A veces, un cáncer que se originó en una parte del cuerpo puede diseminarse (expandirse) a otras, como a los huesos. Se dice, entonces, que la persona tiene metástasis ósea. En este artículo te contamos de qué se trata, cuáles pueden ser los síntomas y en qué se diferencia del cáncer de huesos propiamente dicho.

El síntoma principal del cáncer óseo es el dolor en los huesos o en alguna zona cercana, que no desaparece con el tiempo (aunque el dolor puede ser una señal de muchas cosas y no necesariamente de cáncer).
El dolor también es uno de los síntomas que provoca la metástasis ósea, que al principio puede aparecer y desaparecer, que en general se vuelve más molesto por las noches y desaparece con el movimiento, pero que con el tiempo ya no desaparece.
A veces, la metástasis ósea no produce ningún síntoma. Otras, las señales de que hay metástasis en los huesos pueden ser:
Rotura de los huesos (porque la metástasis lo debilita). Las más comunes son en la pierna, el brazo y la espina dorsal.
Adormecimiento, parálisis y problemas urinarios (debido a la presión de la metástasis sobre la espina dorsal).
Pérdida de apetito, náuseas, mucha sed, confusión y cansancio, que pueden estar provocados por elevación en el nivel del calcio en la sangre.
El tratamiento para la metástasis en los huesos depende de muchos factores, como el tipo del cáncer primario, a qué huesos (y a cuántos) se propagó, si cualquier hueso se ha debilitado o fracturado, qué tratamientos ha recibido anteriormente y cuál es la condición de salud general de la persona.
También existen tratamientos paralelos que, si bien no combaten la metástasis, sí pueden ayudarte a calmar el dolor, desde vitaminas, dietas especiales, acupuntura hasta radiaciones, entre otros. Como siempre, todo debe estar bajo la supervisión de tu médico.
Hay ciertos tipos de cáncer que, cuando se diseminan, tienen más posibilidades de causar metástasis en el hueso. Estos son: el de mama, próstata, pulmones, tiroides y riñón.
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