Empezemos...
ATRAPADOS
Ya eran el dia y jose no habia pagado sus deudas. raul lo perseguia junto a sus hombres dispuesto a sacale su dinero de la forma mas cruel posible.
doblando a la esquina, entre su desesperación , los gritos de raul y el tumbeo de su corazón, jose escucho perfectamente como una hermosa,pero descuidada jovencita le decía, “por aqui ,rapido”.
jose no lo penso , se lanzo hacia donde la jovencita y juntos subieron unas escaleras hasta una simple casucha en un arbol, simple, sin ventanas,sola una puerta , simple.
al entrar jose la joven cerro la puerta. Jose pego el odio a la puerta de la casita del arbol.
“donde se abra metido ese desgraciado?escucho jose, ya me las pagara, algún dia me las pagara.”
” gracias, me salvaste la vida, por que no salimos y vamos a tomar algo , me gustaría conocer mas a fondo a quien me salvo la vida.
cuando jose se decidio tomar la manija para abrir la puerta se percato de que no habia alguna.
“estamos atrapados ” dijo jose a la jovencita
“atrapados? ha ha ha lo estaras tu”
reia la jovencita mientras desaparecia.
CORDEL DEL CUELLO
una feliz pareja llevaba años de casados , pero la novia nunca quiso revelar que significaba ese cordel en su cuello , lo unico que hizo fue decirle a su marido que si la amaba nunca lo retirase. el hombre, claramente obedecio, los años pasaron y la curiosidad lo intrigaba, no se lo sacaba para comer, cuando se desvestia, inclusive cuando se bañaba.
hasta que un dia no pudo mas, la curiosidad le gano. se acerco a la escalera y empezo a besar a su esposa. segundos despues tomo el cordel, y tiro de el. en el segundo que jalo del cordel la cabeza de su mujer rodo por las escaleras.
LA CASA EN EL BOSQUE
Un hombre fue de visita a otro pueblo, y para devolverse, tuvo que caminar por el bosque. Como no conocía bien aquellos lugares, se perdió entre la maleza. El hombre estaba muy preocupado porque ya se iba a hacer de noche, entonces, encontró un claro y en él, una casita de madera. Tocó a la casa, pero nadie salió a abrirle; entonces forzó la puerta, resultando esta abierta.
La casa era de un solo cuarto, con extraños retratos de gente que parecía verlo con una horrible mirada; todos los retratos parecían haber sido tomados en ese mismo bosque.
El hombre fue rápido a la cama y se tapó para no ver los retratos que cada vez parecían más estarlo viendo.
A la mañana siguiente, al hombre le dio curiosidad de ver si los retratos se veían igual de feos a la luz del día, pero resultó que en la casa no había ni un solo retrato, sino muchas ventanas al exterior
PULSERAS
En Estados Unidos y otras partes del mundo, cada vez que te internan en un hospital, colocan en tu muñeca, una pulsera blanca con tu nombre, para poder identificarte. Sin embargo, existen otras pulseras de colores diferentes, que simbolizan otras cosas. Por ejemplo, las pulseras negras son colocadas en las muñecas de las personas que acaban de fallecer.
Mi tía me platicaba de un cirujano que trabajaba en el turno de la noche en una escuela-hospital. El acababa de terminar una operación e iba en camino hacia el sótano. Entro en el elevador, y había otra persona con él. Casualmente se puso a platicar con la mujer sobre tonterías, mientras el elevador descendía. Cuando la puerta del elevador se abrió, vio que otra mujer estaba a punto de entrar, y entonces el doctor, de manera precipitada apretó el botón para cerrar la puerta, y presiono rápidamente el botón hasta el piso más alto.
Sorprendida, la mujer regaño al doctor por su descortesía al no permitir subir a la otra mujer al elevador.
El Doctor dijo: “ Esa es la mujer que acabo de operar. Murió durante la operación… No viste la banda negra que estaba utilizando?”
LAS VÍAS DEL TREN
Mi primo y yo habíamos ido a San Antonio, y habíamos escuchado rumores acerca de unas vías de tren que estaban embrujadas. La historia era: “Un autobús escolar lleno de niños se había estancado en esas vías mientras un tren se dirigía a ellos. Dicho tren iba demasiado rápido como para que hubiera tiempo suficiente para sacar a los niños. Así que todos murieron.”
Cuando finalmente encontramos las vías, detuvimos el auto, estacionándolo lo más cercano posible a las vías. Ambos nos encontrábamos un poco nerviosos y asustados, sólo nos quedamos ahí esperando que algo pasara. Justo cuando estábamos a punto de abandonar el lugar, el auto comenzó a rodar. Estábamos demasiado asustados que solo nos pudimos abrazar mientras jadeábamos con los ojos muy abiertos. Después de lo que pareció una eternidad (que en realidad fueron menos de 5 minutos), el auto dejó de rodar. Miramos a nuestro alrededor y estábamos lejos de las vías de tren.
