Según la pasajera, el piloto decidió que "necesitaba ponerme alguna otra cosa o no me permitirían abordar el vuelo". Pero lo cierto, dijo,es que no había ninguna regla escrita sobre el asunto. Tampoco aceptaron que se atara el sweater a la cintura. Como su equipaje estaba despachado en al bodega y en el bolso de mano no tenía ropa extra, McMuffin buscó una tienda en el mismo aeropuerto para comprar algo que le sirviera para no perder el vuelo. Conclusión: encontró unos pantalones de pijama que le costaron US$ 22.
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