esto, sería devuelto a un centro pokémon y las cosas volverían a la normalidad. …Fui estupida al asumir eso… Continué a lo largo del mórbido camino, con la pantalla parpadeando. Comencé a notar que incluso Silver caminaba más lento…No sé qué, pero algo estaba absorbiendo tanto las energías de mis pokémon como las mías. Finalmente, Silver paró cuando la ventana de dialogo saltó para decirme que todos mis pokémon estaban desmayados…pero no decía lo que esperaba. Decía “ESTAN TODOS MUERTOS”. Para entonces ya estaba lista para llorar, pero no pude pararme a mi misma de intentar llegar al final de esta perturbadora experiencia…si no hacía esto ahora, simplemente me vería tentada de intentarlo nuevamente… Finalmente, llegué a la habitación central, que estaba teñida de un profundo rojo…asumí que era para simular el hecho de que la habitación estaba llena de sangre, aunque solo había unos pocos cuerpos desparramados por ella. En el centro, había unas pocas figuras, un hombre, un pokémon inidentificable, Gold y otro pokémon que solo pude asumir que era su Typhlosion. El Typhlosion de Gold atacó al pokémon del hombre, pero fue abatido rápidamente, haciéndose el sprite primero rojo, luego gris, y luego desapareciendo…el pokémon del hombre lo había matado. El sprite de Silver dio un paso solo y el hombre finalmente notó su presencia. GIOVANNI: Ah, hijo, ya llegaste. Viniste a ver la defunción de tu rival, ¿no? Esto causo que Gold se diera vuelta para mirarte. Lo único que decía era “…” Silver continuó moviéndose solo: Se acercó al hombre y lo golpeó, lanzándolo hacia atrás…lo cual obviamente enfureció a Giovanni. GIOVANNI: ¿Vas a ayudarlo? ¡Te has hecho tan débil como los demás! Si te parece que vale la pena salvarlo… …¡quizás debería mostrarte que no tiene sentido vincularse! ¡MEWTWO, hazte cargo de él! Mewtwo obedeció las órdenes de su creador y se acercó a Gold. Todavía no estoy muy seguro de lo que hizo en realidad, pero golpeó a Gold, causando que grite mucho más alto que antes, mientras su sprite perdía la cabeza y se desvanecía de rojo a gris. GIOVANNI: Te dije hace mucho tiempo, Silver, que la vida se trata de manipular o ser manipulado. Los pokémon no son más que herramientas. Las personas no son más que herramientas. Después de que cumplen su cometido, no sirven para nada… … MEWTWO. ¡Mátalo! El Mewtwo no obedeció esta vez; las palabras de Giovanni debieron haberlo enfurecido. Se volteó hacía el y realmente habló. MEWTWO: …Tú ya no eres útil… Golpeó a Giovanni tal como hizo con Gold y Typhlosion, pero el grito que Giovanni produjo fue mucho más largo que cualquier otro que haya escuchado…Mewtwo estaba torturándolo. Finalmente, el grito se desvaneció en la nada y el sprite de Giovanni hizo tal como el de Gold…dejando solos a Silver y a Mewtwo vivos en la habitación. Entonces Mewtwo me enfrentó, y supe…supe que no iba a durar mucho más… MEWTWO: …Inútil… Me golpeó, iniciando una batalla en la cual era completamente incapaz de participar. Mi sprite estaba en el lugar del pokémon, mi salud había disminuido a la mitad, pero sabía que no importaba de todas maneras. Estaba perdido. Elegí correr, pero no pude…elegí atacar, pero no había ningún movimiento que usar…Lo único que podía hacer era pararme allí mientras Mewtwo usaba Psíquico en la imagen indefensa de Silver. Incluso con el sonido bajo, el grito que vino de Silver era perturbadoramente alto, mucho más alto que cualquiera de los anteriores. Incluso mientras la pantalla de batalla se desvanecía, el grito persistió hasta que el sprite de Silver se convirtió en rojo y luego en gris – lo qué ahora asumo que simboliza lo frío de la muerte…-…Silver, junto con Gold y todos los que fueron lo suficientemente desafortunados como para merodear por ese lugar de Ciudad Verde, estaban muertos. La pantalla se desvaneció volviéndose negra, todo excepto el sprite de Mewtwo, que seguía en el centro de la pantalla. Mi mente paranoica inmediatamente me hizo pensar que en cualquier momento se iba a voltear a matarme de alguna manera, pero la palabra “FIN” apareció justo debajo de él, y la pantalla finalmente se volvió negra, y me devolvió a la secuencia del inicio del juego. Todavía no estoy segura de por que hicieron este juego, porque alguien simplemente lo metió en una caja para vender y porqué resultó que yo lo encontré…Pero puedo asegurarles que no pondré mis manos en otro juego encontrado al azar…o es nuevo, o no me atreveré a tocarlo. Este juego que acabo de describir se escapó de mi posesión desde la primera vez que lo jugué…No tengo idea de donde esta, pero espero que se este pudriendo en un pantano cualquiera. Si llegas a encontrar un cartucho con una cruz roja en donde debería estar la etiqueta…no lo