En el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia puede encontrarse la siguiente definición de manía: "Extravagancia, preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada". Después de haber informado pormenorizadamente en un número anterior de esta sección acerca de las supersticiones reinantes en el planeta fútbol, esta semana hacemos mención de las peculiaridades más estrafalarias, divertidas, simpáticas y sabrosas de sus protagonistas.
Cuestión de mangas
El guardameta de la selección española, Íker Casillas, no le da mayor importancia al maquillaje, pero sí a la elección de su uniforme. El campeón de Europa y del mundo prefiere las camisetas de manga corta. ¿Y las de manga larga? Sólo en caso de extrema necesidad, es decir, cuando hace mucho frío. E incluso entonces se las remanga hasta los codos. Ha habido veces en las que Casillas, sirviéndose de unas tijeras, se ha cortado él mismo las mangas de su atuendo a la altura deseada. Afortunadamente, eso no fue necesario en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010, donde fue bien abastecido de zamarras de manga corta.
Puede que el ex cancerbero de la selección francesa Fabien Barthez contagiara este tic de la camiseta a su homólogo español. El arquero que se proclamó campeón del mundo en 1998 jugaba siempre con manga corta hiciera frío o calor, lloviera a cántaros o nevara. Y también él le cortaba las mangas a su uniforme si hacía falta.
Por lo visto, existe una enigmática relación entre los futbolistas y sus camisetas, especialmente en lo que concierne al número del dorsal. Uno de los ejemplos más notables es la insistencia con la que el astro alemán Michael Ballack ha reclamado el número 13 en todos los clubes por los que ha pasado. Es un capricho que nunca se ha entendido bien del todo. ¿Una excentricidad del Capitano? ¿Tal vez su número de la suerte? A saber.
A por el título sin bigotes
El aspecto externo que los futbolistas presentan sobre el terreno de juego no depende sólo de la indumentaria, sino también del pelo, ya se trate del que recubre la cabeza o del que brota en medio de la cara. En la Copa Mundial de la FIFA 1978, Mario Kempes era la gran esperanza de Argentina, pero en la primera fase del torneo no pudo marcar ningún gol. ¿Quizás fuera culpa de los mostachos que lucía por aquella época?
"Estábamos todo el día en el hotel, exclusivamente concentrados en el torneo, y a mí me daba demasiada flojera rasurarme cada dos o tres días", explicó en referencia a su vello facial. Hasta que el seleccionador César Menotti le dijo que si se afeitaba igual conseguía exorcizar su mala racha. Dicho y hecho. Kempes se quitó el bigote y anotó seis goles, dos de ellos en la final, que valieron el primer título mundial de Argentina. No es de extrañar, por tanto, que Menotti le recordara el ritual del afeitado cada día que tenían partido.
Postres para todos
El defensa del St. Pauli Moritz Volz es el mejor ejemplo de que las manías no tienen por qué ser molestas. La suya, de hecho, resulta muy sabrosa. El zaguero de 28 años no sólo sabe arreglárselas muy bien con el balón en los pies, sino que también es un artista manejando los cacharros de la cocina. Volz, que jugó en Inglaterra antes de fichar por el conjunto hamburgués, tiene fama de ser un excelente pastelero, y antes de cada partido suele preparar unos pasteles adaptados a la índole del adversario respectivo.
"Cuando jugamos contra clubes colosales como el Arsenal o el Manchester, suelo cocinar un bizcocho de plátano con un toque de té verde. En la visita del Blackburn Rovers, que es un equipo más recio, puse algo más pesado: pastel de zanahoria con nueces", relató en una entrevista con el Berliner Zeitung. Como es lógico, Volz tiene asignada una receta a cada contendiente de la Bundesliga. "El Friburgo hace un fútbol sólido, pero las semillas las reservo para contrarios físicamente más incómodos, como el Colonia. Friburgo está más cerca de Alsacia, y por eso le va mejor un quiche de cerezas. Los partidos contra el Hamburgo son una fiesta, y por tanto hay que glasear el pastel". Se nos hace la boca agua sólo de pensarlo.
¡Alegría! ¡Alegría! ¡Alegría!
El chino Li Jinyu es uno de los futbolistas más populares de su país, y con razón. Durante su carrera en activo, a la que puso punto final en enero de este año, marcó 117 tantos. Pero no son sólo sus goles lo que quedará en la memoria colectiva de sus paisanos, sino su extraordinaria manera de celebrarlos. El atacante actualizaba constantemente su ritual celebratorio, que enseguida se convertía en tema de conversación de periodistas y aficionados. Todos trataban de predecir cómo sería su próximo número. Para que luego digan que la alegría tiene que ser siempre espontánea.
¿Quién no recuerda en este contexto la pirueta de Klose? El delantero alemán Miroslav Klose festejaba a menudo sus goles dando una voltereta hacia delante. Cuando en el año 2007 le preguntamos en una entrevista para FIFA.com por qué ya no nos deleitaba con sus acrobacias con tanta frencuencia, él nos contestó: "Creo que voy a volver a empezar a celebrar mis mejores goles con la voltereta". Y así fue. Los espectadores de la Copa Mundial de la FIFA 2010 la pudieron volver a admirar en Sudáfrica. Contra Argentina, el jugador del Bayern de Múnich la hizo dos veces.
