A veces nosotros somos presas de las relaciones pesadas, las relaciones con malos hábitos, relaciones en que uno da mas que la otra persona.[/size][/size][/size]A todos nos ha pasado alguna vez en que nuestra pareja tiene carácter fuerte, y es muy difícil de llegar a ella.
Para todo hay razones, talvéz malas crianzas desde pequeños, o la imagen familiar esta muy dañada.
O también aveces la persona tiene cambios de humor drásticos
A veces somos nosotros mismos los que estamos mal y no nos damos cuenta.
Pero como poder sobrellevar esta situación?
Cómo poder vencer el descontrol interno que nos causa esto.
He aquí unos pequeños consejos para mejorar la relación
Recordar siempre “NO ESTÁ TODO PERDIDO”
Las personas son lo que son, no lo que a nosotros nos gustaría que fueran. Acéptalo de una vez. A lo mejor él no querrá asistir a ninguna terapia, ni leer ese libro que a ti te pareció tan interesante y que crees os podría ayudar en vuestra relación de pareja, quizás no va a reconocer que tiene un problema, y mucho menos intentar un cambio. Probablemente no es que no quiera, todo el mundo quiere ser feliz y sentirse amado. Quizás no sepa hacerlo mejor, no crea que puede hacerse mejor o no esté preparado para tomar decisiones o intentar un cambio.
¿Prefieres tener razón a ser feliz? Ya sabemos que una pareja es cosa de dos. Qué él podría tomar también la iniciativa y tratarte mejor. Todo eso es cierto, también lo es que sólo puedes cambiar aquellas cosas que dependen de ti.
Si estás dispuesta a no quedarte de brazos cruzados, esperando a que la vida, el tiempo, la suerte o los demás te resuelvan la vida, haz algo ya.
RECUERDA:
1. Si tú no estás bien, nada lo estará.
La dedicación y falta de tiempo por el trabajo, el niño, la casa, las discusiones, etc. es objetivo. Tu actitud hacia esa circunstancia y todo lo que piensas y sientes es subjetivo, y ahí puedes intervenir desde ahora mismo.
Tienes que estar bien contigo misma, serenarte, despojarte de los sentimientos de culpa, ser capaz de recuperar tu independencia emocional y perder el miedo a estar sola contigo misma. Tienes que desear estar con él, pero no necesitar estar con él. Tienes que perder el miedo a perderlo.
“Quizás os parezca raro pero el primer paso está en comprender lo que sucede en vuestra relación y la única manera de conseguirlo es mirando dentro de vosotros mismos.
Si tenéis el valor de permanecer solos con vosotros mismos, os daréis cuenta que cada día seréis más fuertes para abordar vuestros problemas, de esta forma os sentiréis libres y capaces de pasar a la acción.
Una vez superado el miedo a la soledad, abandonareis todo resentimiento hacia el otro, porque seréis independientes. Apenas lo hagáis, os daréis cuenta que la infelicidad y la insatisfacción que sentíais desaparecen.
Probad y experimentad el perdón, intentad dar más bien que esperar a recibir, tened paciencia y sed constantes, y os sorprenderéis transformados. ¡Mejoraréis!
(Paloma Gascón. Psicoterapeuta.)
2. Demuéstrale que estás de su lado, SIEMPRE...
Tenéis que pasar progresivamente del miedo a la confianza. No “voy a hacer esto o aquello para que no se enfade”, sino porque “verle feliz me compensa y me hace feliz a mí también”.
Tenéis que recuperar la confianza en el otro, la confianza de que me quiere aun sin ser perfecta/o, elige cada día estar conmigo libre y voluntariamente, puedo mantener su amor a pesar de que no estemos de acuerdo en todo.
La bronca termina siendo un mecanismo de defensa mediante el cual consigo controlar al otro, ya que por las buenas parece no dar resultado. La bronca lleva al miedo, y el miedo a medio-largo plazo al deterioro de la relación, ya que nos sentimos tensos, humillados, manipulados, etc.
Para recuperar la confianza necesitamos sentir que se pone en mi lugar, que está de mi parte, que no es mi enemigo/a sino la persona que me quiere, que tiene en cuenta mis necesidades y deseos tanto como los suyos propios.
Volvemos a la idea primera. TIENES QUE ESTAR A BIEN CONTIGO para no necesitar demostrar nada, ni justificarte por nada. Si no, lo que sucede es que nuestro comportamiento se centra en intentar que el otro se ponga en nuestro lugar y que nos dé la razón.
Que nos den la razón cuando nosotros no nos ponemos en el lugar de las otras personas es difícil, porque el otro siente lo mismo que tú, quiere que le comprendan y le den la razón, alguno tiene que empezar, ¿por qué no reconocer que los dos tenemos razón?
PARA GENERAR CONFIANZA:
• Pilla haciendo algo agradable a tu pareja (Ej.: Te ayuda recogiendo la mesa, se ocupa del niño, llega de buen humor, etc.) y reconóceselocon un beso, una sonrisa o una palabra amable. Que se dé cuenta de que te gusta, no te quedes pensando “qué mosca le abra picado”, “algo querrá”,... y pongas mala cara o te quedes indiferente. A todas las personas nos gusta gustar, si se da cuenta de que así lo consigue tienes más posibilidades de que repita esas conductas agradables.
Importante: NUNCA se te ocurra aprovechar que hace algo bueno para echarle la charla o intentar solucionar conflictos de otro tipo, Ej.: “si fueses así siempre que bien nos iría”, “ves como cuando quieres puedes resultar adorable”, etc.
• Cuando tengas que dar tu opinión, primero le escuchas atentamente y luego le dices:
“ENTIENDO QUE...” (Demuestras que has comprendido su idea, muestras empatía y, si es posible los puntos de acuerdo con su postura)“TAMBIÉN ES CIERTO QUE...” (Procura no usar un PERO... porque parece que lo anterior no vale. Das tu opinión o argumentas con hechos otro punto de vista distinto al escuchado. Si vas a dar tu opinión subjetiva, utiliza mensajes “YO”, habla por ti, y no te metas en descalificaciones hacia los demás)“POR LO TANTO SUGIERO... O ¿QUÉ PODRÍAMOS HACER?...” (Propones un cambio que satisfaga a ambas partes)Importante: Recuerda que son 3 pasos y por ese orden, y que SIEMPRE tienes que empezar por demostrarle que te pones en su lugar y que respetas su punto de vista con un entiendo que... antes de dar tu opinión o de pedir algo. Trata de abrir el diálogo y la negociación en lugar de cerrarla con ataques personales, exigencias, malos modos, gestos de impaciencia, etc.
Ejemplos:
- (Ej.: Te propone un plan que no te apetece demasiado)
Entiendo que quieras quedar con tu hermano para no perder el contacto. Yo comparto tu misma opinión sobre su mujer, así que qué te parece si vemos la forma de no dedicarle todo el día a esa visita.
EVITA DECIR COSAS COMO: Sabes que no soporto a fulanita, y tu hermano me parece un... por consentirla... Creía que a ti tampoco te gustaba..., la verdad es que no te entiendo (es decir terminas metiéndote o con la persona que es de su agrado o con él mismo, o pones obstáculos para permitir ese encuentro.
Entiendo perfectamente que te apetezca pasar unos días con... También es cierto que hemos tenido una semana muy complicada y apenas hemos podido pasar un rato a gusto los 3 juntos (refiriéndote al niño). Para mí es importante que reservemos algo de tiempo para estar nosotros solos juntos en familia, seguro que si pensamos con calma en una solución para hacer ambas cosas la encontraremos (abrir el abanico de alternativas, no se trata de ahora o nunca, de todo o nada, podemos reservarnos un fin de semana distinto o un puente, una mañana o una tarde, negociar.)
EVITA DECIR COSAS COMO: “Y nosotros cuándo, a ver si te enteras de una vez que tu familia somos nosotros. Eres un cobarde, no sabes nunca decir que no a los demás y siempre nos sacrificas a nosotros”.
- (Ej.: No colabora en las tarea domésticas porque dice estar cansado)
Entiendo que tienes poco tiempo para ti con tanto trabajo, (también es cierto) a mí me pasa lo mismo (mensaje yo), entre la casa y el niño estoy un poco agobiada. ¿Qué te parece si recogemos esto rápidamente entre los dos y nos tumbamos un poquito en el sillón a ver la película? Dicen que es muy buena. (sugerencia)
EVITA DECIR COSAS COMO: “A ver si te crees que yo no estoy cansada, si te agobia la casa y llevas 5 minutos, imagínate yo que paso toda la tarde aquí con el crío, qué egoísta eres”.
- (Ej.: Se queja de cenar varias veces lo mismo)
Entiendo que te aburras de comer una cosa, a mí también me pasa, quizás podrías darme alguna idea para variar el menú. Con el tiempo que tengo tiene que ser algo fácil de hacer.
EVITA: Picarte. No escuches lo que no se te ha dicho, no te precipites sacando conclusiones o haciendo interpretaciones negativas de las palabras del otro. Céntrate en el tema y no personalices cualquier comentario que se te haga. No estés a la defensiva, no tienes que defenderte de nada y si así fuera que sean más explícitos contigo.
• Sé cariñosa y demuéstrale tu afecto habitualmente, incluso cuando no estéis de buenas. Utiliza muchos te quiero y el contacto físico (besos, abrazos, sonrisas). Que tu gesto sea agradable, destierra el “morro choto”, los gestos desairados, las voces.
Tú misma mejorarás con el cambio. Williams James (un prestigioso psicólogo) decía: ¿estamos tristes porque lloramos o lloramos porque estamos tristes? El cambio físico influye en nuestro cambio mental y a la inversa.
RECUERDA: No le regañes. Utiliza una forma positiva de expresión, habla de lo que deseas y no de lo que quieres evitar.
Ejemplo, se puede decir:
- Ya era hora que llegaras a casa, o
- Cuanto me alegra que ya hayas llegado a casa, tenía ganas de verte.
(Si quería decir lo primero, ¿por qué digo lo segundo? Estoy deseando verle y consigo nada más llegar montarla para que nos enfademos y nos demos la espalda en la cama)
Si estás enfadada por algo que ha hecho recuérdale que tu enfado no pone en peligro tu amor hacia él. A veces es bueno antes de hacer una crítica comenzar por un halago, y si puedes terminar con otro mejor (Ej.: Te quiero mucho y si algo no deseo es que discutamos más por problemas domésticos. Siento no estar de acuerdo con lo que me propones, mi opinión es que... / Otro Ejemplo: Me pareces un buen padre. Creo que en este caso, no estás teniendo suficiente paciencia para...)
