Cada año, cosas nunca antes consideradas se hacen obvias ante mí.
Empecé a valorar a las personas por lo que son, a verlas de una forma diferente. Y, haciendo comparaciones, me di cuenta de que se está perdiendo algo que parece inútil, pero que no lo es: el ocio.
Más que perdiendo, se está desperdiciando. ¿Para qué sirve el tiempo libre? Pues para hacernos quién somos, para diferenciarnos del resto. Es el cuando puedes, por fin, ser tú mismo.
Hay todo un universo allá afuera, listo para demostrarte quién eres, qué te gusta. Y tú estás aquí, otros tantos frente a su teléfono inteligente, que empieza a ser más inteligente que ellos mismos. Tal vez, hay esperanza: tal vez has aprendido aquí, tal vez has descubierto aquí. Pero, ¿este eres realmente tú?
Digo, tú eres único, ¿cierto?
Eres misterioso y original, ¿cierto? ¿O sólo te has dejado llevar?
¿Dices lo que piensas? ¿Haces lo que quieres? ¿O te conformas?
¿Te conformas a una vida que no te gusta, a una sociedad, un sistema, un mundo?
¿Sólo porque no lo puedes cambiar? ¿Porque no eres capaz?
¿Te rendiste?
¿Te rendiste a tu celular, a los medios, a la negligencia, al egoísmo?
¿O sigues luchando para ser tú mismo?
Te propongo empezar una revolución: revoluciona tu tiempo libre.
Juega (no en tu celular),
piensa (no en tumblr),
camina (no hacia tu trabajo),
crea (con tus manos, no tus dedos),
conversa (cara a cara),
atrévete a dejar lo que no te gusta (no en los sims),
aprende (no por obligación),
dona (algo más que un like),
construyéte (no una casa, sino que a ti mismo).
¿O acaso vas a esperar a que sea demasiado tarde para ser tú mismo?
No te vas a encontrar por casualidad.
Te tienes que crear.