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jueces 19 22-30 comentario

Offtopic10/2/2013
jueces 19 22-30 comentario

como nadie lo va a leer una breve explicación XD

El tipo es un levita que va de viaje, y decide no pasar la noche en una ciudad pagana por que piensa que en una ciudad israelita va a haber mas hospitalidad, pero pasa lo contrario no hay hospitalidad y cuando alguien lo recibe en su casa resulta que los tipos de aquella ciudad los quieren violar y matar el dueño de la casa trata de defenderlos, pero las cosas se ponen peores todos en aquella casa corren terrible peligro y el levita tiene que tomar una difícil decisión, les entrega a su concubina.

(es fácil juzgarlo para los que ven muchas películas donde rambo mata a todos los malos con una gallina)

los que quedan en la casa salvan la vida, pero a un terrible precio pues estos tipos se pasan en su brutalidad y muere su esposa, el tipo toma otra difícil decisión, para que esto no quede impune corta el cadáver y manda una parte a cada una de las 12 tribus de israel,

(otra ves es fácil juzgar desde una posición comoda, pero en ese tiempo no se podía sacar fotos, ni ir con un chisme y todos te creían)

El resto lo pueden ver en jueses 20

HISTORIA Y EXPLICACIÓN COMPLETA

Lo que en realidad dice la biblia


Jueces, 19


1. En aquel tiempo, cuando aún no había rey en Israel, hubo un hombre, levita, que residía como forastero en los confines de la montaña de Efraím. Tomó por concubina a una mujer de Belén de Judá.

2. Se enfadó con él su concubina y lo dejó para volver a la casa de su padre en Belén de Judá, donde permanició bastante tiempo, unos cuatro meses.

3. Su marido se puso en camino y fue donde ella, para hablarle al corazón y hacerla volver; llevaba consigo a su criado y un par de asnos. Cuando llegó a casa del padre de ella, le vio el padre de la joven y salió contento a su encuentro.

4. Su suegro, el padre de la joven, lo retuvo y él se quedó con él tres días; comieron y bebieron y pasaron allí la noche.

5. Al cuarto día se levantaron de madrugada y el levita se dispuso a partir; el padre de la joven dijo a su yerno: «Toma un bocado de pan para cobrar ánimo, y luego marcharás.»

6. Se sentaron, y se pusieron a comer y beber los dos juntos. Luego el padre de la joven dijo al hombre: «Decídete, pasa aquí la noche y que se alegre tu corazón.»

7. Se levantó el hombre para marchar, pero el suegro le porfió y se quedó aquella noche.

8. Al quinto día madrugó para marchar, pero el padre de la joven le dijo: «Cobra ánimo primero, por favor.» Y pasaron el tiempo hasta declinar el día y comieron juntos.

9. Se levantaron para marchar el marido con su concubina y su siervo, pero su suegro, el padre de la joven, le dijo: «Mira que la tarde está al caer. Pasa aquí la noche y que se alegre tu corazón. Mañana de madrugada marcharéis y volverás a tu tienda.»

10. Pero el hombre no quiso pasar la noche allí; se levantó, partió y llegó frente a Jebús, o sea, Jerusalén. Llevaba consigo los dos asnos cargados, su concubina y su criado.

11. Cuando llegaban cerca de Jebús, era ya hora muy avanzada. El criado dijo a su amo: «Vamos, dejemos el camino y entremos en esa ciudad de los jebuseos para pasar allí la noche.»

12. Su amo le respondió: «No vamos a entrar en una ciudad de extranjeros, que no son israelitas; pasaremos de largo hasta Guibeá.»

13. Y añadió a su criado: «Vamos a acercarnos a uno de esos poblados; pasaremos la noche en Guibeá o Ramá.»

14. Pasaron, pues, de largo y continuaron su marcha. Y a la puesta del sol, llegaron frente a Guibeá de Benjamín.

15. Se desviaron hacia allí y fueron a pasar la noche en Guibeá. El levita entró y se sentó en la plaza de la ciudad, pero no hubo nadie que les ofreciera casa donde pasar la noche.