Deja de estar enfadada todo el rato, eso se consigue:
- No creyéndote mejor que los demás (cada vez que le culpas tan duramente por algo es porque se te olvida que también tú tienes defectos),
- Evitando los “campos de minas” (aquellos asuntos con los que eres especialmente susceptible),
- No provocando la ira de los demás (pinchando y señalando sus defectos, a veces gratuitamente),
- No sobrecargándote de trabajo o de responsabilidad más de lo estrictamente necesario. El estrés produce irritabilidad (seguro que puedes reducir la carga que te auto impones, ¿qué más da si hoy no paso el aspirador y me tumbo un rato a descansar?, mímate más)
• No seas tan perfeccionista, y deja de criticarle. Es sólo un ser humano tan imperfecto como tú. No estés corrigiéndole continuamente por cosas nimias. (Ej.: Te has dejado la leche fuera de la nevera, te ha quedado la camisa un poco arrugada, vaya pelos que te has dejado hoy, anda que me has dado un beso al llegar, etc.)
• Deja de competir. Los dos estáis en el mismo equipo. ¿Por qué tienes que demostrarle que eres más lista, más intuitiva, más rápida, que sufres más, que cocinas mejor, qué pones más de tu parte, etc.? ¿Tan insegura te sientes que tienes que ir demostrando lo que vales montando y ganando batallas? No conseguirás así su aprecio y valoración, lo que conseguirás es que se resienta, se sienta atacado, humillado y contraataque.
EVITA FRASES DEL TIPO: “Todavía vas por ahí, a mí me ha dado tiempo a...”, “Que poco ojo tienes para las personas, ya te dije yo que...”, “¿Ya estás cansado? ... llevo yo desde está mañana...”.
Si es él el que compite, deja que sea para él una necesidad, no entres al trapo. En el fondo lo que está pidiendo a gritos es amor y reconocimiento, dejará de hacerlo en cuanto mejore su autoestima y/o no se sienta amenazado. No te inmutes, puedes reconocerle su virtud sin menospreciarte tú. La clave está en no comparar ni compararse con los demás. Frases como: “cada uno tiene sus virtudes” o “reconozco tus virtudes, por eso te quiero” puede ser suficiente, si la cosa se pone fea, puedes añadir.. “¿Puedes hablar de ti sin hablar de mí por favor?”
• Dale un voto de confianza. Si hay algo que no entiendas, simplemente PREGUNTA POR QUÉ SIN PONERTE A LA DEFENSIVA, evitarás muchas discusiones y meteduras de pata por ser malpensada. Las personas solemos tener un motivo más o menos razonable para hacer lo que hacemos. Escucha lo que tiene que decir.
Ejemplo:
- Llega tarde a casa... ¿ha sucedido algo?/ en lugar de “bonitas horas de llegar a casa”
- Llega de mal humor... ¿has tenido un mal día?/ En lugar de “eres insoportable”.
- Se pone a la defensiva... ¿he dicho algo que te haya molestado?/ En lugar de “a ti no hay quien te hable, cómo te pones por nada”.
- Grita al niño... ¿qué ha pasado?/ En lugar de “para un rato que le ves le estás gritando”.
3. Si está el ambiente muy tenso por su parte o por la tuya... aplaza la conversación para otro momento. Las cosas no son ahora o nunca.
Ej.: “Ahora estamos muy alterados y nos podríamos decir cosas de las que luego nos arrepintiéramos, por favor dejemos esta conversación para más tarde, ¿qué tal mañana después de acostar al niño? Seguro que mañana, más tranquilos, vemos todo este asunto de otra manera. No tenemos que llegar a un acuerdo de forma inmediata, tenemos tiempo”
A veces, si la alterada eres tú, puede bastar con que controles tu impulsividad, ¿cómo? Desaparece por un rato de la escena, vete al servicio, a otra habitación, a la calle con cualquier excusa, deja que tu adrenalina vuelva a los niveles normales y elige qué quieres hacer, cómo quieres actuar.
Respira profundamente y destensa tus músculos, piensa en amor, en abundancia, en que todo tiene una salida, en el fin positivo de las cosas (de todo se aprende, hay cosas que llevan su tiempo, etc.). Se trata de encontrarte a ti misma y conectar con tus deseos, y no de reaccionar a lo loco y a la defensiva, alejándote del fin último y bueno de tus deseos (ser felices, amarnos, ayudarnos, entendernos, resolver dificultades, permanecer unidos, etc.)
4. Perdónate. No te culpes si no logras estar encantadora todo el tiempo.
La gente perfecta es repelente. Si fueras una santa estarías en los altares y no en el salón de tu casa. Perdónate, sé tan buena contigo misma como tú eres con quienes más quieres. Sé tu mejor amiga y date consuelo cuando te sientas triste o avergonzada por algo que hayas hecho o dicho. Piensa cómo podrías haberlo hecho mejor y qué has aprendido de esta situación. Paga una sola vez por tus errores. No te engañes, martirizarte por ello no te hace mejor persona, no soluciona el problema ni es un consuelo para la persona que hemos afectado. Es sencillamente un sufrimiento inútil.
Existe un truco para cuando metemos la pata, rebobinar. Siempre puedes decir: “¡qué mal ha sonado eso que he dicho! Rebobino, como si no te hubiese dicho nada ¿vale?” Y empiezas de nuevo. También puedes decir, “creo que no voy bien, empiezo de nuevo”, e imaginariamente pasar la cinta hacia atrás. Vuelves a colgarte el bolso, el abrigo, sales por la puerta y entras de nuevo como si fuese la primera vez que lo haces (si eso fue lo que ocurrió inmediatamente antes de meter la pata.
El sentido del humor es muy importante para quitarle hierro al asunto, y liberar tensiones.
Discúlpate pero no te pases pidiendo perdón o convencerás al otro de que lo que has hecho es terrible. Un “no siempre conseguimos estar a la altura de las circunstancias, he metido la pata lo siento”, o “aunque mi intención era buena, no lo he sabido hacer, lo lamento”, es suficiente.
EVITA DECIR COSAS COMO: soy un desastre, no hago más que amargarte la vida, nunca aprenderé, no se como me aguantas, etc., ni te beneficia a ti ni es un consuelo para los demás.
Si metes la pata, y no sabes como sacarla, siempre puedes hacer algo para no empeorar más las cosa, dejar de meterla. Agacha las orejas y déjalo correr, no trates de justificarte más. Un “quizás me he precipitado” (reconociendo el error) y no volver a sacar el tema puede ser suficiente. Ya se olvidará, pero desde luego será más difícil si no dejas el tema en paz.
5. Apóyate en lo que sí va bien.
A veces mostramos un sesgo perceptivo importante al valorar lo que nos sucede. Es como si nos pudiéramos unas gafas con cristales de un color y a partir de ahí toda nuestra realidad se tornara de ese mismo color.
No es cierto que todo vaya de mal en peor. Piensa en aquello que sí funciona y recuérdaselo para que él también lo vea y se sienta menos frustrado y más animado para resolver las diferencias.
Ej.: Puede ser un mal amo de casa, pero jugar mucho con el niño. Puede ser un poco muermo pero muy trabajador, podéis discutir mucho pero también quereros con locura, podéis tener poco dinero pero reíros mucho juntos.
6. No bloques las negociaciones más de lo que están.
En lugar de tratar el tema de forma dicotómica (blanco o negro) trata de encontrar soluciones “grises” abriendo el abanico de alternativas sobre las cuales negociar. Ej.: No es “sí” o “no” compramos un equipo de música. Podemos negociar precio, momento de comprarlo, formas alternativas de escuchar música (a través del ordenador, portátil,...), etc.
A veces, cuando no estamos de acuerdo en algo, nos atrincheramos en nuestras posiciones y creemos que llegar a acuerdos es cada vez más difícil por no decir imposible.
Para poder avanzar en cualquier intento de acuerdo o negociación, llegados a un punto de no avance, debemos apoyarnos en lo que sí estamos de acuerdo para sentir que no estamos tan alejados y que podemos seguir avanzando. Hazle ver que estáis de acuerdo en lo básico.
Ej.: Tú quieres una cosa para el niño y él otra, relativa a cuidados, educación, etc. Decir: “Los dos estamos de acuerdo en una cosa, buscamos lo mejor para el niño, ¿verdad?”.
Ej.: Él quiere pasar el fin de semana de una manera y tú de otra. Decir: “Al menos estamos de acuerdo en que no nos apetece quedarnos en casa, bueno ya es algo”.
Encontrar por fin un “SÍ” después de tanto “NO”, hace que sea más fácil seguir dialogando, y encontrar otro “SÍ” más adelante.
Tomamos inercia con nuestras respuestas, consigue muchos “SIES” seguidos hablando de aquello en lo que sí estáis de acuerdo.
6. Trata de no obsesionarte por lo de siempre.
¿Qué es lo de siempre? Su madre, su trabajo, las tareas domésticas. A cada uno le da por una cosa. Cuidado con las obsesiones, sólo conseguirás sacar las cosas de quicio y hacer el problema más gordo.
Quien busca, encuentra. Saca ese asunto de tu vida. No lo nombres, no lo menciones, no hables de ello. Sólo dejará de ser un problema cuando dejes de darle protagonismo en tu relación de pareja.
Si es una cuestión de tomar decisiones, tómalas y actúa en consecuencia, pero deja de “marear la perdiz”.
¿Por qué sacamos una y otra vez cosas como lo mal que me sentó lo que hiciste el día tal...? (Lo que me dolió un comentario, un gesto, una acción), ¿hasta cuando lo vas a estar recordando y culpabilizando o haciéndole sentir mal por aquello? Ya va siendo hora de que olvides. Recuerda: Nosotros damos permiso a las personas para que nos puedan hacer daño, reviviendo malos recuerdos me golpeo una y otra vez, sacando punta a lo de siempre, me golpeo una y otra vez. ¡Basta ya!
7. No dediques toda tu energía en preocuparte por tu relación de pareja.
No le dediques toda tu energía ni todo tu tiempo a darle vueltas al asunto. Recuerda el primer consejo. Si tú no estás bien, nada lo estará.
Pensamos con más claridad cuando tomamos distancia de nuestros problemas. Tomamos distancia cuando diversificamos nuestra atención, nos olvidamos por un rato del asunto y podemos volver a ello viéndolo desde otro punto de vista, con otro ánimo, con otras experiencias.
