PARABOLAS Y TEXTOS Autenticidad EL CUERVO Y LA ZORRA Un cuervo que había robado un trozo de carne, se posó en un árbol. Y una zorra, que lo vio, quiso adueñarse de la carne, se detuvo y empezó a exaltar sus proporciones y belleza, le dijo además que le sobraban méritos para ser el rey de las aves y, sin duda, podría serlo si tuviera voz. Pero al querer demostrar a la zorra que tenía voz, dejó caer la carne y se puso a dar graznidos. Aquélla se lanzó y después que arrebató la carne, dijo: - «Cuervo, si también tuvieras juicio, nada te faltaría para ser el rey de las aves. » La fábula vale para el insensato. EL PROBLEMA DEL SULTÁN El sultán estaba desesperado por no encontrar un nuevo recaudador. — ¿No hay ningún hombre honesto en este país que pueda recaudar los impuestos sin robar dinero? — se lamentó el sultán. Acto seguido llamó a su consejero más sabio y le explicó el problema. — Anunciad que buscáis un nuevo recaudador. Alteza —dijo el consejero, — y dejadme a mí el resto. Se hizo el anuncio y aquella misma tarde la antecámara del palacio estaba llena de gente. Había hombres gordos con trajes elegantes, hombres delgados con trajes elegantes y un hombre con un traje vulgar y usado. Los hombres de los trajes elegantes se rieron de él. — El sultán, por supuesto, no va a seleccionar a un pobre como su recaudador —dijeron todos. Por fin entró el sabio consejero. — El sultán os verá a todos enseguida —dijo—, pero tendréis que pasar de uno en uno por el estrecho corredor que lleva a sus aposentos. El corredor era oscuro y todos tuvieron que ir palpando con sus manos para encontrar el camino. Por fin, todos se reunieron ante el sultán. -¿ Qué hago ahora? —susurró el sultán. —Pedid que bailen todos - dijo el hombre sabio. Al sultán le pareció extraña aquella medida, pero accedió, y todos los hombres empezaron a bailar. —Nunca en mi vida he visto unos bailarines tan torpes —dijo el sultán—. Parece que tienen pies de plomo. Sólo el hombre pobre pudo saltar mientras bailaba. —Este hombre es vuestro nuevo recaudador - dijo el hombre sabio -. Llené el corredor de monedas y joyas y él fue el único que no llenó sus bolsillos con las joyas robadas. El sultán había encontrado un hombre honrado. LA FIDELIDAD AL PROPIO SER El santón sufí Shams-e Tabñzi cuenta acerca de sí mismo la siguiente historia: Desde que era niño se me ha considerado un inadaptado. Nadie parecía entenderme. Mi propio padre me dijo en cierta ocasión: «No estás lo suficientemente loco como para encerrarte en un manicomio ni eres lo bastante introvertido como para meterte en un monasterio. No sé qué hacer contigo.» Yo le respondí: «Una vez pusieron un huevo de pata a que lo incubara una gallina. Cuando rompió el cascarón, el patito se puso a caminar junto a la gallina madre, hasta que llegaron a un estanque. El patito se fue derecho al agua, mientras que la gallina se quedaba en la orilla cloqueando angustiadamente. Pues bien, querido padre, yo me he metido en el océano y he encontrado en él mi hogar. Pero tú no puedes echarme la culpa de haberte quedado en la orilla. El Yo ¿QUIEN ERES? Hay una reveladora historia acerca de un monje que vivía en el desierto egipcio y al que las tentaciones atormentaron de tal modo que ya no pudo soportarlo. De manera que decidió abandonar el cenobio y marcharse a otra parte. Cuando estaba calzándose las sandalias para llevar a efecto su decisión, vio, cerca de donde él estaba, a otro monje que también estaba poniéndose las sandalias. - «¿ Quién eres tú?