16. Llegó un viejo que volvía por la tarde de sus faenas del campo. Era un hombre de la montaña de Efraím que residía como forastero en Guibeá; mientras que la gente del lugar era benjaminita.

17. Alzando los ojos, se fijó en el viajero que estaba en la plaza de la ciudad, y el anciano le dijo: «¿A dónde vas y de dónde vienes?»

18. Y el otro le respondió: «Estamos de paso, venimos de Belén de Judá y vamos hasta los confines de la montaña de Efraím, de donde soy. Fui a Belén de Judá y ahora vuelvo a mi casa, pero nadie me ha ofrecido su casa.

19. Y eso que tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y pan y vino para mí, para tu sierva y para el joven que acompaña a tu siervo. No nos falta de nada.»

20. El viejo le dijo: «La paz sea contigo; yo proveeré a todas tus necesidades; pero no pases la noche en la plaza.»

21. Le llevó, pues, a su casa y echó pienso a los asnos. Y ellos se lavaron los pies, comieron y bebieron.

22. Mientras alegraban su corazón, los hombres de la ciudad, gente malvada, cercaron la casa y golpeando la puerta le dijeron al viejo, dueño de la casa: «Haz salir al hombre que ha entrado en tu casa para que lo conozcamos.»

23. El dueño de la casa salió donde ellos y les dijo: «No, hermanos míos; no os portéis mal. Puesto que este hombre ha entrado en mi casa no cometáis esa infamia.

24. Aquí está mi hija, que es doncella. Os la entregaré. Abusad de ella y haced con ella lo que os parezca; pero no cometáis con este hombre semejante infamia.»

25. Pero aquellos hombres no quisieron escucharle. Entonces el hombre tomó a su concubina y se la sacó fuera. Ellos la conocieron, la maltrataron toda la noche hasta la mañana y la dejaron al amanecer.

26. Llegó la mujer de madrugada y cayó a la entrada de la casa del hombre donde estaba su marido; allí quedó hasta que fue de día.

27. Por la mañana se levantó su marido, abrió las puertas de la casa y salió para continuar su camino; y vio que la mujer, su concubina, estaba tendida a la entrada de la casa, con las manos en el umbral,

28. y le dijo: «Levántate, vámonos.» Pero no le respondió. Entonces el hombre la cargó sobre su asno y se puso camino de su pueblo.

29. Llegado a su casa, cogió un cuchillo y tomando a su concubina la partió miembro por miembro en doce trozos y los envió por todo el territorio de Israel.

30. Y dio esta orden a su emisarios: «Esto habéis de decir a todos los israelitas: ¿Se ha visto alguna vez cosa semejante desde que los israelitas subieron del país de Egipto hasta hoy? Pensad en ello, pedid consejo y tomad una decisión.» Y todos los que lo veían, decían: «Nunca ha ocurrido ni se ha visto cosa igual desde que los israelitas subieron del país de Egipto hasta hoy.»


Jueces, 20

1. Salieron, pues, todos los israelitas y se reunió toda la comunidad como un solo hombre, desde Dan hasta Berseba y el país de Galaad, delante de Yahveh, en Mispá.

2. Los principales de todo el pueblo y todas las tribus de Israel acudieron a la asamblea del pueblo de Dios: 400.000 hombres de a pie, armados de espada.

3. Oyeron los benjaminitas que los hijos de Israel habían subido a Mispá... Los israelitas dijeron: «Decidnos cómo ha sido el crimen.»

4. El levita, marido de la mujer asesinada, tomó la palabra y dijo: «Había llegado yo con mi concubina a Guibeá de Benjamín para pasar la noche.

5. Los señores de Guibeá se levantaron contra mí y rodearon por la noche la casa; intentaron matarme a mí, y abusaron tanto de mi concubina que murió.