Cuídate mucho, date caprichos (los hay muy baratos: oír música, darte un baño, comprarte un libro, quedar con una amiga, etc.)
Refuerza tu autoestima, haz cosas (dentro de tus posibilidades) que te permitan sentirte mejor contigo misma y que no tengan nada que ver con él. Puede ser tan sencillo como hacer una nueva receta de cocina, ir a la peluquería, apuntarte a un curso, conversar amigablemente con alguien desconocido, cuidar tu dieta, hacer ejercicio, etc. Se trata de aprender alguna habilidad nueva, ponernos pequeñas metas o simplemente disfrutar de cosas sencillas.
No seas catastrofista pensando todo lo que va mal y lo que podría ir aún peor. Se positiva, disfruta de lo que la vida te ofrece, de lo que sí va bien, de lo que aún puede ir mejor. Cambiará tu estado de ánimo, la importancia que le das a las cosas, tu actitud ante las dificultades.
Primera y última regla: QUIÉRETE.
Primer y último objetivo: SÉ FELIZ.
Primera y última obligación: CUÍDATE.
Primer y último derecho: RESPÉTATE.
Hasta la religión, que (siendo o no creyente) ha calado en nuestra cultura y nuestra educación y que tanto nos habla de pecados, tiene entre sus premisas “amarás al prójimo como a ti mismo”. Comienza por ti para saber cual es la medida en la que puedes amarle a él.
Hombre ¿quieres tener feliz a tu pareja?
Tu mujer necesita cariño, así que muestra interés por sus sentimientos y por su bienestar y ella se sentirá querida y atendida. Ella se sentirá especial y de forma natural empezará a confiar en ti.
Necesita de ti una actitud comprensiva. ¿Cómo se hace? Pues escucha el sentimiento que te está expresando y esfuérzate por valorar lo que te dice. Estate seguro de que si tu mujer se siente comprendida te aceptará tal como eres.
Muestra respeto y ten en cuenta lo que ella piensa y siente. Si por ejemplo le regalas flores, recuerdas los aniversarios, tienes detalles, ella se sentirá feliz porque tú quieres cubrir sus necesidades y deseos y estará deseosa de mostrarte su aprecio.
Y no has de olvidar darle seguridad en que la quieres, la comprendes y respetas, una y otra vez a tu mujer, ya que si no haces, sin querer estarás saboteando la relación. Recibirás a cambio una actitud animosa por parte de tu mujer que te dará esperanza y valor, al darte confianza en tus capacidades y en tu manera de ser.
Si te sientes orgulloso de apoyarla y satisfacerla y das más importancia a los sentimientos de ella que a tus intereses (trabajo, estudio, ocio, etc.) le muestras tu devoción por ella. Recibirás de ella su mirada de admiración, alegría y aprobación complacida.
Mujer ¿quieres hacer feliz a tu pareja?
Tu hombre necesita confianza. Muéstrate abierta y receptiva y él sentirá que confías en él. Confía en que hace todo lo que puede y que desea lo mejor para ti, entonces él se mostrará más cariñoso contigo y atento a tus sentimientos.
Necesita tu aceptación, que lo recibas con amor y no intentes cambiarlo. Eso no quiere decir que tú creas que es perfecto, sino que lo aceptas tal como es. Entonces él estará más atento a tus sentimientos y será más comprensivo contigo.
Cuando te muestras feliz y reconocida por los esfuerzos que ha hecho tu hombre, el se siente apreciado. Al sentir satisfecha su necesidad de aprecio, adquiere fuerza y se siente motivado para respetar más a su mujer.
Cuando tu hombre recibe tu ánimo, le es fácil ser el mejor posible, y tú te sentirás más segura a su lado.
Muestras tu admiración cuando te quedas maravillada con sus características, su forma de ser única, que puede ser su fuerza, su honradez, su inteligencia y sentido del humor, su amabilidad, su comprensión. El hombre necesita ser el héroe de su dama, y cuando se siente admirado le es muy fácil sentir devoción por su mujer
Problemas de pareja
¿Es suficiente el amor para garantizar una buena relación de pareja? Como nos dice Aaron Beck “Con el amor no basta”. Una relación gratificante está relacionada con la atracción, la complicidad, la responsabilidad compartida, el respeto, la afectividad y el cariño.
Los problemas de pareja provocan mucho sufrimiento, y su buen funcionamiento supone una fuente importante para nuestra felicidad, pero en muchas ocasiones, a pesar de haber intentado diversas soluciones, parece que aún se agravan más las dificultades ya existentes y comienzan los rencores mutuos, afectando habitualmente también a las relaciones sexuales.
Mediante una intervención científica y rigurosa podemos ayudaros a mejorar la comunicación, aclarar malentendidos, clarificar las expectativas no realistas, las atribuciones imperfectas y enfrentarse a los problemas de la pareja, integrando la terapia sexual si se presentan insatisfacciones en el sexo de la pareja, obteniendo muy buenos resultados en el mínimo tiempo necesario.
LA CONFIANZA
Si tu pareja te miente mucho, o sientes que te oculta muchas cosas hay muchas razones
habría que averiguar por qué miente y en qué miente.... ¿temor a que no te guste lo que cuenta?, ¿por vergüenza?, ¿desconfianza?, ¿inseguridad?, ¿es en algún tema en concreto?, ¿no le gusta la realidad y la disfraza?, ¿más que mentir tergiversa o exagera?, ¿es sólo contigo o es con todo el mundo?, ¿lo hará para mostrarse diferente a cómo es en realidad o para sentirse aceptada(falta de autoestima)?, ¿como barrera de protección?, , ¿mitomanía?.
A grandes rasgos y generalizando, yo creo que una persona que miente por costumbre tiene algún problema de fondo... quizá falta de seguridad en sí misma. Intenta hablarlo con ella y ser comprensivo. Seguro que juntos podrán reconducir esa "fea" costumbre y que ella se sienta mejor consigo misma sin tener que mentir.
El tema de ayuda es
CÓMO AFRONTAR LAS RELACIONES DIFÍCILES
"Me hace la vida imposible"
Hasta el individuo más primario intuye que la calidad de vida no depende sólo de cosas materiales (salud, trabajo, estudios, dinero, tiempo de ocio, ...), ya que hay otros factores que inciden en nuestro bienestar emocional. Uno de ellos es cómo nos va en el a menudo espinoso ámbito de las relaciones personales. Y dentro de este espacio tan amplio, no es el menos importante cómo nos desenvolvemos ante esas personas a las que, por la razón que sea, no soportamos, no podemos ni ver.
"Me crispa", "no le aguanto", "me hace la vida imposible", "me pone de los nervios" son afirmaciones que no por enfáticas y aparentemente desmesuradas son menos representativas de una realidad que puede acabar por desquiciarnos. Cada uno es como es, sin duda, y hemos aprendido, mal que bien, a llevarnos al menos medianamente con la gente con que congeniamos poco pero que, a nuestro pesar, vemos con cierta frecuencia. Pero, ¿qué podemos hacer cuando la incompatibilidad es manifiesta, cuando alguien que aparece en nuestra vida con regularidad nos resulta literalmente insoportable?.
Exceptuando a esos seres angelicales incapaces de llevarse mal con nadie y que tienden a ver sólo lo positivo en los demás, somos mayoría quienes nos encontramos, en espacios que no dominamos (trabajo, estudio y parientes, principalmente) con gente insufrible, ya sea por su vanidad, soberbia, egocentrismo, autoritarismo, egoísmo, ... cada uno tiene sus manías, pero parece evidente que algunas personas tienen el dudoso mérito de granjearse antipatías por doquier.
Cada uno de nosotros es un ser único e irrepetible, ahora bien, todos debemos esforzarnos en que nuestra relación con los demás, y especialmente con quienes tratamos a menudo, discurra por unos cauces, si no afables, al menos correctos. Pero, a pesar de todo, hay personas con las que no nos sentimos a gusto, o con las que no tenemos nada en común. E incluso hay hombres y mujeres con quienes nos sentimos realmente mal: nos es desagradable tan sólo pensar que tenemos que compartir unos minutos con ellos. El miedo preside este tipo de relaciones y puede bloquearnos de forma que no podamos afrontar la relación de forma satisfactoria. Este miedo nos crea cierta dependencia, ya que si estamos en contra de alguien por su comportamiento hacia nosotros, estaremos siempre dependiendo de esa persona, de lo que haga o diga.
Si se puede, evitemos el contacto
Distingamos: una cosa es que haya personas que intentan hacernos la vida imposible y otra bien distinta que nosotros aceptemos el juego y consintamos en nuestro papel de víctimas. Si nos persiguen -cosa poco habitual, por otra parte- no tenemos muchas opciones, más allá de reflexionar sobre los motivos de que la hayan tomado con nosotros, y adoptar las medidas oportunas, que siempre las hay. Será difícil actuar en la persona que tanto daño nos genera. Resulta más apropiado aprender a situarnos en una posición defensiva y lúcida desde la cual no suframos ese malestar y donde el miedo no anule en nosotros la capacidad de generar esa respuesta racional y ponderada que ansiamos dar al problema. Porque si la convivencia con esa persona insoportable no es ineludible, la solución es evidente: evitar encontrarnos con ella. Parece una obviedad, pero no pocos de nosotros, por convencionalismos sociales o por una mal entendida cortesía, mantenemos relaciones banales que no nos aportan nada e incluso algunas que nos suponen incomodidad o malestar. Y, sin embargo, continuamos sin cortar con tales relaciones. Acabamos criticando encendidamente a esas personas, pero quienes salimos dañados somos nosotros mismos.
¿Y si no podemos hacer otra cosa que aguantar?
En la mayoría de los casos en que mantenemos relación con personas que nos resultan insufribles, el motivo de que no tomemos la decisión más lógica (cortar por lo sano, y dejar de tratarlas) es que, sencillamente, no podemos. O no nos conviene, que viene a ser lo mismo. Un jefe o la compañera de enfrente en el trabajo, una profesora o un colega de estudios en la universidad, un pariente que vemos cada semana, un amigo al que los demás aprecian y que la tiene tomada con nosotros, ... Partamos, por esta vez, de que el culpable es el otro.
¿Qué hacer para convivir en una mínima armonía con esa persona? Ignorar el problema y mirar a otro lado es como pensar que, porque no las vemos, las cosas no están ocurriendo. La realidad existe y, si es problemática y atenta contra nuestro bienestar emocional, hay que plantarle cara y mirarla de frente. Podemos hacer algo también ante ese tipo de personas: abordar la situación de tal manera que consigamos no sentirnos mal y por tanto que no se nos agolpen tantos sentimientos que pueden minan nuestra autoestima e incluso aumentar nuestra agresividad.