Ahora, supongo que eso no parece tan escalofriante, pero lo que vimos nos asustó demasiado que inmediatamente nos subimos en el auto e hicimos un viaje de seis horas para regresar a casa ESA MISMA NOCHE. Ambos nos bajamos del auto y nos dirigimos a la parte trasera, después del viaje, nuestro auto había acumulado un poco de polvo. Claro que eso no asusta para nada. Lo que en realidad nos asustó, fue ver huellas de manos en toda la parte de atrás. Todas eran del tamaño de manos de niños.
EL PISO DE ARRIBA
Cuando yo era niño, mi familia se mudó a una casa vieja, de dos pisos, con muchas recamaras enormes y vacías, además el piso rechinaba. Mis padres trabajaban, así que era muy común que yo me quedara solo al regresar del colegio. Una tarde, cuando llegué, la casa estaba oscura. Entonces grité “¿Mamá?” y escuché una dulce voz respondiendo “¿Siiiiiii?” que provenía del piso de arriba. La llamé de nuevo mientras subía las escaleras para averiguar en qué recamara estaba, y de nuevo me respondió con un “¿Siiiii?”. Como en ese tiempo estábamos desempacando y redecorando la casa, no sabía moverme en ese laberinto de recámaras pero estaba seguro de que su voz venía de una recamara alejada. Me sentía incómodo, pero pensé que era natural, por lo que me apresuré para ver a mi madre, sabiendo que su presencia calmaría todos mis miedos, como siempre sucede. Justo cuando había llegado a una puerta y estaba a punto de abrirla para entrar a la recámara, escuché la puerta de entrada que se abría mientras mi madre gritaba “Cariño, ¿estás en casa?” en un tono melodioso. Salté del susto, y me dirigí a la entrada corriendo para ir con mi madre. En un momento de mi huida, miré hacia atrás y me di cuenta de que la puerta se estaba abriendo lentamente, por un instante, vi algo extraño ahí, no sé lo que era, pero me estaba mirando.
LA FOTO DE LA NIÑA
Una tarde, un chico se encontraba en la escuela, sentado en su silla dentro del salón de clases. Pero al voltear, algo que reposaba en el césped de fuera llamó su atención. Por la distancia no distinguía con claridad que era lo que allí había, pero tenía un brillo particular que capturó su mirada. Al terminar las clases, el muchacho se levantó rápidamente de su asiento, y fue corriendo hacia donde se encontraba esta extraño objeto, con el fin de que nadie lo tomase antes que él. Se acercó, y se dio cuenta que este objeto no era nada más que una foto, la foto de una niña que miraba hacia el frente, con la seña de Amor y Paz en los dedos, y una sonrisa tierna. El chico se vio atraído por la niña, su belleza lo cautivó, y quería conocerla. De camino a su casa, fue preguntando a todo quien se cruzara si habían visto a la chica, a la par que le mostraba la fotografía, pero todos le daban la misma respuesta, nadie había nunca visto a tal muchachita. Cabizbajo regresó a su casa, donde al abrir la puerta y ver a su madre, le preguntó si había visto alguna vez a la niña de la foto. Le contestó con un “no”. Un poco decepcionado, se fue directo a su habitación, donde dejó la fotografía encima de un tocador, esperando algún día poder encontrar a la chica.
Había oscurecido ya, y el chico recostado en su cama, escuchó unos golpes en su ventana. Sorprendido, rápidamente se levantó y miró hacia el exterior a ver si podía localizar algo. Vio como alguien se movía en la distancia, como si estuviese huyendo. Salió de la casa a buscar quién había sido, pero se perdió a lo lejos, y no pudo alcanzarla.
Otro día más, es de noche nuevamente. Esta vez el chico se encontraba dormido. Sin embargo, esta vez se escucharon golpes más fuertes en su ventana, tanto que fueron capaces de despertarlo del sueño. Sin pensarlo, velozmente salió de su morada, y corriendo persiguió a una chica que se distinguía a la distancia, mientras le gritaba pidiendo que aguardara, pues quería conocerla. En una vuelta de calles, la había perdido de vista, y volteando la cabeza a todos lados para hallarla; se había quedado en medio de la carretera. De pronto, un coche pasó a toda velocidad, pasándole por encima y dándole muerte.
El conductor responsable de su muerte, bajó de su coche para así poder ver al chico hecho pedazos por los neumáticos. Asqueado, se acercó lentamente y notó que a un lado del cuerpo, se encontraba una fotografía. El hombre la levantó y al observarla, estaba una niña muy hermosa, con un vestido, mirando hacia el frente, sosteniendo tres dedos
YO
En algún punto de tu vida te darás cuenta que te estoy observando.
Donde sea que estés te seguiré, observándote con mis profundos ojos negros.
Veo como te diviertes, te haces daño, bailas, cantas, corres, cualquier cosa que realices ahí estaré, como lo he hecho toda mi vida, observando y esperando.
Aunque tu mente logre ignorar mi presencia, en lo más profundo de tu psique, sigo causando caos.
Puedes alcoholizare, y sentirte por un momento libre del peso de ser observado, pero ahí seguiré yo, observándote, murmurando.
Para ti, puede ser que yo sea un aberración.