6. Tomé entonces a mi concubina, la descuarticé y la envié por todo el territorio de la heredad de Israel, porque habían cometido una vergüenza y una infamia en Israel.

7. Aquí estáis todos, israelitas: tratadlo y tomad aquí mismo una resolución.»

8. Todo el pueblo se levantó como un solo hombre diciendo: «Ninguno de nosotros marchará a su tienda, nadie volverá a su casa.

9. Esto es lo que hemos de hacer con Guibeá. Echaremos a suertes

10. y tomaremos de todas las tribus de Israel diez hombres por cada cien, cien por cada mil, y mil por cada 10.000; ellos recogerán víveres para la tropa, para hacer, en cuanto lleguen, con Guibeá de Benjamín según la infamia que han cometido en Israel.»

11. Así se juntó contra la ciudad toda la gente de Israel como un solo hombre.

12. Las tribus de Israel enviaron emisarios a toda la tribu de Benjamín diciendo: «¿Qué crimen es ése que se ha cometido entre vosotros?

13. Ahora, pues, entregadnos a esos hombres malvados de Guibeá, para que los matemos y desaparezca el mal de Israel.» Pero los benjaminitas no quisieron hacer caso a sus hermanos los israelitas.

14. Los benjaminitas, dejando sus ciudades, se reunieron en Guibeá para salir al combate contra los israelitas.

15. Aquel día los benjaminitas llegados de las diversas ciudades hicieron el censo, que dio en total 25.000 hombres armados de espada, sin contar los habitantes de Guibeá.

16. En toda esta tropa había setecientos hombres elegidos, zurdos, capaces todos ellos de lanzar una piedra con la honda contra un cabello sin errar el tiro.

17. La gente de Israel hizo también el censo. Sin contar a Benjamín, eran 400.000 armados de espada; todos hombres de guerra.

18. Partieron, pues, y subieron a Betel. Consultaron a Dios y le preguntaron los israelitas: «¿Quién de nosotros subirá el primero a combatir contra los benjaminitas?» Y Yahveh respondió: «Judá subirá primero.»

19. Los israelitas se levantaron temprano y acamparon frente a Guibeá.

20. Salieron los hombres de Israel para combatir contra Benjamín y se pusieron en orden de batalla frente a Guibeá.

21. Pero los benjaminitas salieron de Guibeá y dejaron muertos en tierra aquel día a 22.000 hombres de Israel.

22. Los israelitas subieron a llorar delante de Yahveh hasta la tarde y luego consultaron a Yahveh diciendo: «¿He de entablar combate otra vez contra los hijos de mi hermano Benjamín?» Yahveh respondió: «Subid contra él.»

23. Entonces la tropa de Israel recobró su valor y volvió a ponerse en orden de batalla en el mismo lugar que el primer día.

24. El segundo día los israelitas se acercaron a los benjaminitas;

25. pero también aquel segundo día Benjamín salió de Guibeá a su encuentro y volvió a dejar tendidos en tierra a 18.000 israelitas; todos ellos armados de espada.

26. Entonces todos los israelitas y todo el pueblo subieron hasta Betel, lloraron, se quedaron allí delante de Yahveh, ayunaron todo el día hasta la tarde y ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión delante de Yahveh.

27. Consultaron luego los israelitas a Yahveh, pues el arca de la alianza de Dios se encontraba allí,

28. y Pinjás, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, estaba entonces a su servicio. Dijeron: «¿He de salir otra vez a combatir a los hijos de mi hermano Benjamín o debo dejarlo?» Yahveh respondió: «Subid, porque mañana lo entregaré en vuestras manos.»

29. Israel puso gente emboscada alrededor de Guibeá.

30. Al tercer día los israelitas marcharon contra los benjaminitas y se pusieron en orden de batalla como las otras veces frente a Guibeá.

31. Los benjaminitas salieron a su encuentro y se dejaron atraer lejos de la ciudad. Comenzaron como las otras veces a matar gente del pueblo por los caminos que suben, uno a Betel y otro a Guibeá, a campo raso: unos treinta hombres de Israel.

