Punto de vista del mentor de Zoe.
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Entonces se presentó la ocasión de observarle; era preciso contar con la determinación de no demostrar ápice de temor, vacilación; por el contrario, era el mismo aspecto frío y sombrío que ensayé en el laboratorio las noches anteriores. ¿Cómo podría pensar que el futuro de la misión radicaba en su modo de pensar? Parecía inocente y controladora; el clima agrietado de ese recuerdo aún era latente entre las noches en que en vigilia mantenía la promesa de no revelar mi identidad. Es indudable que el éxito del proyecto contaba con el sigilo de no demostrar lo evidente; ni hablar más de lo convenientemente necesario. Existían preguntas; sí, y muchas. ¿Habría tiempo de contestarlas? Pero eliminé ese temor con el labor que realizábamos. Cada noche surgía el informe que debía de presentar para notificar el avance. Las investigaciones fueron fructuosas. Poco a poco concebíamos la idea general y nos acercábamos a través de las deducciones a encontrar la matriz específica que nos permitiese elaborar un movimiento anticipado. Para mí esto podía suceder mil veces y en distintas realidades. La fricción del tiempo era característica la advertencia de no jugar con los dados de dios en exceso. Nosotros configurábamos el selecto grupo de viajeros en el tiempo. Las dimensiones eran prospectos que nos abducían en interminables horas de reflexión sobre el valor de las decisiones y cómo éstas afectaban las líneas temporales. Pero debía olvidarme de ello, hacía un tiempo escuché de la maestra; que el secreto de mantener la llama del fuego encendida era convivir en esta realidad, aún a sabiendas que probablemente nosotros éramos representados como seres superiores para el común denominador de las gentes. Pero hallamos poder y con ello terminamos con disuadir la idea de tomar el control del mundo. Era preciso enfocarse en los detalles. Existían otras organizaciones secretas y profundas con el labor de velar por la supervivencia humana; aún cuando las políticas llevadas a cabo no siguiesen el patrón humanístico. Enfocándome en ello; El laboratorio era la fachada de la misión. Era preciso acompañar a Zoe hasta que se re-encontrase con su otra yo; la que construyó todo esto, en el futuro. Era espléndidamente divertido hallar la conjetura dharmica y kharmica del proceso; y cómo los antepasados indos lo tradujeron en sus lenguajes humanos. El viaje en el tiempo implicaba que debías cuidar que todo siguiese según lo planeado; como si la ley estuviese escrita; y solo seas el arquitecto de esa construcción. Nosotros teníamos esa misión. Por lo menos hasta el momento.[/i]
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Entonces se presentó la ocasión de observarle; era preciso contar con la determinación de no demostrar ápice de temor, vacilación; por el contrario, era el mismo aspecto frío y sombrío que ensayé en el laboratorio las noches anteriores. ¿Cómo podría pensar que el futuro de la misión radicaba en su modo de pensar? Parecía inocente y controladora; el clima agrietado de ese recuerdo aún era latente entre las noches en que en vigilia mantenía la promesa de no revelar mi identidad. Es indudable que el éxito del proyecto contaba con el sigilo de no demostrar lo evidente; ni hablar más de lo convenientemente necesario. Existían preguntas; sí, y muchas. ¿Habría tiempo de contestarlas? Pero eliminé ese temor con el labor que realizábamos. Cada noche surgía el informe que debía de presentar para notificar el avance. Las investigaciones fueron fructuosas. Poco a poco concebíamos la idea general y nos acercábamos a través de las deducciones a encontrar la matriz específica que nos permitiese elaborar un movimiento anticipado. Para mí esto podía suceder mil veces y en distintas realidades. La fricción del tiempo era característica la advertencia de no jugar con los dados de dios en exceso. Nosotros configurábamos el selecto grupo de viajeros en el tiempo. Las dimensiones eran prospectos que nos abducían en interminables horas de reflexión sobre el valor de las decisiones y cómo éstas afectaban las líneas temporales. Pero debía olvidarme de ello, hacía un tiempo escuché de la maestra; que el secreto de mantener la llama del fuego encendida era convivir en esta realidad, aún a sabiendas que probablemente nosotros éramos representados como seres superiores para el común denominador de las gentes. Pero hallamos poder y con ello terminamos con disuadir la idea de tomar el control del mundo. Era preciso enfocarse en los detalles. Existían otras organizaciones secretas y profundas con el labor de velar por la supervivencia humana; aún cuando las políticas llevadas a cabo no siguiesen el patrón humanístico. Enfocándome en ello; El laboratorio era la fachada de la misión. Era preciso acompañar a Zoe hasta que se re-encontrase con su otra yo; la que construyó todo esto, en el futuro. Era espléndidamente divertido hallar la conjetura dharmica y kharmica del proceso; y cómo los antepasados indos lo tradujeron en sus lenguajes humanos. El viaje en el tiempo implicaba que debías cuidar que todo siguiese según lo planeado; como si la ley estuviese escrita; y solo seas el arquitecto de esa construcción. Nosotros teníamos esa misión. Por lo menos hasta el momento.[/i]