Estamos experimentando a nuestro alrededor la permanente contradicción entre lo nacional o local y lo global. Si analizamos cada objeto que utilizamos, la ropa que nos ponemos, la comida que consumimos a distintas horas del día, podemos hacer dos listas, clasificando los productos según su origen en nacional o extranjeros (sin tener en cuenta su manufactura que, por lo general, es china o japonesa).
Apelamos a defender, yo diría casi con fanatismo, todo aquello de origen local, como por ejemplo a surgido últimamente en Argentina, la reivindicación del mate, a costa de tenerlo que pagar más caro que un té en saquitos vendido por el mismo supermercado perteneciente a una empresa multinacional. Compramos yerba en Carrefour.
Y cada una de nuestras ropas tiene procedencia y origen de distintos países del planeta. Nada nos impide elegir lo que más nos guste y combinar a nuestro antojo. Mientras tanto nuestra mente persigue el regreso a comunidades de la edad antigua, mitos y supersticiones, superados por la civilización de los Estados nacionales.
El mundo se ha vuelto una ensalada no rusa sino global. Porque nuestra reivindicación nacional implica la propaganda de lo nuestro en el exterior, ese exterior que también reivindica lo suyo y nos provee de la publicidad suficiente y nos acerca a través de la nueva economía, productos que jamás hubiésemos conocido.
Una nueva Babilonia está emergiendo. Con nuevos artistas, con nuevas estrellas que se promocionan online.
Será de Dios que la tortilla se haya dado vuelta porque las nuevas estrellas se mueven como serpientes en el mundo de los mortales. Hay justamente una de esas estrellas de pie a tu lado mirando la misma vidriera y solo lo sabrás si me sigues…. voy a presentartelas …..

Apelamos a defender, yo diría casi con fanatismo, todo aquello de origen local, como por ejemplo a surgido últimamente en Argentina, la reivindicación del mate, a costa de tenerlo que pagar más caro que un té en saquitos vendido por el mismo supermercado perteneciente a una empresa multinacional. Compramos yerba en Carrefour.
Y cada una de nuestras ropas tiene procedencia y origen de distintos países del planeta. Nada nos impide elegir lo que más nos guste y combinar a nuestro antojo. Mientras tanto nuestra mente persigue el regreso a comunidades de la edad antigua, mitos y supersticiones, superados por la civilización de los Estados nacionales.
El mundo se ha vuelto una ensalada no rusa sino global. Porque nuestra reivindicación nacional implica la propaganda de lo nuestro en el exterior, ese exterior que también reivindica lo suyo y nos provee de la publicidad suficiente y nos acerca a través de la nueva economía, productos que jamás hubiésemos conocido.
Una nueva Babilonia está emergiendo. Con nuevos artistas, con nuevas estrellas que se promocionan online.
Será de Dios que la tortilla se haya dado vuelta porque las nuevas estrellas se mueven como serpientes en el mundo de los mortales. Hay justamente una de esas estrellas de pie a tu lado mirando la misma vidriera y solo lo sabrás si me sigues…. voy a presentartelas …..

