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El miedo (psicología)
La palabra miedo viene del latín “metus”, es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, se manifiesta en todos los animales; se caracteriza por una intensa sensación, habitualmente desagradable, provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente o incluso pasado.
En conclusión, es una alteración del ánimo que produce angustia ante un peligro o eventual prejuicio, ya sea producto de la imaginación o propio de la realidad.

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• Qué causa el miedo?



El origen del miedo se encuentra en el sistema límbico, donde residen las emociones. Obedece a un mecanismo hormonal que se desencadena en la amígdala central, en que interviene un conjunto de neuropéptidos, entre ellos la vasopresina, el cortisol y la adrenalina… produciendo una reacción anestésica que prepara al sujeto para el peligro.
Esta reacción que es prácticamente la misma para hombres y animales, tiene distinto desenlace para unos y otros. Mientras que en estos últimos desaparece una vez que el estímulo ya no está presente, en los humanos esta reacción puede quedarse fija convirtiéndose en un estado emocional. Se somete así al cuerpo a un estrés permanente, que impide o dificulta el gobierno desde el orden racional y que a largo plazo afecta a la salud.
La fijación del miedo se produce porque más allá del cuerpo, que tiene su propia lógica, subsisten programaciones mentales e ideas que continúan alimentando un mecanismo que ya es inútil.

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• El miedo en su ámbito físico biológico:
El miedo se encarga en muchas ocasiones de hacernos conscientes de los peligros externos que nos pueden amenazar, y nuestro organismo los interpreta de la siguiente forma:
Primero los sentidos captan el foco de peligro, pasando a ser interpretado por el cerebro , y de ahí pasa a la acción el sistema límbico. Este se encarga de regular las emociones de lucha, huida, y ante todo, la conservación del individuo. Además de todo esto, también se encarga de la constante revisión de la información dada por los sentidos, incluso cuando dormimos, para poder alertarnos en caso de peligro.

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Cuando esto ocurre, se activa la amígdala, que se encarga de desencadenar todo el sistema del miedo, y entonces nuestro cuerpo pasa a sufrir las siguientes reacciones:

• Aumento de la presión arterial
• Aumento de la velocidad en el metabolismo
• Aumento de la glucosa en sangre
• Detención de las funciones no esenciales
• Aumento de adrenalina
• Aumento de la tensión muscular
• Apertura de ojos y dilatación de pupilas

En determinados momentos de miedo, puede llegar el pánico, que hará que se desactiven nuestros lóbulos frontales, retroalimentando el miedo y haciendo que se pierda la noción de la magnitud de este y en muchas ocasiones el control sobre la conducta de uno mismo.



• El miedo en la sociedad:


El miedo, comenzó siendo algo positivo en las sociedades prehistóricas, que salvaguardaba a nuestros antecesores de peligros como los depredadores, las inclemencias del tiempo y demás amenazas, colaborando así en la supervivencia de la especie.
A medida que las sociedades fueron avanzando, las teorías sobre los temores fueron creciendo paulatinamente a estas, siendo utilizado en muchas ocasiones por los grandes poderes para controlar a las masas o para moldear a las poblaciones a su antojo.
Un ejemplo claro de esto fueron las grandes políticas autoritarias, que se apoyaban en el terror para asentar sus mandatos, como el nazismo que asoló Europa durante los años 30 y 40 del siglo pasado, que basó gran parte de su poder en el miedo. También la fundación de terrores en contra de otros colectivos o etnias ha ayudado a la consolidación de sistemas políticos, demonizando y achacando males y peligros a diversos grupos que en muchas ocasiones distaban de encarnar las características que se les atribuían.
Las religiones y muchas supersticiones , también se utilizaron para paliar los miedos, como por ejemplo las promesas vikingas del Valhala, el paraíso donde iban los muertos caídos en combate, que, a través de esa creencia, los guerreros perdían su miedo a la muerte en la batalla. Muchas creencias han ayudado a las personas a lo largo de la historia como catarsis contra fobias o como impulso para la superación de terrores.
Los dioses vengativos, el infierno y las deidades malignas, las criaturas sobrenaturales… siempre han hecho que los crédulos vivan temerosos de realizar actos “moralmente reprobables”, simplemente por el miedo a lo desconocido. Varios rasgos comunes en muchas religiones siempre han sido el fin del mundo y los entes malignos, sembrando el pánico entre los fieles y dejando resquicios de terror entre las sociedades modernas.
Según Hitler el antisemitismo (hostilidad) era la mejor estrategia para atraer militantes nacionalistas.