Y aquí estoy, mientras tu estas en tu habitación, distrayéndote un poco, leyendo esto, que no es más que un intento mío de captar tu atención.
Y mientras más te intrigas por ello, yo me acerco más a ti y extiendo mi largo brazo para poder desgarrar tu delicada piel de un solo rasguño.
Tendrás una muerte lenta, no quiero causarte mucho dolor, pero me causaría un infinito placer ver como se te escapa la vida de tus manos.
No trates de voltear y buscarme, porque cuando lo hagas, yo ya no estaré donde busquen tus ojos cristalinos.
Si no aún más cerca de lo que esperas, aun que tu cuerpo sea de un adulto, tu seguirás siendo para mí un indefenso niño.
Pero decido no hacerlo, quiero que te sigues pudriendo en este mundo, quiero esperar hasta que tu mismo te causes la muerte.
Hasta que un día dejes de ignorarnos y seas nuestro igual.
Pero hasta entonces, yo seguiré esperándote.
HUESOS INQUIETOS
En todo asentamiento humano hay leyendas urbanas, sea un pueblo o una ciudad grande o pequeña. Estas leyendas suelen girar en torno a cosas que todos conocemos, con las que hemos tenido contacto muchas veces durante nuestras vidas. Como todas, estas mutan y, aunque el origen sea el mismo, las ‘subleyendas’ creadas a partir de la original pierden la poca veracidad que puedan tener porque, sinceramente. ¿Quién tiene miedo de algo cuyas historias cambian totalmente con tan solo desplazarte unos cuantos kilómetros? ¿Cómo puedes sentir ‘respeto’ a algo en lo que no crees en absoluto?
Aún así, siempre hay excepciones. Siempre.
En todo lugar hay gente de la noche. Cuando hablamos de ‘gente de la noche’, nos referimos a cualquiera que mora a altas horas de la madrugada, por supuesto, como prostitutas, gente de negocios turbios, jóvenes que se han propuesto no dormir o simplemente gente que trabaja cuando cae la oscuridad. Cuando mucha gente comparte un espacio de tiempo tan fijo y característico como es la noche, y más cuando lo frecuenta mucho, empieza a conocer como funcionan las cosas, ¿no? Seguro que más de uno sabe a que horas NO debe pasar por un lugar, a riesgo de ser atracado o meterse en algo que definitivamente no le interesa. Y al contrario, uno empieza a saber que zonas son tranquilas, o a que horas lo son. Uno sabe que locales abren hasta que hora, o incluso donde conseguir cosas que de día están menos accesibles. En definitiva: la noche es un mundo muy completo.
Tan completo que ahí tampoco faltan historias, leyendas, relatos de lo que le pasó a la amiga de un conocido o algo que se dice que salió en las noticias, aunque sea imposible de encontrar si te lo propones. La mayoría de esas cosas que se cuentan no son más que mentiras, evidentemente. Bulos que toman más y más tamaño y complejidad. Aunque, como ya se ha dicho, siempre hay excepciones.
Esta es la única historia que oirás un millón de veces de la misma forma. Nada, excepto la persona que lo sufriera en sus carnes, cambia; siempre siempre escucharás lo mismo. Y da igual que bajes a preguntar a la calle o cojas tu coche y vayas a preguntar a la ciudad de al lado o a los pueblos de alrededor, porque siempre te contarán lo mismo:
Es de noche, quizás la hora varíe: la una, las dos o las cuatro de la madrugada, pero está oscuro. Acabas de terminar cualquier asunto que tuvieras (el trabajo, una noche de copas o simplemente un paseo largo) y quieres volver a tu casa. Estás cansado, hace frío y hay niebla; una niebla casi sólida. Puedes ver las siluetas de los edificios a lo lejos pero no mucho más.
Evidentemente quieres volver cuanto antes a tu casa, que será mucho más cálida que la calle, pero aún te falta un buen trecho para ello. Te frotas las manos y las metes en los bolsillos. Estás solo; nadie te acompaña y no hay nadie en la calle, ¿Quién iba a salir con este frío y esta niebla? Además, el silencio es mortal. No se mueve nada, y lo único que oyes son tus pasos. De momento.
Llegas a ‘esa calle’. Si, esa calle o callejón largo que no tuerce en ningún momento y que se extiende indefinidamente hasta su final. Está iluminado, vale, pero no ayuda con la cantidad de niebla que hay. Tú te pones a caminar sin pensarlo mucho, porque este es un lugar tranquilo, ¿No? No puede ocurrir nada, más que nada porque nunca ha ocurrido nada ahí.
Intentas distraerte. Escuchando música, o tarareando, o contando las baldosas. Y te distraes, hasta cierto punto.
Te paras, y miras a tu alrededor, ¿Qué fue eso? Lo que escuchaste era un sonido raro, que rompió tu concentración. No hay nada detrás, ni nada a los lados. Por supuesto, tampoco hay nada por encima de ti. Quizás fue un animal que pasó correteando o algo que pisaste o incluso te lo imaginaste. Bueno, no es que fuera nada importante, mejor sigue caminando, que aún falta para llegar a tu casa. Sigues tarareando o contando o lo que sea que estuvieses haciendo. Pero, en efecto, lo vuelves a oír y te vuelves a girar y a mirar de donde viene el sonido, por pura curiosidad. Y vuelves a fallar en descubrirlo. En cierto modo decepcionado, sigues caminando.
