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Amor y anarquía : La vida urgente de Soledad Rosas (1974-1998)

En junio de 1997, cuando salió de la Argentina, Soledad Rosas era una chica de Barrio Norte, 23 años, licenciada en Turismo.
Un año después, cuando la encontraron ahorcada en Turín, estaba presa y acusada de ser la terrorista más peligrosa de Italia.
La suya fue una historia de amor y de anarquía y, también, la historia de cómo un Estado se inventa sus peores enemigos.


Ya el titulo nos dice mucho. No es la "La Vida Rápida de Soledad Rosas, ni apresurada, ni efímera, ni corta.

Es la vida Urgente de Soledad Rosas, un alma que en los pocos años que estuvo en esta tierra, sufrio/gozo de cambios drasticos. Si tiro su vida a la basura, si lo poco que vivio valio la pena, si es un ejemplo a seguir, o un ejemplo a repudiar; son cosas que cada lector tiene que descubrir al leer esta biografía, porque no es mas que eso, una biografia, contada exelentisimamente por Martin Caparros, que hara encariñarse con "La Sole" a mas de uno.






"Morir por una idea o por una pasión son dos anacronismos diferentes, pero participan de la misma esperanza: que mas allá de aqui y ahora existe algo mejor, sin lo cual todo esto es muy poquita cosa".







Prologo
Quiero reconocerlo: lo primero que me llamó la atención fue su muerte.

Los diarios la contaban y decían que había sido por una causa o un amor: en los últimos días de aquel siglo, las dos razones sonaban tan extrañas. Morir por una idea o por una pasión son dos anacronismos diferentes, pero participan de la misma esperanza: que más allá de aquí y ahora existe algo mejor, sin lo cual todo esto es muy poquita cosa. La muerte de Soledad me llevó a la de su novio, Edoardo: este libro podía haber sido la historia de dos muertes solitarias —y por lo tanto misteriosas.

Un hombre y una mujer que se amaron aparecen colgados de formas semejantes en una celda y una granja del Piamonte. Allí quedaban sus vidas, sus misterios: cómo saber qué pasa cuando dos mueren solos, cuando no dejan notas que lo expliquen, cuando dejan enigmas. Toda muerte es una certeza que despierta infinidad de dudas —y algunas, muchas más. Es verdad: sus muertes me llevaron a buscarles la vida. A primera vista sus muertes cambiaron sus vidas por completo: las hicieron dignas de alguna forma de la historia. Quizás, en esta historia, sus vidas puedan cambiar sus muertes: prestarles un sentido, darles vida. Quería conocer sus historias: quería saber cómo se crece en la Argentina contemporánea, cómo el futuro que nuestro país no ofrece puede ser reemplazado por otros. Cómo una fugitiva se armaba una vida nueva en otro país —europeo, prestigioso. Cómo se hacía una militante en tiempos de neoliberalismo y olvidos y renuncios. Cómo una chica de Barrio Norte llegaba, en pocos meses, a convertirse en el Enemigo Público Número Uno del Estado italiano. Y por qué un Estado moderno edificaba con tanto cuidado la figura de sus enemigos —la figura del terrorista— y cómo terminaba destruyendo los monstruos que inventaba —porque los inventaba para eso. Quería saber si Soledad se inventó un enemigo, si Soledad fue un invento de sus enemigos: precisaba enterarme. Eso fue hace dos años: eran tiempos que parecían vacíos. Después las calles de la Argentina volvieron a llenarse de personas —y también de muertes. Y Soledad Rosas empezó a tomar otros sentidos.





Carta de Sole Desde la carcel



Apenas conoció la noticia de la muerte de su compañero Eduardo, Soledad escribió esta carta:


Compañeros y compañeras: La rabia me domina en este momento. Siempre he pensado que cada uno es responsable por sus actos, pero esta vez hay culpables y los quiero mencionar en voz alta, son aquellos que mataron a Edo: el Estado, los jueces, los abogados, la prensa, el T.A.V., la policía, las leyes, las reglas y toda la sociedad de esclavos que acepta este sistema. Siempre luchamos contra esta dominación y es por ello que hemos terminado en la cárcel. La cárcel es un lugar de tortura física y psíquica, aquí no se dispone de absolutamente nada, no se puede decidir a qué hora levantarse, qué comer, ni con quién hablar, ni con quién encontrarse, ni a qué hora ver el sol. Para todo hace falta hacer una solicitud, hasta para leer un libro. Ruido de llaves y cerraduras que se abren y se cierran, voces que no dicen nada, voces cuyo eco se escuchan en los pasillos fríos, zapatos de goma que no hacen ruido y una linterna que en los momentos menos pensados está ahí para controlar tu sueño, correo controlado, la palabra prohibida. Todo un caos, todo un infierno, todo la muerte. Así es como te matan día a día, despacio pero seguro para hacerte sentir más dolor. Por eso Edo ha decidido terminar abruptamente con este dolor infernal. Al menos él se permitió tener un último gesto de mínima libertad, de decidir él mismo cuando terminar con esta tortura. Entre tanto, me castigan a mí y me ponen en incomunicación. Eso significa no sólo no ver a nadie sino tampoco recibir ningún tipo de información, no tener una frazada para taparse. Ellos tienen miedo de que yo me suicide. El mío es un aislamiento cautelar, lo hacen para "salvaguardarme", y así no tener que asumir la responsabilidad si yo decidiera también ponerle fin a esta tortura. No me dejan llorar en paz, no me dejan tener un último encuentro con mi Baleno. Veinticuatro horas al día, un agente me custodia a cinco metros de distancia. Después de lo que pasó, los políticos del partido verde que vinieron para darme su pésame y para tranquilizarme no se les ocurrió nada mejor que decirme que ahora seguramente todo se va a resolver más rápido, ahora todos van a seguir con más atención el proceso y pronto te darán arresto domiciliario. Después de este discurso me quedé sin palabras, estaba sorprendida, pero pude preguntarles si se necesita de la muerte de una persona para conmover a un pedazo de mierda, en este caso el juez. Insisto, en la cárcel ya mataron a otros y hoy mataron a Edo, estos terroristas con licencia para matar. Voy a buscar la fuerza de alguna parte, no sé de dónde, sinceramente ya no tengo ganas pero tengo que seguir, lo hago por mi dignidad y en nombre de Edo. Lo único que me tranquiliza es saber que Edo ya no sufre más. Protesto, protesto con mucha rabia y mucho dolor.


Sole


P.D.: Si el hecho de encarcelar a una persona es un castigo, entonces a mí ya me castigaron con el asesinato de Edo. Hoy empecé la huelga de hambre. Quiero mi libertad y la destrucción de toda esta institución carcelaria. La condena la voy a pagar todos los días de mi vida.

































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