Querido lector, he de desearle una feliz noche y un cálido amanecer. No es de esta forma, tan sencilla además, en mi noble y triste corazón. Cada noche es fría, cada sentimiento es impuro y sólo han de quedarme las diversas frustraciones que mi pasado ha de recordarme.
Es sentir, en este desolado e inhospito rincón, la soledad en todo su esplendor, la tristeza en su mayor calidad y el sufrimiento en tremendos aspectos. Vislumbro más allá de la ventana de mi cuarto la luna que ha de reírse de mi alma. Denoto las fantasmales estrellas que hubieron de sonreírme tan tristemente en aquella noche de octubre cuando mi corazón hubo de conocerte. Fue tan sencillo, como comprar un helado o romper algo. Recuerdo que me acerqué a ti, cruzamos miradas mientras los metros se volvían centímetros y luego milímetros para que nuestros labios se unieran en un placentero y apasionante beso que resonó en cada lugar de nuestro ser. Pero ahora todo era un vano recuerdo, un vasto sufrimiento al cual he sido sentenciado, ¡cada noche, cada día, cada mañana y cada tarde!
Y ahora supe de tu reencuentro con tu ex amado, a quien habéis enamorado tan fielmente ahora. Hube de enterarme por una amiga tuya, y qué fue de mi corazón en aquel entonces: ¡Oh, este se destruyó y frío tornase, toda vez de engendrar el demonio al cual he sido condenado esta vez!
Mi sufrimiento no es sencillo, el acertijo de mis palabras me ganó la partida y ahora estoy bloqueado, encerrado y cautivo.
SACÁDME DE ESTE INFERNAL LUGAR.