No desesperemos por las bajas temperaturas, porque también tienen su lado bueno: el frío puede ponernos en forma.
Según un nuevo estudio, quince minutos en el frío puede equivaler a una hora de ejercicio, pues ataca el tejido adiposo, es decir, la grasa.
La grasa blanca, la que se acumula en caderas, muslos y tripa, almacena energía, mientras que la grasa parda, o marrón, frecuente en niños pero menos abundante en adultos, genera calor y quema calorías al ser estimulada.
El año pasado, científicos del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos observaron a diez adultos sanos, hombres y mujeres, mientras hacían ejercicio en un laboratorio a 18°C. Después les dejaron descansar mientras la temperatura bajaba hasta los 12°C.
En ambas pruebas, los músculos se contrajeron, produciendo la hormona llamada irisina, que aumenta el calor del cuerpo y crea células de grasa parda.
Para saber más sobre esta teoría, en National Geographic hemos hablado con el director del estudio Francesco Celi, endocrinólogo de la Virginia Commonwealth University.
En 2012 hubo una investigación sobre la grasa parda en roedores, ¿qué implicaciones tuvo para el nuevo estudio?
Entonces, un grupo de científicos que estudiaba el ejercicio en ratones descubrió que el músculo esquelético produce irisina, que estimula la actividad y crea grasa parda. Sin embargo, nos quedamos sorprendidos, porque no tiene mucho sentido que algo que produce calor, como este músculo, genere una hormona que aumenta el gasto de energía de otra, como la grasa marrón.
Entonces, nos centramos en otra actividad muscular: tiritar. Tiritamos cuando tenemos frío, es un mecanismo de supervivencia que nos ayuda a mantener la temperatura, fundamental para evitar la hipotermia.
Llegamos a la conclusión de que esta actividad, y no el ejercicio, podría ser el principal generador de irisina.
Tiritar es solo una de nuestras respuestas ante el frío, ¿verdad?
Efectivamente. Los humanos contamos con tres mecanismos para enfrentarnos al frío. Uno es la vasoconstricción: el riego sanguíneo hacia la piel disminuye, lo que hace aumentar la habilidad del cuerpo de mantener la temperatura y proteger los órganos vitales.
Otra es la termogénesis, es decir, las reacciones químicas que se activan con el frío pero no producen la contracción de los músculos.
El tercer mecanismo consiste en tiritar, y es nuestro último recurso, poco agradable e ineficiente, pero que hace que se contraigan las fibras musculares y se produzca calor suficiente para mantener la temperatura.
La irisina parece fundamental en el proceso. ¿Qué es exactamente y cómo funciona?
Es una hormona que se produce por la contracción muscular, a través del ejercicio o tiritando, y que se mueve en la sangre, convirtiendo la grasa blanca en grasa parda.
¿Significa esto que el ejercicio es otra forma de tiritar? ¿Si hago ejercicio en un ambiente frío, quemaré el doble de calorías?
No creo que por tiritar y hacer ejercicio se consiga quemar más calorías que con una sola actividad. Eso sí, ¡el sufrimiento será mayor!
¿Qué implicaciones puede tener el hallazgo?
Tenemos que ver si es posible aplicar este descubrimiento a la pérdida de peso, pero lo que está claro es que se trata de un campo de estudio prometedor. Podría ayudar también en enfermos de diabetes, obesos, etc.
Según un nuevo estudio, quince minutos en el frío puede equivaler a una hora de ejercicio, pues ataca el tejido adiposo, es decir, la grasa.
La grasa blanca, la que se acumula en caderas, muslos y tripa, almacena energía, mientras que la grasa parda, o marrón, frecuente en niños pero menos abundante en adultos, genera calor y quema calorías al ser estimulada.
El año pasado, científicos del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos observaron a diez adultos sanos, hombres y mujeres, mientras hacían ejercicio en un laboratorio a 18°C. Después les dejaron descansar mientras la temperatura bajaba hasta los 12°C.
En ambas pruebas, los músculos se contrajeron, produciendo la hormona llamada irisina, que aumenta el calor del cuerpo y crea células de grasa parda.
Para saber más sobre esta teoría, en National Geographic hemos hablado con el director del estudio Francesco Celi, endocrinólogo de la Virginia Commonwealth University.
En 2012 hubo una investigación sobre la grasa parda en roedores, ¿qué implicaciones tuvo para el nuevo estudio?
Entonces, un grupo de científicos que estudiaba el ejercicio en ratones descubrió que el músculo esquelético produce irisina, que estimula la actividad y crea grasa parda. Sin embargo, nos quedamos sorprendidos, porque no tiene mucho sentido que algo que produce calor, como este músculo, genere una hormona que aumenta el gasto de energía de otra, como la grasa marrón.
Entonces, nos centramos en otra actividad muscular: tiritar. Tiritamos cuando tenemos frío, es un mecanismo de supervivencia que nos ayuda a mantener la temperatura, fundamental para evitar la hipotermia.
Llegamos a la conclusión de que esta actividad, y no el ejercicio, podría ser el principal generador de irisina.
Tiritar es solo una de nuestras respuestas ante el frío, ¿verdad?
Efectivamente. Los humanos contamos con tres mecanismos para enfrentarnos al frío. Uno es la vasoconstricción: el riego sanguíneo hacia la piel disminuye, lo que hace aumentar la habilidad del cuerpo de mantener la temperatura y proteger los órganos vitales.
Otra es la termogénesis, es decir, las reacciones químicas que se activan con el frío pero no producen la contracción de los músculos.
El tercer mecanismo consiste en tiritar, y es nuestro último recurso, poco agradable e ineficiente, pero que hace que se contraigan las fibras musculares y se produzca calor suficiente para mantener la temperatura.
La irisina parece fundamental en el proceso. ¿Qué es exactamente y cómo funciona?
Es una hormona que se produce por la contracción muscular, a través del ejercicio o tiritando, y que se mueve en la sangre, convirtiendo la grasa blanca en grasa parda.
¿Significa esto que el ejercicio es otra forma de tiritar? ¿Si hago ejercicio en un ambiente frío, quemaré el doble de calorías?
No creo que por tiritar y hacer ejercicio se consiga quemar más calorías que con una sola actividad. Eso sí, ¡el sufrimiento será mayor!
¿Qué implicaciones puede tener el hallazgo?
Tenemos que ver si es posible aplicar este descubrimiento a la pérdida de peso, pero lo que está claro es que se trata de un campo de estudio prometedor. Podría ayudar también en enfermos de diabetes, obesos, etc.