Conocido es este adagio popular, que se extendió en la Guerra Civil Española por boca del revolucionario anarquista Buenaventura Durruti, aunque algunos estudiosos comentan que la frase es de Piotr Kropotkin. Caminando por la Alameda y otras calles céntricas, he observado rayados con esta frase en los muros de varias iglesias, y se me vienen a la mente distintas fechas en que han querido “prender fuego” a la Iglesia. El 25 de agosto del 2011 (en el marco de la doble jornada de paro nacional) un grupo de personas prendió fuego a las puertas de la Iglesia de la Gratitud Nacional, ubicada en Alameda con Ricardo Cumming. El 25 de Octubre de 2011, el 16 de diciembre de 2011, el 11 de Septiembre de 2012 y el 07 de mayo de 2013, evacuaron la Catedral de Santiago por aviso de bombas, algunas caseras y otras falsas alarmas. La pregunta que me surge con respecto a estos actos (repudiables en todo caso) es ¿qué iglesia se quería quemar?, ¿qué significan estos signos?
Por un lado, considerar que la quema de las puertas de la Gratitud Nacional y la instalación de artefactos explosivos en la Catedral de Santiago, se enmarcan dentro del descontento (indignación) generalizado contra toda institución, entre ellas el Estado, el Congreso, el Poder Judicial, las FF.AA y de “orden”, las iglesias, entre otras. Por otro lado, sabemos que la presencia de la Iglesia “molesta”, y el violento intento de incendio de este templo y las alertas de bombas es un mensaje clarísimo de incomodidad para un grupo de personas. Trataré de ir más allá: creo que la Iglesia que intentaron quemar fue nuestra Iglesia, porque dejó de ser creíble para vastos sectores de nuestro país.