Esta vez lo oyes más cerca: lo aprecias, porque realmente parece que suena más cerca, pero lo ignoras y caminas. De repente el tramo parece alargarse. No tardabas tanto en recorrerlo, piensas.
¿Qué es ese sonido? A la siguiente vez lo crees identificar: es un castañeteo que sonó incluso más cerca esta vez. Es un castañeteo, ese sonido que hace la gente con los dientes cuando siente verdadero frío. Y estás incómodo ahora, muy incómodo. Aceleras el paso, pero, extrañamente el sonido no va desapareciendo, sino que te acompaña, como si estuviese detrás de ti. Siguiéndote.
No te quieres girar. Sólo pones un pie delante de otro esperando acabar pronto y llegar a un sitio donde haya alguien, donde haya algún sonido además de ese castañeteo. Pero es cada vez más fuerte, y más y más. Es evidente que intentas ignorar la fuente del sonido. Hasta ahora no ha pasado nada, ¿Verdad? Crees que tienes la respuesta: es porque no te has dado la vuelta, porque no te quieres enfrentar con aquello que ahora se encuentra tras de ti. Pero te está provocando, de forma horrible, como invitándote a desviar los ojos del camino. Pero espero que tú no lo hagas.
Generalmente, si lo ignoras y llegas al final de la calle sin correr, te librarás. Será un mal rato, pero no te pasará nada. Por eso, NO DEBES hacerle caso; se alimenta de tu atención, y cuanta más le prestes más poder tendrá, y más te provocará. Sólo una nota: si llegas a notar un dedo tocándote la nuca, un dedo frío y seco, NO GRITES por lo que más quieras. No grites y ahora si empieza a correr todo lo que puedas e intenta llegar hasta el final de la calle sin decir nada ni girarte. Es arriesgado, pero mejor que nada.
La gente que ha sufrido este ‘acoso’ nunca vio que les perseguía, y los que lo sepan… o ya no están entre nosotros o no se atreven a decirlo.
EL TUNCHE
La imagen adjunta fue tomada en Loreto el 24 de octubre de 2012, a donde llegaron 2 turistas Neozelandeses, según narra Queenie Kiut (37) se encontraban en la tribu de los Huitotos, en la parte norte en las inmediaciones del Río Putumayo, disfrutando del viaje que tanto había planificado junto a su esposo Adam Knofflock (39), querían conocer parte de las tribus selváticas peruanas. “Era cerca de la 1 de la mañana, mi esposo dormía y como acostumbro todas las noches, disfrutaba de una buena lectura antes de dormir, en ese momento oí unos silbidos que venían de la oscura y espesa selva, no le preste atención ya que pensaba que se trataba de algún morador del lugar, segundos después ese ‘alguien’ volvió a emitir los silbidos, así sucedió alrededor de 5 o 6 veces más, producto de la curiosidad me asomé a la ventana al lado de nuestra cama pero no alcancé a ver nada, estaba muy oscuro, tome la linterna y aun así parecía que la oscuridad consumiera la luz. Otra vez no le presté atención y me fui a dormir. Pasaron apenas unos minutos, yo aún estaba despierta y escuché una especie de gemido, muy suave, como si se tratara de algo no humano, atemorizada tome la linterna y alumbre hacia la ventana, y estaba ahí, una criatura muy delgada, de piel extraña, grandes ojos que le brillaron, extremidades alargadas, gran hocico, lamiendo y sosteniendo la pierna izquierda de mi marido, al instante volteo a mirar la luz y emitió un grito, algo horrible que nunca en mi vida había escuchado ni en una película de terror, pensé que trataría de devorarlo, mi esposo se despertó y atinó a darle una patada en el hocico, la criatura retrocedió y salto fuera de la ventana siempre con la mirada fija hacia mí y ese ensordecedor grito como si se tratara de una persona siendo torturada, un grito semi humanoide. Todos en el lugar despertaron y salieron a socorrernos a nuestra habitación, un tembloroso anciano de la tribu no dejaba de decir en su idioma: ‘el Tunche, es el Tunche’. 2 hombres y mi marido salieron en busca de la criatura, las demás personas aterrorizadas no querían ni moverse del lugar, yo salí tras ellos, llevé mi cámara, por un momento pensé que les había perdido el rastro, hasta que escuché un ruido, apunté con mi linterna y ahí estaba otra vez, esa desagradable criatura, acechándome, observándome fijamente y solo me atreví casi inmóvil a tomar una fotografía con mi Polaroid, la criatura gritó aún más fuerte, salí corriendo sin ver hacia atrás y me topé con mi esposo y aquellos hombres que me escucharon gritar, de este modo regresamos a la tribu, ya quería irme del lugar, les enseñé la imagen y nadie podía creerlo.” -
ATRAPADOS
Ya eran el dia y jose no habia pagado sus deudas. raul lo perseguia junto a sus hombres dispuesto a sacale su dinero de la forma mas cruel posible.
doblando a la esquina, entre su desesperación , los gritos de raul y el tumbeo de su corazón, jose escucho perfectamente como una hermosa,pero descuidada jovencita le decía, “por aqui ,rapido”.
jose no lo penso , se lanzo hacia donde la jovencita y juntos subieron unas escaleras hasta una simple casucha en un arbol, simple, sin ventanas,sola una puerta , simple.
al entrar jose la joven cerro la puerta. Jose pego el odio a la puerta de la casita del arbol.
