Las pinturas tenebrosas de Beksinski

Zdzislaw Beksinski Nació en Polonia en 1929, estudió arquitectura, pero no le gustaba su profesión, y pronto empezó a sentir afición por la fotografía y la escultura, campo en el que realizó algunas obras en plástico y alambre, todas de temas inquietantes, pero la pintura y el dibujo en general se impusieron, y comenzó plasmar en sus dibujos lo que él llamaba “realismo fantástico”, influenciado por el estilos abstracto, el barroco y el gótico, y añadiendo, según iba evolucionando su obra, toques de arte surrealista.
Para Beksinski, sus obras eran demasiado personales e inclasificables, de hecho no permitía que nadie las encasillara en ningún estilo concreto, y tampoco les ponía título. No era amante de las exposiciones, y tampoco tenía mucha esperanza de que sus obras gustasen a la gente, pero su 1º exposición en 1964 fue un rotundo éxito y la totalidad de sus obras fueron vendidas.
Se dedicó de lleno a la pintura, creando imágenes perturbadoras y muy detalladas intentando conseguir su objetivo: “Deseo pintar de la misma forma como si estuviese fotografiando los sueños”. Su perfección hizo que en 1977 quemara gran parte de su trabajo en el patio de su casa.
Su trabajo no coincidía con su personalidad, ya que Beksinski , a pesar de su timidez y modestia, era una persona muy agradable a la que encantaba conversar. Pero a finales de los años 90, la vida comenzó a jugar una mala pasada al artista, haciendo que su vida personal se convirtiera en algo tan perturbador como su obra.
En 1998 Zofía, su mujer, murió y unos meses más tarde, su hijo Tomasz, un conocido presentador de televisión, se quitó la vida. El propio Beksinski encontró el cuerpo sin vida de su hijo algo que le dejó tocado el resto de su vida. En febrero de 2005, Robert Kupiec, el hijo del conserje del edificio donde vivía Beksinski, pidió dinero prestado al artista, este se negó, y la mañana de 21 de febrero de 2005, el cuerpo del pintor apareció con 17 puñaladas. Kupiec se declaró culpable y cumple condena de 25 años en una cárcel de Varsovia.
Para Beksinski, sus obras eran demasiado personales e inclasificables, de hecho no permitía que nadie las encasillara en ningún estilo concreto, y tampoco les ponía título. No era amante de las exposiciones, y tampoco tenía mucha esperanza de que sus obras gustasen a la gente, pero su 1º exposición en 1964 fue un rotundo éxito y la totalidad de sus obras fueron vendidas.
Se dedicó de lleno a la pintura, creando imágenes perturbadoras y muy detalladas intentando conseguir su objetivo: “Deseo pintar de la misma forma como si estuviese fotografiando los sueños”. Su perfección hizo que en 1977 quemara gran parte de su trabajo en el patio de su casa.
Su trabajo no coincidía con su personalidad, ya que Beksinski , a pesar de su timidez y modestia, era una persona muy agradable a la que encantaba conversar. Pero a finales de los años 90, la vida comenzó a jugar una mala pasada al artista, haciendo que su vida personal se convirtiera en algo tan perturbador como su obra.
En 1998 Zofía, su mujer, murió y unos meses más tarde, su hijo Tomasz, un conocido presentador de televisión, se quitó la vida. El propio Beksinski encontró el cuerpo sin vida de su hijo algo que le dejó tocado el resto de su vida. En febrero de 2005, Robert Kupiec, el hijo del conserje del edificio donde vivía Beksinski, pidió dinero prestado al artista, este se negó, y la mañana de 21 de febrero de 2005, el cuerpo del pintor apareció con 17 puñaladas. Kupiec se declaró culpable y cumple condena de 25 años en una cárcel de Varsovia.














