este es mi primer post es una historia muy interesante espero les guste
Desperté a las 7 am. Me encontraba agitado y un poco emocionado. El primer día de clases del año era una fecha importante. Rápidamente visto mi úniforme escolar y desayuno un caliente vaso de leche chocolatada y una ración de tostadas. Mi madre
estaba aguardandome en el portal de nuestra casa, preparada para despachar de su hijo. Ambos nos dimos la despedida, ella me deseo suerte, y yo le agradecí su buena voluntad. Caminé en dirección al garaje y me monté en la habitual campañera de carretera, mi bicicleta. Durante el camino hacia el colegio, comienzo a reflexionar la situación el que me encontraba durante esta temporada. Lo cierto es que aquél lapso de tiempo resultó complicado para mí joven espíritu. Mi corazón estaba adolorido, y no sabía que rayos hacer.
Alexandra era mi vida. Yo realmente la quería, desde que la vi, la he amado en secreto. Desgraciadamente, tuve la desdicha de querer a la mujer equivocada. Y cuando menos lo esperaba, cuando ella y yo estabamos a un paso de ligar un noviazgo, un chico nuevo llegó a mi salón. Un argentino nuevo en el país, su nombre era Victor. A Alexandra le encantó desde el momento en que lo vio, y a mi me desechó como a un juguete. Y les juro que no hay nada mas doloroso en el mundo que ver a la chica que amas entregada a otro sujeto. Los celos inundaban mi pecho y me hacian hervir de rabia. Uno de los peores detalles del asunto es la personalidad de Victor. El era un muchacho engreído, presumido, y en extremo superficial. El tipo de persona que nunca desearías como rival en una competencia amorosa. Además el "gaucho" era un galán descarado, y todas las chicas del colegio cayeron rendidas a sus pies. Tambien consiguió bastantes camaradas en poco tiempo, y finalmente se convirtió en el típico "Rey" del colegio. Mientras mas creído y macho aparentaba ser el ridículo mequetrefe, su fama crecía. Victor y yo enemistamos al instante en que llegó, yo no lo aguantaba y el a mí tampoco. Aunque lo cierto es que nuestra rivalidad no comenzó con asuntos amorosos... Simplemente eramos dos polos opuestos impósibles, nuestra coexistencia era en extremo conflictiva.
Lastimosamente Vicitor siempre salía airoso. Su vida era mas brillante que la mía, y siempre podría sonreir y deslumbrar mientras coqueteaba con la chica que yo amaba: Alexandra. Eso dolía...
Sin embargo yo estaba seguro de mí mismo. Lo más probable es que la cercanía entre Alexandra y Victor sea solo pasajero, puesto que aunque ambos se gustaban, no mostraban ningun compromiso, eran solo amigos... Esa era una señal alentadora, y yo lucharia hasta el final por la mujer que amo. Las esperanzas son lo último que se pierde, de seguro mi Alexandra comprendera finalmente la realidad de las personas, y se daría cuenta que una cara bonita no es todo...
Yo soy un muchacho solitario, jamás tuve muchos amigos. Desde que enemisté contra Victor, mi estatus social fue mas disminuido. No me considero alguien del montón, soy especial, aunque eso signifique ser el tipo amargado y sin amigos. Simplemente ese es mi estilo. Eso era preferible a seguir ciegamente a otros imbeciles que se creen mejores que todos, ejemplo: Victor. Desgraciadamente los celos que me atormentaban cada vez que miraba a Alexandra coqueteando con Victor, provocaban bastante dolor en la vida de este emotivo escritor...
La fría briza del día raspaba mi rostro con ferocidad mientras mi bicicleta aumentaba la velocidad. "Estoy apunto de llegar". Después de unas cuantas cuadras recorridas, ante este inexperto ciclista se levantó una colosal construcción. Por fín habia llegado a mi colegio.
Desmonté con soltura mi bicicleta, y pise el terreno. Me hallaba en la entrada de el imponente muro escolar. Como era mi costumbre anduve en dirección a mi clase meditabundo y cabisbajo. Como una sombra en la noche, voy caminando por los lúgubres corredores de la escuela. Mientras todos los demás estudiantes diambulaban en grupo, riendo, bromeando y parloteando ánimadamente, yo era un llanero solitario. A veces algunos detenían su mirada al detectar mi silueta acercándose, y se mantenían observándome con curiosidad durante unos instantes, sus ojos me seguían con interés e intriga. Ya les comenté anteriormente que yo era el "raro" de todo el lugar, era de esperar que se queden mirándome cuando pasaba. Supongo que gané ese título porque no tengo amigos, y por siempre caminar en solitario. O tal vez sea por mi excéntrica apariencia: Un alto, delgado y con la piel tan blanca como la leche. Un cuello prolongado, un torso musculoso y unas piernas largas y agiles. El cabello lazio, largo y de un castaño esforzado. Los ojos de un azul opaco y los labios sonrojados.
Mi actitud reservada y misteriosa tampoco hacia mas sencillo mi ingreso a la "sociedad".
Ignoro cual atributo solía etiquetar la gente frente mi persona. Supongo que las opciones más frecuentes serían Emo, Rockero o Gótico. Me parece que yo denoto ciertas cualidades de cada una de esas menciones. Describámosme como una personalidad con espíritu rebelde en el cérebro y un huracán de emociones revolucionando en su pecho, ademas de su gusto por taparse el ojo izquierdo con un mechon de cabello. Aunque ciertamente no consigo idetificarme con ninguna de ellas. El rock no me agradaba, los emos son unos llorones sin sentido, en su mayoria homosexuales, y los góticos eran demasiado tétricos y aburridos. Creo que yo poseo mi propio estilo de individualidad...
Mientras voy caminando por el pasillo silenciosamente como fantasma, siento unos pasos bacilantes a pocos metros mios. Cuando doy la vuelta, veo un tumulto de personas aglomeradas en un sector del gran pasillo. Era un barullo tremendo, la cantidad de chillidos agudos femeninos indicaba que la escena era bastante emocionante. Debido a que me encontraba a tiempo para mi clase, procuré averiguar cual era el motivo de todo el griterío. Abrirme paso ante la multitud no fue complicado, ya que esa masa de estudiantes estaban mas ocupados en captar todos los sucesos que se desarrollaban en frente mío. Cuando por fin conseguí llegar a primera fila, mis venas se desencajonaron y arrastraron mis entrañas al vacío... No podía creer lo que estaba presensiando... Sentí como si una filosa espada fuera anclada en la superficie del corazón y acuchillara la carne de mi pecho.
Dos cuerpos melosamente apegados descansaban el uno en el otro. Sus manos juntas entrelzaban sus dedos con fervor. La chica enroscaba avivadamente su brazo en el hombro de su pareja. Ambos estaban tan... únidos. Eran mi Alexandra y Victor.
Varias de las amigas de Alexandra recorrían la escena como cotorras tomando fotografías, riendo y felicitando a la nueva pareja. Justamente en el momento en el que llegué una de ellas comentó: "Por que no se dan un beso para la cámara" El público divertido dio
ánimos a los anfritriones para realizar esa fatidica idea. Como si fuera lo mas natural del mundo ambos se tomaron de la mano y se dedicaron un cariñoso y emotivo beso, mientras las chicas chillaban de juvilo y el flash de la cámara captaba esa drámatica imágen.
Mi corazón dio un brinco y se perdió en el abismo... Estúpefacto, no paraba de mirar esos labios rojos revolviendose...
No lo pude aguantar, escapé de la escena corriendo lo mas veloz que alcancé. Desgraciadamente, soy un pésimo escapista, y mi repentina partida fue demasada obvia para los presentes, los cuales me miraban sobresaltados mientras me fugaba de ese lugar. En ese momento escuche la voz de Victor exclamar burlonamente "Ups! creo que ése nunca dio un beso" el pasillo explotó en carcajadas.
Por mi parte yo estaba chorreando sudor de verguenza. Sin embargo durante esos fatídicos instantes no importaba mucho que tan ridículo
quedé ante los demás. Cuando me alejé lo suficiente, me detuvé en un deshábitado jardín en las fronteras de la escuela. Ese era generalmente el sitio donde frecuentaba ir. Apenas llegué, estrellé mi mochila contra el piso y me tome la cabeza con ambas manos. Mis ojos miraban al vacio mientras yo recordaba las imágenes de Mi apreciada Alexandra besando a otro tipo. Era un dolor inmenso y terriblemente sofocante. Y al momento de rememorar sus labios rojos sazonados, quede mal parado y apunto estuve desembuchar mi desayuno en el suelo. La necesidad de vomitar continuarían acechando mi estómago si seguía recordando aquél acontécimiento...
La indisposición en mis intestinos y las herídas en mi pecho provocaron en mi espíritu un malestar duro de resistir. Exactamente en ese punto se escuchó el timbre de la escuela rezonar con potencia. El dia acababa de empezar. Yo solté un lamento deseperado "¡Asi comenzamos el año! no tengo muchas esperanzas..." Me preoupé bastante por mi aclomplejada situacion sentimental. Era algo demasiado doloroso, un trago amargo que contemplaba la destruccion de mis sueños y mis iluciones con mi querida Alexandra... "¡Como pudo hacerme eso!"