“donde se abra metido ese desgraciado?escucho jose, ya me las pagara, algún dia me las pagara.”
” gracias, me salvaste la vida, por que no salimos y vamos a tomar algo , me gustaría conocer mas a fondo a quien me salvo la vida.
cuando jose se decidio tomar la manija para abrir la puerta se percato de que no habia alguna.
“estamos atrapados ” dijo jose a la jovencita
“atrapados? ha ha ha lo estaras tu”
reia la jovencita mientras desaparecia.
CORDEL DEL CUELLO
una feliz pareja llevaba años de casados , pero la novia nunca quiso revelar que significaba ese cordel en su cuello , lo unico que hizo fue decirle a su marido que si la amaba nunca lo retirase. el hombre, claramente obedecio, los años pasaron y la curiosidad lo intrigaba, no se lo sacaba para comer, cuando se desvestia, inclusive cuando se bañaba.
hasta que un dia no pudo mas, la curiosidad le gano. se acerco a la escalera y empezo a besar a su esposa. segundos despues tomo el cordel, y tiro de el. en el segundo que jalo del cordel la cabeza de su mujer rodo por las escaleras.
LA CASA EN EL BOSQUE
Un hombre fue de visita a otro pueblo, y para devolverse, tuvo que caminar por el bosque. Como no conocía bien aquellos lugares, se perdió entre la maleza. El hombre estaba muy preocupado porque ya se iba a hacer de noche, entonces, encontró un claro y en él, una casita de madera. Tocó a la casa, pero nadie salió a abrirle; entonces forzó la puerta, resultando esta abierta.
La casa era de un solo cuarto, con extraños retratos de gente que parecía verlo con una horrible mirada; todos los retratos parecían haber sido tomados en ese mismo bosque.
El hombre fue rápido a la cama y se tapó para no ver los retratos que cada vez parecían más estarlo viendo.
A la mañana siguiente, al hombre le dio curiosidad de ver si los retratos se veían igual de feos a la luz del día, pero resultó que en la casa no había ni un solo retrato, sino muchas ventanas al exterior
PULSERAS
En Estados Unidos y otras partes del mundo, cada vez que te internan en un hospital, colocan en tu muñeca, una pulsera blanca con tu nombre, para poder identificarte. Sin embargo, existen otras pulseras de colores diferentes, que simbolizan otras cosas. Por ejemplo, las pulseras negras son colocadas en las muñecas de las personas que acaban de fallecer.
Mi tía me platicaba de un cirujano que trabajaba en el turno de la noche en una escuela-hospital. El acababa de terminar una operación e iba en camino hacia el sótano. Entro en el elevador, y había otra persona con él. Casualmente se puso a platicar con la mujer sobre tonterías, mientras el elevador descendía. Cuando la puerta del elevador se abrió, vio que otra mujer estaba a punto de entrar, y entonces el doctor, de manera precipitada apretó el botón para cerrar la puerta, y presiono rápidamente el botón hasta el piso más alto.
Sorprendida, la mujer regaño al doctor por su descortesía al no permitir subir a la otra mujer al elevador.
El Doctor dijo: “ Esa es la mujer que acabo de operar. Murió durante la operación… No viste la banda negra que estaba utilizando?”
LAS VÍAS DEL TREN
Mi primo y yo habíamos ido a San Antonio, y habíamos escuchado rumores acerca de unas vías de tren que estaban embrujadas. La historia era: “Un autobús escolar lleno de niños se había estancado en esas vías mientras un tren se dirigía a ellos. Dicho tren iba demasiado rápido como para que hubiera tiempo suficiente para sacar a los niños. Así que todos murieron.”
Cuando finalmente encontramos las vías, detuvimos el auto, estacionándolo lo más cercano posible a las vías. Ambos nos encontrábamos un poco nerviosos y asustados, sólo nos quedamos ahí esperando que algo pasara. Justo cuando estábamos a punto de abandonar el lugar, el auto comenzó a rodar. Estábamos demasiado asustados que solo nos pudimos abrazar mientras jadeábamos con los ojos muy abiertos. Después de lo que pareció una eternidad (que en realidad fueron menos de 5 minutos), el auto dejó de rodar. Miramos a nuestro alrededor y estábamos lejos de las vías de tren.
