Se sabe que con el paso de los años nuestro sistema cognitivo se deteriora y que una de las habilidades cognitivas que parece deteriorarse con la edad es el control cognitivo, entendido como aquella capacidad que regula nuestro comportamiento y que nos permite seleccionar la información que es necesaria para nuestro objetivo e inhibir la información irrelevante (p.ej., cuando buscamos en el supermercado el producto que necesitamos sin dejarnos distraer por todos los demás).
El control cognitivo como la capacidad de regular nuestro comportamiento para llevar a cabo nuestros planes. Entre sus manifestaciones más importantes consiste en que permite que, de entre toda la información presente en el medio ambiente, se seleccione aquella que es relevante para nuestro objetivo, y se inhiba la que interfiere con él. Por ejemplo, pensemos en cómo llegamos a la cafetería donde nos vamos a encontrar con un amigo. Durante el trayecto vemos una tienda de deportes y recordamos que necesitamos unas zapatillas para entrenar. Sin embargo, no entramos en la tienda porque esto haría que llegásemos tarde a nuestra cita. En esta situación estamos inhibiendo información irrelevante y potenciando información relevante. ¿Qué pasaría si no fuésemos capaces de hacer eso? Pues que nuestro comportamiento se vería afectado por toda la información del medio ambiente, independientemente de que sea útil o no para nuestro objetivo. Esto supondría una imposibilidad de hacer aquello que queremos. De hecho, esto es lo que le pasa a los pacientes neuropsicológicos que muestran ‘conducta utilitaria’, un síntoma que consiste en ‘utilizar’ todo lo que se encuentra a su alrededor, independientemente de si quieren o no quieren hacerlo.
La tarea Stroop (Stroop, 1935), en la que los participantes tienen que indicar el color en el que está escrita una palabra e ignorar su significado. Cuando el color de la palabra y el significado no coinciden (ensayos incongruentes), se tiene que inhibir la respuesta automática de lectura y potenciar el nombrar el color de la tinta, lo cual requiere tiempo y es más probable que se cometa un error. En estas situaciones, las personas mayores son más lentas que los jóvenes y comenten un mayor número de errores.
En la tarea Stroop, los participantes tienen que nombrar el color de la tinta e ignorar la palabra. La combinación de tinta y palabra da lugar a ensayos congruentes, en los que tanto la tinta como la palabra coinciden, llevando a la misma respuesta, y a ensayos incongruentes, en los que ambas dimensiones se oponen, produciendo respuestas contrarias que compiten entre sí y obligan a ejercer conttrol para producir la respuesta correcta. Típicamente, los participantes son más rápidos y cometen menos errores en los ensayos congruentes que en los incongruentes.
De todos estos resultados se concluye que la edad afecta al control cognitivo, observándose déficits en la detección de conflicto o en la implementación de control para resolver ese conflicto. Sin embargo, estos déficits son menores en personas que tienen mayor inteligencia, hacen ejercicio físico, o disfrutan de mayor reserva cognitiva. Esto sugiere que pueden reducirse mediante estrategias compensatorias. Por lo tanto, es importante que futuras investigaciones aclaren cuál de los dos procesos del control cognitivo se ve más afectado por la edad y qué estrategias compensatorias son más útiles en cada caso. Toda esta información facilitaría una intervención personalizada que permitiría mitigar el impacto del deterioro en control cognitivo y mejorar las actividades de la vida diaria.
El control cognitivo como la capacidad de regular nuestro comportamiento para llevar a cabo nuestros planes. Entre sus manifestaciones más importantes consiste en que permite que, de entre toda la información presente en el medio ambiente, se seleccione aquella que es relevante para nuestro objetivo, y se inhiba la que interfiere con él. Por ejemplo, pensemos en cómo llegamos a la cafetería donde nos vamos a encontrar con un amigo. Durante el trayecto vemos una tienda de deportes y recordamos que necesitamos unas zapatillas para entrenar. Sin embargo, no entramos en la tienda porque esto haría que llegásemos tarde a nuestra cita. En esta situación estamos inhibiendo información irrelevante y potenciando información relevante. ¿Qué pasaría si no fuésemos capaces de hacer eso? Pues que nuestro comportamiento se vería afectado por toda la información del medio ambiente, independientemente de que sea útil o no para nuestro objetivo. Esto supondría una imposibilidad de hacer aquello que queremos. De hecho, esto es lo que le pasa a los pacientes neuropsicológicos que muestran ‘conducta utilitaria’, un síntoma que consiste en ‘utilizar’ todo lo que se encuentra a su alrededor, independientemente de si quieren o no quieren hacerlo.
La tarea Stroop (Stroop, 1935), en la que los participantes tienen que indicar el color en el que está escrita una palabra e ignorar su significado. Cuando el color de la palabra y el significado no coinciden (ensayos incongruentes), se tiene que inhibir la respuesta automática de lectura y potenciar el nombrar el color de la tinta, lo cual requiere tiempo y es más probable que se cometa un error. En estas situaciones, las personas mayores son más lentas que los jóvenes y comenten un mayor número de errores.
En la tarea Stroop, los participantes tienen que nombrar el color de la tinta e ignorar la palabra. La combinación de tinta y palabra da lugar a ensayos congruentes, en los que tanto la tinta como la palabra coinciden, llevando a la misma respuesta, y a ensayos incongruentes, en los que ambas dimensiones se oponen, produciendo respuestas contrarias que compiten entre sí y obligan a ejercer conttrol para producir la respuesta correcta. Típicamente, los participantes son más rápidos y cometen menos errores en los ensayos congruentes que en los incongruentes.
De todos estos resultados se concluye que la edad afecta al control cognitivo, observándose déficits en la detección de conflicto o en la implementación de control para resolver ese conflicto. Sin embargo, estos déficits son menores en personas que tienen mayor inteligencia, hacen ejercicio físico, o disfrutan de mayor reserva cognitiva. Esto sugiere que pueden reducirse mediante estrategias compensatorias. Por lo tanto, es importante que futuras investigaciones aclaren cuál de los dos procesos del control cognitivo se ve más afectado por la edad y qué estrategias compensatorias son más útiles en cada caso. Toda esta información facilitaría una intervención personalizada que permitiría mitigar el impacto del deterioro en control cognitivo y mejorar las actividades de la vida diaria.