Necesité un tiempo a solas para recuperarme del efecto que causó "la nueva parejita del colegio" dentro de mis iluciones... "De seguro ellos terminaran en un un par de días... probablemente esa relación es solo tan solo por diversión, algo ligero. Y cuando ese noviazgo termine, las cosas se pondran en su lugar, y Alejandra se dara cuenta por fin que aqui hay alguien que se muere por estar con ella... Se que aun siente algo por mí" Me dije, animandme a mí mismo, apoyandome en mis engañosas esperanzas, mintiendome a domicilio... Pero lo mas grave era mi incondicional amor, la seguía queriendo como nunca, eso era lo peor. Mi amor era la razon de esos pesares, era imposible dejar de amarla...
Al final decidí dirigirme velozmente a clases. "Espero que no me marquen como atrasado" Al llegar a mi respectiva aúla, por fortuna el profesor no tuvo inconvenientes en permitirme el paso. "Generosidad de primer día"
Todas las sillas en el salón estaban ocupadas... menos un asiento de la primera fila, alado de una chica peliroja. Generalmente las posiciones en la parte trasera del aúla eran mis preferidas, pero al no haber otra opción, tuve que asentarme en aquel pupítre de primera
hilera. Con algo de desgano realicé la caminata a mi lugar asignado, y lentamente me senté.
Apenas la clase estubo completa, el profesor comenzó con la lección. Como todo primer día, el trabajo fue ligero y toda la mañana tuve tiempo para vagabuendear y hacer tonterías sin sentido. Me encantan los dibujos. Yo con la única compañía de mi viejo lápiz y mi papel en blanco, pacifícamente estuve procurando dibujar un poco. Pero la inspiración estaba pérdida...
Mi cabeza no funcionaba correctamente, me encontraba demasiado abatido. La chica que tanto amaba me abandonó... y se refujió en las manos negras de mi enemigo. Se senia horrible "Por que tenía que ser Victor el que me la quitara?, ¿No pudo haber sido cualquier otro idióta? Ese era un cuota adiciona en mi dolor, como si tu hermano te quitara a la chica que amas, solo que peor...
Para mis ojos Alexandra siempre fue la chica mas bella.. Yo la conocí desde la guardería. Alexandra y yo crecímos juntos. Estuvimos en los
mismos salones y en las misma escuela. Y ahora, lo cierto es que me encantaba esa chica de ojos azúles, cabellera rubia y un bronceado exquísito decorando su rostro. Yo estaba seguro de que me quería, ella y yo pasamos incontables momentos de felicidad junos, solo yo y ella... Todo era maravilloso hasta que llego Victor. En esos momentos compruebas que tanto te quiere una persona. Si ella estuviera tan henamorada como yo, no se hubiera dejado seducir por un patan con cara bonita...
"Ella siempre fue la chica de mi vida..." me dije angustiosamente.
Pero de repénte mis cabilaciones fueron interrumpidas por un dedo tocándome el hombro derecho. Al mover mi cabeza para averiguar quien requería mi atención, me encontré con mi compañera de pupítre, una peliroja.
- Hola, me llamo Gabriela -Me dijo mientras me dedicaba una sonrisa de oreja a oreja.
- Mmm, hola. -le respondí lentamente.
- Y cual es tu nombre?
- Jorge.
Esperé a que formulara una nueva pregunta, pero de prónto pareció como si las conexiones neuronales de la chica tuvieran un problema. Su expresión se congeló y se quedó observándome, con un brillo desabrido en la pupila. Sus ojos verdes se retorcian en los míos gustosamente, como si observaran lo mas súblime del úniverso, mientras dibujaba una sonrisa encantada... De esa manera se mantuvo viéndome durante incontables segundos, con una sonrisa atontada en el rostro y una mirada perdida. Me exasperé rapidamente y me senti inconfortable. No sabia como actuar ante esa embrazosa situación, y con la intención de romper esa incómoda vigilia, utilicé mi mano para recrearle un gesto como diciendo "Hola??? tierra llamando a Gabriela, ¿me copia?" De repénte, la muchacha desperto de su encantamiento e instantáneamente se sintió terriblemente avergonzada, sus mejillas se coloraron como un tómate. Ella no paraba de dedicarme su sonrisa tonta, y para excusarse y dispersar la impresión, atropelladamente me preguntó algo bastante ridículo para las circunstancias:
- Eh... y ¿cómo estás? -Suspiré para mis adentros, "Y esta chica que esta tratando de hacer, yo ni la conosco"
- Supongo que bien... -dije suavemente.
- Eres nuevo o véterano en este lugar?
- He estado toda mi vida en este colegio....
- ¡Geniál! Así tengo un amigo que me dirija por acá -Exclamó dibujando otra sonrisa gigante.
- No te preocupes -le respondí, ella asintió con su cabeza torpemente.
- ¡Mucho gusto en conocerte!
- He... lo mismo digo. -La muchacha continuo viéndome con esa expresión pérdida tan propia de ella... y yo, temiendo a que comience otra atropellada contemplación, rápidamente le di la espalda y clave la mirada en mis propios dibujos. "Uf! al fin llego alguien más chiflado que yo a este lugar" pensé, riéndome para mis adentros.
Pero las cosas no terminaron allí. Durante toda la mañana "Gabriela" se mantuvo vigilandome a escondidas. Cuando sentía su mirada dirigiendose a mi rostro, una intranquilidad bastante irritante me envolvía, es muy incómodo sentirte observado. El estrés no cesaba allí, puesto que Gabriela, más o menos pásados cada 10 minutos reclamaba una audiencia conmigo "¿Como dijiste que te llamabas?" "¿Que andas dibujando?" "¿Como se llaman tus padres?" "¿Cual es tu color favorito?" "¿Puedes prestarme tu lápiz?" "¿Tienes chicle?" (esa me la preguntó 5 veces) "Cuando es tu cumpleaños" "Tienes una mascota" "Que hora es" Eran las preguntas mas corrientes, las cuales no tenian principio ni final y eran meros pretextos para recolectar mi atencion. Debido a que no soy un "imbécil" rápidamente comprendí lo que estaba ocurriendo. La chica simplemente estaba encantada por mí. Yo, lejos de enorgulleserme por la próductiva "pesca" de sárdinas, me sentía abatido. Mi corazón negro estaba malherido, y difícilmente dejaría ingresar mas fuego, ademas que yo no sentía ninguna atracción hacia Gabriela. Era una chica maciza, robusta. Sus cabellos rojizos estaban fuertemente atados por una cola. Los cachetes eran abultados y su piel colorada. Unos ojos verdes claros y una boca rechoncha completaban su rostro redondo. Además, desde el principio, percibí a una mujer atontada, desequilibrada y con un tornillo fuera de su estrúctura cráneal. Lo mas húmano y genéroso que puede hacer un muchacho en estas circunstancias, es tratar de ignorar a la chica, apagando lentamente los ánimos... no pretendia hacerme responsable de otra complicada situacion sentimental más. Con la mía era suficiente.
Finalmente, después de una seca y hasta "descolorida jornada" el tímbre de sálida retumbo en mis oídos. Me alivié. Ya era tiempo de partir.
Recolecté mis materiales escolares, los guardé y decidí alejarme los mas pronto pósible de ese frío establecimiento edúcativo. Como era de esperarse, no faltó la pegajosa despedida de Gabriela "¡Hasta la vista! nos vemos el miércoles". Intentando construir un muro de hielo entre nosotros, la ignoré sutilmente y abandoné el salón de clases como una liebre.
Prácticamente trotando, avancé con la intención de llegar al estacionamiento, donde mi querida bicileta me aguardaba para poder marcharnos juntos. Lo cierto es que después de todas las aventuras que vivimos codo a volante, me encariñé de "mi" simpático tríciclo gigante, aunque nuestro apegamiento no omitía el detalle de su longevidad y su díficil manejo. Llegué a la entrada del gáraje, ingresé, y apresuradamente me cabalgué en mi poderosa motócicleta. "Ojalá esta chatarra no se rompa en el camino".
Ya me disponía a comandar la antiguedad de metál en la que estaba montado, pero de prónto unos chirridos extraños llamaron mi atención. Ajusté el tímpano, y cuidadosamente traté de captar esos sónidos. Venían de la parte más alejada del gáraje, muy cerca del sótano. Se asemejaba al sónido provocado por una bomba de chicle al explotar, incluso de vez en cuando parecían "gemidos" muy águdos. Me dispusé a averiguar de que se trataba. Desmonté mi "máquina" y me dirgí a paso bacilante en dirección a la fuente de la corriente auditiva. Esperaba encontrarme con una rata agonizando o un chicle riendo. Avancé despacio y silencioso. Y de la nada, mis ojos vieron a lo lejos lo que mis oidos no pudieron persibir... no era una rata... eran dos.