32. Los benjaminitas se dijeron: «Han sido derrotados ante nosotros como la primera vez.» Pero los israelitas se habían dicho: «Vamos a huir para atraerlos lejos de la ciudad hacia los caminos.»

33. Entonces todos los hombres de Israel se levantaron de sus puestos, tomaron posiciones en Baal Tamar, y los emboscados de Israel atacaron desde su puesto al oeste de Gueba.

34. 10.000 hombres elegidos de todo Israel llegaron frente a Guibeá. El combate se endureció; los benjaminitas no se daban cuenta de la calamidad que se les venía encima.

35. Yahveh derrotó a Benjamín ante Israel y aquel día los israelitas mataron en Benjamín a 25.100 hombres, todos ellos armados de espada.

36. Los benjaminitas se vieron derrotados. Los hombres de Israel habían cedido terreno a Benjamín porque contaban con la emboscada que habían puesto contra Guibeá.

37. Los emboscados marcharon a toda prisa contra Guibeá, se desplegaron y pasaron a cuchillo a toda la ciudad.

38. La gente de Israel y los emboscados habían convenido en levantar una humareda, como señal, desde la ciudad;

39. entonces harían frente a los combatientes de Israel. Benjamín comenzó matando a algunos israelitas, unos treinta hombres. Y se decían: «Están completamente derrotados ante nosotros, como en la primera batalla.»

40. Pero entonces, la señal, la columna de humo, comenzó a levantarse de la ciudad, y Benjamín, mirando atrás, vio que toda la ciudad subía en llamas al cielo.

41. Entonces los hombres de Israel hicieron frente y los benjaminitas temblaron al ver la calamidad que se les venía encima.

42. Volvieron la espalda ante la gente de Israel camino del desierto, pero los combatientes los acosaban, y los que venían de la ciudad los destrozaban cogiéndolos en medio.

43. Así envolvieron a Benjamín, lo persiguieron sin descanso y lo aplastaron hasta llegar frente a Gueba por el oriente.

44. Cayeron de Benjamín 18.000 hombres, todos ellos hombres valerosos.

45. Volvieron la espalda y huyeron al desierto, hacia la Peña de Rimmón. Los israelitas fueron atrapando por los caminos a 5.000 hombres. Luego persiguieron a Benjamín hasta Guidom y le mataron 2.000 hombres.

46. El tota de los benjaminitas que cayeron aquel día fue de 25.000 hombres, armados de espada, todos ellos hombres valerosos.

47. Seiscientos hombres habían podido volverse y escapar al desierto, hacia la Peña de Rimmón. Se quedaron en la Peña de Rimmón cuatro meses.

48. Las tropas de Israel se volvieron contra los benjaminitas, y pasaron a cuchillo a los varones de la ciudad, al ganado, y a todo lo que encontraron. Incendiaron también todas las ciudades que encontraron.

EXPLICACION:

“El forastero no pernoctaba a la intemperie, tenía abierta mi puerta al caminante.” (Job 31:32, Biblia de Jerusalén) Esta clase de hospitalidad que mostraba el fiel Job era una marca que identificaba a los siervos devotos de Dios de la antigüedad.

El extender hospitalidad realmente era una respuesta amorosa a la necesidad de refrigerio y abrigo del forastero. Hace muchos siglos los viajeros comúnmente se detenían en una aldea o ciudad y allí iban a la plaza pública. Esto daba a los habitantes la oportunidad de invitar al forastero a alojarse con ellos durante la noche.

Los no israelitas no siempre eran hospitalarios con los israelitas, sobre todo en las ciudades (Jue 19:11, 12), en donde es probable que la gente no estuviese tan dispuesta a ofrecer hospitalidad como en zonas más aisladas. Un hombre levita, su servidor y su concubina se sentaron después de la puesta del sol en una plaza pública de Guibeah, a la espera de que se les ofreciese un lugar donde pasar la noche. Este hecho indica que era bastante común esperar hospitalidad aun en las ciudades. (Jue 19:15.) En esta ocasión, el levita comentó que tenía provisiones para los que le acompañaban, así como para sus animales (Jue 19:19); solo necesitaba un lugar donde cobijarse. Pero la mala actitud de los benjamitas que habitaban en esta ciudad la hicieron inhóspita, como lo confirma lo que ocurrió después. (Jue 19:26-28.)

