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Jesús si existio, les guste o no, hay pruebas

Info5/23/2011

¿QUIÉN cree usted que es el hombre más grande de todos los tiempos?
¿Cómo mide usted la grandeza de un hombre?
¿Por su genio como militar?, ¿por la superioridad de su capacidad mental?, ¿por su fortaleza física?


A varios gobernantes se les ha llamado Grande o Magno, como a Ciro el Grande, Alejandro Magno y Carlomagno, a quien se llamó “el Grande” aun mientras vivía. Por su imponente presencia, hombres como estos influyeron profundamente en los que fueron sus súbditos.

Es interesante el hecho de que el historiador H. G. Wells describió cómo mediría él la grandeza de un hombre. Más de 50 años atrás escribió: “Para el historiador, en esto consiste la prueba de la grandeza de alguien: ‘¿Qué dejó plantado para que se desarrollara? ¿Puso a los hombres a pensar en nuevas direcciones con un vigor que persistiera después?’”. Wells llegó a esta conclusión: “Si se aplica esta prueba, Jesús está en primer lugar”.

Hasta Napoleón Bonaparte señaló: “Jesucristo ha ejercido influencia y mando sobre Sus súbditos sin Su presencia corporal visible”.

Sin embargo, algunos han presentado la objeción de que Jesús no es una persona histórica, sino un mito. Muchos, al otro extremo, han idolatrado a Jesús como si fuera Dios, y han dicho que Dios vino a la Tierra. No obstante, Wells, fundando sus conclusiones solo en la prueba histórica de la existencia de Jesús como hombre, escribió: “Es interesante y significativo el que un historiador, sin prejuicio teológico alguno, descubra que no puede describir el progreso de la humanidad honradamente sin dar un lugar de prominencia a un maestro pobre de Nazaret. [...] Un historiador como yo, que ni siquiera se llama cristiano, descubre que el cuadro va girando irresistiblemente en torno a la vida y al carácter de este hombre tan significativo”.

¿Existió realmente Jesús?

Pero ¿qué hay si alguien le dijera que en realidad Jesús nunca existió, que, de hecho, fue un mito, una invención de hombres del primer siglo? ¿Qué respuesta daría usted a eso? Aunque Wells reconoce que “no sabemos todo lo que quisiéramos saber acerca de [Jesús]”, señala lo siguiente: “Los cuatro Evangelios [...] concuerdan en darnos un cuadro de una muy claramente definida personalidad; comunican la convicción de algo real. El suponer que él nunca vivió, que los relatos de su vida son invención, es más difícil y plantea muchos más problemas para el historiador que el aceptar como hecho los elementos esenciales de los relatos evangélicos”.

El respetado historiador Will Durant presentó un argumento similar cuando explicó: “El que unos pocos hombres sencillos [que se llamaron cristianos] hubiesen podido, en una generación, haber inventado una personalidad tan poderosa y atractiva, una ética tan elevada y una concepción tan confortadora de la hermandad humana, sería un milagro mucho más increíble que cualquiera de los consignados en los Evangelios”.

Por eso, usted pudiera razonar de este modo con el escéptico: ¿Pudiera un personaje mítico —una persona que en realidad nunca hubiera existido— haber afectado tan notablemente la historia humana? La obra de consulta The Historians’ History of the World (La historia universal vista por historiadores) declaró: “El resultado histórico de las actividades [de Jesús] sobrepasó en importancia, hasta desde un punto de vista estrictamente seglar, los hechos de todo otro personaje histórico. Desde su nacimiento data una nueva era reconocida por las principales civilizaciones del mundo”. Considere eso. Hasta algunos calendarios de hoy día se basan en el año en que supuestamente nació Jesús. The World Book Encyclopedia explica: “Las fechas que antecedieron a ese año se designan a.C., o antes de Cristo. Las fechas posteriores a ese año se designan A.D., o anno Domini (en el año de nuestro Señor)”.

Por sus dinámicas enseñanzas y por la manera como vivió la vida en armonía con ellas, Jesús ha afectado vigorosamente la vida de incontables multitudes de personas por casi 2.000 años. Como bien lo expresó cierto escritor: “El conjunto de cuanto ejército haya marchado y cuanta armada haya sido construida y cuanto parlamento haya funcionado y cuanto rey haya gobernado no ha tenido en la vida del hombre sobre esta Tierra un efecto que iguale al de él”. Con todo, los críticos dicen: ‘Todo lo que en verdad sabemos de Jesús está en la Biblia. No hay otros registros contemporáneos sobre él’. Sin embargo, ¿es cierto eso?

Aunque son pocas las referencias a Jesucristo por historiadores seglares de la antigüedad, esas referencias existen. Tácito, nacido hacia el 55 E.C. y considerado uno de los mejores historiadores del mundo, mencionó a los cristianos en su obra Anales. En el relato acerca de la ocasión en que Nerón acusó a los cristianos del gran incendio de Roma del año 64 E.C., escribió: “Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos, aborrecidos por sus ignomi[ni]as. Aquel de quien tomaban nombre, Cristo, había sido ejecutado en el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato”. Los detalles de este relato corresponden a la información acerca del Jesús de la Biblia.

Otro escritor que hizo comentarios respecto a los seguidores de Jesús fue Plinio e[b]l Joven, el gobernador de Bitinia.[/b] Cerca del año 111 E.C., Plinio escribió al emperador Trajano para preguntarle cómo tratar con los cristianos, y le señaló que los acusados falsamente de ser cristianos demostraban que no lo eran al repetir una invocación a los dioses y adorar la estatua de Trajano, “cosas todas que”, según indicó Plinio, era “imposible forzar a hacer a los que son de verdad cristianos”. Esto da testimonio de que Cristo realmente existió y de que sus seguidores estaban dispuestos a sacrificar su vida por creer en él.

Además, analicemos el testimonio de Flavio Josefo, fariseo e historiador judío del siglo primero, que se refirió a Jesucristo en su obra Antigüedades Judías. Aunque algunos dudan de la autenticidad de la primera referencia, en la que Josefo dice que Jesús es el Mesías, el profesor Louis H. Feldman, de la Universidad Yeshiva, dice que pocos han dudado de la veracidad de la segunda referencia, en la que Josefo afirmó: “[Anán, el sumo sacerdote] reunió el sanedrín. Llamó a juicio al hermano de Jesús que se llamó Cristo; su nombre era Jacobo [o Santiago]” (Antigüedades Judías, libro XX, cap. IX, sec. 1, [200]). Sí, un fariseo, un miembro de esa secta repleta de enemigos declarados de Jesús, reconoció la existencia de Santiago, “hermano de Jesús”.

Después de resumir las referencias a Jesucristo y sus discípulos por parte de historiadores de los primeros dos siglos, The Encyclopædia Britannica (edición de 2002) concluye: “Estos relatos independientes demuestran que en la antigüedad ni siquiera los opositores del cristianismo dudaron de la historicidad de Jesús, que comenzó a ponerse en tela de juicio, sin base alguna, a finales del siglo XVIII, a lo largo del XIX y a principios del XX”.

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