Mis ojos se abrieron como platos y mi pulso cardíaco golpeo mi tórax con violencia. Presencié traumáticamente como dos pieles se hallaban impugnadas por un beso lunático, sus labios tenían los bordes emanando saliva debido a su violento enfrentamiento. Estaban amasandose con una dicha inconfundible. Ambos cuerpos se estrujaban y toqueteaban deseperadamente en un abrazo mimado, y la fuerza por estar mas únido a su pareja era atlética. El varón acariciaba fantasiosamente la cintura de su compañera, mientras la chica, imitando una garrapata, desplazó sus brazos en el cuello de su pareja, mientras sus dedos jugaban con los cabellos de su novio. Eran uno solo cuerpo amandose sin límites. Por su melena amarillenta, reconocí a Alexandra. El rostro comprimido que sujetaba entre sus palmas era la imágen de Victor. Quede horrorizado...
El parecido a la bomba de chicle era el delicioso masaje de sus labios, y los gemidos águdos eran... el extásis de Alexandra.
"Carajo! que mierdas esta pasando aquí" Me encontraba descorazonado y asqueado. Institnivamente llevé la mano a mi abdomen, no se si para contener mi perturbado estómago o auxliar a mi corazón torturado. Era un dolor sin nombre. En ese mismo instante, por alguna razón, Victor abrio sus ojos, y mientras besaba morbosamente a su novia me vigiló desde su recinto. Aunque era muy difícil divisar su rostro, logré ver una sonrisa diabólica en su cara desfigurada, luego, toscamente sujetó la nuca de su pareja, y la presionó fuertemente contra su boca, para hacer aún más apasionado su beso, Alexandra respondio vigorosamente a ese acto, acariciando cariñosamente el pecho y espalda de Victor... Yo estaba en éstado de "shock", la impresión era muy fuerte. "Carajo! Como alguien puede ser tan inhumano?"
El lo hizo solo para herirme, y lo cierto es me magulló brutalmente. Mi corazón estaba sangrando lágrimas, y mis entrañas se retorcian en un terremoto sentimental.
Desde hace mucho tiempo Victor conocía mis sentimientos, y los utilizó para aumentar los celos de mi alma. Después, miré como apropósito Victor meneaba su cabeza exageradamente durante su forsejeo amoroso, como si fuera un juego, mientras seguía sonriendome burlonamente.
Esa exageración despertó en mí un ánimal sálvaje e incontrolable. Rápidamente me hallaba pérdido en la ira, estaba furioso. Sentia el deseo de abalanzarme contra los dos y destriparle la mandibula a Victor. Pero, cuando los observé digustandose tan dichosamente, la voz de la conciencia como ráfaga se ópuso. En se instante comprendí que jamás podría romper ese amor. Yo era un pésimo trío. Al final los gramos de cordura en mi cabeza vencieron sobre un remolino de resentimiento...
Lastimosamente no podía dejar de observar a ese agujero de dolor castigandome las venas sin compasión
Pero debia marcharme, como un perdedor honorable. Victor me gano fácilmente, como en todas las demás cosas.
No podía hacer nada. Me alejé cabizbajo y llorando de tristeza. Estaba abandonando ese desgraciado gárage para siempre. Aún se escuchaban sus chiclosos labios remando en los abismos del amor, y yo, maldecido por el destino, lancé un llanto de dolor, la mujer de mi vida se retorcía con otro hombre.
A pura fuerza bruta levante mi bicicleta a patadas, y pedaleé por la carretera lo mas rápido que el hierro de mis piernas alcanzó. Mis neurónas estaban cortadas a la mitad, ni siquiera veía el camino por donde iba. En mi mente solo se encontraban asquerosos chillidos de pasión y una aguja bagando en un pajar. Recuerdo que un camion casi me atropella, el conductor estaba escupiendo palabrotas por el parabrisas, pero ni siquiera eso me interesó. Durante el camino rompo a llorar de angustia... No me importaba si los peatones se sorprendían al ver a un desgraciado llorando en su bicicleta, ninguna otra sensacion que no sea dolor se avecinaba a mí. Las cosas ya no podían salir peor, ya nada importaba.
Mi cara ya estaba demacrada del llanto al mometo de llegar a casa. Antes de entrar a mi hogar, procuré secarme con lo primero que al alcancé. Cuando me encontré con mamá, mi rostro se enontraba libre de humedad, pero mi madre inmediatamente se percató de mis infernales ojos y mi melancólica sonrisa.
- ¡Hijo! ¿qué te ha pásado? tu expresión me dice que algo grave sucedio...
- No te preocupes, nada ocurrió. - le respondí sombriamente.
- ¡No me digas eso! te conozco bien, sé que algo te pasó. Cuéntame.
- ¡Mamá! - le grité descargando toda mi ira - ¡Dejame vivir!
- Yo solo quiero ayudarte -Exclamó aterrada, al notar que sus pronosticos eran acertados debido a la humedad de mis púpilas. "¡Maldición! otra vez me deje llevar por mis emociones"
- ¡Dejame en paz! ¡cuando entenderas que no necesito tu ayuda! -Le seguí gritando desontrolado, abalansando toda mi furia contenida hacia mi inocente mamá...
- Hijito, si no quieres decirme no lo hagas, pero quiero que sepas que siempre, siempre puedes contar con tu madre.
- ¡No necesito tu ayuda!
- Descuida Jorge, no te molestare mas -se resignó tristemente.
Yo rabioso estrelle mi mochila contra el sofá, lanzandola muy cerca de mi madre. Mi actitúd no era más que un berrinche hacia el destino.
Necesité buscar un sitio tranquilo donde sufrir, la costa de la playa era el indícado. Sin decir absolutamente nada me fugué de mi casa como un ladrón, y a la carrera arrivé hacia la playa. Mi locación solo se hallaba a pocos metros del mar. Temiendo que alguien mas me encontrara llorando, intenté movilizamre al lugar mas óscuro y desloado posible. Ese era una especie de cueva cercana a la costa, escondida entre los árboles, y por lo tanto también de la luz.
Cuando llegué, dejé caer mi cuerpo sobre la arena, me acosté en el suelo y empecé a reir de amargura. "Soy un completo idiota, esta tontería del amor no debería estarme afectando de esta forma" Sin embargo, la herida y el dolor eran titánicos, una negra capa que lentamente absorvía mis fuerzas vitales.
"Jamás le he gustado a ella. A ella le encanta Victor, ella lo adora!". Y luego mis martírios comenzaron.
Y allí, con un atardecer infernal y el mar negro, el sol malvado desapareció en el abismo del océano. El mundo gris ya era monótono. Las rocas que compartían sitio conmigo eran frías y endurecidas. Me hallaba olvidado y tirado en un reino de arena podrida, mi espíritu durmió para no sufrir mas. Las olas compartían todos mis martirios, y las aguas se llevaban todos mis pesares. El cangrejo frente mío era mi fiel confidente, y la caracola mi consejera. Nadie mas podía cuidarme.
"¿Por qué tuvieron que hacer eso en un gárage? Lo que hicieron en el estacionamiento no tiene nombre. Solo les faltaba quitarse la ropa y una cama" Cerré los puños de rabia. Nunca jamás me hubiera atrevido a imaginar a Alexandra actuar tan... madura, entregada y rota. Era sumamente duro para mi corazón aceptar la cruda realidad.
No resistí, perdí la noción del tiempo. Medio dormido y medio despierto, me hallaba tendido sobre la arena mójada. Fianlemnte comencé a dormir...
Despues de alrededor tres horas, desperté repentinamente en la misma cueva donde habia dormido. Debido a la oscuridad del firmamento supe que estaba apunto de anocheser. Mas o menos tres horas tieso y atormentado era imposible para el cérebro. Mi éstado fícico y mental era patético. La márea se habia incrementado y el agua me humedeció la ropa y se escurrió en mis oídos, perturbandome el tímpano. Mis pies estaban sucios, con mugre en las plantas y temblando a causa de las bajas temperaturas. Me dolia el estómago y sentía naucias, era un malestar desagradable.
"En estos instantes mamá debe estar preocupada... pero no importa, he salido de casa sin avisar miles de veces y no sucedió nada grave"
Sin embargo mi conciencia tiene la cóstumbre de imponerse ante mis deseos egositas, y finalmente venció. Sabía que mi deber era regresar a mi hógar y tranqulizar a mi madre, que seguramente estaba muerta de nervios y organizando una pátrulla de réscate.
Obedecí mansamente a la vaga voz de mi espíritu, y me marché de la grieta en la que me encontraba. "Tengo que recomponerme, debo recobrar mi vida, y olvidarme por siempre de Alexandra, ¡Rayos! ¿Qué estoy diciendo? Si mi vida se llamaba Alexandra..." Una angustiosa lagrima escapó sin decir nada, rozando delicadamente mi mejilla "Debo empesar a controlarme, porque a este ritmo la voy a pasar muy mal..."
Calcé mis zápatos igualmente mojados, y me propusé a comenzar el camino de regreso a casa.