• Agorafobia:
La agorafobia generalmente involucra miedo a las multitudes, puentes o a estar solo afuera.
Un 3,8 por ciento de las mujeres y un 1,8 por ciento de los varones presentan una agorafobia en un período de seis meses. El trastorno comienza con más frecuencia temprano en la segunda década de la vida; es raro que se inicie más allá de los 40 años.

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Causas:

Se desconocen las causas exactas del trastorno de angustia y agorafobia. Debido a que las crisis de angustia a menudo ocurren en áreas o situaciones donde han sucedido en el pasado, el pánico o angustia puede ser un comportamiento aprendido. La agorafobia algunas veces ocurre cuando una persona ha tenido una crisis de angustia y comienza a tener miedo de situaciones que podrían llevar a otra crisis.
• Elevado rasgos de ansiedad (tendencia a interpretar las situaciones como amenazantes).
• Antecedentes familiares con trastornos de ansiedad.
• Ser mujer: las mujeres tienen una mayor probabilidad de sufrir algunos trastornos emocionales como la agorafobia.
• Edad entre 18 y 35 años.
• Estar sometido a una situación estresante.
• Haber experimentado episodios con intensos niveles de pánico.

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• El temor a volverse loco

En algunos casos, el sentimiento de descontrol, desorden o irrealidad, se equipara a la idea de trastornarse o volverse loco.
En casos extremos este miedo está en la base de las llamadas “fobias de impulsión”, que se caracterizan por la percepción de un alto riesgo de perder la cabeza, trastornarse, en un momento dado y, como consecuencia, hacer algo grave e irreversible, como tirarse desde el balcón, hacer daño a niños u otras personas (habitualmente con cuchillos), empujar a alguien al tren o a la calzada al paso de los coches, etc. La presunción de que podría trastornarse, lleva al individuo a estar especialmente alerta y evitar aquellas circunstancias (balcones, jugar con niños pequeños, etc) dónde, si se llegara a perder la razón, las consecuencias fueran más graves e irreversibles. No es que tenga intención de hacerlo y haya de vigilarse para impedirlo (como a veces piensan los propios pacientes). Todo lo contrario: lo último que quisieran que pasase en el mundo es eso, y por ello, quieren estar advertidos y prevenir los riesgos para que ni siquiera en un supuesto “momento de locura” pudieran hacerlo. Digamos que en cierto modo, se ha dado al cerebro la orden de que no se olvide de ese riesgo –por otro lado absolutamente inexistente-, y dispare las alarmas cuando las consecuencias de la supuesta pérdida de la razón pudieran ser extremas.. En consecuencia, el sistema de avisos y advertencias asociado al mecanismo de la ansiedad hace que vengan reiteradamente al pensamiento imágenes o ideas al respecto, muy particularmente cuando estamos frente a circunstancias más críticas (presencia de cuchillos, alturas, etc). Estos pensamientos, que confunden e importunan al individuo, son efecto de extremados sistemas de prevención, sin embargo son tomados por el sujeto como si fueran impulsos internos o pensamientos perversos que les llevarán a hacer lo que no quieren. Aunque no tienen nada que ver, muchas pacientes interpretan estos fenómenos como indicadores de estar sufriendo, o llegar a sufrir, trastornos mentales de tipo psicótico, como esquizofrenia. Es imposible volverse loco como consecuencia de crisis de pánico u otros trastornos de ansiedad.