Qué hacer ante los "insufribles"
Caben varios tipos de actitudes: la más sencilla, evitar el encuentro. No arreglaremos el mundo, pero es una medida práctica aunque no siempre posible. Queda lejos de la solución óptima, porque nos podría quedar la insatisfacción de haber sido débiles, cómodos, o insuficientemente tolerantes con la persona en cuestión. Hay otra opción: el ataque, que cuenta con fieles adeptos entre quienes ven a los demás como culpables de todo lo malo que les ocurre.
Esta actitud es la más frecuente en personas con escasa capacidad de autocrítica, aún menos sentido del humor y con ciertos atisbos de paranoia: ven agresores por todas partes. Pero no es más defendible la postura contraria, la de quienes se sienten culpables de todo, incluso de la estupidez o malos modos ajenos. Normalmente, se trata de personas que han crecido en la minusvaloración personal y en el miedo a quienes ejercen cualquier tipo de poder. Ante cualquier conflicto interpersonal, se hunden y se perciben impotentes y culpables. Mala cosa. Otra opción es la negación del problema, la favorita de los falsos optimistas, que dan así con "su" solución pero sin afrontar (y, mucho menos, resolver) el problema. Normalmente, se lo endosan a los demás.
Es una postura muy conservadora (no aborda las circunstancias que originan las dificultades de relación, nada hace para cambiarlas) y poco solidaria: espera a que sean otros quienes resuelvan el problema. Otra alternativa: el pacto. Siguiendo el lema "si no puedes vencer a tu enemigo alíate con él", hay quienes intentan alianzas con esa persona que le hace la vida imposible. No es un mal camino, a veces resulta y pueden producirse sorpresas positivas, pero es muy probable que el otro, al no haber pedido él el pacto, quede en posición de vencedor y vuelva a las andadas.
Cuando no hay solución
Si se se sopesan todas las alternativas y se llega a la conclusión de que no hay nada que hacer (y las circunstancias nos lo permiten) habrá que romper con la relación. No siempre uno puede despedirse del trabajo, pero si no podemos evitar coincidir y tratar con esa persona que nos amarga la vida, y razonablemente es posible, habrá que hacerlo. Lo mismo cabe decir de una relación de pareja irreversiblemente insoportable: la solución menos mala, para todos, es la separación. Una opción comodín, que sirve para todo, y también ante la gente insoportable, es buscar otros apoyos. Siempre hay alguien que nos puede entender. Pruebe a contar lo que le pasa. Comprobaremos que el mundo no se acaba en esa relación conflictiva. Siempre encontramos alguien que nos quiere y comprende, y que está dispuesto a escucharnos y ayudarnos.
Las técnicas de relajación, por su parte, ayudan a soportar las situaciones desagradables. Que no cambiarán, porque seguirán ahí. Pero sí lo hará, y a bien, nuestra actitud ante ellas. Utilizar la inteligencia y reflexionar nos servirá para percatarnos de que, increíblemente, hay personas que disfrutan haciendo daño a los demás. Ignorémoslas y compadezcámoslas, aunque seamos nosotros los perjudicados. Porque ellos son los realmente desgraciados.
Me resulta insoportable, qué hago?
-)· Preguntarnos si las cosas son tal y como las percibimos, cuestionarnos si no nos estamos dejando llevar emocionalmente y ello nos impide hacer una análisis racional y preciso de lo que ocurre. A veces se mezclan la rabia, el odio, la envidia, la impotencia, la incapacidad o la desvalorización personal y esta mescolanza conduce a que distorsionemos la realidad, la percibamos parcialmente y, por tanto, la vivamos mal.
-)· Discernir desapasionadamente qué parte de responsabilidad de esta mala relación es nuestra. Es un buen momento para saber más de nosotros mismos.
· Si es posible, hablemos (con la persona que tanto desagrado nos causa) sobre los sentimientos y las reacciones que me producen sus actitudes o comportamientos. Intentemos llegar a acuerdos sensatos y prácticos. Es difícil cambiar a los demás. Démonos por satisfechos si conseguimos que la relación se llevadera.
-)· Seamos realistas: no podemos congeniar con todo el mundo, ni falta que hace. Pero las reglas de convivencia con esas personas con las que no nos llevamos bien deben ser al menos correctas. Si no, nuestro bienestar emocional se resentirá.
-)· Por mucho que alguien quiera hacernos daño, casi nadie tiene sobre nosotros esa facultad si no se lo permitimos. Pero no se trata de"pasar", ni de"fortificarme" con un escudo manteniendo una actitud beligerante, sino en "fortalecerme": saber más de mí, qué quiero, qué siento y dónde estoy respecto a esa persona. Y tomar una decisión sobre cuál será mi comportamiento con ella, que me lleve a estar bien y en paz conmigo mismo.
-)· Puede haber momentos en que nos topemos con alguien que parece pretender hacernos la vida imposible. Pero soy yo quien tiene la primera y la última palabra de que mi vida sea como quiero que sea. Es mi vida y mis circunstancias, y tan sólo depende de mí el que deje que estén por encima de mi vida, las conceda más importancia, tiempo y dedicación que a mí mismo.
-)· Caer bien a los demás
Qué envidia: todos le quieren
En la década de los cincuenta comenzaron a circular por las librerías de USA obras con recetas cuasimágicas que prometían poner al alcance del lector el "éxito personal". ¿Por qué yo no? era la pregunta de moda en un país que convirtió el "hazte a tí mismo, puedes conseguirlo" en un lema que vehiculaba el mito de la libertad y la igualdad de oportunidades.
Casi siempre, los autores de estos libros de psicología eran norteamericanos preocupados por hacer más sencillo el tránsito hasta el triunfo, encumbrado al altar de las nuevas deidades. Dale Carneggie, uno de estos escritores, escribió una obra ampliamente difundida, "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas". Hoy vuelven a las estanterías estas obras con clara orientación popular. Su título comienza indefectiblemente por un "Cómo..." , seguido de los problemas a resolver: "vencer la depresión", "superar las fobias", "crecer personalmente".... Son libros en los que abunda la receta, incluso el dirigismo emocional, pero no por ello dejan de resultar útiles.
Aunque en el ámbito de la psicología la resolución de los problemas no es tan fácil como podría deducirse de la lectura de estas obras, es frecuente que contengan ideas aprovechables. Lo fundamental es la disposición del lector: si busca su desarrollo como persona, un progreso auténtico a partir de una postura abierta y sin prejuicios, es probable que la lectura resulte provechosa.
Cambiar de verdad
Un cambio sustentado en una base sólida que nos permita una evolución madura y satisfactoria debe partir de la reflexión y de un claro deseo de mejorar. Y se verá corroborado no sólo por los comportamientos superficiales, sino incluso por nuestras actitudes. No se trata de caer más simpáticos a los demás, de disimular mejor nuestras limitaciones o de fingir sentimientos por pura conveniencia. Es algo más profundo, modesto y noble. La mejor manera de triunfar como seres humanos (en casa, en el trabajo, con los amigos) es convertirnos en personas más abiertas, más tolerantes e interesadas por lo que ocurre a los demás. Así de sencillo.
La primera satisfacción de una persona es mirarse hacia dentro y sentirse bien, conforme con su manera de ser, de pensar y de comportarse. Lo otro viene por añadidura. A casi todo el mundo (hay excepciones) nos gustan las personas afables, sinceras, positivas, genuinas, alegres, comunicativas y sensibles. Pero seamos sinceros: resulta difícil convertirnos en uno de estos individuos queridos y apreciados por todos. No seamos maximalistas, podemos ser muy estimados por quienes nos rodean sin que nuestra personalidad reúna estas características tan cercanas a la excelencia.
En este contexto de desarrollo personal, es razonable y positivo que uno se plantee qué hacer para gustar a los demás o cómo comportarse para caer un poco mejor a la gente. Son muchas las personas que, aun entendiendo trascendental la opinión que suscitan en los demás, no saben granjearse el afecto, la consideración y simpatía de los seres que le rodean. No es infrecuente que nuestros deseos de agradar a alguien en concreto se vean respondidos con la indiferencia o, peor aún, con una mueca de desprecio. Sin embargo, comprobamos que personas que se muestran espontáneas y relajadas crean a su alrededor una aureola de admiración, respeto y cariño. No se trata de comparar, pero no es un mal ejercicio reflexionar qué cosas confieren a estos privilegiados esa unánime aprobación de su entorno. No debemos imitar comportamientos, pero esa reflexión nos aportará bases para comenzar el proceso de mejora.
A veces, sentimos que no gustamos, que no caemos bien o que pasamos desapercibidos ,y eso nos desalienta, hace que se tambalee nuestra autoestima y aumenta nuestra desazón, provocándonos sentimientos de inferioridad y abandono. Es cierto que no somos sólo como nos ven, pero no lo es menos que el cómo nos vean los demás influye en nuestra percepción de nosotros mismos.
Ser visibles, reconocidos y valorados
Cuántas veces hemos dicho, u oído, referidos a determinadas personas, frases como "qué desagradable, qué trato más huraño tiene". También están quienes pasan desapercibidos por la vida, como si no existiesen, son "personas que no me dicen nada". Y no es sólo lo que digan o cómo lo digan, sino lo físico, el saber estar, l a gracia personal, la originalidad, la elegancia, la corrección y la simpatía, lo que determina la actitud de los demás ante cada uno de nosotros.
Por una parte está el aspecto visible, lo físico, y por otra, las actitudes y comportamientos que nos remiten al lado más profundo de la gente. Por mucho que vivamos en un aparente "vale todo" en cuanto a aspecto físico y ornamentación, debemos concederle alguna importancia a a nuestra apariencia. Es nuestra tarjeta de presentación. Por ello, adaptemos nuestras opciones, preferencias y posibilidades estéticas a la impresión que queremos causar.
No seamos inocentes: hay elecciones, en materia de vestuario, complementos y aspecto físico general, que pueden provocar reacciones negativas en algunas personas. Sepámoslo. Y si el aspecto físico es, por su inmediatez, el primer elemento, el otro, y mucho más importante, es la actitud ante la vida, nuestra forma de estar en el mundo. No olvidemos que actitudes como el pesimismo, el victimismo, la desconfianza, la intolerancia, la ausencia de autocrítica, la autosuficiencia, o el egocentrismo no sólo no gustan a nadie, sino que no conviene albergarlas en nuestro interior. Para caer bien no hay nada mejor que querer a los demás, escucharles, respetar sus emociones y situarse en su lugar.