Al salir de "mi cueva" Respiré profundamente el aíre congelado de esa fría noche. Apenas podían divisarse los delgados lazos de sol que continuaban acariciando delicadamente la árena. Pero de répente... una ráfaga de viento sopló desequilibrando mis piernas. La corriente de aíre me raspó las mejillas, era tan pótente que me provocó ardor bajo la piel. Y luego otro tórnado de aíre penetró mi cuerpo desmantelandolo hasta empujarlo. El clíma era descontrolado y sálvaje. Impósible. Moví mi cabeza y dirigí mi mírada en dirección al viento para averiguar cual era la fuente de ese fenómeno tan arrasante. La ráfaga de viento más poderosa que jamás haya imaginado embestió brutalmente contra mi cara, mi vista estaba altamente perjudicada por el íngreso libre del aíre a mis púpilas, pero aun así pude divisar algo al hórizonte... El último
lazo de sol que quedaba creció milagrosamente e iluminó con pótencia paránormal la silueta de alguien acercandose a mí... No era... pósible...entrecerré mis párpados para asegurarme si no estaba alucinando, era un páraiso... un ataque cardíaco incrementó a mil,
mientras mis ojos trillaban de ímpacto. Frente a mi caminaba un ángel, toda su silueta estaba deslumbrada por un sol interno que refulgoriaba rayos al exterior. Por su cuerpo figurado belleza, era una princesa femenina con una hermosura demencial. El sol refulgoriaba con sentimiento en su rostro mas hermoso que el cielo, una cara tan preciosa como las estrellas. Su piel era tan blanca como la nieve y una deliciosa frescura facial hacian enloquecedora la vista de ese ángel... Sus labios eternos eran rojizos y embalsamados, decorando su piel blanquísima con un sabor especial, y volviendo su boca un retoque de sensualidad y tentación. Sus ojos eran un céleste manantial, sus pupilas líquidas eran océanos celestiales, mientras del centro emanaban un lúcero de fantasía. Esos ojos chispeantes minaban en un brillo cristalino que los hacian desquíciantemente preciosos. Su cuerpo era glorioso... unos acusadores senos de dimensiones espáciales, la lucían una Diosa, Y su figura de curvas exóticas me hipnotizaban hasta hundirme de admiración. El viento hondeaba su cabello sedoso y púlido como el cristal. Su cabellera era oleada y colorada de un cafe claro con una pureza ángelical. ¡O Dios mio! Era una hermosura sobrenatural...
¡Simplemente no podia creer lo que estaba viendo! De répente el ángel me vio directo a los ojos, y la chispa de su mirada se encendió en llamas flameantes. Una deslumbrante sonrisa se dibujó en su sensacional rostro... y me dejo íntimamente conmovido. Era una visión... debia de ser una mentira. El ángel se rió picaramente de mí, mientras sonreía y me saludaba delicadamente con su palma. Yo me quedé parálizado, traté de levantar mi brazo, pero era impósible, mis tendones estaban cogelados, aunque eso no me molestaba, prefería contemplar mi oasis...
Ella siguió sonriendo con una picardía dívina... y después empezó a andar dírecto a mí. Mientras se acercaba, no alcancé a pensar en nada. Mis ojos no podían despegarse de ella, su vista era irresistible... en pocos segundos ella estaba casi frente a mí, yo habia captado cada detalle de su rostro lo mejor que pude. Era alúcinante.
- ¡Hola! me preguntaba si estarías bien... Y es que me estas comiendo con una mírada tan linda... - Me dijo en medio de risitas traviesas. Su voz me seducia como una fógata en el corazón.
- Eh... y - yo eh... y- yo... -Las palabras no salian de mi boca, estaba demasiado nervioso. Mientras yo tartamudeana como ímbecil, ella me miraba facinada y hasta divertida... como si disfrutara viendome nervioso.
Me travé... no conseguía hablar. Traté de ordenar los controles de mi mente, pero era imposible. Al verla mi alma vagaba en otra dimensión, tenía la sensacion de que el encuentro era solo un sueño... Pero era real. No podía dejar de contemplar su modelo de atracción. Sin embargo al final, todo lo que habia en mi cérebro era la fasinación de mi ser por esa criatura con una hermosura ilimitada.. y eso fue lo único que pude decir...
- N - Nada, es solo que me pareces la criatura mas hermosa del mundo... -dije lo mas poetico que pude. Ella arqueó una ceja y me regaló una sonrisa llena de dicha. Estaba radiante de felicidad, como si le hubieran dicho lo mas valioso del úniverso.
- Tu tambien me encantas... -me dijo con una dulzura especial, una ternura tan apasionada que hizo bailar a mi corazón al compás de sus palabras.
Ella se quedo mirandome, y yo mirando el úniverso... No faltaban palabras, nos amabamos apasionadamente. Ambos nos contemplamos el uno al otro, nuestros rostros estaban a pocos centímetros de distancia, necesitabamos mirarnos, necesitabamos admirar la locura del amor. Yo la veía con facinación, ella con ternura y desesperación...
- Donde estuviste el resto de mi vida... -Me dijo tristemente.
- Ya estoy aquí... -le dije mientras trataba de dedicarle mi mejor sonrisa.
- Yo también ... -Me dijo, cóqueta, cambiando de tierna a seductora...
Ella acercó su rostro al mío mientras acariciaba mi mejilla... Mi corazón no aguanto la brutales cantidades de bombas que se estrellaban en mi alma. Eran demaciadas emociones, pero juntas formaban un solo sentimiento, Era amor.
Pero de répente, se escuchó un grito aúgado, en la óscuridad del bosque. Ella me vio descorazonada y demasiado agitada.
- Debo irme.
- Pero...
No alcancé a articular palabra, ella me mostró una expresion aterrada y escapó de mi como un ave, con una velocidad y destreza atlética. El ángel corrió hacia las alejadas casas del vecindario. Me levanté de un salto y la seguí desesperadamente. La persecución era en vano. Sus piernas eran ágiles y rítmicas como un puma, y a paso olímpico me dejo atrás con facilidad. Pero no perdía las esperanzas, y aunque cada vez la veía mas lejos, seguí corriendo sin rendirme. Por fortuna, ese ángel no tenía alas, de no ser asi, jamas la podría haber alcanzado...
Pero, cuando la estaba perseguiendo, escuché una voz familiar chillar mi nombre "¡Jorge! ¡por que me haces esto!" la voz se oía impaciente y suplicante, sin embargo en ese momento no me interesó eso, mi único deseo estaba enfocado solo en cazar a ese ángel tan perfecto, esa criatura dívina que encendió los sentimientos de mi pecho... Ella me tocó profundamente el corazón...
Pero su silueta cada vez se hacía mas diminuta, estaba desvaneciendo ante los límites de mi vista... hasta que en un terrible momento, mis ojos no tuvieron la capacidad de verla... dejé de correr lentamente, hasta que me detuve por completo, estaba descorazonado. Contemplé horrorizado el vacío del horizonte... ella no estaba.
Grité sin control alguno y comencé a patear con la punta de mi pie al mismisimo suelo, de manera brutal, como si fuera un borracho rabioso. Después de descargar toda la violencia sin cesar hasta lastimarme el pie, comencé a golpearme a mí mísmo sin piedad... Me enfurecía mi propía incapacidad, me sentía culpable ¿Cómo pude dejar escapar a ese ángel? Me tiré al suelo y comencé a llorar desconsolado, chillé con una amargura sínica, parecía un bebé aúllando de esa forma tan caprichosa.
Todas las penumbrias de ese día no se comparaban en lo más mínimo a los tormentos que sufría esos momentos, separarme de ese ángel fue lo mas grave que me sucedió en toda mi existencia... Yo había sufrido inumerables horas por amor. Sentía que no podía escapar del infierno de mi vida, porque nadie yo amaba, pero nadie me quería. Pero por milagro del dstino algo sucedió, el cielo me regaló a una persona tan... Esa persona que me amaba, que habia decidido querer mi corazon negro, y hacerme el mas dichoso... pero justamente, esa persona, o ángel o lo que sea, se aleja de mí, dejandome en el dolor nuevamente.
En mi deseperación no me percaté que, a lo lejos, alguien me estaba vigilando... comencé a escuchar unos pasos encáminandose hacia mí... "¡O Dios mío! el ángel regresó por mí!"
Me sentí profundamenté conmovido... ella jamás me abandonaría... Mi cuerpo se tambaleó nervioso cuando un dedo índice me toco el hombro, alguien se hallaba detrás mío. "¿Y si quién me llamaba era cualquier otra persona?" No, debía ser ella... yo plasmé todo mi amor en ella... no puede defraudarme. Otra vez percibí dedos en mi hombro... la persona continuaba llamándome...
Pero yo no me atrevía a mirar atrás, me aterraba la posibilidad de ver otro rostro que no sea el de mi ángel... Sin embargo finalmente, respiré un trago prófundo de aíre, como preparandome para observar a la criatura mas maravillosa del úniverso. Con esperanzas colosales me inspiré de valentía, "Yo confío en mi ángel, estoy absolutamente seguro que ella me jamás me abandonará, sé que esta detrás mío" Y con una fé arrasante, lentamente me di la vuelta...
