En la espiritualidad contemporánea, ¿qué lugar ocupan los chamanes, los gurús, los maestros y las personas que dicen haber alcanzado la iluminación? ¿Cómo distinguir a los charlatanes de quienes ejercen un magisterio auténtico? Estableciendo un pararelismo entre la relación Morfeo-Thomas Anderson de Matrix, Jasun Horsley escribe al respecto.
¿Qué es y qué hace a un auténtico maestro espiritual? Hasta ahora las respuestas a estas preguntas han sido vagas y subjetivas. ¿Pero qué sucede cuando un auténtico maestro espiritual no es ni espiritual ni maestro? ¿Qué pasa si no es más que un técnico capacitado para llevar a cabo una función específica, como lo sería un cirujano, un dentista o un plomero? ¿Qué lugar habría entonces para la vaguedad o la subjetividad?
En Matrix, la vida generada por computadora en un mundo de ensueño guía a Thomas hacia Morfeo, un ser completamente liberado. Morfeo interviene en la vida de Thomas y le pone fin, le entrega su libertad, aunque con un costo: su vida anterior y su identidad. Thomas se transforma en Neo, simbolizando así el fin de una existencia y el inicio de otra.

¿Es Morfeo un maestro espiritual? ¿Es un chamán, un gurú, un Bodhisattva? ¿O es simplemente un hombre de conocimiento con habilidades específicas que lleva a cabo la función práctica de extraer la conciencia de Thomas del mundo onírico de la matrix, rescatando su cuerpo de la granja? ¿Es eso la iluminación espiritual? ¿Morfeo iluminó a Neo? ¿O solo quitó los obstáculos que separaban a Thomas de la realidad?
La iluminación espiritual se define como la liberación de la ilusión y la entrada a una “realidad más grande”; es despertar del mundo onírico del ego. En la ciencia ficción, la mecánica del despertar es clara y precisa. No hay lugar para la vaguedad, conceptos místicos o filosofías abstractas, tampoco hay “enseñanzas”. Únicamente se presentan los hechos. En este caso, la esclavización de Thomas y el proceso de desconexión mediante el cual accede a la realidad. No hay nada qué discutir: sólo debemos procesar una experiencia de vida.
En el mercado espiritual y chamánico los conceptos gobiernan y nada es claro ni preciso. La espiritualidad no es una ciencia. Las masas ciegas describen elefantes que nunca han visto y discuten creencias metafísicas fundamentadas por rumores, esperanza e hipérboles. Una zona franca llena de afirmaciones, ilusiones y la autoinvención mítica en donde el único dogma alternativo es el solipsismo colectivo: un acuerdo ambiguo sobre la naturaleza subjetiva de la verdad. La realidad es aquello que nos persuadimos a creer, especialmente si podemos encontrar a otros que también crean lo mismo. Es un carnaval caleidoscópico de cosas hechas a la medida, programas interactivos para el desarrollo personal, un reality show cósmico en donde todos pueden ser El Elegido (durante quince minutos) y el ego espiritual domina a plenitud.
La popularidad de la espiritualidad “hazlo tú mismo” y el chamanismo hecho a la medida de nuestros días es una respuesta natural a un mercado corrupto lleno de recetas a medias, vendedores sin ética y productos basura. Cuando los profesionales no merecen nuestro crédito y los amateurs son ineptos, ¿qué podemos hacer además de confiar en nuestros propios recursos para desarrollar una espiritualidad “hecha a la medida” y fuera del sistema? Ya que la autosuficiencia tiene un precio, esto significa que tenemos que cultivar el producto y venderlo también. Todos nos podemos convertir en un maestro, chamán o guía en potencia; proliferan las “enseñanzas espirituales” y el ruido de todos los árboles cayendo en bosques vacíos ahoga la señal de la verdad que nos llama de regreso a casa.

¿Cuáles son las probabilidades de que Thomas encontrara a Morfeo entre la cacofonía sin fin del mercado espiritual (generado por la matrix)? Mínimas, en el mejor de los casos. Afortunadamente, Thomas no encontró a Morfeo: él encontró a Thomas. Cuando el discípulo estuvo listo, el maestro apareció. El simple hecho de que Thomas estuviera en una búsqueda sincera fue suficiente para garantizar el encuentro.