Para todo hay razones, talvéz malas crianzas desde pequeños, o la imagen familiar esta muy dañada.
O también aveces la persona tiene cambios de humor drásticos
A veces somos nosotros mismos los que estamos mal y no nos damos cuenta.
Pero como poder sobrellevar esta situación?
Cómo poder vencer el descontrol interno que nos causa esto.
He aquí unos pequeños consejos para mejorar la relación
Recordar siempre “NO ESTÁ TODO PERDIDO”
Las personas son lo que son, no lo que a nosotros nos gustaría que fueran. Acéptalo de una vez. A lo mejor él no querrá asistir a ninguna terapia, ni leer ese libro que a ti te pareció tan interesante y que crees os podría ayudar en vuestra relación de pareja, quizás no va a reconocer que tiene un problema, y mucho menos intentar un cambio. Probablemente no es que no quiera, todo el mundo quiere ser feliz y sentirse amado. Quizás no sepa hacerlo mejor, no crea que puede hacerse mejor o no esté preparado para tomar decisiones o intentar un cambio.
¿Prefieres tener razón a ser feliz? Ya sabemos que una pareja es cosa de dos. Qué él podría tomar también la iniciativa y tratarte mejor. Todo eso es cierto, también lo es que sólo puedes cambiar aquellas cosas que dependen de ti.
Si estás dispuesta a no quedarte de brazos cruzados, esperando a que la vida, el tiempo, la suerte o los demás te resuelvan la vida, haz algo ya.
RECUERDA:
1. Si tú no estás bien, nada lo estará.
La dedicación y falta de tiempo por el trabajo, el niño, la casa, las discusiones, etc. es objetivo. Tu actitud hacia esa circunstancia y todo lo que piensas y sientes es subjetivo, y ahí puedes intervenir desde ahora mismo.
Tienes que estar bien contigo misma, serenarte, despojarte de los sentimientos de culpa, ser capaz de recuperar tu independencia emocional y perder el miedo a estar sola contigo misma. Tienes que desear estar con él, pero no necesitar estar con él. Tienes que perder el miedo a perderlo.
“Quizás os parezca raro pero el primer paso está en comprender lo que sucede en vuestra relación y la única manera de conseguirlo es mirando dentro de vosotros mismos.
Si tenéis el valor de permanecer solos con vosotros mismos, os daréis cuenta que cada día seréis más fuertes para abordar vuestros problemas, de esta forma os sentiréis libres y capaces de pasar a la acción.
Una vez superado el miedo a la soledad, abandonareis todo resentimiento hacia el otro, porque seréis independientes. Apenas lo hagáis, os daréis cuenta que la infelicidad y la insatisfacción que sentíais desaparecen.
Probad y experimentad el perdón, intentad dar más bien que esperar a recibir, tened paciencia y sed constantes, y os sorprenderéis transformados. ¡Mejoraréis!
(Paloma Gascón. Psicoterapeuta.)
2. Demuéstrale que estás de su lado, SIEMPRE...
Tenéis que pasar progresivamente del miedo a la confianza. No “voy a hacer esto o aquello para que no se enfade”, sino porque “verle feliz me compensa y me hace feliz a mí también”.
Tenéis que recuperar la confianza en el otro, la confianza de que me quiere aun sin ser perfecta/o, elige cada día estar conmigo libre y voluntariamente, puedo mantener su amor a pesar de que no estemos de acuerdo en todo.
La bronca termina siendo un mecanismo de defensa mediante el cual consigo controlar al otro, ya que por las buenas parece no dar resultado. La bronca lleva al miedo, y el miedo a medio-largo plazo al deterioro de la relación, ya que nos sentimos tensos, humillados, manipulados, etc.
Para recuperar la confianza necesitamos sentir que se pone en mi lugar, que está de mi parte, que no es mi enemigo/a sino la persona que me quiere, que tiene en cuenta mis necesidades y deseos tanto como los suyos propios.
Volvemos a la idea primera. TIENES QUE ESTAR A BIEN CONTIGO para no necesitar demostrar nada, ni justificarte por nada. Si no, lo que sucede es que nuestro comportamiento se centra en intentar que el otro se ponga en nuestro lugar y que nos dé la razón.
Que nos den la razón cuando nosotros no nos ponemos en el lugar de las otras personas es difícil, porque el otro siente lo mismo que tú, quiere que le comprendan y le den la razón, alguno tiene que empezar, ¿por qué no reconocer que los dos tenemos razón?
PARA GENERAR CONFIANZA:
• Pilla haciendo algo agradable a tu pareja (Ej.: Te ayuda recogiendo la mesa, se ocupa del niño, llega de buen humor, etc.) y reconóceselocon un beso, una sonrisa o una palabra amable. Que se dé cuenta de que te gusta, no te quedes pensando “qué mosca le abra picado”, “algo querrá”,... y pongas mala cara o te quedes indiferente. A todas las personas nos gusta gustar, si se da cuenta de que así lo consigue tienes más posibilidades de que repita esas conductas agradables.
Importante: NUNCA se te ocurra aprovechar que hace algo bueno para echarle la charla o intentar solucionar conflictos de otro tipo, Ej.: “si fueses así siempre que bien nos iría”, “ves como cuando quieres puedes resultar adorable”, etc.
• Cuando tengas que dar tu opinión, primero le escuchas atentamente y luego le dices:
“ENTIENDO QUE...” (Demuestras que has comprendido su idea, muestras empatía y, si es posible los puntos de acuerdo con su postura)“TAMBIÉN ES CIERTO QUE...” (Procura no usar un PERO... porque parece que lo anterior no vale. Das tu opinión o argumentas con hechos otro punto de vista distinto al escuchado. Si vas a dar tu opinión subjetiva, utiliza mensajes “YO”, habla por ti, y no te metas en descalificaciones hacia los demás)“POR LO TANTO SUGIERO... O ¿QUÉ PODRÍAMOS HACER?...” (Propones un cambio que satisfaga a ambas partes)Importante: Recuerda que son 3 pasos y por ese orden, y que SIEMPRE tienes que empezar por demostrarle que te pones en su lugar y que respetas su punto de vista con un entiendo que... antes de dar tu opinión o de pedir algo. Trata de abrir el diálogo y la negociación en lugar de cerrarla con ataques personales, exigencias, malos modos, gestos de impaciencia, etc.
Ejemplos:
- (Ej.: Te propone un plan que no te apetece demasiado)
Entiendo que quieras quedar con tu hermano para no perder el contacto. Yo comparto tu misma opinión sobre su mujer, así que qué te parece si vemos la forma de no dedicarle todo el día a esa visita.
EVITA DECIR COSAS COMO: Sabes que no soporto a fulanita, y tu hermano me parece un... por consentirla... Creía que a ti tampoco te gustaba..., la verdad es que no te entiendo (es decir terminas metiéndote o con la persona que es de su agrado o con él mismo, o pones obstáculos para permitir ese encuentro.
Entiendo perfectamente que te apetezca pasar unos días con... También es cierto que hemos tenido una semana muy complicada y apenas hemos podido pasar un rato a gusto los 3 juntos (refiriéndote al niño). Para mí es importante que reservemos algo de tiempo para estar nosotros solos juntos en familia, seguro que si pensamos con calma en una solución para hacer ambas cosas la encontraremos (abrir el abanico de alternativas, no se trata de ahora o nunca, de todo o nada, podemos reservarnos un fin de semana distinto o un puente, una mañana o una tarde, negociar.)
EVITA DECIR COSAS COMO: “Y nosotros cuándo, a ver si te enteras de una vez que tu familia somos nosotros. Eres un cobarde, no sabes nunca decir que no a los demás y siempre nos sacrificas a nosotros”.
- (Ej.: No colabora en las tarea domésticas porque dice estar cansado)
Entiendo que tienes poco tiempo para ti con tanto trabajo, (también es cierto) a mí me pasa lo mismo (mensaje yo), entre la casa y el niño estoy un poco agobiada. ¿Qué te parece si recogemos esto rápidamente entre los dos y nos tumbamos un poquito en el sillón a ver la película? Dicen que es muy buena. (sugerencia)
EVITA DECIR COSAS COMO: “A ver si te crees que yo no estoy cansada, si te agobia la casa y llevas 5 minutos, imagínate yo que paso toda la tarde aquí con el crío, qué egoísta eres”.
- (Ej.: Se queja de cenar varias veces lo mismo)
Entiendo que te aburras de comer una cosa, a mí también me pasa, quizás podrías darme alguna idea para variar el menú. Con el tiempo que tengo tiene que ser algo fácil de hacer.
EVITA: Picarte. No escuches lo que no se te ha dicho, no te precipites sacando conclusiones o haciendo interpretaciones negativas de las palabras del otro. Céntrate en el tema y no personalices cualquier comentario que se te haga. No estés a la defensiva, no tienes que defenderte de nada y si así fuera que sean más explícitos contigo.
• Sé cariñosa y demuéstrale tu afecto habitualmente, incluso cuando no estéis de buenas. Utiliza muchos te quiero y el contacto físico (besos, abrazos, sonrisas). Que tu gesto sea agradable, destierra el “morro choto”, los gestos desairados, las voces.
Tú misma mejorarás con el cambio. Williams James (un prestigioso psicólogo) decía: ¿estamos tristes porque lloramos o lloramos porque estamos tristes? El cambio físico influye en nuestro cambio mental y a la inversa.
RECUERDA: No le regañes. Utiliza una forma positiva de expresión, habla de lo que deseas y no de lo que quieres evitar.
Ejemplo, se puede decir:
- Ya era hora que llegaras a casa, o
- Cuanto me alegra que ya hayas llegado a casa, tenía ganas de verte.
(Si quería decir lo primero, ¿por qué digo lo segundo? Estoy deseando verle y consigo nada más llegar montarla para que nos enfademos y nos demos la espalda en la cama)
Si estás enfadada por algo que ha hecho recuérdale que tu enfado no pone en peligro tu amor hacia él. A veces es bueno antes de hacer una crítica comenzar por un halago, y si puedes terminar con otro mejor (Ej.: Te quiero mucho y si algo no deseo es que discutamos más por problemas domésticos. Siento no estar de acuerdo con lo que me propones, mi opinión es que... / Otro Ejemplo: Me pareces un buen padre. Creo que en este caso, no estás teniendo suficiente paciencia para...)