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agradecimientos a arnold. si les gusto y quieren la continuacion pidanla [/font]
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Desperté a las 7 am. Me encontraba agitado y un poco emocionado. El primer día de clases del año era una fecha importante. Rápidamente visto mi úniforme escolar y desayuno un caliente vaso de leche chocolatada y una ración de tostadas. Mi madre
estaba aguardandome en el portal de nuestra casa, preparada para despachar de su hijo. Ambos nos dimos la despedida, ella me deseo suerte, y yo le agradecí su buena voluntad. Caminé en dirección al garaje y me monté en la habitual campañera de carretera, mi bicicleta. Durante el camino hacia el colegio, comienzo a reflexionar la situación el que me encontraba durante esta temporada. Lo cierto es que aquél lapso de tiempo resultó complicado para mí joven espíritu. Mi corazón estaba adolorido, y no sabía que rayos hacer.
Alexandra era mi vida. Yo realmente la quería, desde que la vi, la he amado en secreto. Desgraciadamente, tuve la desdicha de querer a la mujer equivocada. Y cuando menos lo esperaba, cuando ella y yo estabamos a un paso de ligar un noviazgo, un chico nuevo llegó a mi salón. Un argentino nuevo en el país, su nombre era Victor. A Alexandra le encantó desde el momento en que lo vio, y a mi me desechó como a un juguete. Y les juro que no hay nada mas doloroso en el mundo que ver a la chica que amas entregada a otro sujeto. Los celos inundaban mi pecho y me hacian hervir de rabia. Uno de los peores detalles del asunto es la personalidad de Victor. El era un muchacho engreído, presumido, y en extremo superficial. El tipo de persona que nunca desearías como rival en una competencia amorosa. Además el "gaucho" era un galán descarado, y todas las chicas del colegio cayeron rendidas a sus pies. Tambien consiguió bastantes camaradas en poco tiempo, y finalmente se convirtió en el típico "Rey" del colegio. Mientras mas creído y macho aparentaba ser el ridículo mequetrefe, su fama crecía. Victor y yo enemistamos al instante en que llegó, yo no lo aguantaba y el a mí tampoco. Aunque lo cierto es que nuestra rivalidad no comenzó con asuntos amorosos... Simplemente eramos dos polos opuestos impósibles, nuestra coexistencia era en extremo conflictiva.
Lastimosamente Vicitor siempre salía airoso. Su vida era mas brillante que la mía, y siempre podría sonreir y deslumbrar mientras coqueteaba con la chica que yo amaba: Alexandra. Eso dolía...
Sin embargo yo estaba seguro de mí mismo. Lo más probable es que la cercanía entre Alexandra y Victor sea solo pasajero, puesto que aunque ambos se gustaban, no mostraban ningun compromiso, eran solo amigos... Esa era una señal alentadora, y yo lucharia hasta el final por la mujer que amo. Las esperanzas son lo último que se pierde, de seguro mi Alexandra comprendera finalmente la realidad de las personas, y se daría cuenta que una cara bonita no es todo...
Yo soy un muchacho solitario, jamás tuve muchos amigos. Desde que enemisté contra Victor, mi estatus social fue mas disminuido. No me considero alguien del montón, soy especial, aunque eso signifique ser el tipo amargado y sin amigos. Simplemente ese es mi estilo. Eso era preferible a seguir ciegamente a otros imbeciles que se creen mejores que todos, ejemplo: Victor. Desgraciadamente los celos que me atormentaban cada vez que miraba a Alexandra coqueteando con Victor, provocaban bastante dolor en la vida de este emotivo escritor...
La fría briza del día raspaba mi rostro con ferocidad mientras mi bicicleta aumentaba la velocidad. "Estoy apunto de llegar". Después de unas cuantas cuadras recorridas, ante este inexperto ciclista se levantó una colosal construcción. Por fín habia llegado a mi colegio.
Desmonté con soltura mi bicicleta, y pise el terreno. Me hallaba en la entrada de el imponente muro escolar. Como era mi costumbre anduve en dirección a mi clase meditabundo y cabisbajo. Como una sombra en la noche, voy caminando por los lúgubres corredores de la escuela. Mientras todos los demás estudiantes diambulaban en grupo, riendo, bromeando y parloteando ánimadamente, yo era un llanero solitario. A veces algunos detenían su mirada al detectar mi silueta acercándose, y se mantenían observándome con curiosidad durante unos instantes, sus ojos me seguían con interés e intriga. Ya les comenté anteriormente que yo era el "raro" de todo el lugar, era de esperar que se queden mirándome cuando pasaba. Supongo que gané ese título porque no tengo amigos, y por siempre caminar en solitario. O tal vez sea por mi excéntrica apariencia: Un alto, delgado y con la piel tan blanca como la leche. Un cuello prolongado, un torso musculoso y unas piernas largas y agiles. El cabello lazio, largo y de un castaño esforzado. Los ojos de un azul opaco y los labios sonrojados.
Mi actitud reservada y misteriosa tampoco hacia mas sencillo mi ingreso a la "sociedad".
Ignoro cual atributo solía etiquetar la gente frente mi persona. Supongo que las opciones más frecuentes serían Emo, Rockero o Gótico. Me parece que yo denoto ciertas cualidades de cada una de esas menciones. Describámosme como una personalidad con espíritu rebelde en el cérebro y un huracán de emociones revolucionando en su pecho, ademas de su gusto por taparse el ojo izquierdo con un mechon de cabello. Aunque ciertamente no consigo idetificarme con ninguna de ellas. El rock no me agradaba, los emos son unos llorones sin sentido, en su mayoria homosexuales, y los góticos eran demasiado tétricos y aburridos. Creo que yo poseo mi propio estilo de individualidad...
Mientras voy caminando por el pasillo silenciosamente como fantasma, siento unos pasos bacilantes a pocos metros mios. Cuando doy la vuelta, veo un tumulto de personas aglomeradas en un sector del gran pasillo. Era un barullo tremendo, la cantidad de chillidos agudos femeninos indicaba que la escena era bastante emocionante. Debido a que me encontraba a tiempo para mi clase, procuré averiguar cual era el motivo de todo el griterío. Abrirme paso ante la multitud no fue complicado, ya que esa masa de estudiantes estaban mas ocupados en captar todos los sucesos que se desarrollaban en frente mío. Cuando por fin conseguí llegar a primera fila, mis venas se desencajonaron y arrastraron mis entrañas al vacío... No podía creer lo que estaba presensiando... Sentí como si una filosa espada fuera anclada en la superficie del corazón y acuchillara la carne de mi pecho.
Dos cuerpos melosamente apegados descansaban el uno en el otro. Sus manos juntas entrelzaban sus dedos con fervor. La chica enroscaba avivadamente su brazo en el hombro de su pareja. Ambos estaban tan... únidos. Eran mi Alexandra y Victor.
Varias de las amigas de Alexandra recorrían la escena como cotorras tomando fotografías, riendo y felicitando a la nueva pareja. Justamente en el momento en el que llegué una de ellas comentó: "Por que no se dan un beso para la cámara" El público divertido dio
ánimos a los anfritriones para realizar esa fatidica idea. Como si fuera lo mas natural del mundo ambos se tomaron de la mano y se dedicaron un cariñoso y emotivo beso, mientras las chicas chillaban de juvilo y el flash de la cámara captaba esa drámatica imágen.
Mi corazón dio un brinco y se perdió en el abismo... Estúpefacto, no paraba de mirar esos labios rojos revolviendose...
No lo pude aguantar, escapé de la escena corriendo lo mas veloz que alcancé. Desgraciadamente, soy un pésimo escapista, y mi repentina partida fue demasada obvia para los presentes, los cuales me miraban sobresaltados mientras me fugaba de ese lugar. En ese momento escuche la voz de Victor exclamar burlonamente "Ups! creo que ése nunca dio un beso" el pasillo explotó en carcajadas.
Por mi parte yo estaba chorreando sudor de verguenza. Sin embargo durante esos fatídicos instantes no importaba mucho que tan ridículo
quedé ante los demás. Cuando me alejé lo suficiente, me detuvé en un deshábitado jardín en las fronteras de la escuela. Ese era generalmente el sitio donde frecuentaba ir. Apenas llegué, estrellé mi mochila contra el piso y me tome la cabeza con ambas manos. Mis ojos miraban al vacio mientras yo recordaba las imágenes de Mi apreciada Alexandra besando a otro tipo. Era un dolor inmenso y terriblemente sofocante. Y al momento de rememorar sus labios rojos sazonados, quede mal parado y apunto estuve desembuchar mi desayuno en el suelo. La necesidad de vomitar continuarían acechando mi estómago si seguía recordando aquél acontécimiento...
La indisposición en mis intestinos y las herídas en mi pecho provocaron en mi espíritu un malestar duro de resistir. Exactamente en ese punto se escuchó el timbre de la escuela rezonar con potencia. El dia acababa de empezar. Yo solté un lamento deseperado "¡Asi comenzamos el año! no tengo muchas esperanzas..." Me preoupé bastante por mi aclomplejada situacion sentimental. Era algo demasiado doloroso, un trago amargo que contemplaba la destruccion de mis sueños y mis iluciones con mi querida Alexandra... "¡Como pudo hacerme eso!"