Tampoco se puede olvidar el típico movimiento de manos del italiano Luca Toni. Después de acertar en el blanco, el ex ariete del Bayern de Múnich gesticulaba como si se estuviera desatornillando una oreja. Con ese gesto quería decir: "Avete capito? ("¿Han entendido?".
Vicios y manías
En los años ochenta, el danés Preben Elkjaer Larsen era uno de los mejores delanteros de su país. Destacaba sobre todo por su velocidad. Y resulta difícil de creer, porque el mejor futbolista del año 1984 en Dinamarca ya era un fumador empedernido en sus tiempos como profesional. Ni siquiera podía pasar los descansos sin fumarse un cigarrillo.
El mexicano Óscar Mascorro tenía toda una serie de rituales que oficiaba religiosamente antes de cada partido. Así lo confesaba él: "Dejo la cama sin hacer. Me levanto con el pie derecho y por el lado derecho. Como en el mismo sitio de siempre o me hago una hamburguesa con batido de vainilla y jugo de manzana. En los vestuarios, me vendo las dos muñecas, me pongo una cruz en cada mano y me apunto las cosas que tengo que hacer en el campo. Escribo las iniciales M y P [de mamá y papá] en una muñeca, y mi segundo nombre y el de mi compañera en la otra. Cuando salto al campo rezo y arranco un puñado de hierba". Así no le podían decir que no se preparaba para los partidos.
Antes de cada encuentro, el ex defensa brasileño Julio César se zampaba una tableta entera de chocolate, y el argentino José Luis Brown se tomaba un café frío en el vestuario.
Al arrullo del secador
La manía del delantero del Manchester United Wayne Rooney es muy particular y tiene poco que ver con el fútbol. Para poder disfrutar de su muy merecido sueño, el internacional inglés necesita escuchar el ruido de un secador o de una aspiradora. En una entrevista con el rotativo inglés The Sun, Rooney explicó con más detalle su método poco convencional de conciliar el sueño. "Si me alojo en un hotel o duermo solo, dejo el secador encendido. Cuando duermo con Coleen [su mujer], pongo el ventilador. No sé por qué, pero ese ruido me ayuda a dormir. Cuando tenemos que hacer vuelos largos, me suelo tumbar en el suelo del avión para dormir, porque de esa manera oigo mejor el ruido del motor. A veces el entrenador ha pasado y me ha preguntado: '¿Pero qué haces ahí tirado?'". No ha trascendido lo que opinan sus compañeros de sueño respecto a estos ultrasonidos nocturnos.
Cuestión de mangas
El guardameta de la selección española, Íker Casillas, no le da mayor importancia al maquillaje, pero sí a la elección de su uniforme. El campeón de Europa y del mundo prefiere las camisetas de manga corta. ¿Y las de manga larga? Sólo en caso de extrema necesidad, es decir, cuando hace mucho frío. E incluso entonces se las remanga hasta los codos. Ha habido veces en las que Casillas, sirviéndose de unas tijeras, se ha cortado él mismo las mangas de su atuendo a la altura deseada. Afortunadamente, eso no fue necesario en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010, donde fue bien abastecido de zamarras de manga corta.
Puede que el ex cancerbero de la selección francesa Fabien Barthez contagiara este tic de la camiseta a su homólogo español. El arquero que se proclamó campeón del mundo en 1998 jugaba siempre con manga corta hiciera frío o calor, lloviera a cántaros o nevara. Y también él le cortaba las mangas a su uniforme si hacía falta.
Por lo visto, existe una enigmática relación entre los futbolistas y sus camisetas, especialmente en lo que concierne al número del dorsal. Uno de los ejemplos más notables es la insistencia con la que el astro alemán Michael Ballack ha reclamado el número 13 en todos los clubes por los que ha pasado. Es un capricho que nunca se ha entendido bien del todo. ¿Una excentricidad del Capitano? ¿Tal vez su número de la suerte? A saber.
A por el título sin bigotes
El aspecto externo que los futbolistas presentan sobre el terreno de juego no depende sólo de la indumentaria, sino también del pelo, ya se trate del que recubre la cabeza o del que brota en medio de la cara. En la Copa Mundial de la FIFA 1978, Mario Kempes era la gran esperanza de Argentina, pero en la primera fase del torneo no pudo marcar ningún gol. ¿Quizás fuera culpa de los mostachos que lucía por aquella época?
"Estábamos todo el día en el hotel, exclusivamente concentrados en el torneo, y a mí me daba demasiada flojera rasurarme cada dos o tres días", explicó en referencia a su vello facial. Hasta que el seleccionador César Menotti le dijo que si se afeitaba igual conseguía exorcizar su mala racha. Dicho y hecho. Kempes se quitó el bigote y anotó seis goles, dos de ellos en la final, que valieron el primer título mundial de Argentina. No es de extrañar, por tanto, que Menotti le recordara el ritual del afeitado cada día que tenían partido.
