Historia de la Sociedad Antares para la renovación del espíritu humano
La Sociedad Antares fue fundada por Claudine Oparin (1905-19??), quien también fue su primer Gran Maestro. La señorita Oparin era hija única de un importante empresario hotelero austriaco, dotada de gran curiosidad intelectual e interés en el esoterismo, se unió en su juventud a la logia Isis 21, una de las primeras logias masónicas en admitir mujeres entre sus filas. Después, durante la década de 1930 realizó una serie viajes por toda Europa (y, probablemente, también el medio oriente y Sudamérica) donde mantuvo contacto y correspondencia con numerosas personas ligadas a distintas sociedades esotéricas, como los rosacruces, la Sociedad Teosófica, la Orden Hermética de la Aurora Dorada, entre otras. Pero con quienes mas estrechamente se relacionó fue con miembros de la Sociedad Thule (antes y después de su disolución), hasta el punto de llamar la atención de su circulo mas interno y exclusivo, la sociedad Vrill. No se sabe hasta donde llegaron sus vínculos con tal organización, sin embargo poco antes de la 2º guerra mundial fue expulsada de tales círculos, debido a su relación con la masonería, considerada una entidad “esencialmente judaica”*, irónicamente la propia señorita Oparin fue expulsada de la masonería por sus “creencias irracionales”. Poco se sabe de ella durante la 2º guerra mundial pero al parecer realizo viajes por toda Sudamérica (existe una fotografía de ella en las ruinas de Tiahuanaco, pero se desconoce la fecha exacta)
La Sociedad Antares fue fundada en la década de 1940 (se desconoce fecha exacta) y atrajo a un gran numero de personas interesadas en el misticismo y en teorías como la del hielo eterno de Horbiger, que también atraían a los nazis, pero que rechazaban el resto de sus políticas y creencias racistas y autoritarias. Sin embargo, la sociedad solo adquirió su forma actual en 1953, después que la señorita Oparin realizara una misteriosa visita al hipogeo de Hal-Saflieni, de la cual se ignoran detalles. Se desconoce actualmente el numero de miembros que la componen y los recursos que manejan, pero parecen ser bastante grandes, además se sospecha que, siguiendo el modelo de la Masonería, cuentan con miembros en altos niveles de la industria, los negocios y probablemente la política, que mantienen su afiliación en secreto.
La Sociedad Antares, aunque de ningún modo se le puede calificar de secta, cree firmemente en la existencia de los llamados “Superiores Desconocidos” “Potencias Exteriores” y “Grandes Maestros”. Inteligencias superiores y extraterrenas que buscan influir en la humanidad para llevarla a una nueva era dorada, una era en que el hombre medio, el hombre mediocre, la criatura con apariencia de hombre, despierte de su letargo y regrese a su estado original de ser una parte del universo capaz de interactuar con el todo y de influir con el pensamiento en las esferas celestes, así como ellas influyen en el hombre (Lo que es abajo es tal como es arriba, y uno influye en el otro, y viceversa)Se conocen detalles muy generales sobre como imaginan los miembros de la Sociedad esta nueva “era dorada”, involucrando obviamente el fin de las guerras y la pobreza, la igualdad plena entre todos los hombres, el fin de los prejuicios en base a la raza, religión, clase o sexo, el fin de toda forma de superstición, incluyendo la extinción o abolición de todas las religiones. Todo ello junto con un despertar síquico de toda la humanidad, donde será capaz de influir en el universo como en los antiguos tiempos en que mandaban los gigantes, los antiguos “hombres-dioses” de los mitos.
La señorita Oparin en 1937, del brazo de un desconocido miembro de la Sociedad Vrill.
Según ellos, las “Potencias exteriores” pueden ser contactadas por hombres y mujeres de sensibilidad especial, entre los cuales escogerían a “médiums” A través de los cuales comunicarse con la humanidad y guiarla a por la “vía dorada”. Hitler habría sido uno de esos “médiums””**, pero el mensaje habría sido “horriblemente corrompido” y entregado de manera “impura”, arrastrando al error y al horror a millones de personas. Del propio Hitler la señorita Oparin opinaba “Es uno de esos espíritus radicales que logran crear la historia, pero esta loco y mal preparado”, para años mas tarde agregar: “Sin duda alguna era un bastardo genocida” y que en particular “me molestaba su visión tan conservadora sobre el rol que le estaba asignado a la mujer”
La estructura de la Sociedad es vagamente masónica, existiendo tres niveles o grados entre sus miembros (“iniciado”, “camarada” y “maestro”), pero además un “Gran maestro” como líder indiscutido, rol que actualmente cumple Claudine Oparin, nieta, aparentemente, de su fundadora. Debajo de ella estarían sus “seis manos”, tres grandes maestros que obedecen sus ordenes y sirven de enlace entre ella y el resto de los miembros, sus estatutos especifican además de que tanto el Gran maestro como las “seis manos” deben ser siempre mujeres, ya que “son menos ambiciosas en cuanto a bienes materiales” y “son naturalmente menos inclinadas hacia la corrupción”. Eso en periodos de paz, pero si se encuentran en “estado de guerra” (en conflicto con otras organizaciones), las decisiones de carácter violento deben ser tomadas por “El Martillo”, un rol asignado siempre a un hombre, debido a “su natural agresividad” y a “su carácter que privilegia la competencia y el obtener la supremacía por sobre todas las cosas”. El se dice que el actual martillo de la sociedad es Marius Kachingwe, de origen sudafricano.
Supuesta fotografia de Marius Kachingwe, se ignora el contexto en que fue tomada.
* En una carta fechada en 1955, la señorita Oparin reconoce que esto fue una buena idea, y se mostraba arrepentida por sus vínculos con personas estrechamente relacionadas al nazismo y por haberse obnubilado con teorías y formas de pensamiento revolucionarias, mientras ignoraba el mal subyacente detrás de ellas. “Todo el mundo era antisemita en aquellos días” -señala en su carta- “Pero eso no justifica mi deliberada ignorancia”
**Según la teoría sostenida en El retorno de los brujos de Louis Pauwels, la propia señorita Oparin era algo escéptica al respecto.