Aquella actitud inhospitalaria era sumamente insólita para una ciudad israelita. El levita había evitado especialmente una ciudad no israelita, pensando que sería tratado mejor por los israelitas. (Jue. 19:11, 12) Finalmente un anciano de otra tribu le extendió hospitalidad, diciendo: “¡Que tengas paz! Simplemente deja que lo que te falte sea sobre mí. Solo que no pases la noche en la plaza pública.”—Jue. 19:16-20.

La mala gana del pueblo de Gabaa en cuanto a mostrar hospitalidad a los forasteros era evidencia de una grave falta moral. Egoístamente se ocupaban en sus propios asuntos y rehusaban aprovechar la oportunidad de mostrar bondad.

La profundidad de su egoísmo se hizo todavía más evidente después que el anciano recibió a los viajeros en su casa. Una chusma de varones rodeó la casa, demandando, con fines inmorales, que el levita les fuese entregado. Sin embargo, el anciano no cedió a sus demandas. No obstante, las circunstancias se desarrollaron de tal manera que la concubina del levita fue entregada en manos de ellos. Ellos abusaron de ella toda la noche a tal grado que murió. Jue. 19:22-28.

El enviar los trozos del cadáver de la mujer a las otras 10 tribus sirvió como testimonio de la maldad cometida en Gabaa.

El pueblo de Gabaa, además, cometió el crimen atroz de tolerar este pecado de los habitantes de su ciudad. La tribu de Benjamín también fue culpable de esto; rehusó escuchar las demandas del resto de las tribus, que los criminales fueran ajusticiados.

Los israelitas estaban bajo la ley mosaica, la que no toleraba ni las violaciones ni la prostitución.
Hacia provisiones para que los hijos frutos de una violación recibieran sustento económico.

Ademas, se incluía extensa legislación sobre el acto de quitar la vida humana. Diferenciaba entre matar a alguien deliberadamente y hacerlo por accidente. Cuando alguien alegaba ser un homicida involuntario, se investigaban los siguientes factores:
1) si odiaba a la persona muerta (Dt 19:11, 12; compárese con Jos 20:5),
2) si había estado al acecho de la víctima (Nú 35:20, 21) y
3) si había usado un instrumento o cualquier otro objeto que pudiera infligir una herida mortal. (Nú 35:16-18.)

Hasta a los esclavos se les tenía que vengar si su amo los mataba a golpes. (Éx 21:20.) A los homicidas deliberados se les castigaba con la pena de muerte y no tenían posibilidad de rescate. (Éx 21:12, 13; Nú 35:30, 31; Jos 20:2, 3

Según el código oriental, era la responsabilidad del anfitrión proteger a las personas que fueran sus huéspedes en su casa, y defenderlas hasta el punto mismo de la muerte si fuera necesario.

Verdaderamente, el espíritu de bondad y generosidad que mueve a hospitalidad genuina es una posesión valiosa. Su ausencia, como se ilustró en el caso de los habitantes de Gabaa y Sodoma, puede hacer surgir actos de egoísmo extremado. Esto se debe a que el amor verdadero al prójimo mueve a uno a obrar a favor de los intereses de éste y lo restringe de violar sus derechos. El apóstol Pablo señaló esto cuando dijo:

“El que ama a su semejante ha cumplido la ley. Porque el código de la ley: ‘No debes cometer adulterio, No debes asesinar, No debes hurtar, No debes codiciar,’ y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta palabra, a saber: ‘Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo.’ El amor no obra mal al prójimo.”—Rom. 13:8-10.

Fuente(s):
La Biblia.




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