"El fútbol es el arte del engaño ", asevera un viejo refrán de la pelota. El volante de Guinea Ecuatorial Narcisse Ekanga se tomó este concepto con demasiada seriedad. En un partido entre su selección y Senegal, correspondiente a la Copa Africana de Naciones, simuló las consecuencias de un foul inexistente con tanta alevosía como si se tratara de un actor profesional y no de un jugador de fútbol.
Lo inexplicable de esa jugada es la forma en que intentó engañar al árbitro, sin respetar los tiempos y las secuencias de una infracción cargada con esa supuesta violencia. Es que cuando cayó al piso después de simular la falta, como nadie prestaba atención a la jugada, comenzó a retorcerse en el suelo como si le hubiera brotado un dolor regresivo. Lo más risueño, y aquello que acredita al africano como un talento no advertido por los directores "hollywoodenses", es que fue asistido por los médicos y retirado en camilla del campo de juego.