juegues…la experiencia de jugarlo puede cambiarte para siempre... link: www.youtube.com/watch?v=yCCoBmKlDTA Y el video para los que les da paja arriba XD 6:Serius Sam 2: Hace poco tiempo, mi padre me había regalado una netbook para hacer mis TP de la secundaria ya que tenía muchos en el año… En un momento decidí preguntarle si podía comprarme unos “Pocos” juegos de computadora e instalarlos en la netbook… Ya saben, para cuando termine mis trabajos haga algo entretenido mientras estaba aburrido, y mi padre dijo que si pero que sean pocos juegos y mas estudio (mi padre no le gustaba que pasara mucho tiempo el la computadora). Conseguí un poco de plata y me fui a caminar por las calles cerca de mi casa, a ver si encontraba algún local de juegos interesantes para comprar. Me detuve en una tienda de garaje para observar algunos juegos y me llamo la atención uno de ellos… ¡¡¡Era el Serious Sam 2!!! Capaz a ustedes no les guste mucho pero este juego era mi juego de infancia cuando tenia mas o menos unos 8 o 9 años. Le pregunté al dueño a que precio me lo dejaba y me dijo que me lo regalaba (Yo quede ¿¿¿¡¡¡WTF!!!???). Les di las muchas gracias y me dijo con una sonrisa “A usted”. Estaba tan emocionado por jugar al juego de mi infancia que rápido fui corriendo a mi casa abrí la disquetera y puse el CD. Al introducir el CD note que pasaba algo extraño ya que no me aparecía ningún menú para instalar, simplemente se introdujo al juego (No le di mucha importancia). Como siempre, comenzó el intro del juego todo normalmente hasta llegar al menú. En el menú solo aparecía la opción “Un jugador” lo cual me molesto ya que pensé que seguro era una versión pirata. Al seleccionar esa opción me llevo a que tipo de modo de dificultad que quería jugar… Pero esto era muy diferente, también solo me aparecía un maldito modo de dificultad llamado “666”. La cara del chico de serious sam era una foto de el sin ojos con una sonrisa macabra mirando frente a frente al espectador. Al presenciar semejante cosa quede totalmente pálido, pero todavía tenia la idea de que el juego era pirata y eso me tranquilizó un poco y decidí jugarlo. Al seleccionar empezó a cargar la partida pero en la imagen de fondo era todo negro y no estaba el personaje que dice sus datos en cada misión, solo aparecía un texto con muchos signos que yo creo que era satánicos. Al terminar la carga aparecí en la pista de la primera misión normalmente sin ninguna cosa extraña… Lo único raro era que en los jardines y en las casas de madera que había en la primera parte de la pista no había ninguno de los enanitos azules que te aparecía en la mayoría de las misiones para ayudarte… ni los pollos del comienzo estaban… Era muy raro pero decidí continuar y seguir adelante. Seguía, seguía y seguía pero no había ningún tipo a quien matar, esto ya me empezó a aburrir… Pero al llegar a la última zona de la primera misión… Que sería la zona en donde combates con los monstruos que salen tirados de las naves y el tipo alto que te tira unas hachas, Apareció algo que me dejo paralizado. En esa misma zona, estaban todos los enanos azules muertos, descuartizados, maltratados, degollados y destripados de una manera hiper-realista… Parecía que habían hecho una guerra con “Algo” y habían perdido… Pero esto era mucho mas que una guerra… ¡¡¡ERA UNA MASACRE!!!! ¿Qué clase de demonio haría semejante cosa? Después de esto, las nubes mueven más rápido y el cielo se vuelve totalmente rojo, como si el tiempo se estuviese acelerando… Entonces me asusté mucho y me fui corriendo por la puerta en la que pasas de nivel, pasando por todo esos pobres cadáveres… Pero al pasar por la puerta en vez de pasar de nivel me llevo a una zona que parecía un sótano. Enfrente mió había una tumba, la cual solo decía la fecha de cuando murió… Pero lo más raro de todo esto es que en esa fecha era una fecha que todavía no pasó… Ósea que faltaba un tiempo para que se cumpliera esa fecha… Pero no le di mucha importancia, simplemente me daba curiosidad de abrir el ataúd para ver quien era el misterioso fallecido. Me coloque en frente del ataúd y presione la tecla “E” lo cual supuse que era para abrir o levantar objetos, al presionar mi corazón latía a mil por segundo y cuando vi quien era que estaba adentro quedé inválido… Era…Era…Era… Era ¡¡¡Yo!!! Estaba yo tirado en esa tumba, pero no era lo peor de todo, yo estaba descuartizado, tenia sangre en todas partes, la cara toda deforme que apenas pude notar que era yo… no grité… simplemente me desmayé. Al despertar estaba en un hospital y los médicos me dijeron que me habían encontrado tirado en mi cuarto desmayado, yo les dije que si vieron algo raro en la computadora y me dijeron que no notaron nada extraño en la