>>, preguntó al desconocido. - «Soy tu yo>, fue la respuesta. «Si es por mi causa por lo que vas a abandonar este lugar, debo hacerte saber que, vayas adonde vayas, yo iré contigo>. El paciente desesperado Un paciente, desesperado, le dijo al psiquiatra: - Tanto aquello de lo que huyes como aquello por lo que suspiras está dentro de ti. UN NUEVO MAESTRO Un joven que buscaba un Maestro capaz de encauzarle por el camino de la santidad llegó a un <> Y, ante el asombro de éste, el joven cruzó a nado hasta la otra orilla y regresó del mismo modo, sin sufrir el más mínimo daño. Aquello convenció al guru de que era aún más santo de lo que había imaginado, de modo que decidió hacer a todos sus discípulos una demostración de su poder que acrecentara su fama de santidad. Se metió en el río gritando: «iAlabado sea yo! ¡Alabado sea yo!», y al instante llegaron los cocodrilos y lo devoraron. LA PULGA Una pulga decidió trasladarse con su familia a la oreja de un elefante. De modo que le dijo a éste: - <>. El elefante, que ni siquiera era consciente de la existencia de la pulga, no se dio por enterado; y la pulga, después de observar escrupulosamente el plazo establecido de una semana, dio por supuesto el consentimiento del elefante y se trasladó. Un mes más tarde, la señora pulga decidió que la oreja del elefante no era un lugar saludable para vivir e hizo ver a su marido la conveniencia de una nueva mudanza. El señor pulga le pidió a su mujer que aguantara al menos otro mes para no herir los sentimientos del elefante. Finalmente, se lo dijo con toda la diplomacia de que fue capaz: - <>. El científico pegó un salto y gritó: - <> - <>, respondió el ángel mientras tomaba al científico de entre sus reproducciones y se lo llevaba consigo. EL VIEJO JUEZ Había un viejo juez árabe que era famoso por su sagacidad. Un día, acudió a él un tendero quejándose de que le habían robado en la tienda, pero que no había forma de atrapar al ladrón. El juez ordenó que sacaran de sus goznes la puerta de la tienda, la llevaran a la plaza del mercado y le administraran cincuenta latigazos por no haber cumplido con su obligación de impedir la entrada al ladrón. Se reunió una gran multitud en la plaza para asistir a la ejecución de tan extraña sentencia. Una vez administrados los cincuenta latigazos, el juez se inclinó hacia la puerta y le preguntó quién era el ladrón. Luego aplicó su oído a la puerta para escuchar lo que ésta tuviera que decir. Cuando volvió a incorporarse, anunció: <>. Al instante, un individuo que se hallaba entre la multitud se llevó una mano al turbante. Registraron su casa y se recuperó lo que había sido robado. LA BUENA ACCION Una anciana falleció y fue llevada por los ángeles ante el Tribunal. Pero, al examinar su historial, el Juez descubrió que aquella mujer no había realizado un solo acto de caridad, a excepción de cierta ocasión en que había dado una zanahoria a un mendigo famélico. Sin embargo, es tan grande el valor de un simple acto de amor que se decretó que la mujer fuera llevada al cielo por el poder de aquella zanahoria. Se llevó la zanahoria al tribunal y le fue entregada a la mujer. En el momento en que ella tomó en su mano la zanahoria, ésta empezó a subir como si una cuerda invisible tirara de ella, llevándose consigo a la mujer hacia el cielo. Entonces apareció un mendigo, el cual se agarró a la orla del vestido de la mujer y fue elevado junto con ella; una tercera persona se agarró al pie del mendigo y también se vio transportado. Pronto se formó una larga hilera de personas que eran llevadas al cielo por aquella zanahoria. Y, por extraño que pueda parecer, la mujer no sentía el peso de todas aquellas personas que ascendían con ella; y además, como ella no dejaba de mirar al cielo, ni siquiera las veía. Siguieron subiendo y subiendo, hasta llegar prácticamente a las puertas del cielo. Entonces la mujer miró hacia abajo, para echar una última ojeada a la tierra, y vio toda aquella hilera de personas detrás de ella. HABLANDO DE TI Un discípulo acudió a Maruf Karkhi, el Maestro musulmán, y le dijo: - <>. - <>. Tanto sentido tiene hablar de una cinta virgen en francés o en inglés como hablar de una persona francesa o inglesa. El ser francés o inglés es tu circunstancia, no tu yo. ¿UN GRAN PATRIOTA? Un niño nacido de padres americanos y adoptado por padres rusos, que crece sin saber que ha sido adoptado, que se convierte en un gran