Deja de estar enfadada todo el rato, eso se consigue:
- No creyéndote mejor que los demás (cada vez que le culpas tan duramente por algo es porque se te olvida que también tú tienes defectos),
- Evitando los “campos de minas” (aquellos asuntos con los que eres especialmente susceptible),
- No provocando la ira de los demás (pinchando y señalando sus defectos, a veces gratuitamente),
- No sobrecargándote de trabajo o de responsabilidad más de lo estrictamente necesario. El estrés produce irritabilidad (seguro que puedes reducir la carga que te auto impones, ¿qué más da si hoy no paso el aspirador y me tumbo un rato a descansar?, mímate más)
• No seas tan perfeccionista, y deja de criticarle. Es sólo un ser humano tan imperfecto como tú. No estés corrigiéndole continuamente por cosas nimias. (Ej.: Te has dejado la leche fuera de la nevera, te ha quedado la camisa un poco arrugada, vaya pelos que te has dejado hoy, anda que me has dado un beso al llegar, etc.)
• Deja de competir. Los dos estáis en el mismo equipo. ¿Por qué tienes que demostrarle que eres más lista, más intuitiva, más rápida, que sufres más, que cocinas mejor, qué pones más de tu parte, etc.? ¿Tan insegura te sientes que tienes que ir demostrando lo que vales montando y ganando batallas? No conseguirás así su aprecio y valoración, lo que conseguirás es que se resienta, se sienta atacado, humillado y contraataque.
EVITA FRASES DEL TIPO: “Todavía vas por ahí, a mí me ha dado tiempo a...”, “Que poco ojo tienes para las personas, ya te dije yo que...”, “¿Ya estás cansado? ... llevo yo desde está mañana...”.
Si es él el que compite, deja que sea para él una necesidad, no entres al trapo. En el fondo lo que está pidiendo a gritos es amor y reconocimiento, dejará de hacerlo en cuanto mejore su autoestima y/o no se sienta amenazado. No te inmutes, puedes reconocerle su virtud sin menospreciarte tú. La clave está en no comparar ni compararse con los demás. Frases como: “cada uno tiene sus virtudes” o “reconozco tus virtudes, por eso te quiero” puede ser suficiente, si la cosa se pone fea, puedes añadir.. “¿Puedes hablar de ti sin hablar de mí por favor?”
• Dale un voto de confianza. Si hay algo que no entiendas, simplemente PREGUNTA POR QUÉ SIN PONERTE A LA DEFENSIVA, evitarás muchas discusiones y meteduras de pata por ser malpensada. Las personas solemos tener un motivo más o menos razonable para hacer lo que hacemos. Escucha lo que tiene que decir.
Ejemplo:
- Llega tarde a casa... ¿ha sucedido algo?/ en lugar de “bonitas horas de llegar a casa”
- Llega de mal humor... ¿has tenido un mal día?/ En lugar de “eres insoportable”.
- Se pone a la defensiva... ¿he dicho algo que te haya molestado?/ En lugar de “a ti no hay quien te hable, cómo te pones por nada”.
- Grita al niño... ¿qué ha pasado?/ En lugar de “para un rato que le ves le estás gritando”.
3. Si está el ambiente muy tenso por su parte o por la tuya... aplaza la conversación para otro momento. Las cosas no son ahora o nunca.
Ej.: “Ahora estamos muy alterados y nos podríamos decir cosas de las que luego nos arrepintiéramos, por favor dejemos esta conversación para más tarde, ¿qué tal mañana después de acostar al niño? Seguro que mañana, más tranquilos, vemos todo este asunto de otra manera. No tenemos que llegar a un acuerdo de forma inmediata, tenemos tiempo”
A veces, si la alterada eres tú, puede bastar con que controles tu impulsividad, ¿cómo? Desaparece por un rato de la escena, vete al servicio, a otra habitación, a la calle con cualquier excusa, deja que tu adrenalina vuelva a los niveles normales y elige qué quieres hacer, cómo quieres actuar.
Respira profundamente y destensa tus músculos, piensa en amor, en abundancia, en que todo tiene una salida, en el fin positivo de las cosas (de todo se aprende, hay cosas que llevan su tiempo, etc.). Se trata de encontrarte a ti misma y conectar con tus deseos, y no de reaccionar a lo loco y a la defensiva, alejándote del fin último y bueno de tus deseos (ser felices, amarnos, ayudarnos, entendernos, resolver dificultades, permanecer unidos, etc.)
4. Perdónate. No te culpes si no logras estar encantadora todo el tiempo.
La gente perfecta es repelente. Si fueras una santa estarías en los altares y no en el salón de tu casa. Perdónate, sé tan buena contigo misma como tú eres con quienes más quieres. Sé tu mejor amiga y date consuelo cuando te sientas triste o avergonzada por algo que hayas hecho o dicho. Piensa cómo podrías haberlo hecho mejor y qué has aprendido de esta situación. Paga una sola vez por tus errores. No te engañes, martirizarte por ello no te hace mejor persona, no soluciona el problema ni es un consuelo para la persona que hemos afectado. Es sencillamente un sufrimiento inútil.
Existe un truco para cuando metemos la pata, rebobinar. Siempre puedes decir: “¡qué mal ha sonado eso que he dicho! Rebobino, como si no te hubiese dicho nada ¿vale?” Y empiezas de nuevo. También puedes decir, “creo que no voy bien, empiezo de nuevo”, e imaginariamente pasar la cinta hacia atrás. Vuelves a colgarte el bolso, el abrigo, sales por la puerta y entras de nuevo como si fuese la primera vez que lo haces (si eso fue lo que ocurrió inmediatamente antes de meter la pata.
El sentido del humor es muy importante para quitarle hierro al asunto, y liberar tensiones.
Discúlpate pero no te pases pidiendo perdón o convencerás al otro de que lo que has hecho es terrible. Un “no siempre conseguimos estar a la altura de las circunstancias, he metido la pata lo siento”, o “aunque mi intención era buena, no lo he sabido hacer, lo lamento”, es suficiente.
EVITA DECIR COSAS COMO: soy un desastre, no hago más que amargarte la vida, nunca aprenderé, no se como me aguantas, etc., ni te beneficia a ti ni es un consuelo para los demás.
Si metes la pata, y no sabes como sacarla, siempre puedes hacer algo para no empeorar más las cosa, dejar de meterla. Agacha las orejas y déjalo correr, no trates de justificarte más. Un “quizás me he precipitado” (reconociendo el error) y no volver a sacar el tema puede ser suficiente. Ya se olvidará, pero desde luego será más difícil si no dejas el tema en paz.
5. Apóyate en lo que sí va bien.
A veces mostramos un sesgo perceptivo importante al valorar lo que nos sucede. Es como si nos pudiéramos unas gafas con cristales de un color y a partir de ahí toda nuestra realidad se tornara de ese mismo color.
No es cierto que todo vaya de mal en peor. Piensa en aquello que sí funciona y recuérdaselo para que él también lo vea y se sienta menos frustrado y más animado para resolver las diferencias.
Ej.: Puede ser un mal amo de casa, pero jugar mucho con el niño. Puede ser un poco muermo pero muy trabajador, podéis discutir mucho pero también quereros con locura, podéis tener poco dinero pero reíros mucho juntos.
6. No bloques las negociaciones más de lo que están.
En lugar de tratar el tema de forma dicotómica (blanco o negro) trata de encontrar soluciones “grises” abriendo el abanico de alternativas sobre las cuales negociar. Ej.: No es “sí” o “no” compramos un equipo de música. Podemos negociar precio, momento de comprarlo, formas alternativas de escuchar música (a través del ordenador, portátil,...), etc.
A veces, cuando no estamos de acuerdo en algo, nos atrincheramos en nuestras posiciones y creemos que llegar a acuerdos es cada vez más difícil por no decir imposible.
Para poder avanzar en cualquier intento de acuerdo o negociación, llegados a un punto de no avance, debemos apoyarnos en lo que sí estamos de acuerdo para sentir que no estamos tan alejados y que podemos seguir avanzando. Hazle ver que estáis de acuerdo en lo básico.
Ej.: Tú quieres una cosa para el niño y él otra, relativa a cuidados, educación, etc. Decir: “Los dos estamos de acuerdo en una cosa, buscamos lo mejor para el niño, ¿verdad?”.
Ej.: Él quiere pasar el fin de semana de una manera y tú de otra. Decir: “Al menos estamos de acuerdo en que no nos apetece quedarnos en casa, bueno ya es algo”.
Encontrar por fin un “SÍ” después de tanto “NO”, hace que sea más fácil seguir dialogando, y encontrar otro “SÍ” más adelante.
Tomamos inercia con nuestras respuestas, consigue muchos “SIES” seguidos hablando de aquello en lo que sí estáis de acuerdo.
6. Trata de no obsesionarte por lo de siempre.
¿Qué es lo de siempre? Su madre, su trabajo, las tareas domésticas. A cada uno le da por una cosa. Cuidado con las obsesiones, sólo conseguirás sacar las cosas de quicio y hacer el problema más gordo.
Quien busca, encuentra. Saca ese asunto de tu vida. No lo nombres, no lo menciones, no hables de ello. Sólo dejará de ser un problema cuando dejes de darle protagonismo en tu relación de pareja.
Si es una cuestión de tomar decisiones, tómalas y actúa en consecuencia, pero deja de “marear la perdiz”.
¿Por qué sacamos una y otra vez cosas como lo mal que me sentó lo que hiciste el día tal...? (Lo que me dolió un comentario, un gesto, una acción), ¿hasta cuando lo vas a estar recordando y culpabilizando o haciéndole sentir mal por aquello? Ya va siendo hora de que olvides. Recuerda: Nosotros damos permiso a las personas para que nos puedan hacer daño, reviviendo malos recuerdos me golpeo una y otra vez, sacando punta a lo de siempre, me golpeo una y otra vez. ¡Basta ya!
7. No dediques toda tu energía en preocuparte por tu relación de pareja.
No le dediques toda tu energía ni todo tu tiempo a darle vueltas al asunto. Recuerda el primer consejo. Si tú no estás bien, nada lo estará.
Pensamos con más claridad cuando tomamos distancia de nuestros problemas. Tomamos distancia cuando diversificamos nuestra atención, nos olvidamos por un rato del asunto y podemos volver a ello viéndolo desde otro punto de vista, con otro ánimo, con otras experiencias.
Cuídate mucho, date caprichos (los hay muy baratos: oír música, darte un baño, comprarte un libro, quedar con una amiga, etc.)