Ahora, supongo que eso no parece tan escalofriante, pero lo que vimos nos asustó demasiado que inmediatamente nos subimos en el auto e hicimos un viaje de seis horas para regresar a casa ESA MISMA NOCHE. Ambos nos bajamos del auto y nos dirigimos a la parte trasera, después del viaje, nuestro auto había acumulado un poco de polvo. Claro que eso no asusta para nada. Lo que en realidad nos asustó, fue ver huellas de manos en toda la parte de atrás. Todas eran del tamaño de manos de niños.
EL PISO DE ARRIBA
Cuando yo era niño, mi familia se mudó a una casa vieja, de dos pisos, con muchas recamaras enormes y vacías, además el piso rechinaba. Mis padres trabajaban, así que era muy común que yo me quedara solo al regresar del colegio. Una tarde, cuando llegué, la casa estaba oscura. Entonces grité “¿Mamá?” y escuché una dulce voz respondiendo “¿Siiiiiii?” que provenía del piso de arriba. La llamé de nuevo mientras subía las escaleras para averiguar en qué recamara estaba, y de nuevo me respondió con un “¿Siiiii?”. Como en ese tiempo estábamos desempacando y redecorando la casa, no sabía moverme en ese laberinto de recámaras pero estaba seguro de que su voz venía de una recamara alejada. Me sentía incómodo, pero pensé que era natural, por lo que me apresuré para ver a mi madre, sabiendo que su presencia calmaría todos mis miedos, como siempre sucede. Justo cuando había llegado a una puerta y estaba a punto de abrirla para entrar a la recámara, escuché la puerta de entrada que se abría mientras mi madre gritaba “Cariño, ¿estás en casa?” en un tono melodioso. Salté del susto, y me dirigí a la entrada corriendo para ir con mi madre. En un momento de mi huida, miré hacia atrás y me di cuenta de que la puerta se estaba abriendo lentamente, por un instante, vi algo extraño ahí, no sé lo que era, pero me estaba mirando.
LA FOTO DE LA NIÑA
Una tarde, un chico se encontraba en la escuela, sentado en su silla dentro del salón de clases. Pero al voltear, algo que reposaba en el césped de fuera llamó su atención. Por la distancia no distinguía con claridad que era lo que allí había, pero tenía un brillo particular que capturó su mirada. Al terminar las clases, el muchacho se levantó rápidamente de su asiento, y fue corriendo hacia donde se encontraba esta extraño objeto, con el fin de que nadie lo tomase antes que él. Se acercó, y se dio cuenta que este objeto no era nada más que una foto, la foto de una niña que miraba hacia el frente, con la seña de Amor y Paz en los dedos, y una sonrisa tierna. El chico se vio atraído por la niña, su belleza lo cautivó, y quería conocerla. De camino a su casa, fue preguntando a todo quien se cruzara si habían visto a la chica, a la par que le mostraba la fotografía, pero todos le daban la misma respuesta, nadie había nunca visto a tal muchachita. Cabizbajo regresó a su casa, donde al abrir la puerta y ver a su madre, le preguntó si había visto alguna vez a la niña de la foto. Le contestó con un “no”. Un poco decepcionado, se fue directo a su habitación, donde dejó la fotografía encima de un tocador, esperando algún día poder encontrar a la chica.
Había oscurecido ya, y el chico recostado en su cama, escuchó unos golpes en su ventana. Sorprendido, rápidamente se levantó y miró hacia el exterior a ver si podía localizar algo. Vio como alguien se movía en la distancia, como si estuviese huyendo. Salió de la casa a buscar quién había sido, pero se perdió a lo lejos, y no pudo alcanzarla.
Otro día más, es de noche nuevamente. Esta vez el chico se encontraba dormido. Sin embargo, esta vez se escucharon golpes más fuertes en su ventana, tanto que fueron capaces de despertarlo del sueño. Sin pensarlo, velozmente salió de su morada, y corriendo persiguió a una chica que se distinguía a la distancia, mientras le gritaba pidiendo que aguardara, pues quería conocerla. En una vuelta de calles, la había perdido de vista, y volteando la cabeza a todos lados para hallarla; se había quedado en medio de la carretera. De pronto, un coche pasó a toda velocidad, pasándole por encima y dándole muerte.
El conductor responsable de su muerte, bajó de su coche para así poder ver al chico hecho pedazos por los neumáticos. Asqueado, se acercó lentamente y notó que a un lado del cuerpo, se encontraba una fotografía. El hombre la levantó y al observarla, estaba una niña muy hermosa, con un vestido, mirando hacia el frente, sosteniendo tres dedos
YO
En algún punto de tu vida te darás cuenta que te estoy observando.
Donde sea que estés te seguiré, observándote con mis profundos ojos negros.
Veo como te diviertes, te haces daño, bailas, cantas, corres, cualquier cosa que realices ahí estaré, como lo he hecho toda mi vida, observando y esperando.
Aunque tu mente logre ignorar mi presencia, en lo más profundo de tu psique, sigo causando caos.
Puedes alcoholizare, y sentirte por un momento libre del peso de ser observado, pero ahí seguiré yo, observándote, murmurando.
Para ti, puede ser que yo sea un aberración.