patriota y en un poeta capaz de expresar el inconsciente colectivo del alma rusa y los anhelos de la Madre Rusia, ¿es ruso o es americano? Ni una cosa ni otra. AVERIGUA QUIEN/QUE ERES Un hombre se presentó ante Buda con una ofrenda de flores en las manos. Buda lo miró y dijo: < ¿y qué hizo Deméter?» El oráculo respondió: «Irritarse contra vosotros, que abandonáis asuntos del Estado y preferís oír una fábula de Esopo.» Así también son insensatos los hombres, que descuidan lo necesario y prefieren lo agradable. LA NAVAJA Un día la navaja, saliendo del mango que le servía de base se puso al sol y vio el sol reflejado en ella. Entonces se enorgulleció, dio vueltas a sus pensamientos y se dijo: ¿Volveré a la tienda de la que acabo de salir? De ninguna manera. Los dioses no pueden querer que tanta belleza degenere en usos tan bajos. Sería una locura. dedicarme afeitar las enjabonadas barbas de los labriegos. ¿Estoy destinada para un servicio así? Sin duda alguna que no. Me ocultaré en un sitio retirado y allí pasaré la vida tranquila. Después de vivir este estilo de vida algunos meses saliendo fuera de su funda al aire libre se dio cuenta de que había adquirido el aspecto de una sierra oxidada y que su superficie no podía reflejar ya el resplandor del sol. Arrepentida lloró en vano su irreparable desgracia y se dijo: ¡Cuánto mejor hubiera sido haberme gastado en manos del barbero que tuvo que privarse de mi exquisita habilidad para cortar! ¿Dónde está ya mi rostro reluciente? El óxido lo ha consumido. Lo mismo acontece a esas mentes que en lugar de ejercitarse y superarse se dan a la pereza lo mismo que la navaja de afeitar, pierden su agudeza y la herrumbre de la ignorancia las corroe. LA TORTUGA Y LA LIEBRE Una tortuga y una liebre discutían sobre quién era más rápida. Así fijaron una fecha y un lugar y se separaron. La liebre, por su natural rapidez, descuidó el ponerse a la carrera. Se tiró al borde del camino y se durmió. Pero la tortuga, consciente de su propia lentitud no cesó de correr, y de este modo tomó la delantera a la liebre dormida y se llevó el premio del triunfo. La fábula muestra que muchas veces el esfuerzo vence a la naturaleza descuidada. EL PEDERNAL Y EL ESLABÓN El pedernal, un día, al sentirse golpeado por el eslabón se revolvió sorprendido e indignado diciéndole: — Pero> ¿te has vuelto loco? Tú me has tomado por otro, porque yo no te conozco. ¡Así que déjame en paz, porque yo nunca he hecho daño a nadie! El eslabón lo miró y contestó sonriendo: — Si tienes un poco de paciencia, verás qué fruto maravilloso haré brotar en ti. Con estas palabras la piedra se calmó y con mucha paciencia soportó el martirio que el eslabón le infligía con sus percusiones. Hasta que de improviso partió de él el fuego maravilloso que con sus virtudes obraba extraordinarios prodigios. Esta fábula va dirigida a los que empiezan a estudiar y temen el estímulo que los exhorta a continuar. Porque si continuasen con paciencia sus estudios verán nacer de ellos cosas maravillosas. ES NOBLE PLANTAR PARA OTRAS GENERACIONES Cuando llegó a oídos del Maestro la noticia de que un bosque cercano había sido devastado por el fuego, movilizó inmediatamente a sus discípulos: - «Debemos replantar los cedros» les dijo. - <<¿Los cedros?» exclamó incrédulo un discípulo. - «!Pero si tardan dos mil años en crecer...! » - «Entonces tenemos que comenzar de inmediato»> dijo el Maestro. «No hay ni un minuto que perder>>. Opción EL CÓMO TE PERTENECE Estando el Maestro haciendo oración, se acercaron a él los discípulos y le dijeron: - «Señor, enséñanos a orar... Y él les enseñó del siguiente modo: - «Iban dos hombres paseando por el campo cuando, de pronto, vieron ante ellos a un toro enfurecido. Al instante, se lanzaron hacia la valla más cercana, con el toro pisándoles los talones. Pero no tardaron en darse cuenta de que no iban a conseguir ponerse a salvo, de modo que uno de ellos le gritó al otro: “¡Estamos perdidos! ¡De ésta no salimos! ¡Rápido, di una oración!”