Refuerza tu autoestima, haz cosas (dentro de tus posibilidades) que te permitan sentirte mejor contigo misma y que no tengan nada que ver con él. Puede ser tan sencillo como hacer una nueva receta de cocina, ir a la peluquería, apuntarte a un curso, conversar amigablemente con alguien desconocido, cuidar tu dieta, hacer ejercicio, etc. Se trata de aprender alguna habilidad nueva, ponernos pequeñas metas o simplemente disfrutar de cosas sencillas.
No seas catastrofista pensando todo lo que va mal y lo que podría ir aún peor. Se positiva, disfruta de lo que la vida te ofrece, de lo que sí va bien, de lo que aún puede ir mejor. Cambiará tu estado de ánimo, la importancia que le das a las cosas, tu actitud ante las dificultades.
Primera y última regla: QUIÉRETE.
Primer y último objetivo: SÉ FELIZ.
Primera y última obligación: CUÍDATE.
Primer y último derecho: RESPÉTATE.
Hasta la religión, que (siendo o no creyente) ha calado en nuestra cultura y nuestra educación y que tanto nos habla de pecados, tiene entre sus premisas “amarás al prójimo como a ti mismo”. Comienza por ti para saber cual es la medida en la que puedes amarle a él.
Hombre ¿quieres tener feliz a tu pareja?
Tu mujer necesita cariño, así que muestra interés por sus sentimientos y por su bienestar y ella se sentirá querida y atendida. Ella se sentirá especial y de forma natural empezará a confiar en ti.
Necesita de ti una actitud comprensiva. ¿Cómo se hace? Pues escucha el sentimiento que te está expresando y esfuérzate por valorar lo que te dice. Estate seguro de que si tu mujer se siente comprendida te aceptará tal como eres.
Muestra respeto y ten en cuenta lo que ella piensa y siente. Si por ejemplo le regalas flores, recuerdas los aniversarios, tienes detalles, ella se sentirá feliz porque tú quieres cubrir sus necesidades y deseos y estará deseosa de mostrarte su aprecio.
Y no has de olvidar darle seguridad en que la quieres, la comprendes y respetas, una y otra vez a tu mujer, ya que si no haces, sin querer estarás saboteando la relación. Recibirás a cambio una actitud animosa por parte de tu mujer que te dará esperanza y valor, al darte confianza en tus capacidades y en tu manera de ser.
Si te sientes orgulloso de apoyarla y satisfacerla y das más importancia a los sentimientos de ella que a tus intereses (trabajo, estudio, ocio, etc.) le muestras tu devoción por ella. Recibirás de ella su mirada de admiración, alegría y aprobación complacida.
Mujer ¿quieres hacer feliz a tu pareja?
Tu hombre necesita confianza. Muéstrate abierta y receptiva y él sentirá que confías en él. Confía en que hace todo lo que puede y que desea lo mejor para ti, entonces él se mostrará más cariñoso contigo y atento a tus sentimientos.
Necesita tu aceptación, que lo recibas con amor y no intentes cambiarlo. Eso no quiere decir que tú creas que es perfecto, sino que lo aceptas tal como es. Entonces él estará más atento a tus sentimientos y será más comprensivo contigo.
Cuando te muestras feliz y reconocida por los esfuerzos que ha hecho tu hombre, el se siente apreciado. Al sentir satisfecha su necesidad de aprecio, adquiere fuerza y se siente motivado para respetar más a su mujer.
Cuando tu hombre recibe tu ánimo, le es fácil ser el mejor posible, y tú te sentirás más segura a su lado.
Muestras tu admiración cuando te quedas maravillada con sus características, su forma de ser única, que puede ser su fuerza, su honradez, su inteligencia y sentido del humor, su amabilidad, su comprensión. El hombre necesita ser el héroe de su dama, y cuando se siente admirado le es muy fácil sentir devoción por su mujer
Problemas de pareja
¿Es suficiente el amor para garantizar una buena relación de pareja? Como nos dice Aaron Beck “Con el amor no basta”. Una relación gratificante está relacionada con la atracción, la complicidad, la responsabilidad compartida, el respeto, la afectividad y el cariño.
Los problemas de pareja provocan mucho sufrimiento, y su buen funcionamiento supone una fuente importante para nuestra felicidad, pero en muchas ocasiones, a pesar de haber intentado diversas soluciones, parece que aún se agravan más las dificultades ya existentes y comienzan los rencores mutuos, afectando habitualmente también a las relaciones sexuales.
Mediante una intervención científica y rigurosa podemos ayudaros a mejorar la comunicación, aclarar malentendidos, clarificar las expectativas no realistas, las atribuciones imperfectas y enfrentarse a los problemas de la pareja, integrando la terapia sexual si se presentan insatisfacciones en el sexo de la pareja, obteniendo muy buenos resultados en el mínimo tiempo necesario.
LA CONFIANZA
Si tu pareja te miente mucho, o sientes que te oculta muchas cosas hay muchas razones
habría que averiguar por qué miente y en qué miente.... ¿temor a que no te guste lo que cuenta?, ¿por vergüenza?, ¿desconfianza?, ¿inseguridad?, ¿es en algún tema en concreto?, ¿no le gusta la realidad y la disfraza?, ¿más que mentir tergiversa o exagera?, ¿es sólo contigo o es con todo el mundo?, ¿lo hará para mostrarse diferente a cómo es en realidad o para sentirse aceptada(falta de autoestima)?, ¿como barrera de protección?, , ¿mitomanía?.
A grandes rasgos y generalizando, yo creo que una persona que miente por costumbre tiene algún problema de fondo... quizá falta de seguridad en sí misma. Intenta hablarlo con ella y ser comprensivo. Seguro que juntos podrán reconducir esa "fea" costumbre y que ella se sienta mejor consigo misma sin tener que mentir.
El tema de ayuda es
CÓMO AFRONTAR LAS RELACIONES DIFÍCILES
"Me hace la vida imposible"
Hasta el individuo más primario intuye que la calidad de vida no depende sólo de cosas materiales (salud, trabajo, estudios, dinero, tiempo de ocio, ...), ya que hay otros factores que inciden en nuestro bienestar emocional. Uno de ellos es cómo nos va en el a menudo espinoso ámbito de las relaciones personales. Y dentro de este espacio tan amplio, no es el menos importante cómo nos desenvolvemos ante esas personas a las que, por la razón que sea, no soportamos, no podemos ni ver.
"Me crispa", "no le aguanto", "me hace la vida imposible", "me pone de los nervios" son afirmaciones que no por enfáticas y aparentemente desmesuradas son menos representativas de una realidad que puede acabar por desquiciarnos. Cada uno es como es, sin duda, y hemos aprendido, mal que bien, a llevarnos al menos medianamente con la gente con que congeniamos poco pero que, a nuestro pesar, vemos con cierta frecuencia. Pero, ¿qué podemos hacer cuando la incompatibilidad es manifiesta, cuando alguien que aparece en nuestra vida con regularidad nos resulta literalmente insoportable?.
Exceptuando a esos seres angelicales incapaces de llevarse mal con nadie y que tienden a ver sólo lo positivo en los demás, somos mayoría quienes nos encontramos, en espacios que no dominamos (trabajo, estudio y parientes, principalmente) con gente insufrible, ya sea por su vanidad, soberbia, egocentrismo, autoritarismo, egoísmo, ... cada uno tiene sus manías, pero parece evidente que algunas personas tienen el dudoso mérito de granjearse antipatías por doquier.
Cada uno de nosotros es un ser único e irrepetible, ahora bien, todos debemos esforzarnos en que nuestra relación con los demás, y especialmente con quienes tratamos a menudo, discurra por unos cauces, si no afables, al menos correctos. Pero, a pesar de todo, hay personas con las que no nos sentimos a gusto, o con las que no tenemos nada en común. E incluso hay hombres y mujeres con quienes nos sentimos realmente mal: nos es desagradable tan sólo pensar que tenemos que compartir unos minutos con ellos. El miedo preside este tipo de relaciones y puede bloquearnos de forma que no podamos afrontar la relación de forma satisfactoria. Este miedo nos crea cierta dependencia, ya que si estamos en contra de alguien por su comportamiento hacia nosotros, estaremos siempre dependiendo de esa persona, de lo que haga o diga.
Si se puede, evitemos el contacto
Distingamos: una cosa es que haya personas que intentan hacernos la vida imposible y otra bien distinta que nosotros aceptemos el juego y consintamos en nuestro papel de víctimas. Si nos persiguen -cosa poco habitual, por otra parte- no tenemos muchas opciones, más allá de reflexionar sobre los motivos de que la hayan tomado con nosotros, y adoptar las medidas oportunas, que siempre las hay. Será difícil actuar en la persona que tanto daño nos genera. Resulta más apropiado aprender a situarnos en una posición defensiva y lúcida desde la cual no suframos ese malestar y donde el miedo no anule en nosotros la capacidad de generar esa respuesta racional y ponderada que ansiamos dar al problema. Porque si la convivencia con esa persona insoportable no es ineludible, la solución es evidente: evitar encontrarnos con ella. Parece una obviedad, pero no pocos de nosotros, por convencionalismos sociales o por una mal entendida cortesía, mantenemos relaciones banales que no nos aportan nada e incluso algunas que nos suponen incomodidad o malestar. Y, sin embargo, continuamos sin cortar con tales relaciones. Acabamos criticando encendidamente a esas personas, pero quienes salimos dañados somos nosotros mismos.
¿Y si no podemos hacer otra cosa que aguantar?
En la mayoría de los casos en que mantenemos relación con personas que nos resultan insufribles, el motivo de que no tomemos la decisión más lógica (cortar por lo sano, y dejar de tratarlas) es que, sencillamente, no podemos. O no nos conviene, que viene a ser lo mismo. Un jefe o la compañera de enfrente en el trabajo, una profesora o un colega de estudios en la universidad, un pariente que vemos cada semana, un amigo al que los demás aprecian y que la tiene tomada con nosotros, ... Partamos, por esta vez, de que el culpable es el otro.
¿Qué hacer para convivir en una mínima armonía con esa persona? Ignorar el problema y mirar a otro lado es como pensar que, porque no las vemos, las cosas no están ocurriendo. La realidad existe y, si es problemática y atenta contra nuestro bienestar emocional, hay que plantarle cara y mirarla de frente. Podemos hacer algo también ante ese tipo de personas: abordar la situación de tal manera que consigamos no sentirnos mal y por tanto que no se nos agolpen tantos sentimientos que pueden minan nuestra autoestima e incluso aumentar nuestra agresividad.