Postres para todos
El defensa del St. Pauli Moritz Volz es el mejor ejemplo de que las manías no tienen por qué ser molestas. La suya, de hecho, resulta muy sabrosa. El zaguero de 28 años no sólo sabe arreglárselas muy bien con el balón en los pies, sino que también es un artista manejando los cacharros de la cocina. Volz, que jugó en Inglaterra antes de fichar por el conjunto hamburgués, tiene fama de ser un excelente pastelero, y antes de cada partido suele preparar unos pasteles adaptados a la índole del adversario respectivo.
"Cuando jugamos contra clubes colosales como el Arsenal o el Manchester, suelo cocinar un bizcocho de plátano con un toque de té verde. En la visita del Blackburn Rovers, que es un equipo más recio, puse algo más pesado: pastel de zanahoria con nueces", relató en una entrevista con el Berliner Zeitung. Como es lógico, Volz tiene asignada una receta a cada contendiente de la Bundesliga. "El Friburgo hace un fútbol sólido, pero las semillas las reservo para contrarios físicamente más incómodos, como el Colonia. Friburgo está más cerca de Alsacia, y por eso le va mejor un quiche de cerezas. Los partidos contra el Hamburgo son una fiesta, y por tanto hay que glasear el pastel". Se nos hace la boca agua sólo de pensarlo.
¡Alegría! ¡Alegría! ¡Alegría!
El chino Li Jinyu es uno de los futbolistas más populares de su país, y con razón. Durante su carrera en activo, a la que puso punto final en enero de este año, marcó 117 tantos. Pero no son sólo sus goles lo que quedará en la memoria colectiva de sus paisanos, sino su extraordinaria manera de celebrarlos. El atacante actualizaba constantemente su ritual celebratorio, que enseguida se convertía en tema de conversación de periodistas y aficionados. Todos trataban de predecir cómo sería su próximo número. Para que luego digan que la alegría tiene que ser siempre espontánea.
¿Quién no recuerda en este contexto la pirueta de Klose? El delantero alemán Miroslav Klose festejaba a menudo sus goles dando una voltereta hacia delante. Cuando en el año 2007 le preguntamos en una entrevista para FIFA.com por qué ya no nos deleitaba con sus acrobacias con tanta frencuencia, él nos contestó: "Creo que voy a volver a empezar a celebrar mis mejores goles con la voltereta". Y así fue. Los espectadores de la Copa Mundial de la FIFA 2010 la pudieron volver a admirar en Sudáfrica. Contra Argentina, el jugador del Bayern de Múnich la hizo dos veces.
Tampoco se puede olvidar el típico movimiento de manos del italiano Luca Toni. Después de acertar en el blanco, el ex ariete del Bayern de Múnich gesticulaba como si se estuviera desatornillando una oreja. Con ese gesto quería decir: "Avete capito? ("¿Han entendido?".
Vicios y manías
En los años ochenta, el danés Preben Elkjaer Larsen era uno de los mejores delanteros de su país. Destacaba sobre todo por su velocidad. Y resulta difícil de creer, porque el mejor futbolista del año 1984 en Dinamarca ya era un fumador empedernido en sus tiempos como profesional. Ni siquiera podía pasar los descansos sin fumarse un cigarrillo.
El mexicano Óscar Mascorro tenía toda una serie de rituales que oficiaba religiosamente antes de cada partido. Así lo confesaba él: "Dejo la cama sin hacer. Me levanto con el pie derecho y por el lado derecho. Como en el mismo sitio de siempre o me hago una hamburguesa con batido de vainilla y jugo de manzana. En los vestuarios, me vendo las dos muñecas, me pongo una cruz en cada mano y me apunto las cosas que tengo que hacer en el campo. Escribo las iniciales M y P [de mamá y papá] en una muñeca, y mi segundo nombre y el de mi compañera en la otra. Cuando salto al campo rezo y arranco un puñado de hierba". Así no le podían decir que no se preparaba para los partidos.
Antes de cada encuentro, el ex defensa brasileño Julio César se zampaba una tableta entera de chocolate, y el argentino José Luis Brown se tomaba un café frío en el vestuario.
Al arrullo del secador
La manía del delantero del Manchester United Wayne Rooney es muy particular y tiene poco que ver con el fútbol. Para poder disfrutar de su muy merecido sueño, el internacional inglés necesita escuchar el ruido de un secador o de una aspiradora. En una entrevista con el rotativo inglés The Sun, Rooney explicó con más detalle su método poco convencional de conciliar el sueño. "Si me alojo en un hotel o duermo solo, dejo el secador encendido. Cuando duermo con Coleen [su mujer], pongo el ventilador. No sé por qué, pero ese ruido me ayuda a dormir. Cuando tenemos que hacer vuelos largos, me suelo tumbar en el suelo del avión para dormir, porque de esa manera oigo mejor el ruido del motor. A veces el entrenador ha pasado y me ha preguntado: '¿Pero qué haces ahí tirado?'". No ha trascendido lo que opinan sus compañeros de sueño respecto a estos ultrasonidos nocturnos.