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• Miedo a la muerte:
La fobia a la muerte aparece cuando el miedo natural se convierte en pánico irracional. Las personas que padecen esta fobia suelen ser también exageradamente hipocondríacas y a veces sufren otras asociadas, como la necrofobia, que les hace incapaces de tolerar cualquier idea, objeto o lugar relacionados con los muertos.
Este miedo exagerado, capaz de provocar crisis de ansiedad o de obsesionar a la persona hasta el punto de caer en depresiones, necesita tratamiento y ayuda para superarlo. No podemos permitir que la idea de la muerte nos persiga hasta el punto de impedir que seamos capaces de disfrutar de la vida.
Detrás del miedo a la muerte se esconden todos los miedos; al dolor, al sufrimiento, a la nada, a la oscuridad, a lo desconocido… una interminable lista de terrores que anidan en la imaginación, las fábulas y las tradiciones, toda una cultura que llevamos a cuestas, transmitiéndola de generación en generación, y que en lugar de ayudarnos a vivir, se recrea en atormentarnos con el miedo.
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¿Por qué produce tanto miedo?
La muerte es una realidad angustiante, ya que la gente es consciente de que existe y de que llegará pero, la mayoría de las veces, se vive con la incertidumbre de cuándo será el día en que realmente pase. Es precisamente por esa razón que a lo largo de la vida, la muerte es percibida con una sensación muy angustiante.
Otro factor de miedo es que no se sabe qué es lo que sigue después de la muerte; además del temor que causa pensar en dejar a todos nuestros seres queridos, de nunca volverlos a ver. Sin embargo, es normal la angustia que este proceso de vida provoca, siempre y cuando esté dentro de los parámetros habituales, es decir, cuando no interfiere con el transcurso del día a día, y que se pueda seguir viviendo de manera cotidiana sin estar pensando solamente en la muerte.


Diferencias culturales al enfrentarse a la muerte:
La muerte, además, tiene un peso cultural importante ya que en algunas culturas se vive como un proceso sagrado que se ofrece a los dioses. En otras, las personas se preparan para esperar a la muerte y se vive como un proceso natural de vida, mientras que en otras más todavía sigue siendo un tema tabú.
Ciertamente el peso que se le da culturalmente a la muerte es lo que define en el mayor de los casos la manera en que cada persona la percibe, pero no se descarta que este proceso deje de ser angustiante por más preparación que se haga, sin embargo la manera en que se vive esta etapa depende del contexto y de la influencia cultural con la que cuente la persona, incluso en la época en la que se dé la muerte.

México y el "festejo" a la muerte:
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En especial en nuestra cultura se hace un gran festejo en el famoso "Día de Muertos", fecha en la que se recuerda a los difuntos y se les rinden ofrendas que contienen todo lo que al difunto le gustaba; además de hacer una gran fiesta para que ese día nuestro ser querido, ya fallecido, pueda acompañarnos.
Culturalmente se tiene la idea de que ese día se debe brindar un gran banquete y no sólo de la comida que le gustaba a nuestro difunto, sino toda una serie de objetos apreciados por él y que nos hagan recordar los buenos momentos. A través de esto poder sentir que nuestro ser querido sigue con nosotros.
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Cómo vencerlo:

Tenemos miedo porque nos han enseñado a tenerlo. Cuando el miedo se convierte en fobia y te impide disfrutar plenamente de la vida, la solución más eficaz es recurrir a un especialista. Todas las fobias se pueden tratar con éxito, las reacciones de pánico incontrolable a montar en avión o acariciar a un perro, no son distintas a la del pánico a la muerte, y pueden superarse.
Si tu miedo aún no ha cruzado esta línea, lo importante es encontrar estrategias para convivir con él y tenerlo bajo llave:
-Trata de aceptar la idea. Asume que nuestra vida tiene un motivo y un final. Vive para hacer tus proyectos y deja que pase el tiempo.
-Cree firmemente en algo. Tu religión, una filosofía, una idea que te reconforte… para ti puede ser Dios, para otro el universo o simplemente ser útil a los demás, pero la vida tiene un sentido.
-No te recrees. Recrearse en los miedos, las desgracias o la autocompasión es insano. Piensa en la vida, en el hoy y en la felicidad, obsesionarte con la muerte es una pérdida de tiempo.

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