Necesité un tiempo a solas para recuperarme del efecto que causó "la nueva parejita del colegio" dentro de mis iluciones... "De seguro ellos terminaran en un un par de días... probablemente esa relación es solo tan solo por diversión, algo ligero. Y cuando ese noviazgo termine, las cosas se pondran en su lugar, y Alejandra se dara cuenta por fin que aqui hay alguien que se muere por estar con ella... Se que aun siente algo por mí" Me dije, animandme a mí mismo, apoyandome en mis engañosas esperanzas, mintiendome a domicilio... Pero lo mas grave era mi incondicional amor, la seguía queriendo como nunca, eso era lo peor. Mi amor era la razon de esos pesares, era imposible dejar de amarla...
Al final decidí dirigirme velozmente a clases. "Espero que no me marquen como atrasado" Al llegar a mi respectiva aúla, por fortuna el profesor no tuvo inconvenientes en permitirme el paso. "Generosidad de primer día"
Todas las sillas en el salón estaban ocupadas... menos un asiento de la primera fila, alado de una chica peliroja. Generalmente las posiciones en la parte trasera del aúla eran mis preferidas, pero al no haber otra opción, tuve que asentarme en aquel pupítre de primera
hilera. Con algo de desgano realicé la caminata a mi lugar asignado, y lentamente me senté.
Apenas la clase estubo completa, el profesor comenzó con la lección. Como todo primer día, el trabajo fue ligero y toda la mañana tuve tiempo para vagabuendear y hacer tonterías sin sentido. Me encantan los dibujos. Yo con la única compañía de mi viejo lápiz y mi papel en blanco, pacifícamente estuve procurando dibujar un poco. Pero la inspiración estaba pérdida...
Mi cabeza no funcionaba correctamente, me encontraba demasiado abatido. La chica que tanto amaba me abandonó... y se refujió en las manos negras de mi enemigo. Se senia horrible "Por que tenía que ser Victor el que me la quitara?, ¿No pudo haber sido cualquier otro idióta? Ese era un cuota adiciona en mi dolor, como si tu hermano te quitara a la chica que amas, solo que peor...
Para mis ojos Alexandra siempre fue la chica mas bella.. Yo la conocí desde la guardería. Alexandra y yo crecímos juntos. Estuvimos en los
mismos salones y en las misma escuela. Y ahora, lo cierto es que me encantaba esa chica de ojos azúles, cabellera rubia y un bronceado exquísito decorando su rostro. Yo estaba seguro de que me quería, ella y yo pasamos incontables momentos de felicidad junos, solo yo y ella... Todo era maravilloso hasta que llego Victor. En esos momentos compruebas que tanto te quiere una persona. Si ella estuviera tan henamorada como yo, no se hubiera dejado seducir por un patan con cara bonita...
"Ella siempre fue la chica de mi vida..." me dije angustiosamente.
Pero de repénte mis cabilaciones fueron interrumpidas por un dedo tocándome el hombro derecho. Al mover mi cabeza para averiguar quien requería mi atención, me encontré con mi compañera de pupítre, una peliroja.
- Hola, me llamo Gabriela -Me dijo mientras me dedicaba una sonrisa de oreja a oreja.
- Mmm, hola. -le respondí lentamente.
- Y cual es tu nombre?
- Jorge.
Esperé a que formulara una nueva pregunta, pero de prónto pareció como si las conexiones neuronales de la chica tuvieran un problema. Su expresión se congeló y se quedó observándome, con un brillo desabrido en la pupila. Sus ojos verdes se retorcian en los míos gustosamente, como si observaran lo mas súblime del úniverso, mientras dibujaba una sonrisa encantada... De esa manera se mantuvo viéndome durante incontables segundos, con una sonrisa atontada en el rostro y una mirada perdida. Me exasperé rapidamente y me senti inconfortable. No sabia como actuar ante esa embrazosa situación, y con la intención de romper esa incómoda vigilia, utilicé mi mano para recrearle un gesto como diciendo "Hola??? tierra llamando a Gabriela, ¿me copia?" De repénte, la muchacha desperto de su encantamiento e instantáneamente se sintió terriblemente avergonzada, sus mejillas se coloraron como un tómate. Ella no paraba de dedicarme su sonrisa tonta, y para excusarse y dispersar la impresión, atropelladamente me preguntó algo bastante ridículo para las circunstancias:
- Eh... y ¿cómo estás? -Suspiré para mis adentros, "Y esta chica que esta tratando de hacer, yo ni la conosco"
- Supongo que bien... -dije suavemente.
- Eres nuevo o véterano en este lugar?
- He estado toda mi vida en este colegio....
- ¡Geniál! Así tengo un amigo que me dirija por acá -Exclamó dibujando otra sonrisa gigante.
- No te preocupes -le respondí, ella asintió con su cabeza torpemente.
- ¡Mucho gusto en conocerte!
- He... lo mismo digo. -La muchacha continuo viéndome con esa expresión pérdida tan propia de ella... y yo, temiendo a que comience otra atropellada contemplación, rápidamente le di la espalda y clave la mirada en mis propios dibujos. "Uf! al fin llego alguien más chiflado que yo a este lugar" pensé, riéndome para mis adentros.
Pero las cosas no terminaron allí. Durante toda la mañana "Gabriela" se mantuvo vigilandome a escondidas. Cuando sentía su mirada dirigiendose a mi rostro, una intranquilidad bastante irritante me envolvía, es muy incómodo sentirte observado. El estrés no cesaba allí, puesto que Gabriela, más o menos pásados cada 10 minutos reclamaba una audiencia conmigo "¿Como dijiste que te llamabas?" "¿Que andas dibujando?" "¿Como se llaman tus padres?" "¿Cual es tu color favorito?" "¿Puedes prestarme tu lápiz?" "¿Tienes chicle?" (esa me la preguntó 5 veces) "Cuando es tu cumpleaños" "Tienes una mascota" "Que hora es" Eran las preguntas mas corrientes, las cuales no tenian principio ni final y eran meros pretextos para recolectar mi atencion. Debido a que no soy un "imbécil" rápidamente comprendí lo que estaba ocurriendo. La chica simplemente estaba encantada por mí. Yo, lejos de enorgulleserme por la próductiva "pesca" de sárdinas, me sentía abatido. Mi corazón negro estaba malherido, y difícilmente dejaría ingresar mas fuego, ademas que yo no sentía ninguna atracción hacia Gabriela. Era una chica maciza, robusta. Sus cabellos rojizos estaban fuertemente atados por una cola. Los cachetes eran abultados y su piel colorada. Unos ojos verdes claros y una boca rechoncha completaban su rostro redondo. Además, desde el principio, percibí a una mujer atontada, desequilibrada y con un tornillo fuera de su estrúctura cráneal. Lo mas húmano y genéroso que puede hacer un muchacho en estas circunstancias, es tratar de ignorar a la chica, apagando lentamente los ánimos... no pretendia hacerme responsable de otra complicada situacion sentimental más. Con la mía era suficiente.
Finalmente, después de una seca y hasta "descolorida jornada" el tímbre de sálida retumbo en mis oídos. Me alivié. Ya era tiempo de partir.
Recolecté mis materiales escolares, los guardé y decidí alejarme los mas pronto pósible de ese frío establecimiento edúcativo. Como era de esperarse, no faltó la pegajosa despedida de Gabriela "¡Hasta la vista! nos vemos el miércoles". Intentando construir un muro de hielo entre nosotros, la ignoré sutilmente y abandoné el salón de clases como una liebre.
Prácticamente trotando, avancé con la intención de llegar al estacionamiento, donde mi querida bicileta me aguardaba para poder marcharnos juntos. Lo cierto es que después de todas las aventuras que vivimos codo a volante, me encariñé de "mi" simpático tríciclo gigante, aunque nuestro apegamiento no omitía el detalle de su longevidad y su díficil manejo. Llegué a la entrada del gáraje, ingresé, y apresuradamente me cabalgué en mi poderosa motócicleta. "Ojalá esta chatarra no se rompa en el camino".
Ya me disponía a comandar la antiguedad de metál en la que estaba montado, pero de prónto unos chirridos extraños llamaron mi atención. Ajusté el tímpano, y cuidadosamente traté de captar esos sónidos. Venían de la parte más alejada del gáraje, muy cerca del sótano. Se asemejaba al sónido provocado por una bomba de chicle al explotar, incluso de vez en cuando parecían "gemidos" muy águdos. Me dispusé a averiguar de que se trataba. Desmonté mi "máquina" y me dirgí a paso bacilante en dirección a la fuente de la corriente auditiva. Esperaba encontrarme con una rata agonizando o un chicle riendo. Avancé despacio y silencioso. Y de la nada, mis ojos vieron a lo lejos lo que mis oidos no pudieron persibir... no era una rata... eran dos.