Y aquí estoy, mientras tu estas en tu habitación, distrayéndote un poco, leyendo esto, que no es más que un intento mío de captar tu atención.
Y mientras más te intrigas por ello, yo me acerco más a ti y extiendo mi largo brazo para poder desgarrar tu delicada piel de un solo rasguño.
Tendrás una muerte lenta, no quiero causarte mucho dolor, pero me causaría un infinito placer ver como se te escapa la vida de tus manos.
No trates de voltear y buscarme, porque cuando lo hagas, yo ya no estaré donde busquen tus ojos cristalinos.
Si no aún más cerca de lo que esperas, aun que tu cuerpo sea de un adulto, tu seguirás siendo para mí un indefenso niño.
Pero decido no hacerlo, quiero que te sigues pudriendo en este mundo, quiero esperar hasta que tu mismo te causes la muerte.
Hasta que un día dejes de ignorarnos y seas nuestro igual.
Pero hasta entonces, yo seguiré esperándote.
HUESOS INQUIETOS
En todo asentamiento humano hay leyendas urbanas, sea un pueblo o una ciudad grande o pequeña. Estas leyendas suelen girar en torno a cosas que todos conocemos, con las que hemos tenido contacto muchas veces durante nuestras vidas. Como todas, estas mutan y, aunque el origen sea el mismo, las ‘subleyendas’ creadas a partir de la original pierden la poca veracidad que puedan tener porque, sinceramente. ¿Quién tiene miedo de algo cuyas historias cambian totalmente con tan solo desplazarte unos cuantos kilómetros? ¿Cómo puedes sentir ‘respeto’ a algo en lo que no crees en absoluto?
Aún así, siempre hay excepciones. Siempre.
En todo lugar hay gente de la noche. Cuando hablamos de ‘gente de la noche’, nos referimos a cualquiera que mora a altas horas de la madrugada, por supuesto, como prostitutas, gente de negocios turbios, jóvenes que se han propuesto no dormir o simplemente gente que trabaja cuando cae la oscuridad. Cuando mucha gente comparte un espacio de tiempo tan fijo y característico como es la noche, y más cuando lo frecuenta mucho, empieza a conocer como funcionan las cosas, ¿no? Seguro que más de uno sabe a que horas NO debe pasar por un lugar, a riesgo de ser atracado o meterse en algo que definitivamente no le interesa. Y al contrario, uno empieza a saber que zonas son tranquilas, o a que horas lo son. Uno sabe que locales abren hasta que hora, o incluso donde conseguir cosas que de día están menos accesibles. En definitiva: la noche es un mundo muy completo.
Tan completo que ahí tampoco faltan historias, leyendas, relatos de lo que le pasó a la amiga de un conocido o algo que se dice que salió en las noticias, aunque sea imposible de encontrar si te lo propones. La mayoría de esas cosas que se cuentan no son más que mentiras, evidentemente. Bulos que toman más y más tamaño y complejidad. Aunque, como ya se ha dicho, siempre hay excepciones.
Esta es la única historia que oirás un millón de veces de la misma forma. Nada, excepto la persona que lo sufriera en sus carnes, cambia; siempre siempre escucharás lo mismo. Y da igual que bajes a preguntar a la calle o cojas tu coche y vayas a preguntar a la ciudad de al lado o a los pueblos de alrededor, porque siempre te contarán lo mismo:
Es de noche, quizás la hora varíe: la una, las dos o las cuatro de la madrugada, pero está oscuro. Acabas de terminar cualquier asunto que tuvieras (el trabajo, una noche de copas o simplemente un paseo largo) y quieres volver a tu casa. Estás cansado, hace frío y hay niebla; una niebla casi sólida. Puedes ver las siluetas de los edificios a lo lejos pero no mucho más.
Evidentemente quieres volver cuanto antes a tu casa, que será mucho más cálida que la calle, pero aún te falta un buen trecho para ello. Te frotas las manos y las metes en los bolsillos. Estás solo; nadie te acompaña y no hay nadie en la calle, ¿Quién iba a salir con este frío y esta niebla? Además, el silencio es mortal. No se mueve nada, y lo único que oyes son tus pasos. De momento.
Llegas a ‘esa calle’. Si, esa calle o callejón largo que no tuerce en ningún momento y que se extiende indefinidamente hasta su final. Está iluminado, vale, pero no ayuda con la cantidad de niebla que hay. Tú te pones a caminar sin pensarlo mucho, porque este es un lugar tranquilo, ¿No? No puede ocurrir nada, más que nada porque nunca ha ocurrido nada ahí.
Intentas distraerte. Escuchando música, o tarareando, o contando las baldosas. Y te distraes, hasta cierto punto.
Te paras, y miras a tu alrededor, ¿Qué fue eso? Lo que escuchaste era un sonido raro, que rompió tu concentración. No hay nada detrás, ni nada a los lados. Por supuesto, tampoco hay nada por encima de ti. Quizás fue un animal que pasó correteando o algo que pisaste o incluso te lo imaginaste. Bueno, no es que fuera nada importante, mejor sigue caminando, que aún falta para llegar a tu casa. Sigues tarareando o contando o lo que sea que estuvieses haciendo. Pero, en efecto, lo vuelves a oír y te vuelves a girar y a mirar de donde viene el sonido, por pura curiosidad. Y vuelves a fallar en descubrirlo. En cierto modo decepcionado, sigues caminando.
