¿porque gritamos?
Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?
¿tal vez sea que perdemos la calma?
Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Durante algún tiempo consideré varias respuestas pero ninguna de ellas me satisfacía.
Finalmente entendí, que cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritan, para hacerse escuchar. Cuanto más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse a través de esa gran distancia.
Considera ahora cuando dos personas se enamoran. No se gritan sino que se hablan suavemente, en susurros, porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
Tanto más amor hay, tanto más dulce y sutil es el entendimiento. Basta un gesto, una caricia, un suspiro, para que dos personas rebosantes de amor se entiendan.
Es como la voz de Dios, que como un padre perfecto que es, no nos violenta con palabras: habla en susurros al corazón atento y enamorado de Él.
No dejemos que nuestros corazones se alejen, no digamos palabras que los distancien. Sino, llegará un día en que la distancia sea tan grande que no encontrarán ya el camino de regreso.
Por qué las personas se gritan cuando están enojadas?
¿tal vez sea que perdemos la calma?
Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
Durante algún tiempo consideré varias respuestas pero ninguna de ellas me satisfacía.
Finalmente entendí, que cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritan, para hacerse escuchar. Cuanto más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse a través de esa gran distancia.
Considera ahora cuando dos personas se enamoran. No se gritan sino que se hablan suavemente, en susurros, porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
Tanto más amor hay, tanto más dulce y sutil es el entendimiento. Basta un gesto, una caricia, un suspiro, para que dos personas rebosantes de amor se entiendan.
Es como la voz de Dios, que como un padre perfecto que es, no nos violenta con palabras: habla en susurros al corazón atento y enamorado de Él.
No dejemos que nuestros corazones se alejen, no digamos palabras que los distancien. Sino, llegará un día en que la distancia sea tan grande que no encontrarán ya el camino de regreso.