Mis ojos se abrieron como platos y mi pulso cardíaco golpeo mi tórax con violencia. Presencié traumáticamente como dos pieles se hallaban impugnadas por un beso lunático, sus labios tenían los bordes emanando saliva debido a su violento enfrentamiento. Estaban amasandose con una dicha inconfundible. Ambos cuerpos se estrujaban y toqueteaban deseperadamente en un abrazo mimado, y la fuerza por estar mas únido a su pareja era atlética. El varón acariciaba fantasiosamente la cintura de su compañera, mientras la chica, imitando una garrapata, desplazó sus brazos en el cuello de su pareja, mientras sus dedos jugaban con los cabellos de su novio. Eran uno solo cuerpo amandose sin límites. Por su melena amarillenta, reconocí a Alexandra. El rostro comprimido que sujetaba entre sus palmas era la imágen de Victor. Quede horrorizado...
El parecido a la bomba de chicle era el delicioso masaje de sus labios, y los gemidos águdos eran... el extásis de Alexandra.
"Carajo! que mierdas esta pasando aquí" Me encontraba descorazonado y asqueado. Institnivamente llevé la mano a mi abdomen, no se si para contener mi perturbado estómago o auxliar a mi corazón torturado. Era un dolor sin nombre. En ese mismo instante, por alguna razón, Victor abrio sus ojos, y mientras besaba morbosamente a su novia me vigiló desde su recinto. Aunque era muy difícil divisar su rostro, logré ver una sonrisa diabólica en su cara desfigurada, luego, toscamente sujetó la nuca de su pareja, y la presionó fuertemente contra su boca, para hacer aún más apasionado su beso, Alexandra respondio vigorosamente a ese acto, acariciando cariñosamente el pecho y espalda de Victor... Yo estaba en éstado de "shock", la impresión era muy fuerte. "Carajo! Como alguien puede ser tan inhumano?"
El lo hizo solo para herirme, y lo cierto es me magulló brutalmente. Mi corazón estaba sangrando lágrimas, y mis entrañas se retorcian en un terremoto sentimental.
Desde hace mucho tiempo Victor conocía mis sentimientos, y los utilizó para aumentar los celos de mi alma. Después, miré como apropósito Victor meneaba su cabeza exageradamente durante su forsejeo amoroso, como si fuera un juego, mientras seguía sonriendome burlonamente.
Esa exageración despertó en mí un ánimal sálvaje e incontrolable. Rápidamente me hallaba pérdido en la ira, estaba furioso. Sentia el deseo de abalanzarme contra los dos y destriparle la mandibula a Victor. Pero, cuando los observé digustandose tan dichosamente, la voz de la conciencia como ráfaga se ópuso. En se instante comprendí que jamás podría romper ese amor. Yo era un pésimo trío. Al final los gramos de cordura en mi cabeza vencieron sobre un remolino de resentimiento...
Lastimosamente no podía dejar de observar a ese agujero de dolor castigandome las venas sin compasión
Pero debia marcharme, como un perdedor honorable. Victor me gano fácilmente, como en todas las demás cosas.
No podía hacer nada. Me alejé cabizbajo y llorando de tristeza. Estaba abandonando ese desgraciado gárage para siempre. Aún se escuchaban sus chiclosos labios remando en los abismos del amor, y yo, maldecido por el destino, lancé un llanto de dolor, la mujer de mi vida se retorcía con otro hombre.
A pura fuerza bruta levante mi bicicleta a patadas, y pedaleé por la carretera lo mas rápido que el hierro de mis piernas alcanzó. Mis neurónas estaban cortadas a la mitad, ni siquiera veía el camino por donde iba. En mi mente solo se encontraban asquerosos chillidos de pasión y una aguja bagando en un pajar. Recuerdo que un camion casi me atropella, el conductor estaba escupiendo palabrotas por el parabrisas, pero ni siquiera eso me interesó. Durante el camino rompo a llorar de angustia... No me importaba si los peatones se sorprendían al ver a un desgraciado llorando en su bicicleta, ninguna otra sensacion que no sea dolor se avecinaba a mí. Las cosas ya no podían salir peor, ya nada importaba.
Mi cara ya estaba demacrada del llanto al mometo de llegar a casa. Antes de entrar a mi hogar, procuré secarme con lo primero que al alcancé. Cuando me encontré con mamá, mi rostro se enontraba libre de humedad, pero mi madre inmediatamente se percató de mis infernales ojos y mi melancólica sonrisa.
- ¡Hijo! ¿qué te ha pásado? tu expresión me dice que algo grave sucedio...
- No te preocupes, nada ocurrió. - le respondí sombriamente.
- ¡No me digas eso! te conozco bien, sé que algo te pasó. Cuéntame.
- ¡Mamá! - le grité descargando toda mi ira - ¡Dejame vivir!
- Yo solo quiero ayudarte -Exclamó aterrada, al notar que sus pronosticos eran acertados debido a la humedad de mis púpilas. "¡Maldición! otra vez me deje llevar por mis emociones"
- ¡Dejame en paz! ¡cuando entenderas que no necesito tu ayuda! -Le seguí gritando desontrolado, abalansando toda mi furia contenida hacia mi inocente mamá...
- Hijito, si no quieres decirme no lo hagas, pero quiero que sepas que siempre, siempre puedes contar con tu madre.
- ¡No necesito tu ayuda!
- Descuida Jorge, no te molestare mas -se resignó tristemente.
Yo rabioso estrelle mi mochila contra el sofá, lanzandola muy cerca de mi madre. Mi actitúd no era más que un berrinche hacia el destino.
Necesité buscar un sitio tranquilo donde sufrir, la costa de la playa era el indícado. Sin decir absolutamente nada me fugué de mi casa como un ladrón, y a la carrera arrivé hacia la playa. Mi locación solo se hallaba a pocos metros del mar. Temiendo que alguien mas me encontrara llorando, intenté movilizamre al lugar mas óscuro y desloado posible. Ese era una especie de cueva cercana a la costa, escondida entre los árboles, y por lo tanto también de la luz.
Cuando llegué, dejé caer mi cuerpo sobre la arena, me acosté en el suelo y empecé a reir de amargura. "Soy un completo idiota, esta tontería del amor no debería estarme afectando de esta forma" Sin embargo, la herida y el dolor eran titánicos, una negra capa que lentamente absorvía mis fuerzas vitales.
"Jamás le he gustado a ella. A ella le encanta Victor, ella lo adora!". Y luego mis martírios comenzaron.
Y allí, con un atardecer infernal y el mar negro, el sol malvado desapareció en el abismo del océano. El mundo gris ya era monótono. Las rocas que compartían sitio conmigo eran frías y endurecidas. Me hallaba olvidado y tirado en un reino de arena podrida, mi espíritu durmió para no sufrir mas. Las olas compartían todos mis martirios, y las aguas se llevaban todos mis pesares. El cangrejo frente mío era mi fiel confidente, y la caracola mi consejera. Nadie mas podía cuidarme.
"¿Por qué tuvieron que hacer eso en un gárage? Lo que hicieron en el estacionamiento no tiene nombre. Solo les faltaba quitarse la ropa y una cama" Cerré los puños de rabia. Nunca jamás me hubiera atrevido a imaginar a Alexandra actuar tan... madura, entregada y rota. Era sumamente duro para mi corazón aceptar la cruda realidad.
No resistí, perdí la noción del tiempo. Medio dormido y medio despierto, me hallaba tendido sobre la arena mójada. Fianlemnte comencé a dormir...
Despues de alrededor tres horas, desperté repentinamente en la misma cueva donde habia dormido. Debido a la oscuridad del firmamento supe que estaba apunto de anocheser. Mas o menos tres horas tieso y atormentado era imposible para el cérebro. Mi éstado fícico y mental era patético. La márea se habia incrementado y el agua me humedeció la ropa y se escurrió en mis oídos, perturbandome el tímpano. Mis pies estaban sucios, con mugre en las plantas y temblando a causa de las bajas temperaturas. Me dolia el estómago y sentía naucias, era un malestar desagradable.
"En estos instantes mamá debe estar preocupada... pero no importa, he salido de casa sin avisar miles de veces y no sucedió nada grave"
Sin embargo mi conciencia tiene la cóstumbre de imponerse ante mis deseos egositas, y finalmente venció. Sabía que mi deber era regresar a mi hógar y tranqulizar a mi madre, que seguramente estaba muerta de nervios y organizando una pátrulla de réscate.
Obedecí mansamente a la vaga voz de mi espíritu, y me marché de la grieta en la que me encontraba. "Tengo que recomponerme, debo recobrar mi vida, y olvidarme por siempre de Alexandra, ¡Rayos! ¿Qué estoy diciendo? Si mi vida se llamaba Alexandra..." Una angustiosa lagrima escapó sin decir nada, rozando delicadamente mi mejilla "Debo empesar a controlarme, porque a este ritmo la voy a pasar muy mal..."
Calcé mis zápatos igualmente mojados, y me propusé a comenzar el camino de regreso a casa.
