¿Se puede estudiar programación y ser un winner a la vez?
NOTA: Las anécdotas graciosas están en texto azul, podés saltear el resto de la nota)

Gonzalo Balmaceda a simple vista no parece un estudiante de Ingeniería Informática como cualquier otro. Su perfil jodón, su éxito con las damas y su precocidad en las prácticas de explotación de las vulnerabilidades informáticas es fuera de serie. Estuvimos compartiendo un café con él y nos contó de su temprana vocación y las anécdotas inolvidables del barrio haciendo uso de sus habilidades para, entre otras cosas, obtener beneficios sexuales de parte de las muchachitas del barrio.
Gonzalo nos soprende entrando al bar -donde estaba pactada la entrevista- con una despampanante y muy joven acompañante, de formas voluminosas pero perfectamente redondeadas, ropa muy ajustada y pelo planchado muy rubio. Una vedette de barrio, digamos. En perfectos shorts brillantes de lentejuelas y tacos altos.
Saluda muy atentamente, y nos hace un gesto de picardía. El aspecto atlético y la ropa de Gonzalo también nos sorprende: jeans y zapatillas con saco bien fachero, lentes de sol y peinado de moda. Nada más alejado del proverbial estereotipo del hacker desgarbado, nerd, con granos y pantalón hasta el pecho.
PERIODISTA: -Contanos, Gonzalo. ¿Cómo empezó tu pasión por la informática y la vulneración de redes?
GONZALO: -Mirá, desde chiquito tuve acceso a internet, porque mi viejo es Analista de Sistemas. Así tuve siempre a mano una computadora y libros de computación. Así aprendí temprano a programar, cómo funcionan los protocolos de red, lenguajes de bajo nivel, etcétera, etc.
PERIODISTA: -Bueno, podemos decir que tu reputación te precede. Es sabido que sos una especie de leyenda de barrio. Pero, queremos escuchar tus mejores anécdotas de tu propia boca.
GONZALO: - Bueno, la anécdota más conocida y que más eco tuvo en las redes sociales y los medios de comunicación fue la del mate amargo, pero hay otras que no han tenido mucha fuerza pero son las que más resuenan entre mis amigos en las reuniones y los asados: la de las tetas de la jovata y la del culo en calza engomada de la vecinita estudiante de ciencias humanas. Te doy permiso a publicar fragmentos del libro en la nota, si querés. (Risas)
A continuación, fragmentos del libro "Hacker de barrio: de nerd a exitoso mujeriego"
Anécdota XVI
(...) "Mi meta era hackear el mate amargo de una vieja del barrio. Una tardecita de domingo, cuando la vieja de enfrente salía a la vereda a tomar mate, ejecuté mi programa (estuve meses desarrollándolo). Al toque saqué el IP de la vieja, le mandé el código malicioso por un puerto que imprudentemente la vieja había dejado abierto en el firewall y tomé control del mate.
Me pase una hora hinchándole las pelotas a ella y los familiares.Primero les calentaba el agua, después se lo enfriaba. Me moría de la risa con la vieja mandando al nieto a poner la pava a cada rato. Después se lo lavaba. Tenía que cargar yerba a cada rato y la vieja no entendía nada. La primera que se avispó fue la nieta más grande, la de 17 -yo en esa época tenía 21- la que jugaba al hockey y era la vedetonguita del barrio. Si la veías en jean elastizado te morías."
Viejas: siempre tomando mate en la vereda de los barrios.
Anécdota XLIV
(...) "dos cuadras más allá vivía una morocha infernal: pelo planchado como un clavo, extensiones mucho maquillaje todo el tiempo, las cejitas depiladas con precisión de gato fino y esas calzas un día engomadas, otro día animal print, tacos altos infaltables, ¡una cosa de locos! Verla salir a sacar la basura o que me tocara la puerta a la noche para pedir hielo para el fernet era una experiencia casi erótica. Todas estas razones y tan solo una de ellas eran suficientes para justificar que usara mis mejores recursos: tenía que encontrarme más seguido con ella, rozar, caernos juntos a un pozo, tomar el mismo ascensor, salvarla de un incendio o de un tigre, cualquier cosa. Necesitaba ganar ocasiones de gol: entrar al área una, diez, cien veces. Alguna vez me la iba a voltear.
Pasé algunas noches sin dormir pero el trabajo dio sus frutos. Pude violar el firewall de su heladera para derretir el hielo. Con un troyano pude acceder al kernel de sus vasos de fernet y empecé a calentarle la bebida en las reuniones de alcohol con sus amigos. ¿Resultado? Se imaginarán: ella volviendo una y otra vez a altas horas de la noche, con su tanga más marcada, con un poco de aliento a alcohol, pero cada vez más "amistosa"; a pedirme hielo.
Me la sacudí de arriba a abajo una noche de febrero."
Ésta sería la vecinita de Gonzalo, con su habitual escopeta de maquillaje ajustada en callejera
PERIODISTA: (Risas) La verdad algunas anécdotas son increíbles. Hay algo de realismo mágico moderno y porteño en tus relatos. Algo de fantasía y poesía soez de barrio, ¿no?
GONZALO: Por supuesto. Son relatos. No escribí una biografía con rigor biográfico o científico. Se trata de un libro testimonial con un estilo semejante al de las anécdotas coloquiales en las reuniones de amigo. Las cosas nunca se cuentan con exactitud, porque por otra parte es imposible. Las cosas son como las recordamos. Más aún: ¡las cosas son como las contamos! Y yo las cuento así. (Fin de la nota)