Qué hacer ante los "insufribles"
Caben varios tipos de actitudes: la más sencilla, evitar el encuentro. No arreglaremos el mundo, pero es una medida práctica aunque no siempre posible. Queda lejos de la solución óptima, porque nos podría quedar la insatisfacción de haber sido débiles, cómodos, o insuficientemente tolerantes con la persona en cuestión. Hay otra opción: el ataque, que cuenta con fieles adeptos entre quienes ven a los demás como culpables de todo lo malo que les ocurre.
Esta actitud es la más frecuente en personas con escasa capacidad de autocrítica, aún menos sentido del humor y con ciertos atisbos de paranoia: ven agresores por todas partes. Pero no es más defendible la postura contraria, la de quienes se sienten culpables de todo, incluso de la estupidez o malos modos ajenos. Normalmente, se trata de personas que han crecido en la minusvaloración personal y en el miedo a quienes ejercen cualquier tipo de poder. Ante cualquier conflicto interpersonal, se hunden y se perciben impotentes y culpables. Mala cosa. Otra opción es la negación del problema, la favorita de los falsos optimistas, que dan así con "su" solución pero sin afrontar (y, mucho menos, resolver) el problema. Normalmente, se lo endosan a los demás.
Es una postura muy conservadora (no aborda las circunstancias que originan las dificultades de relación, nada hace para cambiarlas) y poco solidaria: espera a que sean otros quienes resuelvan el problema. Otra alternativa: el pacto. Siguiendo el lema "si no puedes vencer a tu enemigo alíate con él", hay quienes intentan alianzas con esa persona que le hace la vida imposible. No es un mal camino, a veces resulta y pueden producirse sorpresas positivas, pero es muy probable que el otro, al no haber pedido él el pacto, quede en posición de vencedor y vuelva a las andadas.
Cuando no hay solución
Si se se sopesan todas las alternativas y se llega a la conclusión de que no hay nada que hacer (y las circunstancias nos lo permiten) habrá que romper con la relación. No siempre uno puede despedirse del trabajo, pero si no podemos evitar coincidir y tratar con esa persona que nos amarga la vida, y razonablemente es posible, habrá que hacerlo. Lo mismo cabe decir de una relación de pareja irreversiblemente insoportable: la solución menos mala, para todos, es la separación. Una opción comodín, que sirve para todo, y también ante la gente insoportable, es buscar otros apoyos. Siempre hay alguien que nos puede entender. Pruebe a contar lo que le pasa. Comprobaremos que el mundo no se acaba en esa relación conflictiva. Siempre encontramos alguien que nos quiere y comprende, y que está dispuesto a escucharnos y ayudarnos.
Las técnicas de relajación, por su parte, ayudan a soportar las situaciones desagradables. Que no cambiarán, porque seguirán ahí. Pero sí lo hará, y a bien, nuestra actitud ante ellas. Utilizar la inteligencia y reflexionar nos servirá para percatarnos de que, increíblemente, hay personas que disfrutan haciendo daño a los demás. Ignorémoslas y compadezcámoslas, aunque seamos nosotros los perjudicados. Porque ellos son los realmente desgraciados.
Me resulta insoportable, qué hago?
-)· Preguntarnos si las cosas son tal y como las percibimos, cuestionarnos si no nos estamos dejando llevar emocionalmente y ello nos impide hacer una análisis racional y preciso de lo que ocurre. A veces se mezclan la rabia, el odio, la envidia, la impotencia, la incapacidad o la desvalorización personal y esta mescolanza conduce a que distorsionemos la realidad, la percibamos parcialmente y, por tanto, la vivamos mal.
-)· Discernir desapasionadamente qué parte de responsabilidad de esta mala relación es nuestra. Es un buen momento para saber más de nosotros mismos.
· Si es posible, hablemos (con la persona que tanto desagrado nos causa) sobre los sentimientos y las reacciones que me producen sus actitudes o comportamientos. Intentemos llegar a acuerdos sensatos y prácticos. Es difícil cambiar a los demás. Démonos por satisfechos si conseguimos que la relación se llevadera.
-)· Seamos realistas: no podemos congeniar con todo el mundo, ni falta que hace. Pero las reglas de convivencia con esas personas con las que no nos llevamos bien deben ser al menos correctas. Si no, nuestro bienestar emocional se resentirá.
-)· Por mucho que alguien quiera hacernos daño, casi nadie tiene sobre nosotros esa facultad si no se lo permitimos. Pero no se trata de"pasar", ni de"fortificarme" con un escudo manteniendo una actitud beligerante, sino en "fortalecerme": saber más de mí, qué quiero, qué siento y dónde estoy respecto a esa persona. Y tomar una decisión sobre cuál será mi comportamiento con ella, que me lleve a estar bien y en paz conmigo mismo.
-)· Puede haber momentos en que nos topemos con alguien que parece pretender hacernos la vida imposible. Pero soy yo quien tiene la primera y la última palabra de que mi vida sea como quiero que sea. Es mi vida y mis circunstancias, y tan sólo depende de mí el que deje que estén por encima de mi vida, las conceda más importancia, tiempo y dedicación que a mí mismo.
-)· Caer bien a los demás
Qué envidia: todos le quieren
En la década de los cincuenta comenzaron a circular por las librerías de USA obras con recetas cuasimágicas que prometían poner al alcance del lector el "éxito personal". ¿Por qué yo no? era la pregunta de moda en un país que convirtió el "hazte a tí mismo, puedes conseguirlo" en un lema que vehiculaba el mito de la libertad y la igualdad de oportunidades.
Casi siempre, los autores de estos libros de psicología eran norteamericanos preocupados por hacer más sencillo el tránsito hasta el triunfo, encumbrado al altar de las nuevas deidades. Dale Carneggie, uno de estos escritores, escribió una obra ampliamente difundida, "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas". Hoy vuelven a las estanterías estas obras con clara orientación popular. Su título comienza indefectiblemente por un "Cómo..." , seguido de los problemas a resolver: "vencer la depresión", "superar las fobias", "crecer personalmente".... Son libros en los que abunda la receta, incluso el dirigismo emocional, pero no por ello dejan de resultar útiles.
Aunque en el ámbito de la psicología la resolución de los problemas no es tan fácil como podría deducirse de la lectura de estas obras, es frecuente que contengan ideas aprovechables. Lo fundamental es la disposición del lector: si busca su desarrollo como persona, un progreso auténtico a partir de una postura abierta y sin prejuicios, es probable que la lectura resulte provechosa.
Cambiar de verdad
Un cambio sustentado en una base sólida que nos permita una evolución madura y satisfactoria debe partir de la reflexión y de un claro deseo de mejorar. Y se verá corroborado no sólo por los comportamientos superficiales, sino incluso por nuestras actitudes. No se trata de caer más simpáticos a los demás, de disimular mejor nuestras limitaciones o de fingir sentimientos por pura conveniencia. Es algo más profundo, modesto y noble. La mejor manera de triunfar como seres humanos (en casa, en el trabajo, con los amigos) es convertirnos en personas más abiertas, más tolerantes e interesadas por lo que ocurre a los demás. Así de sencillo.
La primera satisfacción de una persona es mirarse hacia dentro y sentirse bien, conforme con su manera de ser, de pensar y de comportarse. Lo otro viene por añadidura. A casi todo el mundo (hay excepciones) nos gustan las personas afables, sinceras, positivas, genuinas, alegres, comunicativas y sensibles. Pero seamos sinceros: resulta difícil convertirnos en uno de estos individuos queridos y apreciados por todos. No seamos maximalistas, podemos ser muy estimados por quienes nos rodean sin que nuestra personalidad reúna estas características tan cercanas a la excelencia.
En este contexto de desarrollo personal, es razonable y positivo que uno se plantee qué hacer para gustar a los demás o cómo comportarse para caer un poco mejor a la gente. Son muchas las personas que, aun entendiendo trascendental la opinión que suscitan en los demás, no saben granjearse el afecto, la consideración y simpatía de los seres que le rodean. No es infrecuente que nuestros deseos de agradar a alguien en concreto se vean respondidos con la indiferencia o, peor aún, con una mueca de desprecio. Sin embargo, comprobamos que personas que se muestran espontáneas y relajadas crean a su alrededor una aureola de admiración, respeto y cariño. No se trata de comparar, pero no es un mal ejercicio reflexionar qué cosas confieren a estos privilegiados esa unánime aprobación de su entorno. No debemos imitar comportamientos, pero esa reflexión nos aportará bases para comenzar el proceso de mejora.
A veces, sentimos que no gustamos, que no caemos bien o que pasamos desapercibidos ,y eso nos desalienta, hace que se tambalee nuestra autoestima y aumenta nuestra desazón, provocándonos sentimientos de inferioridad y abandono. Es cierto que no somos sólo como nos ven, pero no lo es menos que el cómo nos vean los demás influye en nuestra percepción de nosotros mismos.
Ser visibles, reconocidos y valorados
Cuántas veces hemos dicho, u oído, referidos a determinadas personas, frases como "qué desagradable, qué trato más huraño tiene". También están quienes pasan desapercibidos por la vida, como si no existiesen, son "personas que no me dicen nada". Y no es sólo lo que digan o cómo lo digan, sino lo físico, el saber estar, l a gracia personal, la originalidad, la elegancia, la corrección y la simpatía, lo que determina la actitud de los demás ante cada uno de nosotros.
Por una parte está el aspecto visible, lo físico, y por otra, las actitudes y comportamientos que nos remiten al lado más profundo de la gente. Por mucho que vivamos en un aparente "vale todo" en cuanto a aspecto físico y ornamentación, debemos concederle alguna importancia a a nuestra apariencia. Es nuestra tarjeta de presentación. Por ello, adaptemos nuestras opciones, preferencias y posibilidades estéticas a la impresión que queremos causar.
No seamos inocentes: hay elecciones, en materia de vestuario, complementos y aspecto físico general, que pueden provocar reacciones negativas en algunas personas. Sepámoslo. Y si el aspecto físico es, por su inmediatez, el primer elemento, el otro, y mucho más importante, es la actitud ante la vida, nuestra forma de estar en el mundo. No olvidemos que actitudes como el pesimismo, el victimismo, la desconfianza, la intolerancia, la ausencia de autocrítica, la autosuficiencia, o el egocentrismo no sólo no gustan a nadie, sino que no conviene albergarlas en nuestro interior. Para caer bien no hay nada mejor que querer a los demás, escucharles, respetar sus emociones y situarse en su lugar.