Al salir de "mi cueva" Respiré profundamente el aíre congelado de esa fría noche. Apenas podían divisarse los delgados lazos de sol que continuaban acariciando delicadamente la árena. Pero de répente... una ráfaga de viento sopló desequilibrando mis piernas. La corriente de aíre me raspó las mejillas, era tan pótente que me provocó ardor bajo la piel. Y luego otro tórnado de aíre penetró mi cuerpo desmantelandolo hasta empujarlo. El clíma era descontrolado y sálvaje. Impósible. Moví mi cabeza y dirigí mi mírada en dirección al viento para averiguar cual era la fuente de ese fenómeno tan arrasante. La ráfaga de viento más poderosa que jamás haya imaginado embestió brutalmente contra mi cara, mi vista estaba altamente perjudicada por el íngreso libre del aíre a mis púpilas, pero aun así pude divisar algo al hórizonte... El último
lazo de sol que quedaba creció milagrosamente e iluminó con pótencia paránormal la silueta de alguien acercandose a mí... No era... pósible...entrecerré mis párpados para asegurarme si no estaba alucinando, era un páraiso... un ataque cardíaco incrementó a mil,
mientras mis ojos trillaban de ímpacto. Frente a mi caminaba un ángel, toda su silueta estaba deslumbrada por un sol interno que refulgoriaba rayos al exterior. Por su cuerpo figurado belleza, era una princesa femenina con una hermosura demencial. El sol refulgoriaba con sentimiento en su rostro mas hermoso que el cielo, una cara tan preciosa como las estrellas. Su piel era tan blanca como la nieve y una deliciosa frescura facial hacian enloquecedora la vista de ese ángel... Sus labios eternos eran rojizos y embalsamados, decorando su piel blanquísima con un sabor especial, y volviendo su boca un retoque de sensualidad y tentación. Sus ojos eran un céleste manantial, sus pupilas líquidas eran océanos celestiales, mientras del centro emanaban un lúcero de fantasía. Esos ojos chispeantes minaban en un brillo cristalino que los hacian desquíciantemente preciosos. Su cuerpo era glorioso... unos acusadores senos de dimensiones espáciales, la lucían una Diosa, Y su figura de curvas exóticas me hipnotizaban hasta hundirme de admiración. El viento hondeaba su cabello sedoso y púlido como el cristal. Su cabellera era oleada y colorada de un cafe claro con una pureza ángelical. ¡O Dios mio! Era una hermosura sobrenatural...
¡Simplemente no podia creer lo que estaba viendo! De répente el ángel me vio directo a los ojos, y la chispa de su mirada se encendió en llamas flameantes. Una deslumbrante sonrisa se dibujó en su sensacional rostro... y me dejo íntimamente conmovido. Era una visión... debia de ser una mentira. El ángel se rió picaramente de mí, mientras sonreía y me saludaba delicadamente con su palma. Yo me quedé parálizado, traté de levantar mi brazo, pero era impósible, mis tendones estaban cogelados, aunque eso no me molestaba, prefería contemplar mi oasis...
Ella siguió sonriendo con una picardía dívina... y después empezó a andar dírecto a mí. Mientras se acercaba, no alcancé a pensar en nada. Mis ojos no podían despegarse de ella, su vista era irresistible... en pocos segundos ella estaba casi frente a mí, yo habia captado cada detalle de su rostro lo mejor que pude. Era alúcinante.
- ¡Hola! me preguntaba si estarías bien... Y es que me estas comiendo con una mírada tan linda... - Me dijo en medio de risitas traviesas. Su voz me seducia como una fógata en el corazón.
- Eh... y - yo eh... y- yo... -Las palabras no salian de mi boca, estaba demasiado nervioso. Mientras yo tartamudeana como ímbecil, ella me miraba facinada y hasta divertida... como si disfrutara viendome nervioso.
Me travé... no conseguía hablar. Traté de ordenar los controles de mi mente, pero era imposible. Al verla mi alma vagaba en otra dimensión, tenía la sensacion de que el encuentro era solo un sueño... Pero era real. No podía dejar de contemplar su modelo de atracción. Sin embargo al final, todo lo que habia en mi cérebro era la fasinación de mi ser por esa criatura con una hermosura ilimitada.. y eso fue lo único que pude decir...
- N - Nada, es solo que me pareces la criatura mas hermosa del mundo... -dije lo mas poetico que pude. Ella arqueó una ceja y me regaló una sonrisa llena de dicha. Estaba radiante de felicidad, como si le hubieran dicho lo mas valioso del úniverso.
- Tu tambien me encantas... -me dijo con una dulzura especial, una ternura tan apasionada que hizo bailar a mi corazón al compás de sus palabras.
Ella se quedo mirandome, y yo mirando el úniverso... No faltaban palabras, nos amabamos apasionadamente. Ambos nos contemplamos el uno al otro, nuestros rostros estaban a pocos centímetros de distancia, necesitabamos mirarnos, necesitabamos admirar la locura del amor. Yo la veía con facinación, ella con ternura y desesperación...
- Donde estuviste el resto de mi vida... -Me dijo tristemente.
- Ya estoy aquí... -le dije mientras trataba de dedicarle mi mejor sonrisa.
- Yo también ... -Me dijo, cóqueta, cambiando de tierna a seductora...
Ella acercó su rostro al mío mientras acariciaba mi mejilla... Mi corazón no aguanto la brutales cantidades de bombas que se estrellaban en mi alma. Eran demaciadas emociones, pero juntas formaban un solo sentimiento, Era amor.
Pero de répente, se escuchó un grito aúgado, en la óscuridad del bosque. Ella me vio descorazonada y demasiado agitada.
- Debo irme.
- Pero...
No alcancé a articular palabra, ella me mostró una expresion aterrada y escapó de mi como un ave, con una velocidad y destreza atlética. El ángel corrió hacia las alejadas casas del vecindario. Me levanté de un salto y la seguí desesperadamente. La persecución era en vano. Sus piernas eran ágiles y rítmicas como un puma, y a paso olímpico me dejo atrás con facilidad. Pero no perdía las esperanzas, y aunque cada vez la veía mas lejos, seguí corriendo sin rendirme. Por fortuna, ese ángel no tenía alas, de no ser asi, jamas la podría haber alcanzado...
Pero, cuando la estaba perseguiendo, escuché una voz familiar chillar mi nombre "¡Jorge! ¡por que me haces esto!" la voz se oía impaciente y suplicante, sin embargo en ese momento no me interesó eso, mi único deseo estaba enfocado solo en cazar a ese ángel tan perfecto, esa criatura dívina que encendió los sentimientos de mi pecho... Ella me tocó profundamente el corazón...
Pero su silueta cada vez se hacía mas diminuta, estaba desvaneciendo ante los límites de mi vista... hasta que en un terrible momento, mis ojos no tuvieron la capacidad de verla... dejé de correr lentamente, hasta que me detuve por completo, estaba descorazonado. Contemplé horrorizado el vacío del horizonte... ella no estaba.
Grité sin control alguno y comencé a patear con la punta de mi pie al mismisimo suelo, de manera brutal, como si fuera un borracho rabioso. Después de descargar toda la violencia sin cesar hasta lastimarme el pie, comencé a golpearme a mí mísmo sin piedad... Me enfurecía mi propía incapacidad, me sentía culpable ¿Cómo pude dejar escapar a ese ángel? Me tiré al suelo y comencé a llorar desconsolado, chillé con una amargura sínica, parecía un bebé aúllando de esa forma tan caprichosa.
Todas las penumbrias de ese día no se comparaban en lo más mínimo a los tormentos que sufría esos momentos, separarme de ese ángel fue lo mas grave que me sucedió en toda mi existencia... Yo había sufrido inumerables horas por amor. Sentía que no podía escapar del infierno de mi vida, porque nadie yo amaba, pero nadie me quería. Pero por milagro del dstino algo sucedió, el cielo me regaló a una persona tan... Esa persona que me amaba, que habia decidido querer mi corazon negro, y hacerme el mas dichoso... pero justamente, esa persona, o ángel o lo que sea, se aleja de mí, dejandome en el dolor nuevamente.
En mi deseperación no me percaté que, a lo lejos, alguien me estaba vigilando... comencé a escuchar unos pasos encáminandose hacia mí... "¡O Dios mío! el ángel regresó por mí!"
Me sentí profundamenté conmovido... ella jamás me abandonaría... Mi cuerpo se tambaleó nervioso cuando un dedo índice me toco el hombro, alguien se hallaba detrás mío. "¿Y si quién me llamaba era cualquier otra persona?" No, debía ser ella... yo plasmé todo mi amor en ella... no puede defraudarme. Otra vez percibí dedos en mi hombro... la persona continuaba llamándome...
Pero yo no me atrevía a mirar atrás, me aterraba la posibilidad de ver otro rostro que no sea el de mi ángel... Sin embargo finalmente, respiré un trago prófundo de aíre, como preparandome para observar a la criatura mas maravillosa del úniverso. Con esperanzas colosales me inspiré de valentía, "Yo confío en mi ángel, estoy absolutamente seguro que ella me jamás me abandonará, sé que esta detrás mío" Y con una fé arrasante, lentamente me di la vuelta...
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agradecimientos a arnold. si les gusto y quieren la continuacion pidanla [/font]
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