Esta vez lo oyes más cerca: lo aprecias, porque realmente parece que suena más cerca, pero lo ignoras y caminas. De repente el tramo parece alargarse. No tardabas tanto en recorrerlo, piensas.
¿Qué es ese sonido? A la siguiente vez lo crees identificar: es un castañeteo que sonó incluso más cerca esta vez. Es un castañeteo, ese sonido que hace la gente con los dientes cuando siente verdadero frío. Y estás incómodo ahora, muy incómodo. Aceleras el paso, pero, extrañamente el sonido no va desapareciendo, sino que te acompaña, como si estuviese detrás de ti. Siguiéndote.
No te quieres girar. Sólo pones un pie delante de otro esperando acabar pronto y llegar a un sitio donde haya alguien, donde haya algún sonido además de ese castañeteo. Pero es cada vez más fuerte, y más y más. Es evidente que intentas ignorar la fuente del sonido. Hasta ahora no ha pasado nada, ¿Verdad? Crees que tienes la respuesta: es porque no te has dado la vuelta, porque no te quieres enfrentar con aquello que ahora se encuentra tras de ti. Pero te está provocando, de forma horrible, como invitándote a desviar los ojos del camino. Pero espero que tú no lo hagas.
Generalmente, si lo ignoras y llegas al final de la calle sin correr, te librarás. Será un mal rato, pero no te pasará nada. Por eso, NO DEBES hacerle caso; se alimenta de tu atención, y cuanta más le prestes más poder tendrá, y más te provocará. Sólo una nota: si llegas a notar un dedo tocándote la nuca, un dedo frío y seco, NO GRITES por lo que más quieras. No grites y ahora si empieza a correr todo lo que puedas e intenta llegar hasta el final de la calle sin decir nada ni girarte. Es arriesgado, pero mejor que nada.
La gente que ha sufrido este ‘acoso’ nunca vio que les perseguía, y los que lo sepan… o ya no están entre nosotros o no se atreven a decirlo.
EL TUNCHE
La imagen adjunta fue tomada en Loreto el 24 de octubre de 2012, a donde llegaron 2 turistas Neozelandeses, según narra Queenie Kiut (37) se encontraban en la tribu de los Huitotos, en la parte norte en las inmediaciones del Río Putumayo, disfrutando del viaje que tanto había planificado junto a su esposo Adam Knofflock (39), querían conocer parte de las tribus selváticas peruanas. “Era cerca de la 1 de la mañana, mi esposo dormía y como acostumbro todas las noches, disfrutaba de una buena lectura antes de dormir, en ese momento oí unos silbidos que venían de la oscura y espesa selva, no le preste atención ya que pensaba que se trataba de algún morador del lugar, segundos después ese ‘alguien’ volvió a emitir los silbidos, así sucedió alrededor de 5 o 6 veces más, producto de la curiosidad me asomé a la ventana al lado de nuestra cama pero no alcancé a ver nada, estaba muy oscuro, tome la linterna y aun así parecía que la oscuridad consumiera la luz. Otra vez no le presté atención y me fui a dormir. Pasaron apenas unos minutos, yo aún estaba despierta y escuché una especie de gemido, muy suave, como si se tratara de algo no humano, atemorizada tome la linterna y alumbre hacia la ventana, y estaba ahí, una criatura muy delgada, de piel extraña, grandes ojos que le brillaron, extremidades alargadas, gran hocico, lamiendo y sosteniendo la pierna izquierda de mi marido, al instante volteo a mirar la luz y emitió un grito, algo horrible que nunca en mi vida había escuchado ni en una película de terror, pensé que trataría de devorarlo, mi esposo se despertó y atinó a darle una patada en el hocico, la criatura retrocedió y salto fuera de la ventana siempre con la mirada fija hacia mí y ese ensordecedor grito como si se tratara de una persona siendo torturada, un grito semi humanoide. Todos en el lugar despertaron y salieron a socorrernos a nuestra habitación, un tembloroso anciano de la tribu no dejaba de decir en su idioma: ‘el Tunche, es el Tunche’. 2 hombres y mi marido salieron en busca de la criatura, las demás personas aterrorizadas no querían ni moverse del lugar, yo salí tras ellos, llevé mi cámara, por un momento pensé que les había perdido el rastro, hasta que escuché un ruido, apunté con mi linterna y ahí estaba otra vez, esa desagradable criatura, acechándome, observándome fijamente y solo me atreví casi inmóvil a tomar una fotografía con mi Polaroid, la criatura gritó aún más fuerte, salí corriendo sin ver hacia atrás y me topé con mi esposo y aquellos hombres que me escucharon gritar, de este modo regresamos a la tribu, ya quería irme del lugar, les enseñé la imagen y nadie podía creerlo.” -