computadora, que no había ninguna aplicación abierta… Desde ese entonces jamás quise saber algo del juego Serious Sam… ¡¡¡JAMÁS!! Todavía no me olvido de esa perturbadora imagen de mi ser mutilado… A esta no puse video por que esta muy corta y si no la leen que pajeros son jaja 7:Counter-Strike: El Server del Infierno. Hola mi nombre es Luciano Arano, esta historia pasó realmente, yo la viví. Bueno, yo solo fui un espectador en todo lo que ha pasado y por suerte que no fui la víctima. Al grano, contaré mi historia: en el 2008 yo tenía un amigo llamado Fabricio y que era unos 3 años mas grande que yo, en ese momento Fabricio tenía 15 años y yo solo 12. Él era alguien que jugaba mucho al Counter Strike, le encantaba jugarlo, pero un día, él estaba navegando por la página de “Clan Co”, donde siempre hacen propagandas a servers, entonces puso una IP de un server llamado “El Server Del Infierno”. Fabricio era tan curioso como yo y él fue y quiso entrar al server; yo lo estaba mirando a el mientras ponía el IP y se cargaba, pero… pasó algo totalmente inesperado: a mitad de la barra cargada arriba apareció en una mancha color rojo, y parecía sangre que chorreaba, Una voz perturbadora dijo:”Hola, soy el diablo” y tras estas palabras nos habló, “Estás poniendo en juego tu vida, ya que es un viaje de ida”. Yo por el susto, me fui a mi casa ya que odio este tipo de cosas por que terminan dando miedo. Era un nuevo día y había Sol y era hermoso. Todo se mantuvo así hasta las 4 de la tarde, cuando vino Fabricio a mi casa. A pesar de que era negro, estaba blanco como un zombie y era depresivo verlo en ese estado: estaba pálido y frío, mi mamá se sorprendió al verlo así y llamó a su casa, pero la línea estaba cortada. Entonces mi madre y yo nos sentamos en la mesa y le preparamos un café a Fabricio, quien ni bien agarro la taza, la tiró porque se le cayo de la mano. Después de esto Fabricio puso una cara enojada muy forzada, y entonces nos comenzó a explicar lo que había pasado. Fabricio tenia una voz aguda que se asemejaba a la de un cantante de pop, pero esta vez, estaba con una voz tenue y tembloroso, era impropio de él. Con esa misma voz tétrica nos explicó todo el problema. Lo primero que dijo fue: “Luciano, tenías razón , debíamos salir corriendo del lugar. Lo primero que vi al entrar ahí, fue lo de siempre , elegir bando y soldado , pero acá había algo extraño. Una vez que elegí el bando de Anti-Terroristas, no me apareció uno de esos típicos para elegir: aparecí yo en esa lista y como única opción a elegir; yo acepté, pero me lleve un susto enorme” (en este momento la voz de Fabricio se hizo mas fuerte y ronca) “En la lista estaba el nombre de toda mi familia, mi mamá, mi papá y mis hermanos, al principio pensé que sería mera casualidad , pero me equivoqué, yo pasé eso de largo y seguí jugando. Entonces, me encontré con uno de los enemigos y le estaba temblando el rifle. A pesar de que yo solo estaba con una pistola, él tenía un rifle de francotirador y me estaba apuntando en la cara” (él sabe eso porque Fabricio tenía un hack para saber donde le apuntaban) “Y entonces decidí matarlo con cuchillo para ahorrar balas. No pude evitar ver que se le caían las lágrimas al que iba a matar. Cuando lo maté, salió un grito estremecedor; no parecía venir del estéreo. Cuando vi el nombre era mi hermano mayor, Diego, él trabajaba en una oficina. Enseguida escuchamos el teléfono sonar, ignoré eso y escuché a mi madre gritar y llamarme a mi y a mi hermano menor Sebastián de 11 años. Nos reunimos todos y al parecer Diego había sido asesinado: tenía marcas de puñaladas en el cuerpo y estaba llorando de alguna forma. Ella dijo que no nos moviéramos de casa y que me quedara cuidando a Sebastián, entonces yo casi llorando volví al Counter Strike, y lo que vi me dejó sin palabras: donde había muerto esa persona, había encontrado un mensaje en sangre diciendo: “Ya has matado a uno, faltan 3 y quedarás liberado de las cadenas que te atan”. Yo no entendí y seguí jugando, pero entonces me aparecieron 2 terroristas en el Counter Strike. Como antes, no me dispararon; escuché que se abrió la puerta, y era mi padre, quien venía del trabajo feliz como de costumbre. Venía con una sonrisa en su rostro (seguramente aun no sabía lo de Diego), nos saludo a mi y a mi hermano, y como él era fan del Counter Strike como nosotros, se sentó a ver como jugaba” Llegado este punto Fabricio estaba envuelto en lágrimas y tuvimos que acercarnos más debido a que su voz era tan temblorosa que apenas era audible. “Después disparé sobre uno de los terroristas, lo herí en la pierna, pero el juego decía que no murió por el disparo. Un lamento muy agudo cubri
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