. Y el otro le replicó: - “¡No he rezado en mi vida y no sé ninguna oración apropiada!”. - “¡No importa: el toro nos va a pillar! ¡Cualquier oración servirá!”. - “¡Está bien, rezaré la única que recuerdo y que solía rezar mi padre antes de las comidas: Haz, Señor, que sepamos agradecerte lo que vamos a recibir!”». Nada hay que supere la santidad de quienes han aprendido la perfecta aceptación de todo cuanto existe. En el juego de naipes que llamamos «vida» cada cual juega lo mejor que sabe las cartas que le han tocado. Quienes insisten en querer jugar no las cartas que les han tocado, sino las que creen que debería haberles tocado, ..son los que pierden el juego. No se nos pregunta si queremos jugar. No es ésa la opción. Tenemos que jugar. La opción es: cómo. ¿Y YO...DÓNDE ESTOY YO? Érase una vez un hombre sumamente estúpido que, cuando se levantaba por las mañanas, tardaba tanto tiempo en encontrar su ropa que por las noches casi no se atrevía a acostarse, sólo de pensar en lo que le aguardaba cuando despertara. Una noche tomó papel y lápiz y, a medida que se desnudaba, iba anotando el nombre de cada prenda y el lugar exacto en que la dejaba. A la mañana siguiente sacó el papel y leyó: «calzoncillos»..., y allí estaban. Se los puso. «Camisa»... allí estaba. Se la puso también. «Sombrero»... allí estaba. Y se lo encasquetó en la cabeza. Estaba verdaderamente encantado... hasta que le asaltó un horrible pensamiento: «Y yo... ¿Dónde estoy yo?» Había olvidado anotarlo. De modo que se puso a buscar y a buscar..., pero en vano. No pudo encontrarse a sí mismo. TOMA UNA COPA CONMIGO Durante la era Meigi vivían en Tokyo dos célebres maestros que eran entre sí lo más diferente que pueda imaginarse. Uno de ellos era un maestro Shingon que se llamaba Unsho y observaba meticulosamente todos y cada uno de los preceptos de Buda. Se levantaba mucho antes de que amaneciera y se retiraba cuando aún no era de noche; no probaba bocado después de que el sol hubiera alcanzado su cenit ni bebía una gota de alcohol. El otro, llamado Tanzan, era profesor de filosofía en la Universidad Imperial Todai y no observaba uno solo de los preceptos, pues comía cuando le apetecía hacerlo y dormía incluso durante el día. En cierta ocasión, Unsho fue a visitar a Tanzan y lo encontró borracho, lo cual constituía un verdadero escándalo, porque se supone que un budista no debe probar ni gota de alcohol. - «¡Hola, amigo!», exclamó Tanzan. «¡Entra y toma una copa conmigo!» Unsho estaba escandalizado, pero consiguió controlarse y decir tranquilamente: «Yo no bebo nunca». «El que no bebe», dijo Tanzan, «no es humano». Entonces, Unsho perdió la paciencia: «¿Quieres decir que yo soy inhumano porque no pruebo lo que Buda prohibió explícitamente probar? Y si no soy humano, ¿qué soy?». «Un Buda», dijo alegremente Tanzan. TÚ ELIGES: NOVIA O PANTALONES Una dependienta le vendió unos pantalones de un amarillo rabioso a un muchacho que parecía encantado con su compra. Al día siguiente volvió el muchacho diciendo que quería cambiar los pantalones. El motivo: «No le gustan a mi novia». Una semana más tarde regresó de nuevo, todo sonriente, a comprar otra vez los dichosos pantalones. - «¿Ha cambiado su novia de opinión?», le preguntó la dependienta. - «¡No!», respondió el joven. «He cambiado yo de novia». NO TE CONTENTES CON UN SOLO PAÍS El Maestro fue un día a ver al Rey que, conocedor de su fama y sus virtudes se inclinó ante él diciéndole: — ¡Salud, noble asceta! A lo que el Maestro respondió: — ¡Pero si el asceta eres tú! Chocado por la respuesta, el Rey le preguntó, algo ofendido: — ¿Cómo podría ser un asceta, si todo este país me pertenece? — Me temo que ves las cosas al revés —repuso el Maestro- este país, este bajo mundo, el otro mundo, todo me pertenece a mí, pues yo he escogido el mundo entero. Tú te has contentado con este país.
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